12-08-2026, 01:55 PM
El sol de la tarde sigue cayendo a plomo sobre Hachinosu, y el calor que desprende la piedra arenisca de la ciudadela se mezcla con el olor a pólvora quemada y el polvo amarillento que aún no termina de asentarse sobre el cráter del Galleon's Grotto. Del hombre al que Ashura sigue dirigiendo sus palabras no queda ni rastro pues Grin ha desaparecido por completo, tragado por la desbandada inicial de la multitud, replegado a una distancia prudente del cráter y del filo de aquella espada, de modo que nadie responde al desafío que el propio Ashura lanza al aire vacío. Alrededor de ese cráter, donde él y Shinkae Sae se estudian a 20 metros de distancia, la multitud se contiene formando un anillo irregular a 50 metros del centro, todos los ojos puestos en la oni y en el Shichibukai, ajenos por completo a lo que ocurre más al norte, donde la ciudadela se eleva en una sucesión de tejados desiguales y manzanas enteras se apiñan unas contra otras sin ningún orden ni planificación, construcciones de entre dos y seis plantas separadas apenas por callejones donde un hombre corpulento tendría que caminar de lado.
Allí, a 62 metros en diagonal del propio cráter, se alza un viejo almacén portuario desde el que Itsuka y Mutsumi salieron volando lanzadas por la técnica Viento de Plata de Tenoch, sus 4 plantas de piedra asomando apenas por encima del resto del vecindario. Separado de él por un estrecho callejón de 3 metros, se encuentra el edificio contra el que ambas fueron lanzadas y el que les salvo de ser empujadas cientos de metros, un bloque un piso más alto, de 5 plantas, cuyo muro exterior aún conserva la marca fresca del impacto de las hermanas a la altura de la última planta; desde ahí, ambas cayeron 4 metros hasta quedar atrapadas sobre un saliente de piedra que sobresale a la altura de la cuarta planta, resto de una vieja plataforma de carga, salvándolas de un desplome mayor y desde el cual aprovecharon a disparar a Tenoch. Más al sur, más cerca del corazón de la ciudadela, alineado en línea recta entre este segundo edificio y el propio cráter, se agazapa un tercer edificio, mucho más bajo y sin gracia, apenas 3 plantas de piedra sin adorno alguno, encajonado entre edificios vecinos más altos que crecieron a su alrededor con los años, su tejado plano cubierto por una fina capa de polvo, a solo 37 metros de donde Ashura sigue plantado frente a la oni.
En algún punto entre el almacén y el cráter, en la calle, junto al muro del propio almacén, Tenoch desciende envuelto en humo y fuego, herido en las alas pero con su transformación pegásica aún intacta, con toda esa maraña de tejados y fachadas robándole cualquier posibilidad de ver lo que ocurre en el cráter. Es en este preciso instante, con la ciudad entera contenida como un único organismo a la espera del próximo golpe, cuando varias cosas ocurren al mismo tiempo, separadas por decenas de metros pero unidas por el mismo latido.
Desde el saliente donde quedaron atrapadas, Itsuka y Mutsumi cambian de munición en sus rifles, y sin cruzar palabra, flexionan las rodillas al mismo tiempo, como si un único pensamiento gobernara sus dos cuerpos, y saltan juntas hacia el vacío del callejón, cruzando en el aire 26 metros exactos que las separan del tejado bajo del tercer edificio que adornan la escenografía de la batalla. Sus alas, inútiles para sostener vuelo alguno, se abren apenas para equilibrar la caída, y aterrizan sobre la superficie polvorienta casi al unísono, las rodillas absorbiendo el golpe, ya dentro del alcance de sus rifles sobre Ashura. Mientras Itsuka y Mutsumi completan el salto, Tenoch toca tierra con un último aleteo violento, agitado pero decidido, y su forma se contrae hasta devolverle el cuerpo híbrido que le otorgan sus poderes de su akuma no mi, dejando atrás al pegaso completo. Se pega a una pared del almacén, protegiendo su espalda del hueco por el que antes vinieron los disparos, y hace chocar sus puños entre sí, encendiendo el fuego de sus guantes, sin saber aún que quienes lo hirieron ya no están sobre su cabeza.
Ni uno solo de los presentes, con los ojos fijos en el duelo del cráter, repara en las dos siluetas agazapadas sobre aquel tejado bajo, mucho más cerca de lo que cualquiera de ellos hubiese imaginado. Por segunda vez, las hermanas encajan las culatas contra el hombro, ajustan la mira, y aprietan el gatillo dos veces cada una, casi al unísono, cuatro estampidos que se funden en un solo parpadeo. La primera tanda de balas perforantes recorre en línea recta los 37 metros que separan el tejado del cráter, sin desviarse un centímetro de su trayectoria, envueltas en Haki de Armamento, cortando el aire caliente de la tarde en un vuelo silencioso, sin el resplandor ni la onda expansiva de la munición explosiva, directas hacia la cara del capitán de los Mushoku impactando en su único ojo la primera y en su nariz la segunda. Con un rápido juego de manos, la segunda tanda de balas sale disparada de nuevo hacia Tenoch, casi sin pausa entre un gatillo y el siguiente, recorriendo en línea recta los poco más de 26 metros que separan a las hermanas de la posición que ocupo Tenoch, quien empieza a prenderse en fuego tras el choque de sus guantes, dando de lleno en el pecho del pirata. Apenas se pierde el eco del último disparo, ambas hermanas ya se dejan caer por el borde opuesto del tejado, colándose hacia el interior del edificio bajo reposicionándose en diferentes niveles del mismo.
Es solo entonces, con las balas hacia Ashura ya hechas y sin que él haya podido esquivarlas, cuando Shinkae Sae cierra la distancia que los separaba al haber sido empujada 16 metros por el ataque de Ashura. En vez de un segundo golpe directo, esta vez sus brazos se abren de par en par y se cierran sobre él en un abrazo brutal, atrapándolo entre la masa de sus músculos y el peso entero de su cuerpo de 12 metros. Y mientras aprieta, gira el torso, la cabeza, todo su cuerpo hacia el norte, hacia el tejado bajo del que ya no queda ni silueta ni sombra, intuyendo con la certeza de años de trabajo compartido, sin necesidad de verlas ni sentirlas con ningún Haki, que sus compañeras se están reposicionando listas para rematar la tarea – “Eres Oni muerto, perro del gobierno” – masculla Shinka Sae al oído de Ashura mientras sonríe con furia y coraje tras el ataque inicialmente recibido el cual le dejo una herida profunda por la cual su sangre inhumana está siendo derramada en aquel cráter que seguramente será la tumba de uno de los dos.
Allí, a 62 metros en diagonal del propio cráter, se alza un viejo almacén portuario desde el que Itsuka y Mutsumi salieron volando lanzadas por la técnica Viento de Plata de Tenoch, sus 4 plantas de piedra asomando apenas por encima del resto del vecindario. Separado de él por un estrecho callejón de 3 metros, se encuentra el edificio contra el que ambas fueron lanzadas y el que les salvo de ser empujadas cientos de metros, un bloque un piso más alto, de 5 plantas, cuyo muro exterior aún conserva la marca fresca del impacto de las hermanas a la altura de la última planta; desde ahí, ambas cayeron 4 metros hasta quedar atrapadas sobre un saliente de piedra que sobresale a la altura de la cuarta planta, resto de una vieja plataforma de carga, salvándolas de un desplome mayor y desde el cual aprovecharon a disparar a Tenoch. Más al sur, más cerca del corazón de la ciudadela, alineado en línea recta entre este segundo edificio y el propio cráter, se agazapa un tercer edificio, mucho más bajo y sin gracia, apenas 3 plantas de piedra sin adorno alguno, encajonado entre edificios vecinos más altos que crecieron a su alrededor con los años, su tejado plano cubierto por una fina capa de polvo, a solo 37 metros de donde Ashura sigue plantado frente a la oni.
En algún punto entre el almacén y el cráter, en la calle, junto al muro del propio almacén, Tenoch desciende envuelto en humo y fuego, herido en las alas pero con su transformación pegásica aún intacta, con toda esa maraña de tejados y fachadas robándole cualquier posibilidad de ver lo que ocurre en el cráter. Es en este preciso instante, con la ciudad entera contenida como un único organismo a la espera del próximo golpe, cuando varias cosas ocurren al mismo tiempo, separadas por decenas de metros pero unidas por el mismo latido.
Desde el saliente donde quedaron atrapadas, Itsuka y Mutsumi cambian de munición en sus rifles, y sin cruzar palabra, flexionan las rodillas al mismo tiempo, como si un único pensamiento gobernara sus dos cuerpos, y saltan juntas hacia el vacío del callejón, cruzando en el aire 26 metros exactos que las separan del tejado bajo del tercer edificio que adornan la escenografía de la batalla. Sus alas, inútiles para sostener vuelo alguno, se abren apenas para equilibrar la caída, y aterrizan sobre la superficie polvorienta casi al unísono, las rodillas absorbiendo el golpe, ya dentro del alcance de sus rifles sobre Ashura. Mientras Itsuka y Mutsumi completan el salto, Tenoch toca tierra con un último aleteo violento, agitado pero decidido, y su forma se contrae hasta devolverle el cuerpo híbrido que le otorgan sus poderes de su akuma no mi, dejando atrás al pegaso completo. Se pega a una pared del almacén, protegiendo su espalda del hueco por el que antes vinieron los disparos, y hace chocar sus puños entre sí, encendiendo el fuego de sus guantes, sin saber aún que quienes lo hirieron ya no están sobre su cabeza.
Ni uno solo de los presentes, con los ojos fijos en el duelo del cráter, repara en las dos siluetas agazapadas sobre aquel tejado bajo, mucho más cerca de lo que cualquiera de ellos hubiese imaginado. Por segunda vez, las hermanas encajan las culatas contra el hombro, ajustan la mira, y aprietan el gatillo dos veces cada una, casi al unísono, cuatro estampidos que se funden en un solo parpadeo. La primera tanda de balas perforantes recorre en línea recta los 37 metros que separan el tejado del cráter, sin desviarse un centímetro de su trayectoria, envueltas en Haki de Armamento, cortando el aire caliente de la tarde en un vuelo silencioso, sin el resplandor ni la onda expansiva de la munición explosiva, directas hacia la cara del capitán de los Mushoku impactando en su único ojo la primera y en su nariz la segunda. Con un rápido juego de manos, la segunda tanda de balas sale disparada de nuevo hacia Tenoch, casi sin pausa entre un gatillo y el siguiente, recorriendo en línea recta los poco más de 26 metros que separan a las hermanas de la posición que ocupo Tenoch, quien empieza a prenderse en fuego tras el choque de sus guantes, dando de lleno en el pecho del pirata. Apenas se pierde el eco del último disparo, ambas hermanas ya se dejan caer por el borde opuesto del tejado, colándose hacia el interior del edificio bajo reposicionándose en diferentes niveles del mismo.
Es solo entonces, con las balas hacia Ashura ya hechas y sin que él haya podido esquivarlas, cuando Shinkae Sae cierra la distancia que los separaba al haber sido empujada 16 metros por el ataque de Ashura. En vez de un segundo golpe directo, esta vez sus brazos se abren de par en par y se cierran sobre él en un abrazo brutal, atrapándolo entre la masa de sus músculos y el peso entero de su cuerpo de 12 metros. Y mientras aprieta, gira el torso, la cabeza, todo su cuerpo hacia el norte, hacia el tejado bajo del que ya no queda ni silueta ni sombra, intuyendo con la certeza de años de trabajo compartido, sin necesidad de verlas ni sentirlas con ningún Haki, que sus compañeras se están reposicionando listas para rematar la tarea – “Eres Oni muerto, perro del gobierno” – masculla Shinka Sae al oído de Ashura mientras sonríe con furia y coraje tras el ataque inicialmente recibido el cual le dejo una herida profunda por la cual su sangre inhumana está siendo derramada en aquel cráter que seguramente será la tumba de uno de los dos.
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