10-08-2026, 01:41 AM
(Última modificación: 10-08-2026, 02:05 AM por Nyxara Archeron.)
75 de Primavera, Año 17 ❥ Faro de Baquella
If i'cant feel it in my chest...i'm in the wrong damn place
─ ♚ ─
La oscuridad lo tomó todo.
La dejo sola en la inconciencia, ahí donde la pesadilla se repetía incansable. Ahí donde ese frio besaba su cuerpo desnudo y vulnerable, ahí donde la humedad comenzaba a hacerse cada vez mas pesada y entraba a raudales hacia sus pulmones como si buscase ahogarla. Nyxara sabía exactamente lo que venía a continuación, pero, aun así, era incapaz de cambiar el curso de sus demonios: la humedad en los dedos que era imposible ver pero la percibía como una tela pesada, ese frio gélido que no venía del exterior, sino…de sí misma, ese que se filtraba bajo su piel para tomar todo lo que ella era.
Y su hermana, Aelira, sonriente, llena de vida, en el salón de su casa. Con esa calidez que se volvía luz en medio de la negrura. No quería correr hacia ella, sabía lo que venía después…no quería… pero sus pies, sus pies ya estaban avanzando a pasos torpes hacia su hermana. Tenía que alcanzarla, tenía que alcanzarla, tenía que alcanzarla con urgencia, la carrera se volvió una corrida angustiante mientras el piso se inclinaba hacia arriba y ya no solo era Aelira a la que intentaba alcanzar, era Seren, eran sus padres, era toda la vida que había dejado atrás.
Y esa frialdad…esa que se aferraba a sus piernas desnudas como mil manos que intentaban arrastrarla de regreso y ese hombre, ese maldito hombre nuevamente sobre ella misma, para volver a atacarla en medio del vacío, en medio de la amenaza, para demostrarle que todo lo que amaba podía destruirlo.
La oscuridad en forma de hombre volvió a atacarla y ella peleo de regreso, el sabor de oxido en su boca, el dolor ciego en la costilla y ella…ella…
El zumbido en sus oídos fue lo primero que percibió.
Ese pulso constante, retumbando demasiado cerca. Las cadenas que la ataban a la culpa y a la perdida se disolvieron lentamente mientras el olor a aceite y madera húmeda la alcanzaba antes de que consiguiera abrir los ojos. Incluso para una nariz como la suya…y ese sabor a oxido que jamás olvidaría ya no pertenecía a un recuerdo deformado, sino a su propia sangre, filtrándose hacia su boca por un corte que tenía uno de sus labios debido al impacto.
-Estoy cansado…- consiguió escuchar esa voz distorsionada y ahogada, como si proviniese del mismo mar que rodeaba al faro, del mismo lugar hundido en el que se encontraba ella en ese instante, hasta que la realidad decidió traerla, repentina, de regreso.
Su mirada se abrió súbita a esa nueva realidad. Inmediato, el dolor de la nuca recorrió el centro de su espalda como un latigazo a sus sentidos, uno que le obligo a enfocar en la penumbra de la habitación. Intento enderezarse por instinto mientras apretaba los dientes pero el tirón firme de las amarras contra la madera manteniendo sus extremidades en el mismo sitio y fue, el escozor del cáñamo viejo contra su piel, el que le declaró su estado mientras el cuidador del faro parloteaba frente a ella.
Su cabeza aún latía cuando comenzó a armar las piezas de ese puzle hacia atrás: el sonido de la puerta a su espalda, la luz cegadora, la trampa ridícula y la cobardía hecha hombre.
Lentamente, su mirada fue hacia su propio torso, esperando que el gesto ayudase a amortiguar la punzada constante que sentía contra su nuca, solo para encontrarse ahí con su blusa de marine a medio abotonar.
Ahí contra el manto de su piel, la luz tenue del faro recortaba la amplia curvatura de sus senos y el inicio de su constelación de estrellas. Esos astros tatuados en su piel que caían como un mapa estelar bañando el centro de su pecho y, justo en medio de esa marea de estrellas, alzándose entre el abismo de sus senos, se erguían la sombra de las tres montañas.
El tributo silencioso a la hermandad de las Archeron, ese trazo que un día, hace muchos años, había dibujado porque Seren se lo había pedido. Ese secreto íntimo, memoria viva de su sangre y que Richard, había tenido la insolencia de desvestirlo sin su permiso…
La vulnerabilidad duró apenas un instante para dar paso al orgullo helado que la vistió como una armadura.
Iba a arrancarle las uñas de los dedos. Una a una.
Volvió a alzar la mirada cuando lo escuchó mover cosas a su alrededor mientras sus muñecas intentaban casi de inmediato hacer fuerza contra el cáñamo húmedo y viejo que la mantenía confinada a esa silla vieja. El sonido que realizaba el cuidador del faro moviendo las cajas y mercancía que había robado era suficiente para amortiguar el roce áspero de la cuerda que raspaba sus muñecas al intentar soltarse. No le importó si esa acción magullaba su piel; cuando finalmente logró desatarse las manos, Richard aún seguía empacando dinero en una bolsa.
Ahí estaba la mercancía robada de los barcos.
Casi sin rozar el aire se inclinó para soltar con sus manos libres las cuerdas que amarraban sus piernas. La voz de Richard rompiendo el silencio la hizo detenerse por un solo instante, su mirada fue hacia el de inmediato, pero el cuidador del faro seguía de espaldas de ella mientras hablaba de continuar apagando la luz del faro para seguir realizando lo que, bajo un poco de presión, había declarado con absurda facilidad.
“Error, Richard”.
Esta vez con las piernas libres sus manos buscaron la empuñadura de Astra y con esa gracia felina y silenciosa, ese sigilo que había sido pulido por su propio instinto, le permitió mantener la ventaja en el movimiento. No hubo aire en movimiento que la delatase, ni madera que sonase bajo sus botas, su cuerpo se posicionó detrás del cuidador del faro, Astra giró casi al instante con presteza en su mano hábil abandonando la funda en un parpadeo y de un solo movimiento el acero se abrió paso entre la tela y la piel, para alcanzar ese espacio posterior en su rodilla derecha haciendo un tajo profundo en la articulación del hombre antes de retroceder para quedar lejos de su alcance.
Si su katana lograba el impacto que ella buscaba, el cuidador del faro no solo terminaría contra el piso, su pierna derecha no sería muy útil.
Léeme
