10-08-2026, 08:56 AM
Uker no parecía aceptar la comida, tampoco insistió en ello. Cualquier cosa, sin embargo, podría aprovecharlo para sí mismo, o quizás dárselo a alguien más, quién sabe. Lo que supo era que, por ahora, podía volver la mirada al combate. Ahora el Marine parecía haber hecho daño al hombre águila. Sin embargo, él seguía robusco como una roca, atacando sin compasión pese a los dos golpes que habían terminado en los lados del suelo. No dejó de contemplar el panorama. ¿Acaso eso terminaba allí? Lo dudaba, pero comprendía, en parte, la sensación que podría estar teniendo ese Marine de luz.
Comía, con calma, observando el panorama. El combate parecía seguir a favor del hombre águila. Pinchó una de las salchichas, saboreando una vez más el sabor picante, en un estado de concentración, pensando en varias formas en las que él podría intentar salir de allí. No parecía ser posible, pese a la gran velocidad que pudiera tener el Marine, de poder escapar. ¿Intentaría explotarse a sí mismo, quizás? ¿Era eso siquiera posible? Pasó la comida, palpando a un lado, donde tenía la botella de vino, rellenando de nuevo su copa, dando un largo trago, con aire pensativo, centrado observando solo el combate, al menos hasta que volvió a desconectar por un momento, buscando a Ryota con la mirada.
Ah, mierda, con la distracción, descendió la mirada, y vio que el número de salchichas había disminuido considerablemente. Frunció las cejas, molesto, y buscó con la mirada. ¿Quizás también debió advertirle a él y no solo a Runin? Desde luego, no podía fiarse de ellos. ¿Qué pasaba si hacían lo mismo con Tezca? ¿Le estarían alimentando en condiciones?
Elevó, esta vez, la mirada, buscando la de Ryota. ¿Siquiera podía bajar la guardia en algún momento con los amigos de Tezca?
Fuera como fuere, si quería más, solo iba a aprovechar lo que había sobrado de Uker y ya lo aprovecharía. No es que fuera la primera vez que pasara hambre, pero al menos había podido disfrutar de su sabor. Ya era más que nada. Es más, si lo deseaba, podía ir a por más. No era un drama, afortunadamente. Dio un sorbo, algo más largo, a la copa, terminándolo de un trago. ¿Qué diablos? Estaban allí para pasarlo bien, no para amargarse. Tenía un reencuentro con su amado después de tanto tiempo, y no iba a echarlo a perder solo por un par de salchichas...
Hablando de él... ¿Dónde estaba? Cerró los ojos, sintiendo su presencia cerca. Cierto, a su lado. Su aroma, su esencia, su calor... Cómo había extrañado eso y mucho más. Dejó caer su mejilla hasta el hombro de Tezca, descendiendo la mirada a la botella de vino que se encontraba no muy lejos de él. ¿El alcohol ya comenzaba a hacerle efecto? No importaba. Estaba bien, estaba feliz y, lo mejor de todo, estaba al lado de su amor. Dos largos y condenados años que no sabía si sería capaz de soportarlo. Todavía no podía creerse que fuera tan real, que estuviera ocurriendo de verdad, que el propio destino fuera quien los había vuelto a unir. Sonrió con nostalgia, recordando la noche en la que se conocieron, las cosas que ambos habían pasado juntos, todo el tiempo que había estado pensando en él... Tanto...
Su voz sonó suave, ese tono que solo había empleado en su intimidad, llena de sentimiento, uno que nunca, antes de conocerlo, pensó en poder comprender jamás. Abrió lentamente los ojos, observando la nada más absoluta, buscando elevarla lentamente, contemplando así al rubio, tras esas gafas tan características. Elevó su zurda, tomando uno de los mechones de su cabello.
Buscó, con su mano, la contraria, cruzando sus dedos con los contrarios, apretándolo hacia sí, elevando la misma mano hasta su propio pecho. —No ha habido un solo día desde que zarpé en que haya dejado de pensar en ti. — Claro que, la sinceridad pública se estaba debiendo, ahora más, al alcohol que claramente comenzaba a afectarlo. —¿Qué tal si me llevas a bailar de nuevo como los viejos tiempos? — El recuerdo de aquella noche, en la que cantó, y lo llevó a bailar, aunque él fuera torpe, le envolvían. Se puso en pie, tirando suavemente de su mano hacia sí mismo, buscando la mirada del hombre si es que así se dejaba. Todo a su alrededor, excepto ellos dos, parecía haberse desvanecido. Para él, solo existían ojos para una sola persona, y era la misma que tenía frente a él. —Me prometiste que ibas a enseñarme, ¿recuerdas?
Comía, con calma, observando el panorama. El combate parecía seguir a favor del hombre águila. Pinchó una de las salchichas, saboreando una vez más el sabor picante, en un estado de concentración, pensando en varias formas en las que él podría intentar salir de allí. No parecía ser posible, pese a la gran velocidad que pudiera tener el Marine, de poder escapar. ¿Intentaría explotarse a sí mismo, quizás? ¿Era eso siquiera posible? Pasó la comida, palpando a un lado, donde tenía la botella de vino, rellenando de nuevo su copa, dando un largo trago, con aire pensativo, centrado observando solo el combate, al menos hasta que volvió a desconectar por un momento, buscando a Ryota con la mirada.
Ah, mierda, con la distracción, descendió la mirada, y vio que el número de salchichas había disminuido considerablemente. Frunció las cejas, molesto, y buscó con la mirada. ¿Quizás también debió advertirle a él y no solo a Runin? Desde luego, no podía fiarse de ellos. ¿Qué pasaba si hacían lo mismo con Tezca? ¿Le estarían alimentando en condiciones?
—...
Elevó, esta vez, la mirada, buscando la de Ryota. ¿Siquiera podía bajar la guardia en algún momento con los amigos de Tezca?
—Te dije que te compartía, no que abusaras.
Fuera como fuere, si quería más, solo iba a aprovechar lo que había sobrado de Uker y ya lo aprovecharía. No es que fuera la primera vez que pasara hambre, pero al menos había podido disfrutar de su sabor. Ya era más que nada. Es más, si lo deseaba, podía ir a por más. No era un drama, afortunadamente. Dio un sorbo, algo más largo, a la copa, terminándolo de un trago. ¿Qué diablos? Estaban allí para pasarlo bien, no para amargarse. Tenía un reencuentro con su amado después de tanto tiempo, y no iba a echarlo a perder solo por un par de salchichas...
Hablando de él... ¿Dónde estaba? Cerró los ojos, sintiendo su presencia cerca. Cierto, a su lado. Su aroma, su esencia, su calor... Cómo había extrañado eso y mucho más. Dejó caer su mejilla hasta el hombro de Tezca, descendiendo la mirada a la botella de vino que se encontraba no muy lejos de él. ¿El alcohol ya comenzaba a hacerle efecto? No importaba. Estaba bien, estaba feliz y, lo mejor de todo, estaba al lado de su amor. Dos largos y condenados años que no sabía si sería capaz de soportarlo. Todavía no podía creerse que fuera tan real, que estuviera ocurriendo de verdad, que el propio destino fuera quien los había vuelto a unir. Sonrió con nostalgia, recordando la noche en la que se conocieron, las cosas que ambos habían pasado juntos, todo el tiempo que había estado pensando en él... Tanto...

—Tezca... Amor mío...
Su voz sonó suave, ese tono que solo había empleado en su intimidad, llena de sentimiento, uno que nunca, antes de conocerlo, pensó en poder comprender jamás. Abrió lentamente los ojos, observando la nada más absoluta, buscando elevarla lentamente, contemplando así al rubio, tras esas gafas tan características. Elevó su zurda, tomando uno de los mechones de su cabello.

—Te extrañé. No tienes idea de cuánto.
Buscó, con su mano, la contraria, cruzando sus dedos con los contrarios, apretándolo hacia sí, elevando la misma mano hasta su propio pecho. —No ha habido un solo día desde que zarpé en que haya dejado de pensar en ti. — Claro que, la sinceridad pública se estaba debiendo, ahora más, al alcohol que claramente comenzaba a afectarlo. —¿Qué tal si me llevas a bailar de nuevo como los viejos tiempos? — El recuerdo de aquella noche, en la que cantó, y lo llevó a bailar, aunque él fuera torpe, le envolvían. Se puso en pie, tirando suavemente de su mano hacia sí mismo, buscando la mirada del hombre si es que así se dejaba. Todo a su alrededor, excepto ellos dos, parecía haberse desvanecido. Para él, solo existían ojos para una sola persona, y era la misma que tenía frente a él. —Me prometiste que ibas a enseñarme, ¿recuerdas?
Cajita de Tabaco
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