09-08-2026, 09:00 AM
Ahora que lo pensaba... ¿Dónde había ido a parar Kiyoshi? Hacía un rato que había dejado de verlo. ¿Se habría perdido? ¿O quizás se había aburrido del combate? Fuera el motivo que fuese, sabía que lo mejor era dejarlo pasear en paz, si es que eso es lo que había hecho. Él sabría cuidarse solito, y Jin no era quién para inmiscuirse en asuntos de nadie, mucho menos con la tripulación de Eros, quienes aparentemente estaban todos borrachos. También parecía ser el caso con los Hanu Mahana. ¿En qué se habían metido?
Buscó a Tezca con la mirada, la ausencia de respuestas por la pregunta se le hizo, cuanto menos, curiosa. ¿Por qué no quería hablar de ello? Quizás era por el lugar, y porque prefiriera mantener eso en privado. Sí, más tarde podría llegar a preguntarle los detalles. Dejó la botella a un lado, con su copa ya vacía y se centró en seguir disfrutando de la comida. No se había percatado hasta entonces, pero estaba hambriento, y esas salchipapas estaban terriblemente deliciosas. Vio a Tezca levantarse para acompañar la melodía del resto, y de la joven Hoshino. Parecía pasárselo bien. Volvió a observar silenciosamente el combate, en el que el hombre de luz seguía, aparentemente, pareciendo inútil en combate. Masticaba uno de los pedazos de salchichas, viendo al hombre águila hacer una labor interesante, un combate que probablemente podría llevar incluso al aire. ¿Podría volar con esas alas? Si Eros era capaz de cavar bajo el suelo y salir a su placer, ¿qué le iba a impedir a ese hombre a hacerlo? ¿Quizás no era buena idea hacerlo para no darle oportunidad al Marine de luz?
Mantuvo el palillo entre sus labios, masticando, con los ojos fijos en un combate del que buscaba aprender algo más. Estaba muy oxidado, al menos en cuanto a combates. Y qué demonios, le gustaba ver a la gente pelear, además de hacerlo él mismo. Siempre, absolutamente siempre se podía aprender algo viendo a terceros, y en ese combate, viendo la ventaja del águila, pese a que el Marine podría tener la ventaja, era completamente un resultado inesperado, distinto al que tenía en mente. Al ver que su Haki no le daba pistas de lo que pudiera ocurrir en ese combate, decidió disminuir la distancia de su visión a solo diez metros para seguir reconociendo a los de su alrededor.
No se había percatado de la mirada molesta de Tezca, ya que, en su caso, no se había molestado a ver en qué estado estaban el resto de los platos, lejos de los de Tezca y él mismo. Descendió lentamente el palillo, sin mirar el recipiente, pinchando una patata, sin perder detalle del combate, al menos hasta que, a medio camino de llegar a su boca, escuchó a Tezca hablar en su dirección. —¿Cuánto? Bueno, salieron bien de precio. Por todos me cobró unos 300 Berries. ¿Por qué? ¿Pasó algo? — Arqueó una ceja, curioso. ¿Miserables? Miró su propio recipiento, lleno de vida, salsa, patatas y salchicha. ¿Qué podía verse peor? —¿Le dieron algo malo a tu capitán? — Miró por encima del hombro, pese a que desde esa distancia no podía ver nada. Miró, ahora, con más curiosidad lo que tenía Tezca, que se veía igual de delicioso y apetitoso que lo que tenía él mismo. —¿Quizás fue mala suerte? — Elevó la mirada hacia Ryota, elevando su recipiente para que pudiera verlo. —¿Quieres un poco del mío? Espero que te guste el picante. — Sacudió su bandeja, señalándolo con el bastoncillo que tenía con la otra mano. —Y está delicioso.
También vio a Runin con aquella, ¿serpiente? No lo sabía, pero parecía, a diferencia de Ryota, maravillada por lo que tenía entre manos. ¿Quizás si había sido mala suerte lo que le tocó a Ryota? Escuchó a Tezca, divertido por la forma de relatar esa “historia”. Cerró los ojos, con una sonrisa satisfecha y divertida. Su forma de expresar los supuestos comentarios de los Marines le resultaba de lo más divertido. Elevó su diestra, cerrándolo en forma de puño, tratando de contener una risa de forma inútil, siendo que escapaba de entre sus labios con expresión divertida, solo consiguió que el volumen de su risita no fuera demasiado elevado.
Es más, el acompañamiento de las palabras de Runin, lejos de resultar ofensivas, solo hace que Jin eleve su brazo, pasándolo alrededor de los hombros del rubio, sin dejar de contemplarla. —¿Sabe, Señorita Runin? A mí me parece que es el mejor de todos nosotros. ¿Quién no podría adorar a alguien como él? — No negaba una posible exageración, pero claro, esa era parte de la esencia que tenía el propio Tezca Norova. Igual que hizo con Ryota, elevó ligeramente su comida, para que la mujer pudiera observarla. —¿Quiere probar algo de aquí? Si no le disgusta el picante, sabe delicioso. Pero no se pase, ni usted ni la serpiente. — Porque, aunque no lo pareciera, sí, se había dado cuenta de lo que había hecho con Ryota, dado que había intentado contemplar con curiosidad qué era lo que había ocurrido. Que hubiera pagado por todo e invitado no significaba que les diera la opción de terminarse su manjar. ¿Cuánto hacía que no había disfrutado tantísimo del picante como en ese momento? A saber, pero todo fuera para que Tezca lo siguiera viendo con buenos ojos.
Buscó a Tezca con la mirada, la ausencia de respuestas por la pregunta se le hizo, cuanto menos, curiosa. ¿Por qué no quería hablar de ello? Quizás era por el lugar, y porque prefiriera mantener eso en privado. Sí, más tarde podría llegar a preguntarle los detalles. Dejó la botella a un lado, con su copa ya vacía y se centró en seguir disfrutando de la comida. No se había percatado hasta entonces, pero estaba hambriento, y esas salchipapas estaban terriblemente deliciosas. Vio a Tezca levantarse para acompañar la melodía del resto, y de la joven Hoshino. Parecía pasárselo bien. Volvió a observar silenciosamente el combate, en el que el hombre de luz seguía, aparentemente, pareciendo inútil en combate. Masticaba uno de los pedazos de salchichas, viendo al hombre águila hacer una labor interesante, un combate que probablemente podría llevar incluso al aire. ¿Podría volar con esas alas? Si Eros era capaz de cavar bajo el suelo y salir a su placer, ¿qué le iba a impedir a ese hombre a hacerlo? ¿Quizás no era buena idea hacerlo para no darle oportunidad al Marine de luz?
Mantuvo el palillo entre sus labios, masticando, con los ojos fijos en un combate del que buscaba aprender algo más. Estaba muy oxidado, al menos en cuanto a combates. Y qué demonios, le gustaba ver a la gente pelear, además de hacerlo él mismo. Siempre, absolutamente siempre se podía aprender algo viendo a terceros, y en ese combate, viendo la ventaja del águila, pese a que el Marine podría tener la ventaja, era completamente un resultado inesperado, distinto al que tenía en mente. Al ver que su Haki no le daba pistas de lo que pudiera ocurrir en ese combate, decidió disminuir la distancia de su visión a solo diez metros para seguir reconociendo a los de su alrededor.
No se había percatado de la mirada molesta de Tezca, ya que, en su caso, no se había molestado a ver en qué estado estaban el resto de los platos, lejos de los de Tezca y él mismo. Descendió lentamente el palillo, sin mirar el recipiente, pinchando una patata, sin perder detalle del combate, al menos hasta que, a medio camino de llegar a su boca, escuchó a Tezca hablar en su dirección. —¿Cuánto? Bueno, salieron bien de precio. Por todos me cobró unos 300 Berries. ¿Por qué? ¿Pasó algo? — Arqueó una ceja, curioso. ¿Miserables? Miró su propio recipiento, lleno de vida, salsa, patatas y salchicha. ¿Qué podía verse peor? —¿Le dieron algo malo a tu capitán? — Miró por encima del hombro, pese a que desde esa distancia no podía ver nada. Miró, ahora, con más curiosidad lo que tenía Tezca, que se veía igual de delicioso y apetitoso que lo que tenía él mismo. —¿Quizás fue mala suerte? — Elevó la mirada hacia Ryota, elevando su recipiente para que pudiera verlo. —¿Quieres un poco del mío? Espero que te guste el picante. — Sacudió su bandeja, señalándolo con el bastoncillo que tenía con la otra mano. —Y está delicioso.
También vio a Runin con aquella, ¿serpiente? No lo sabía, pero parecía, a diferencia de Ryota, maravillada por lo que tenía entre manos. ¿Quizás si había sido mala suerte lo que le tocó a Ryota? Escuchó a Tezca, divertido por la forma de relatar esa “historia”. Cerró los ojos, con una sonrisa satisfecha y divertida. Su forma de expresar los supuestos comentarios de los Marines le resultaba de lo más divertido. Elevó su diestra, cerrándolo en forma de puño, tratando de contener una risa de forma inútil, siendo que escapaba de entre sus labios con expresión divertida, solo consiguió que el volumen de su risita no fuera demasiado elevado.
—Jajaja... Sí, suena a algo que solo tú conseguirías, Tezca.
Es más, el acompañamiento de las palabras de Runin, lejos de resultar ofensivas, solo hace que Jin eleve su brazo, pasándolo alrededor de los hombros del rubio, sin dejar de contemplarla. —¿Sabe, Señorita Runin? A mí me parece que es el mejor de todos nosotros. ¿Quién no podría adorar a alguien como él? — No negaba una posible exageración, pero claro, esa era parte de la esencia que tenía el propio Tezca Norova. Igual que hizo con Ryota, elevó ligeramente su comida, para que la mujer pudiera observarla. —¿Quiere probar algo de aquí? Si no le disgusta el picante, sabe delicioso. Pero no se pase, ni usted ni la serpiente. — Porque, aunque no lo pareciera, sí, se había dado cuenta de lo que había hecho con Ryota, dado que había intentado contemplar con curiosidad qué era lo que había ocurrido. Que hubiera pagado por todo e invitado no significaba que les diera la opción de terminarse su manjar. ¿Cuánto hacía que no había disfrutado tantísimo del picante como en ese momento? A saber, pero todo fuera para que Tezca lo siguiera viendo con buenos ojos.
Cajita de Tabaco
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