10-08-2026, 11:36 AM
Cuando Kibai se instaló con suavidad a mi lado, debía de confesar que el gesto me dejó algo confundida pues su cercanía era algo inesperada, y por un instante me pregunté, ¿cuáles serían sus verdaderas intenciones? ¿Con qué propósito se sentaba a mi lado? ¿Sería su próximo bocadillo?, pero mis emociones eran más que evidentes ya estas alturas me resultaba imposible ocultarlas detrás de una sonrisa fingida o una actitud despreocupada, no podía ser tan radical…o ¿si?, mientras tenía eso en mente seguía masticando aquel delicioso manjar…aun así, no podía dejar de sentir culpabilidad al pensar que podría estar cenando a mi mascota.
Al sentir la delicadeza de su mano al posarse sobre mi hombro, un pequeño escalofrío recorrió mi cuerpo al momento que me atrajo hacia él, no pude evitar abrir los ojos con sorpresa reaccionando casi por instinto al apoyar mi mano derecha sobre el firme pectoral de aquel felino, quien con un gesto totalmente cariñoso me hacía entender que todo estaba bien, con la cabeza reposando contra su otro pectoral, una extraña sensación despertó recuerdos que creía olvidados, pequeños fragmentos dispersos de un pasado lejano que comenzaron a tomar lugar en mi mente, recuerdos antiguos quizás de hace dos o tres años, si…la memoria de cierto hombre de chocolate cuyo encanto recaía en semejantes bombones de carne, el inicio que marcó este extraño fetiche en mi.
Mientras disfrutaba de esta sensación reconfortante, escuchaba atentamente las palabras de Kibai quien con pequeñas caricias y mimos, me hacía olvidar el mal rato. Quizás estaba siendo un poco exagerada con mis reacciones aun asi no podia evitar expresarme de una forma tan honesta, pero las palabras de Kibai lograron tranquilizarme por lo que me quede contra sus pectorales un poco más dejando que mi mano aprovechara la situación, no dude en apretarle el mismo pectoral para volver a confirmar la dureza del mismo, al alejarme un poco…ambas manos se posaron sobre el pecho felpudo, se sentía como una alfombra cuya superficie era suave ante el tacto.
Realmente son firmes…– elogie mientras sonreía ampliamente, relajando mis sentidos tras escuchar el coro de los ángeles, sin duda era una sensación que me encantaba disfrutar, no todos los dias se podria apreciar semejantes tetorras – Gato teton– confese abiertamente sin sentir pudor alguno, simplemente deje escapar una risa leve que se mezclaba con el entorno cómico, A veces mi mente funcionaba de esa manera, soltando el primer pensamiento que se cruzaba por ella sin filtros ni ceremonias.
Al darme cuenta sobre mis acciones casi involuntarias, no dude en apartar mis manos de manera enérgica mientras trataba de justificarme, debía disculparme, debía asumir mis consecuencias ante actos tan poco sublimes…pero sin querer…sin pensarlo…simplemente porque la autora de este guión quiso, levante mi dedo pulgar en indicio de aprobación mientras un brillo se notaba en mis pupilas – Es ahi donde quiero morir…– sacudiendo la cabeza ligeramente —No, no….pensaras que soy una atrevida….pero ¡Todo tiene justificación! – decia tras levantarme de manera euforica, apretando el puño para luego ver hacia el cielo nocturno.
¡Amo a los tetorros! — fin de la justificación.
Tratando de reanudar el ambiente gentil entre ambos, comence a reir de manera nerviosa recordando que Kibai confesó que era un experto en realizar todo tipo de platillos, tenía curiosidad de probar sus bollos al vapor…el pastel de fresas, y ante su invitación a visitar alguna tienda, simplemente reí levemente mientras llevaba una mano hacia detrás de mi nuca, casi relajando los hombros, realmente no tenía ganas de comer algo más…me sentía un poco culpable –Quizás en otro momento…me siento satisfecha…— posando mi mano a mi cintura, observaría a Kibai desde mi posición, sonriendo levemente observaría sus facciones detalladamente, como queriendo memorizarlo para toda la vida.
Realmente estoy agradecida con el destino... por haberte traído hasta mí– dejándome llevar por el momento, me incliné ligeramente hacia adelante hasta acortar la distancia que nos separaba y con una sonrisa traviesa dibujándose en mis labios, deposité un suave roce sobre la punta de su nariz –¡No cuenta como beso!-- declaré con fingida seriedad antes de volver a acomodarme a su lado para despues alzar la mirada hacia el inmenso cielo nocturno, contemplando el brillo de las estrellas que adornaban la oscuridad, disfrutando de aquella tranquilidad compartida, hasta que finalmente sonreí con suavidad y giré apenas el rostro hacia él. —Esta noche me la he pasado muy bien... ¿y tú? -- Quizas era momento de regresar a casa.
Al sentir la delicadeza de su mano al posarse sobre mi hombro, un pequeño escalofrío recorrió mi cuerpo al momento que me atrajo hacia él, no pude evitar abrir los ojos con sorpresa reaccionando casi por instinto al apoyar mi mano derecha sobre el firme pectoral de aquel felino, quien con un gesto totalmente cariñoso me hacía entender que todo estaba bien, con la cabeza reposando contra su otro pectoral, una extraña sensación despertó recuerdos que creía olvidados, pequeños fragmentos dispersos de un pasado lejano que comenzaron a tomar lugar en mi mente, recuerdos antiguos quizás de hace dos o tres años, si…la memoria de cierto hombre de chocolate cuyo encanto recaía en semejantes bombones de carne, el inicio que marcó este extraño fetiche en mi.
Mientras disfrutaba de esta sensación reconfortante, escuchaba atentamente las palabras de Kibai quien con pequeñas caricias y mimos, me hacía olvidar el mal rato. Quizás estaba siendo un poco exagerada con mis reacciones aun asi no podia evitar expresarme de una forma tan honesta, pero las palabras de Kibai lograron tranquilizarme por lo que me quede contra sus pectorales un poco más dejando que mi mano aprovechara la situación, no dude en apretarle el mismo pectoral para volver a confirmar la dureza del mismo, al alejarme un poco…ambas manos se posaron sobre el pecho felpudo, se sentía como una alfombra cuya superficie era suave ante el tacto.
Realmente son firmes…– elogie mientras sonreía ampliamente, relajando mis sentidos tras escuchar el coro de los ángeles, sin duda era una sensación que me encantaba disfrutar, no todos los dias se podria apreciar semejantes tetorras – Gato teton– confese abiertamente sin sentir pudor alguno, simplemente deje escapar una risa leve que se mezclaba con el entorno cómico, A veces mi mente funcionaba de esa manera, soltando el primer pensamiento que se cruzaba por ella sin filtros ni ceremonias.
Al darme cuenta sobre mis acciones casi involuntarias, no dude en apartar mis manos de manera enérgica mientras trataba de justificarme, debía disculparme, debía asumir mis consecuencias ante actos tan poco sublimes…pero sin querer…sin pensarlo…simplemente porque la autora de este guión quiso, levante mi dedo pulgar en indicio de aprobación mientras un brillo se notaba en mis pupilas – Es ahi donde quiero morir…– sacudiendo la cabeza ligeramente —No, no….pensaras que soy una atrevida….pero ¡Todo tiene justificación! – decia tras levantarme de manera euforica, apretando el puño para luego ver hacia el cielo nocturno.
¡Amo a los tetorros! — fin de la justificación.
Tratando de reanudar el ambiente gentil entre ambos, comence a reir de manera nerviosa recordando que Kibai confesó que era un experto en realizar todo tipo de platillos, tenía curiosidad de probar sus bollos al vapor…el pastel de fresas, y ante su invitación a visitar alguna tienda, simplemente reí levemente mientras llevaba una mano hacia detrás de mi nuca, casi relajando los hombros, realmente no tenía ganas de comer algo más…me sentía un poco culpable –Quizás en otro momento…me siento satisfecha…— posando mi mano a mi cintura, observaría a Kibai desde mi posición, sonriendo levemente observaría sus facciones detalladamente, como queriendo memorizarlo para toda la vida.
Realmente estoy agradecida con el destino... por haberte traído hasta mí– dejándome llevar por el momento, me incliné ligeramente hacia adelante hasta acortar la distancia que nos separaba y con una sonrisa traviesa dibujándose en mis labios, deposité un suave roce sobre la punta de su nariz –¡No cuenta como beso!-- declaré con fingida seriedad antes de volver a acomodarme a su lado para despues alzar la mirada hacia el inmenso cielo nocturno, contemplando el brillo de las estrellas que adornaban la oscuridad, disfrutando de aquella tranquilidad compartida, hasta que finalmente sonreí con suavidad y giré apenas el rostro hacia él. —Esta noche me la he pasado muy bien... ¿y tú? -- Quizas era momento de regresar a casa.

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