[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
La pobre e inocente tortuga, mejor conocida como Juan Sebastian, se había convertido en una peonza perfectamente equilibrada sobre su dedo índice. El grueso caparazón y las patitas regordetas, extendidas fuera de su protección, rotaban con furia, lo que le recordó fugazmente a su primer encuentro de entrenamiento y a la técnica que su compañero utilizó en aquel entonces. ¿Cómo se llamaba? ¿Kame hame? ¿Ha? No, no era eso. Para nada. ¿Cómo se le ocurrió? ¡Kame roll! ¡Ese era el nombre!

Dio unas palmadas al filo del caparazón para aumentar la velocidad de su giro. ¿Por qué nunca había hecho eso antes? ¡Era muy divertido!

—Juancho, tienes que usar esta forma más seguido. Es mucho más fácil manejarte así, cuando no pesas una tonelada. ¡Shihaha! —Dos palmadas más y la velocidad que alcanzó Juan Sebastian amenazó con arrancarlo de su mano. Estaba girando tan rápido que generaba una pequeña corriente de aire descendente—. ¿Qué dices, Juanito? No te entiendo, estás girando demasiado rápido, shihaha…

— ¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON! —

La broma a su camarada se vio interrumpida por el retumbar de la voz de Zarutsuki, el actual regente de Skypiea y anfitrión de los Juegos del Soberano, elevándose por encima de todo. Por encima del rugido de las gradas, por encima del ruido del combate, por encima de las expectativas por el final del torneo; su voz. Enji se detuvo, dejó de hacer girar a Juan y dirigió su mirada al palco donde el Ouka Shicibukai yacía apostado. ¿El tiempo se había acabado? Se miró la muñeca, donde no había ningún reloj pero le gustaba imaginar que sí lo había, y arrugó el entrecejo. Que extraño. El combate de semifinales duró más.

El discurso del… ¿mink? Sólo incrementó su confusión. ¿A qué venía tanta chapa? ¿Iba a anunciar al ganador o no? Estaba empezando a impacientarse, a repicar en el suelo con el pie.

En eso, justamente, se dictó la sentencia:

— ¡DECLARO QUE NO HAY GANADOR EN ESTE COMBATE FINAL-SON! —

—¿Eh? —Su cabeza cayó a un costado y la expresión de confusión se acentuó en su rostro, como si una interrogante se abriera entre sus ojos—. ¿Cómo que no hay ganador? ¿Y para qué carajos estaban peleando entonces?

Se agarró de la baranda y aguzó la mirada. Enfocó al mono, luego echó un vistazo a Shin, a Bartolomeow, y regresó al shichibukai. ¿Eso era todo? ¿Así se terminaba el gran evento? ¿Un empate con sabor a derrota para los dos? «Que desperdició —pensó, dejándose caer sobre la baranda. Cruzó los brazos encima de ella y apoyó la cabeza en ellos—. Mieeerda, tendría que haber ido a pelear en semis. ¿Quién me manda a ser tan bueno?». No sabía cómo hubiera podido llegar a terminar eso, como hubiera lidiado con las espadas de Rackham o el cuerpo de barro de Jin, pero estaba seguro de que, perdiendo o ganando, se sentiría más satisfecho. Mucho más satisfecho que sólo observando todo desde una grada, por mucho que en la grada hubiera cerveza y palomitas.

Bufó, chasqueó la lengua y desvió la mirada de la arena.

«Bah, dejé pasar una chance aquí. Hubiera sido divertido ocupar esa arena… ¡Y los deseos! ¡Mi revancha con este cabrón!»

Echó un vistazo a Navur, firme guardia que permanecía dándole la espalda a la grada y encarando al centro de la arena, y volvió a bufar mientras, casi en simultáneo, el soberano de Skypiea anunciaba que los ganadores del torneo eran los participantes del grupo dos. Juan creyó recordar que no había marines en ese grupo, pero su memoria decía otra cosa:

—¿El pelirrojo de la sesenta no estaba en ese grupo? —respondió.

Se irguió tras un último suspiro, enderezó y estiró la espalda, los brazos, y se desperezó. Estaba empezando a enfriarse. Y eso era irónico, pues, al mismo tiempo, sentía calor. Ese mismo calor que lo acompañaba a todos lados.

El veneno de su cartel se desmenuzó y deslizó en el aire en forma de un río serpenteante que viajó de regresó a su cuerpo. Ya no tenía sentido mantenerlo: la pelea había terminado.

—¿Quieres una cerveza, Juanchito? ¡Sale! —Levantó la mano, índice y corazón extendidos mientras miraba al muchacho de las cervezas. El pobre llevaba una bandeja llena y apenas podía hacer equilibrio entre los muchos espectadores del torneo—. ¡Eh, chico! Mandame tres cervezas más por aquí.

Levantó la chaqueta del suelo —se le había caído al detener el cántico—, y la ató a su cintura usando las mangas como si fueran los cordones de unos zapatos. Oficialmente ya no estaba completamente desnudo. De la cintura para abajo, al menos.

El chico de las cervezas llegó justo después. Enji recibió las jarras, pagó y dejó una de ellas en el suelo, al alcance de Juan Sebastian en su forma de tortuga. No estaba seguro de porqué no volvía a la normalidad, pero tampoco le molestaba. Las tortugas eran cool. La otra cerveza se la guardó a Kibai, quien primero lo había invitado. Ahora estaban a mano, aunque el gato había desaparecido.

—Salud, marineritos. —Chocó su jarra contra el caparazón de Juan, lo suficientemente suave como para que el vidrio no explotara—. A ver si encontramos a Akira y Masami antes de salir de aquí. Afuera será un desastre si nos perdemos… ¿Ah? ¿Queda algo más? —Puso los ojos en blanco cuando Zarutsuki mencionó que faltaban más invitados, pero una sonrisa apareció en sus labios poco después—. Eh, Juancho, ¿nos dejarán usar esa arena para golpearnos un rato? Tengo un par de trucos nuevos para ganarte esta vez.

Le dio dos toques con el pie al caparazón del tortugón y después se asomó sobre la baranda.

—¡Vamos, bichito de luz! Ya se terminó el espectáculo —dijo desde la distancia y con ese característico tono suyo, tan punzante y mordaz como se podía ser—. ¡Te dejaré cargar a Juan como premio de consolación!  ¡Shihahaha!

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4097 + 0 = 4097
Energia: 3856 + 16 = 3872
Espiritu: 1450 + 0 = 1450


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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - por Enji - 13-08-2026, 12:54 PM

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