[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
El combate estaba en el auge, de nuevo, el hombre águila parecía tener la ventaja. Sus dos manos se juntaron, contemplando el evento con interés una vez más. Acomodó las manos bajo su mentón, en aire pensativo, tratando de analizar las formas en las que pudiera llegar a combatir. Ambos eran peleadores con velocidades muy interesantes, a duras penas podía seguirles el ritmo. No se dio cuenta de que, a medida que seguía absorto en el combate, lo mismo que tenía entre sus mulsos se había terminado vaciando hasta el momento en que el palillo golpeó contra el recipiente. Descendió la mirada, con cierta desgana. Lo estaba disfrutando, probablemente se había acabado antes de tiempo por haberlo compartido con los dos tripulantes de Tezca.

Tomó una servilleta, limpiándose primero las manos por si habían quedado restos de la salsa picante y, a continuación, la pasó por sus labios, limpiándose con profesionalismo digno de un hombre de etiqueta, cosas que había aprendido con Raigo, su antiguo jefe en los Blues. ¿En qué estaría metido ese hombre ahora? No es que hubiera existido un corte de información completo, por el contrario, había cosas que debía poner al día.

Descendió lentamente el pañuelo, buscando con la mirada una papelera que se encontrase no muy lejos de allí. Se puso en pie, caminando hasta la zona, de nuevo, con nuevos pensamientos azotando en su mente. Últimamente había querido demostrarle a Sohem sus capacidades, encontrar una confianza que, a lo largo de todos esos meses desde que lo conoció en persona, había logrado encontrar al final del camino, antes de la separación... Pero él no había sido quien lo había criado. No le quitaba el mérito a lo que había logrado hacer, ni mucho menos. Por el contrario, había logrado mucho más de lo que creía necesario, pero por extraño que parezca, dado el tiempo que había transcurrido, y la larga distancia que los separaba esta vez, por primera vez, se cuestionó en qué estaría él... Y no solo él. ¿Qué tal estaría ella?

Los ojos violetas, confusos, de una muchacha de cabello blanquecino, en un orfanato, observándolo con desconfianza y miedo se volvieron a reflejar en su mente, en un recuerdo nuevo que comenzaba a vagar. Las sensaciones que tuvo, la extraña emoción de no ser el único en su propio linaje, por increíble que pareciera. Qué irónico, tener ganas de decírselo todo y a la vez no siendo capaz de hacerlo solo con tal de ponerla a salvo. Solo los mares sabían qué tanto había peleado para lograr llegar a pasar desapercibido ante aquella muchacha que se había convertido en toda una mujer. ¿Cuántos años tendría ya? ¿Veinticuatro? Sí... estaba seguro de que así era. Se había preocupado en llamarla en momentos concretos, evitar una añoranza que pudiera extenderse. Cada vez resultaba más difícil no decirle quién era, poder darle todo lo que pudiera y más, pero por ahora solo era un “buen donante” del orfanato y un “buen hombre de negocios”. ¿Le habría visto en el periódico cuando tuvo su primer precio por la cabeza? Nunca llegó a hacer mención al respecto, pero la conocía bien. La conocía desde que esa mujer era una niña que desconocía del mundo. Se había encargado por completo de evitar que una sola mosca le hiciera daño.

¿Dónde estaba? ¿En qué estaba? Su mente viajaba en alguna parte, no sabía exactamente el motivo, ¿acaso era relevante? Posiblemente el alcohol lo había llegado a volver nostálgico. Miró la botella, en silencio, para volver a buscar con la mirada al hombre al que le pertenecía su corazón. Todo en su alrededor se sentía lejano, borroso, menos lo único que tenía frente a sus ojos, hombre al que sostenía con una firmeza tal, en esta ocasión, que no quiso soltar bajo ninguna circunstancia. Ya fuera bailando, hablando... No le importaba. ¿Qué tanto tiempo podría aprovechar a su lado? ¿Qué tanto tiempo podría suceder estando a su lado? ¿Por qué el tiempo transcurría tan lejos de su alcance? ¿Acaso no había una forma de frenar el mundo y poder disfrutar las pequeñas cosas?

Dejó caer su cabeza en el hombro del rubio, con una mano pasándole por la cintura, apretándolo hacia sí mismo, solo queriendo disfrutar un poco más de su cercanía, de su silencio... Aunque poco silencio podía haber en unas gradas agarrotadas de gente. No deseaba una separación tan temprana y, sin embargo, sabía que estaba cerca. ¿Le tocaría en cuanto se separasen de Skypea? Quería aprovechar todo lo que pudiera a su lado, fuera en el Jackpot, o en la ciudad, o incluso quedarse allí para siempre, pero no... No podía, él lo sabía, igual que sabía también que seguramente el contrario también terminaría partiendo. ¿Debería preguntarle, debería proponerlo?

Descartó el pensamiento instantáneamente. No. No podía. No por falta de deseos, sino por otros asuntos. ¿Miedo, quizás, a la respuesta? ¿O más bien a no ser capaz de protegerlo si se diera el momento? Apretó la tela del rubio hacia sí, arrugando la hermosa ropa que tenía por la zona de la espalda que todavía sostenía como un tesoro. Su pensamiento era uno, claro, conciso y directo.

“No te vayas. Ven conmigo.”

Ese pensamiento quedaría en su propia mente, dibujando silenciosamente el pensamiento que había evitado por tanto tiempo, esa sensación de la que había querido desprenderse por largo tiempo, largo y tendido. La soledad. Esa sensación que no pensó sentir ni siquiera cuando era un renacuajo, pero allí estaba, como un niño, buscando por una compañía eterna de la que, al menos por el momento, no podía presumir. Por mucho que externalizara un rostro, un ego y silenciosamente una seguridad, solo él mismo conocía bien lo que se le pasaba por la mente. Solo tenía que cumplir su objetivo: ser más fuerte, saber cómo vencer a Raigo incluso con todo lo dado y, por supuesto, mucho más. Abrió lentamente sus ojos, solo queriendo disfrutar de la compañía que tenía frente a él. No había nadie mejor que Tezca en ese momento que pudiera llenar ese vacío, por mucho que le fuera a tocar una separación. Quizás breve, quizás no tanto, pero tendría que hacer de tripas corazón un poco más. ¿Cuándo iba a ser la próxima vez que pudiera encontrarlo? En la llamada lo llegó a preocupar, lo había evitado, pero... ¿qué pasaba si no podía volver a verlo? ¿Qué pasaba si Barald no siempre estaba allí?

Abrió sus ojos, lentamente, viendo el hombro de su amado, inhalando su aroma, sintiendo su respiración... Tenía que hacerlo. Tenía que seguir siendo más fuerte, elevarse a lo más alto, fuera cual fuere el precio. No solo por Tezca, no por Raigo, ni por Sohem. No.

Por sí mismo.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4394 + 0 = 4394
Energia: 3674 + 0 = 3674
Espiritu: 1103 + 32 = 1135


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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - por Onizuka Jin - 11-08-2026, 08:56 AM

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