13-08-2026, 01:10 AM
El momento de felicidad creado por Miyori fue suficiente para que una sonrisa de oreja a oreja apareciera en el rostro de Uker, junto a una risa propia de quien ya no se ata por la vergüenza del “qué dirán”. Estaba junto a sus compañeros, a una nueva familia, incluso al lado de alguien que parecía ser una verdadera integrante de su familia, podía permitirse ser feliz por un momento.
Pero la duda llegó a su mente, como si no pudiera tener un momento de paz antes de que sus recuerdos lo atormentaran de nuevo. ¿Podía siquiera darse ese lujo? ¿Podría evitar que esa gente muera si la tragedia volvía a tocar su puerta? Hasta ahora, quien se había relacionado con él no había sobrevivido, había sido presa de un destino atroz. ¿Podría?
Movió la cabeza, alejando esos pensamientos oscuros. Los Sepultura eran fuertes, si su prima había llegado hasta ese lugar seguramente era fuerte también. Incluso él era mucho más fuerte que en el pasado, no iba a dejar que algo como lo que le ocurrió a su maestro o a sus padres volviera a ocurrir.
Como si pudiera oír sus pensamientos, y quisiera evitarlos, fue la propia pelinaranja quien comenzó una despedida. Debía volver con su grupo, solo había estado con ellos un momento, un momento suficiente para poder encontrar ese hilo del destino que los unía. - Bueno, tenemos muchas cosas de las que hablar, así que guardaré esto perfectamente -. Agitó en su mano el papel que ella le había dado, entregándole también uno muy similar, con su número anotado. - Será increíble poder conversar luego -.
Sin embargo, el momento más importante de todo el evento parecía haber llegado. Fue el propio gobernante del lugar el que dio fin al combate que, sin haberle estado prestando demasiada atención, Uker había estado esperando verlo acabar. Si el gigante salía vencedor, eso significaba que su equipo saldría vencedor. Una lastima tener que depender de otros, pero lo cierto es que haber participado en uno de los dos combates era al menos un alivio.
El primate habló, mencionando algo que quedó grabado en la mente del cocinero. - ¿Kenbunshoku Haki? ¿Eso era lo que decía el idiota de Jin? -. ¿Podía leer las mentes? Si eso era cierto, y el yakuza de igual manera había perdido contra Eros en un combate, era mucho más estúpido de lo que habría imaginado. Sino, ¿a queso refería con detectar en ellos algo peligroso?
No todo podía ser color de rosas, pues en ese instante fue anunciado que no había ganador en ese encuentro. Si de igual manera un equipo iba a llevarse la victoria, sería uno con más puntos. Su equipo había destacado en dos pruebas, pero no había sido suficiente para escalar al primer puesto luego de que Barald y él quedaran eliminados. Sus dientes se apretaron entre sí, agachó la cabeza y simplemente pudo pensar que debía aceptar la derrota una vez más.
Espera, ¿230 puntos? Ningún equipo tenía 230 puntos antes de iniciar los combates.
Fue una gran sorpresa escuchar qué equipo se alzaba con la gloria. Sus dientes presionaron entre sí aún más pero las comisuras de sus labios se elevaron y su mano izquierda se cerró en un puño que apretó con bastante fuerza enfrente de él mismo. No había gritos, no había movimientos exagerados con su cuerpo, solo la ambición y emoción plasmadas en sus ojos, los cuales se encontraban fijos viendo el lugar donde se encontraba parado Zarutsuki.
De pronto, pudo sentir como algo terminaba de caer en su espalda. No era pesado, para nada, pero el poco equilibrio que se tenía en ese lugar, junto a seguir al lado de sus compañero y la sorpresa de salir victorioso hicieron posible que esa cosa lo tumbara. - Idiota, ¿desde cuando eres tan enérgico? -. Dijo sin hacer desaparecer la sonrisa de su rostro, al mismo tiempo que veía que se trataba de su compañero de tripulación. Aceptó el golpe en el brazo, un pequeño gesto de camaradería para quien no acostumbraba a dar saludos o abrazos. - Di lo que quieras, pero yo me paré en la arena central -.
Bueno, eso lo habían hecho todos, pero dejemos al pobre diablo.
Se levantó y no tardó en recibir los saludos de su propia tripulación, pero también tenía algo más en mente. Avanzó hasta donde se encontraba su compañero de equipo, el otro hombre que había quedado eliminado en las pruebas. Le extendió la mano, le sonrió y no tardó en decirle. - ¿Tu espada te dijo que saldrías vencedor? Porque eso fue lo que pasó -. Si él había sufrido por unos segundos por ver la posibilidad de la victoria escapar de sus manos, Barald podría estar en una situación similar, aunque no lo conocía lo suficiente como para asegurarlo.
Pero ahora, luego de los aplausos y los vítores, llegaron más palabras del emperador de esa isla. Por las emociones durante los juegos casi que se le había olvidado eso, el deseo que podrían pedirle a aquel hombre. ¿Será que su sueño se encontraba cada vez más cerca? ¿Tendría él alguna información sobre la inmortalidad?
Pero la duda llegó a su mente, como si no pudiera tener un momento de paz antes de que sus recuerdos lo atormentaran de nuevo. ¿Podía siquiera darse ese lujo? ¿Podría evitar que esa gente muera si la tragedia volvía a tocar su puerta? Hasta ahora, quien se había relacionado con él no había sobrevivido, había sido presa de un destino atroz. ¿Podría?
Movió la cabeza, alejando esos pensamientos oscuros. Los Sepultura eran fuertes, si su prima había llegado hasta ese lugar seguramente era fuerte también. Incluso él era mucho más fuerte que en el pasado, no iba a dejar que algo como lo que le ocurrió a su maestro o a sus padres volviera a ocurrir.
Como si pudiera oír sus pensamientos, y quisiera evitarlos, fue la propia pelinaranja quien comenzó una despedida. Debía volver con su grupo, solo había estado con ellos un momento, un momento suficiente para poder encontrar ese hilo del destino que los unía. - Bueno, tenemos muchas cosas de las que hablar, así que guardaré esto perfectamente -. Agitó en su mano el papel que ella le había dado, entregándole también uno muy similar, con su número anotado. - Será increíble poder conversar luego -.
Sin embargo, el momento más importante de todo el evento parecía haber llegado. Fue el propio gobernante del lugar el que dio fin al combate que, sin haberle estado prestando demasiada atención, Uker había estado esperando verlo acabar. Si el gigante salía vencedor, eso significaba que su equipo saldría vencedor. Una lastima tener que depender de otros, pero lo cierto es que haber participado en uno de los dos combates era al menos un alivio.
El primate habló, mencionando algo que quedó grabado en la mente del cocinero. - ¿Kenbunshoku Haki? ¿Eso era lo que decía el idiota de Jin? -. ¿Podía leer las mentes? Si eso era cierto, y el yakuza de igual manera había perdido contra Eros en un combate, era mucho más estúpido de lo que habría imaginado. Sino, ¿a queso refería con detectar en ellos algo peligroso?
No todo podía ser color de rosas, pues en ese instante fue anunciado que no había ganador en ese encuentro. Si de igual manera un equipo iba a llevarse la victoria, sería uno con más puntos. Su equipo había destacado en dos pruebas, pero no había sido suficiente para escalar al primer puesto luego de que Barald y él quedaran eliminados. Sus dientes se apretaron entre sí, agachó la cabeza y simplemente pudo pensar que debía aceptar la derrota una vez más.
Espera, ¿230 puntos? Ningún equipo tenía 230 puntos antes de iniciar los combates.
Fue una gran sorpresa escuchar qué equipo se alzaba con la gloria. Sus dientes presionaron entre sí aún más pero las comisuras de sus labios se elevaron y su mano izquierda se cerró en un puño que apretó con bastante fuerza enfrente de él mismo. No había gritos, no había movimientos exagerados con su cuerpo, solo la ambición y emoción plasmadas en sus ojos, los cuales se encontraban fijos viendo el lugar donde se encontraba parado Zarutsuki.
De pronto, pudo sentir como algo terminaba de caer en su espalda. No era pesado, para nada, pero el poco equilibrio que se tenía en ese lugar, junto a seguir al lado de sus compañero y la sorpresa de salir victorioso hicieron posible que esa cosa lo tumbara. - Idiota, ¿desde cuando eres tan enérgico? -. Dijo sin hacer desaparecer la sonrisa de su rostro, al mismo tiempo que veía que se trataba de su compañero de tripulación. Aceptó el golpe en el brazo, un pequeño gesto de camaradería para quien no acostumbraba a dar saludos o abrazos. - Di lo que quieras, pero yo me paré en la arena central -.
Bueno, eso lo habían hecho todos, pero dejemos al pobre diablo.
Se levantó y no tardó en recibir los saludos de su propia tripulación, pero también tenía algo más en mente. Avanzó hasta donde se encontraba su compañero de equipo, el otro hombre que había quedado eliminado en las pruebas. Le extendió la mano, le sonrió y no tardó en decirle. - ¿Tu espada te dijo que saldrías vencedor? Porque eso fue lo que pasó -. Si él había sufrido por unos segundos por ver la posibilidad de la victoria escapar de sus manos, Barald podría estar en una situación similar, aunque no lo conocía lo suficiente como para asegurarlo.
Pero ahora, luego de los aplausos y los vítores, llegaron más palabras del emperador de esa isla. Por las emociones durante los juegos casi que se le había olvidado eso, el deseo que podrían pedirle a aquel hombre. ¿Será que su sueño se encontraba cada vez más cerca? ¿Tendría él alguna información sobre la inmortalidad?
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