11-08-2026, 05:00 PM
— Tsk. Me está estallando la cabeza… —murmuré frotándome las sienes luego de soltar los baldes que estaba cargando, que sin querer se derramaron y el agua de pescado me mojo un poco las sandalias.
Justo a mi izquierda a un metro de mi, mi padre estaba asustado. Se negaba a soltar los baldes pero se notaba como su cuerpo estaba temblando. Miró a la gigante y luego a los veinte hombres que nos apuntaban con sus armas, para luego mirarme directamente a mi.
— G-Gaki... —balbuceó mi padre tragando saliva—. Por los dioses... ¿Porque soltaste los baldes? ¡Recogelos para que salgamos corriendo cuando podamos! ¡Nos van a matar si nos quedamos aquí! Quizá dialogando…
Mi viejo en un acto de estupidez o valentia decidio dar un paso al frente e intentó negociar con aquellos hombres.
— ¡Escuchen, escuchen todos por favor! —comenzó a decir—. ¡Nosotros somos simples pescadores de Baquella. ¡Humildes trabajadores del mar! Mire usted —señaló el balde derramado con desesperación— El pescado está fresco, recién sacado. Si es por una cuestión de dinero... nosotros podemos regalarles la mitad de la pesca, ¡pero por favor no nos metan en sus asuntos!
— ¿Y a quién le importan tus pescados, viejo de mierda? —dijo el líder de la pandilla escupiendo al suelo—. ¡Aquí lo que vale oro es esa mujer de allí. Y ustedes dos tuvieron la desgracia de estar en el medio. Aunque pensándolo bien... —dijo mientras hacia una pausa y miraba a sus secuaces con una sonrisa— El muchacho tiene cara de servir para limpiar cubiertas ¿Qué opinan muchachos?
Los miembros de la horda respondieron agitando sus armas y cerrando cada vez más el semicírculo a nuestro alrededor.
— En cuanto a ti gigante. Crees que porque somos humanos no tenemos la fuerza suficiente para hacerte caer y pedir por tu vida. Buajajajaja —siguió hablando el lider de aquella horda.
Mi padre paniqueado no desistió y aunque ya sus rodillas no aguantaban mas, decidio volver a hacer de valiente pero esta vez le habló a la gigante.
— Y usted... distinguida señora... No se cual es su nombre—le habló mi padre a la desconocida, tembloroso pero humilde y amablemente— Con el debido respeto... Si nos ayuda a retirarnos pacíficamente, le prometo que le llevaremos la mejor selección de delicias del mar que podamos pescar mañana por la mañana.
Yo seguía allí, mirando todo lo que estaba ocurriendo con mis manos metidas en los bolsillos del pantalon, bostezando, porque aunque estuviera en problemas, el cansancio seguia alli.
apoyado perezosamente contra la pared de una de las casitas blancas de tejado naranja, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la mirada fija en el cielo.
— Qué fastidio... —murmuré—. Si al menos se mataran rápido entre ellos…
Justo a mi izquierda a un metro de mi, mi padre estaba asustado. Se negaba a soltar los baldes pero se notaba como su cuerpo estaba temblando. Miró a la gigante y luego a los veinte hombres que nos apuntaban con sus armas, para luego mirarme directamente a mi.
— G-Gaki... —balbuceó mi padre tragando saliva—. Por los dioses... ¿Porque soltaste los baldes? ¡Recogelos para que salgamos corriendo cuando podamos! ¡Nos van a matar si nos quedamos aquí! Quizá dialogando…
Mi viejo en un acto de estupidez o valentia decidio dar un paso al frente e intentó negociar con aquellos hombres.
— ¡Escuchen, escuchen todos por favor! —comenzó a decir—. ¡Nosotros somos simples pescadores de Baquella. ¡Humildes trabajadores del mar! Mire usted —señaló el balde derramado con desesperación— El pescado está fresco, recién sacado. Si es por una cuestión de dinero... nosotros podemos regalarles la mitad de la pesca, ¡pero por favor no nos metan en sus asuntos!
— ¿Y a quién le importan tus pescados, viejo de mierda? —dijo el líder de la pandilla escupiendo al suelo—. ¡Aquí lo que vale oro es esa mujer de allí. Y ustedes dos tuvieron la desgracia de estar en el medio. Aunque pensándolo bien... —dijo mientras hacia una pausa y miraba a sus secuaces con una sonrisa— El muchacho tiene cara de servir para limpiar cubiertas ¿Qué opinan muchachos?
Los miembros de la horda respondieron agitando sus armas y cerrando cada vez más el semicírculo a nuestro alrededor.
— En cuanto a ti gigante. Crees que porque somos humanos no tenemos la fuerza suficiente para hacerte caer y pedir por tu vida. Buajajajaja —siguió hablando el lider de aquella horda.
Mi padre paniqueado no desistió y aunque ya sus rodillas no aguantaban mas, decidio volver a hacer de valiente pero esta vez le habló a la gigante.
— Y usted... distinguida señora... No se cual es su nombre—le habló mi padre a la desconocida, tembloroso pero humilde y amablemente— Con el debido respeto... Si nos ayuda a retirarnos pacíficamente, le prometo que le llevaremos la mejor selección de delicias del mar que podamos pescar mañana por la mañana.
Yo seguía allí, mirando todo lo que estaba ocurriendo con mis manos metidas en los bolsillos del pantalon, bostezando, porque aunque estuviera en problemas, el cansancio seguia alli.
apoyado perezosamente contra la pared de una de las casitas blancas de tejado naranja, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la mirada fija en el cielo.
— Qué fastidio... —murmuré—. Si al menos se mataran rápido entre ellos…
off
