10-08-2026, 06:27 AM
Me quedé completamente inmóvil. Que un soldado de la Marina no solo supiera evaluar el tratamiento del pelaje, sino que además se ofreciera a darnos consejos de cacería y artesanía, era algo que no me esperaba para nada. Me llevé la mano enguantada a la cabeza para sostenerme el gorrito y ajusté la postura de mis cortas piernas para mantener el equilibrio, que empezaban a cansarse por el frio.
—¡O-oi! Encantado de conocerlo, señor Bertram...— Exclamé, sintiendo que la timidez me apretaba la garganta y me hacía tartamudear bastante. —E-En cuanto a los demás muchachos del orfanato... la verdad es que n-no sé exactamente en qué parte del pueblo están ahora mismo. Lo más seguro es que se hayan ido a vaguear por ahí. Me dijeron que volvían en un momento y que me haga cargo de las ventas.—
Junté las manos sobre mi ropa y di un pequeño paso cauteloso, manteniendo la vista fija en la piel de conejo que el arquero sostenía en sus manos. Apreté los dientes e intenté poner una expresión seria para disimular los nervios, pero la curiosidad me terminó ganando.
—P-p-pues la carne la comemos, que mas podríamos hacer con....— Expliqué, bajando un poco el tono de voz para sonar respetuoso, pero sin poder evitar que se me escapara una duda involuntaria. —P-Pero... si no es un atrevimiento de mi parte, señor oficial... ¿P-por qué a un marine le interesaría tanto saber lo que hacemos con la carne de las presas que cazamos? ¿Acaso hicimos algo malo? ¿Iré a la cárcel?—
Inmediatamente después de soltar la pregunta, me tapé la boca con ambas manos enguantadas, sintiendo que había sido imprudente al cuestionar la curiosidad de un soldado. Me quedé rígido sobre la rueda del carro, y las lagrimas empezaron a subir a mis ojitos, las cuales intente tapar.
No podía ir a la cárcel, ya había escuchado lo que le hacen a los enanitos bonitos como yo!!!!
—¡O-oi! Encantado de conocerlo, señor Bertram...— Exclamé, sintiendo que la timidez me apretaba la garganta y me hacía tartamudear bastante. —E-En cuanto a los demás muchachos del orfanato... la verdad es que n-no sé exactamente en qué parte del pueblo están ahora mismo. Lo más seguro es que se hayan ido a vaguear por ahí. Me dijeron que volvían en un momento y que me haga cargo de las ventas.—
Junté las manos sobre mi ropa y di un pequeño paso cauteloso, manteniendo la vista fija en la piel de conejo que el arquero sostenía en sus manos. Apreté los dientes e intenté poner una expresión seria para disimular los nervios, pero la curiosidad me terminó ganando.
—P-p-pues la carne la comemos, que mas podríamos hacer con....— Expliqué, bajando un poco el tono de voz para sonar respetuoso, pero sin poder evitar que se me escapara una duda involuntaria. —P-Pero... si no es un atrevimiento de mi parte, señor oficial... ¿P-por qué a un marine le interesaría tanto saber lo que hacemos con la carne de las presas que cazamos? ¿Acaso hicimos algo malo? ¿Iré a la cárcel?—
Inmediatamente después de soltar la pregunta, me tapé la boca con ambas manos enguantadas, sintiendo que había sido imprudente al cuestionar la curiosidad de un soldado. Me quedé rígido sobre la rueda del carro, y las lagrimas empezaron a subir a mis ojitos, las cuales intente tapar.
No podía ir a la cárcel, ya había escuchado lo que le hacen a los enanitos bonitos como yo!!!!
