[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
—¿Ah sí? ¿Arrancarías su cabello rojo por mí? —Era imposible que su ego no aumentara cuando Merlot hablaba de esa manera, algo que lo hacía sonreír de oreja a oreja sin disimulo alguno. —Me halagas, Merlot, pero no quisiera que tus delicadas manos pasaran por ese suplicio…es mejor que uses una espada o una daga, ya sabes, sería más rápido —. Sus comentarios se daban de manera tan casual que, gracias al delicado tono de voz que usó, casi parecían una broma; sin embargo, el médico no se cerraba a la posibilidad de que eso ocurriera, de hecho, tal vez sería algo que estaría dispuesto a pagar por ver… ¿Merlot sería capaz de comportarse así ante un marine? ¿Cómo sería ver su lado más violento? Esa sería una idea que rondaría en su cabeza hasta que su cerebro decidiera olvidar. —Aunque ahora no creo que sea necesario que le hagas eso, él cumplió con su palabra de traerte a salvo —. Su mirada dejó de centrarse en Merlot y se fijó de nuevo en la arena, aunque añadió un detalle más a su diálogo, pero pronunciado con voz tan baja que en medio del griterío de las gradas sería imposible de escuchar. —De todos modos, sigo desconfiando de él…
 
En ese instante un grito resonó a su lado. La Joya del Mar animaba a uno de los contrincantes o, al menos, le advertía algo que provocó que el médico soltara una leve risa. —Ah…pues realmente si que sería una lástima que dañara su cara —. Coincidió con su compañera al mismo tiempo que Maki parecía “despertar” de nuevo, bueno, al menos por su voz sabía que la mujer estaba más activa a pesar de todos los tragos que había tomado.
 
—¿Las águilas tienen el poder de pegarle a la luz? Jmmm…No creo que sea el caso, tal vez es algo más, no lo sé, no estoy seguro, pero creo que debemos preguntarle cuando todo esto finalice ¿No lo crees? Porque si hay algo que podamos usar para enfrentar a esos monstruos…yo lo quiero, sea lo que sea y cueste lo que cueste —. Apretó su mano justo en el borde del barandal del coliseo, sin dejar que sus ojos se apartaran del combate ni si quiera por un momento.
 
Pocas veces el médico solía concentrarse tanto, pero esto lo ameritaba, a fin de cuentas, quería analizar lo que sucedía frente a sus ojos, pero las acciones eran tan rápidas que en más de una ocasión perdió a los contrincantes de vista o no llegó a ver los golpes conectados, además de esto, empezaba a marearse cada vez más y en la boca de su estómago se formaba un nudo que lo hacía querer vomitar. Se tambaleó un poco, aún con Maki sobre sus hombros, eso lo llevó a apartar la vista del medio de la arena y cerrar sus ojos, lo que le permitió enfocarse, por un instante, en una melodía conocida y que sonaba tan lejos y tan cerca al mismo tiempo.
 
En ese momento sintió un toquecito en su hombro. La calva chica deseaba bajar de su espalda y él, ni corto ni perezoso, le cumplió su deseo, aunque no sin fijarse en la expresión de la mujer que, para el pelirrosa, lució tan concentrada como poderosa, pero al mismo tiempo, melancólica. Quizá era cosa de él, pero creyó ver una mirada distante en ella, por más que, al seguir sus ojos estos fueran a parar en la muchacha naranjita que los había acompañado antes… ¿Musa? Ese era su nombre ¿no? Debía serlo, porque esa manera de tocar el violín solo pudo haber sido una bendición de las musas para ella. Simplemente, precioso.
 
La canción la reconoció, por supuesto, tanto que en menos de lo que creyó, su mirada también se embelesó en la chica naranja, pues, así como Maki, quien parecía estar viviendo una película triste en su cabeza, al médico, aquella melodía, también le traía recuerdos… ¿Malos? No, al menos no necesariamente.
 
Se concentró en la melodía, en la letra, en como otro grupo de piratas, los mismos que viajaban con el cocinero malhumorado, la cantaban a todo pulmón. Con un escenario como ese no fue difícil para el pelirrosa el recordar a su antigua tripulación. No, no los Mano Muerta, nunca fue tan unido con ellos, si no aquella tripulación que lo inició en la piratería hace más de 15 años, al grupo que el mismo traicionó. Entonces, claro que su mente pudo dibujar con claridad la cubierta del “Corona de Espinas” y a sus antiguos nakamas, moviéndose de un lado para otro mientras que un alegre Azkeel, su mejor amigo (según historiadores) en esos años, cantaba la canción a todo pulmón, llegando a contagiar incluso a los tripulantes más amargados, como al viejo navegante, Bárnabas…Una canción muy pirata, una canción que cargaba con muchas historias entre sus notas.
 
Por ese leve momento se sintió como el adolescente que había recorrido el mar por primera vez con un grupo por demás peculiar, incluso llegó a tararear la melodía antes de que la voz de su calva capitana lo sacara de su ensueño.
 
—¿Uh? ¿A quién quieres? —Había olvidado la petición de antes, en donde la chica le pedía a la naranjita viajar con ellos; sin embargo, al ver los ojos dorados de su capitana, tan decidida, de verdad creyó que quería a la chica con ellos… ¿Cómo podría negarle algo como así a su guardaespaldas? —¿De verdad quieres eso? Bien, pues, tráela con nosotros al Royal Flush, cueste lo que cueste. No voy a detenerte.
 
La canción terminó.
 
Ahora el estruendo de la contienda y de los espectadores volvía a dominar el ambiente. El médico chasqueó la lengua, dispuesto a observar de nuevo la pelea, pero justo cuando creyó que algo más pasaría, el ritmo empezó a tornarse lento, algo que parece que el peluche emperador que gobernaba en aquella isla también notó, pues su voz resonó en la arena, deteniendo el combate de una buena vez.
 
Lo miró allá e lo alto, dando un veredicto que no podía decir si era justo o no, a fin de cuentas, se perdió la mitad del enfrentamiento gracias a la canción, pero tampoco era algo que le afectara, además, incluso podía decir que le convenía, después de todo, quería hablar con alguien enorme sujeto. Necesitaba saber como es que había logrado golpear a la luz.
 
—Jmmm… ¿Y ahora que haremos? ¿Podemos seguir comprando cosas en el mercado? Encontré un sitio en donde venden coronas y cadenas para el cabello, podríamos conseguir más, bien adornarían tu bella cabellera, Merlot y…Maki…podrían servirte para cuando tu cabello vuelva a crecer, tu lo dijiste, no quedarás alopécica, tienes esperanza y mejor compramos accesorios a precio de feria —. Tomó a las chicas del brazo, una de cada lado, dispuesto a arrastrarlas por las gradas y llevarlas hacia el mercado nuevamente; sin embargo, no avanzó más que unos cuantos metros cuando notó que el enorme sujeto se dirigía a unas gradas más arriba… ¿Debía seguirlo?  Tal vez sería lo mejor.
 
—Maki…guíanos hacia el hombre águila ¿Puedes? —Al final prefirió dejar la misión en manos de la otra chica, pues en algún punto perdió del vista al hombre… ¿Cómo podía perdérsele alguien tan grande? Bueno, imposible de saber, pero sucedió. —Vamos, vamos…quiero preguntar como fue que golpeó a la luz y…
 
Soltó a las chicas, dio un paso atrás y justamente tropezó con aquella chica de ojos azules, la misma del violín y la canción pirata.
 
—¡Oh, chica Naranja! Creí que te perdería de vista para siempre…Escuché tu canción ¿Sabes? Eres tan maravillosa como tu interpretación, creo que has enamorado a Maki —. Le sonrió, esta vez sin dobles intenciones ni falsas cortesías, era curioso lo que la música podía llegar hacer…o quizá el alcohol, en este punto ya no lo sabía. —¿Nos acompañas un rato? Queremos preguntarle al hombre águila como es que fue capaz de golpear la luz ¿Vienes, Naranjita? —. No, no se refería al marine como persona, se refería a su elemento y a todos los que eran como él: intocables.
 
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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - por Hyákinthos - 13-08-2026, 04:41 AM

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