Mi lengua humedece mis labios de manera circular, pasando por el labio inferior de derecha a izquierda y colgando un poco.
- Toratora... - sonrío saboreando la amargura de la muerta y escuchando el grito ahogado que la tristeza emana desde el cuerpo del otro joven, el cual vivirá para recordar cada día su debilidad.
Un fuerte salto. Golpeo contra la pared. Avanzo, asciendo por aquel infierno de piedras oscuras y barrotes fríos hasta llegar al siguiente nivel y dejo atrás el deseo de los arkanos, ahora ellos serán los que guíen la senda de ese joven, serán ellos los que haga que rompa su crisálida de tristezas y enfrente la desidia de una vida marcada por sus errores.
Nivel 1.
El suelo es candente, pero mis pezuñas protegen. Así me crearon los dioses, así quisieron que caminara sobre el mundo, capaz de andar sobre la brasa sin quemarme. Haciendo arder los pueblos a mis pasos por sus deseos y bailando sobre el fuego que trae su voluntad. Pero ahora... Ahora solo quedan cuerpos.
- Shark et etrus - recito encomendando sus almas hasta los campos arkanos - Veo que te has divertido - hablo con solemnidad a la vez que avanzo dirigiéndome a la antigua Shichibukai. Mis pasos me llevan hacia el cuerpo anciano que descansa en el suelo, parte de él quemada, mientras observo al otro. Un viejo marine, le conozco. Es temido, cierro los ojos y pregunto por su destino. Es un buen momento para acabar con él, los deseos de los arkanos responden. No soy yo el encargado - Vaya... - Susurro mientras aparto la mirada del anciano marine y apoyo mi rodilla izquierda en el suelo, cargando por el brazo izquierdo al viejo Hormiga, echo su cuerpo a mi espalda y entrelazo sus brazos en mi cuello mientras apreso ambos con la mano izquierda, cargando con su cuerpo inconsciente a mi espalda, que péndula en cada movimiento fruto de la inconsciencia - Seletem em suntak, camarada - mis palabras son un conjuro, una promesa de bienestar, los arkanos proveen el descanso, me han enviado para cargarle y sacarle de allí - Hay que seguir avanzando - digo mientras vuelvo a romper el paso y camino sobre el candente suelo del nivel. Las bestias rugen a mi paso, me ven como presa y no como depredador... Por eso son bestias - ¿O quieres quedarte aquí para siempre? Toratoratora -
Hall de entrada.
Nuestro pasos nos llevan hacia la libertad, el aire parece menos cargado aquí, aire fresco y puro que mis sagrados pulmones ansían. Parece que este infierno está a punto de terminar... Pero, los dioses son complicados, sus deseos son caprichosos para los mortales, no entendemos el sentido divino de lo que nos piden o esperan. Mi tez confiada cambia la mueca cuando veo lo que depara la historia...
- Hottek - insulto en arkano mientras observo al monstruo abalanzarse contra otro anciano, parecido en demasía a los liberadores... Si pelea contra ellos, pelea a nuestra favor. Golpeo con la testa hacia atrás, esperando que el anciano hormiga regrese... No hay respuesta, así que, agarro con fuerza sus brazos para no perderle. Si le dejo en el suelo, correría el riesgo de que lo apresaran y los dioses... No esperan eso de mi. La batalla es cruenta, todos tienen síntomas de cansancio, heridas visibles, miradas comprometedoras que buscan una apertura. Agarro a las dudas y camino tranquilo con mi camarada a las espaldas, mi sangre primigenia chispea desde mi brazo derecho que es el que llevo suelto y la energía recorre todo mi cuerpo. La electricidad chispea desbordada y sin control, pero sin dañar a mi compañero - Que los arkanos nos guíen - susurro mientras cambio la mirada de la bestia al almirante. Sus heridas son preocupantes, jadea y sus espadas casi no se sostienen. En perfecto estado ese hombre sería capaz de frenar mi cometido, pero hoy... Hoy los arkanos me guían y me sonríen, por suerte he sido capaz de salvar mis escollos sin desgastarme y la energía orbita a mi alrededor, refinada por el tiempo que llevo esperando este momento.
Ellos eran las dos últimas puertas que debía derribar si quería volver a ver la luna, el lugar donde los arkanos observan y desde dónde me guían. El sitio que me devuelve mi forma original y me completa. Rebufo mientras bajo la testa, ofreciendo los cuernos a nuestro rivales listo para acabar allí, con mi destino, con mi prisión o con sus vidas.
Que fuera... Lo que los arkanos quisieran.
- Toratora... - sonrío saboreando la amargura de la muerta y escuchando el grito ahogado que la tristeza emana desde el cuerpo del otro joven, el cual vivirá para recordar cada día su debilidad.
Un fuerte salto. Golpeo contra la pared. Avanzo, asciendo por aquel infierno de piedras oscuras y barrotes fríos hasta llegar al siguiente nivel y dejo atrás el deseo de los arkanos, ahora ellos serán los que guíen la senda de ese joven, serán ellos los que haga que rompa su crisálida de tristezas y enfrente la desidia de una vida marcada por sus errores.
Nivel 1.
El suelo es candente, pero mis pezuñas protegen. Así me crearon los dioses, así quisieron que caminara sobre el mundo, capaz de andar sobre la brasa sin quemarme. Haciendo arder los pueblos a mis pasos por sus deseos y bailando sobre el fuego que trae su voluntad. Pero ahora... Ahora solo quedan cuerpos.
- Shark et etrus - recito encomendando sus almas hasta los campos arkanos - Veo que te has divertido - hablo con solemnidad a la vez que avanzo dirigiéndome a la antigua Shichibukai. Mis pasos me llevan hacia el cuerpo anciano que descansa en el suelo, parte de él quemada, mientras observo al otro. Un viejo marine, le conozco. Es temido, cierro los ojos y pregunto por su destino. Es un buen momento para acabar con él, los deseos de los arkanos responden. No soy yo el encargado - Vaya... - Susurro mientras aparto la mirada del anciano marine y apoyo mi rodilla izquierda en el suelo, cargando por el brazo izquierdo al viejo Hormiga, echo su cuerpo a mi espalda y entrelazo sus brazos en mi cuello mientras apreso ambos con la mano izquierda, cargando con su cuerpo inconsciente a mi espalda, que péndula en cada movimiento fruto de la inconsciencia - Seletem em suntak, camarada - mis palabras son un conjuro, una promesa de bienestar, los arkanos proveen el descanso, me han enviado para cargarle y sacarle de allí - Hay que seguir avanzando - digo mientras vuelvo a romper el paso y camino sobre el candente suelo del nivel. Las bestias rugen a mi paso, me ven como presa y no como depredador... Por eso son bestias - ¿O quieres quedarte aquí para siempre? Toratoratora -
Hall de entrada.
Nuestro pasos nos llevan hacia la libertad, el aire parece menos cargado aquí, aire fresco y puro que mis sagrados pulmones ansían. Parece que este infierno está a punto de terminar... Pero, los dioses son complicados, sus deseos son caprichosos para los mortales, no entendemos el sentido divino de lo que nos piden o esperan. Mi tez confiada cambia la mueca cuando veo lo que depara la historia...
- Hottek - insulto en arkano mientras observo al monstruo abalanzarse contra otro anciano, parecido en demasía a los liberadores... Si pelea contra ellos, pelea a nuestra favor. Golpeo con la testa hacia atrás, esperando que el anciano hormiga regrese... No hay respuesta, así que, agarro con fuerza sus brazos para no perderle. Si le dejo en el suelo, correría el riesgo de que lo apresaran y los dioses... No esperan eso de mi. La batalla es cruenta, todos tienen síntomas de cansancio, heridas visibles, miradas comprometedoras que buscan una apertura. Agarro a las dudas y camino tranquilo con mi camarada a las espaldas, mi sangre primigenia chispea desde mi brazo derecho que es el que llevo suelto y la energía recorre todo mi cuerpo. La electricidad chispea desbordada y sin control, pero sin dañar a mi compañero - Que los arkanos nos guíen - susurro mientras cambio la mirada de la bestia al almirante. Sus heridas son preocupantes, jadea y sus espadas casi no se sostienen. En perfecto estado ese hombre sería capaz de frenar mi cometido, pero hoy... Hoy los arkanos me guían y me sonríen, por suerte he sido capaz de salvar mis escollos sin desgastarme y la energía orbita a mi alrededor, refinada por el tiempo que llevo esperando este momento.
Ellos eran las dos últimas puertas que debía derribar si quería volver a ver la luna, el lugar donde los arkanos observan y desde dónde me guían. El sitio que me devuelve mi forma original y me completa. Rebufo mientras bajo la testa, ofreciendo los cuernos a nuestro rivales listo para acabar allí, con mi destino, con mi prisión o con sus vidas.
Que fuera... Lo que los arkanos quisieran.
resumen
