13-08-2026, 07:01 PM
[personajeinvalido=3941]
El joven Marine, que se había quedado sopa en la misma postura que había mantenido minutos atrás, aún sujetando la botella de agua en una mano y la pipa Saltfin —aún ligeramente humeante— entre los dientes, despertó de golpe ante el súbito anuncio de Zarutsuki, que declaraba que el combate había concluido. "La Justicia que me parió," farfulló instintivamente Stroud por algún motivo, recobrando la compostura y corrigiendo la posición de su cuello, que iba camino de una espectacular contractura, mientras tomaba su pipa y daba una calada pausada que volvió a reavivarla, "tendremos que retomar nuestra charla después, soldado Omuyaga. Soldado Kuroshiro, siéntase libre de unirse a nuestra tertulia." Miró a sus lados, cerciorándose de quiénes se encontraban junto a él aún en las gradas, y luego volvió a dirigir su vista hacia el célebre Emperador, frotándose la nuca mientras se despejaba la mente de su repentina siesta. El regente de Skypiea habló sobre lo que parecía haberse convertido en insatisfacción con el actual combate y de una ambición oscura y corrosiva. Stroud se ajustó la visera de la gorra, llevando su vista a la arena bajo las gradas y entornando los ojos, buscando distinguir a los combatientes: Shin y... ¿ese era el Bartolomeow de los wanted? Comenzó a figurarse qué había ocurrido, y se volvió evidente que Jin no había logrado llegar a la final. Se había pasado un buen rato traspuesto.
Sin embargo, se encontraba mucho mejor que antes. Aquel extraño malestar que había invadido su cuerpo se había desvanecido, y, con salvedad del sopor repentino, se encontraba nuevecito. Supuso que su cuerpo había tenido suficiente con aquel calor y con lo que aquella sensación hubiese sido, y una pequeña siesta había sido su manera de devolver todo a la normalidad. Hubiese sido lo que hubiese sido, había funcionado. Volvió a mirar hacia las gradas, buscando los uniformes blancos de los demás Marines, negando con la cabeza con desaprobación comprobando la visible indisciplina de la que parecían estar haciendo gala. La soldado Kuroshiro parecía habérseles unido a él y a Kael para contemplar el espectáculo. "Perdonad, creo que me he quedado traspuesto," dijo, dirigiéndose a ambos y haciendo un ademán con su pipa, "debe de haber sido el calor. Espero que os hayáis portado mejor que lo que estoy viendo por allí, soldados," bromeó de forma poco evidente —por lo perpetuamente inmutable de su tono, pero también por lo impertérrito de su expresión—, dirigiendo un gesto de su cabeza al lado opuesto de las gradas. Como de forma instintiva, su mirada miró hacia un punto determinado, en que se distinguía una silueta rubia y de gran tamaño que parecía haberse puesto en movimiento, muy probablemente indignado ante el resultado de la contienda. En lo que debía de haber sido una auténtica pirueta del destino, sus miradas se cruzaron, desde la lejanía, por un instante, aunque él no fue consciente, incapaz de distinguir la dirección de su mirada desde allí. Los ojos del Marine observaron con frialdad al del enorme Buccaneer, que seguramente pensaba que acechaba desde la distancia. No dijo nada, claro, pero ni siquiera pensó nada. La polilla persistía en su aleteo.
El equipo dos fue entonces declarado como ganador de los juegos. Stroud arqueó las cejas, buscando a Bertram con la mirada. Se preguntó qué pediría como deseo el enigmático cazador, que parecía encontrarse en proceso de confraternización con la tal Maria Merlot. Suspiró, disponiéndose a levantarse, mas El Dirigente rogó algo más de paciencia al público. ¿Invitados especiales? Volvió a acomodarse en su asiento, cruzando una de sus piernas sobre la otra, y dio otro trago de su botella de agua, terminando de vaciarla. Se secó el agua del mentón con el dorso de la mano, antes de volver a dirigirse a Kael y Nyra. "No ha salido del todo mal, pese a todo. Buen trabajo, soldados," dijo, sin preocuparse, o sin siquiera acordarse, del paradero de Jin. "¿Alguna apuesta de quiénes serán esos invitados?"
El mundo se había convertido en un escenario de telón oscuro y opaco. A un lado del tablado, un halcón con cabeza humana dentro de una jaula, que comía deliciosas pipas procedentes de una mano humeante, se enfrentaba a una bombilla reluciente que, sin embargo, emitía su luz a frecuencias irregulares, produciendo oscilaciones en su iluminación. En el lado opuesto, en cambio, la Justicia, encarnada en una gran estatua de piedra, y rodeada de Marines danzantes y de rostro indeterminado. En el centro de todo se encontraba El Dirigente, conduciendo con mano experta la representación. En la jaula, el halcón de cabeza humana empezó a quedarse dormido, al tiempo que la bombilla empezaba a apagarse entre pequeños y decrecientes destellos. Los Marines alrededor de la Justicia empezaron a danzar, al mismo tiempo que tiraban de las cuerdas que los unían a la gran estatua, y esta comenzó a llorar, empapando de lágrimas las vendas que cubrían sus ojos. Sobre una esquina del escenario, discretamente y sin que el público prestase atención, una vistosa polilla se aproximaba peligrosamente a una pequeña tela de araña. La araña permanecía en algún lugar de la oscuridad, invisible a la vista, y sin hacer ningún ruido ni cometer ningún error que pudiese delatar su presencia ante su próxima merienda.
El joven Marine, que se había quedado sopa en la misma postura que había mantenido minutos atrás, aún sujetando la botella de agua en una mano y la pipa Saltfin —aún ligeramente humeante— entre los dientes, despertó de golpe ante el súbito anuncio de Zarutsuki, que declaraba que el combate había concluido. "La Justicia que me parió," farfulló instintivamente Stroud por algún motivo, recobrando la compostura y corrigiendo la posición de su cuello, que iba camino de una espectacular contractura, mientras tomaba su pipa y daba una calada pausada que volvió a reavivarla, "tendremos que retomar nuestra charla después, soldado Omuyaga. Soldado Kuroshiro, siéntase libre de unirse a nuestra tertulia." Miró a sus lados, cerciorándose de quiénes se encontraban junto a él aún en las gradas, y luego volvió a dirigir su vista hacia el célebre Emperador, frotándose la nuca mientras se despejaba la mente de su repentina siesta. El regente de Skypiea habló sobre lo que parecía haberse convertido en insatisfacción con el actual combate y de una ambición oscura y corrosiva. Stroud se ajustó la visera de la gorra, llevando su vista a la arena bajo las gradas y entornando los ojos, buscando distinguir a los combatientes: Shin y... ¿ese era el Bartolomeow de los wanted? Comenzó a figurarse qué había ocurrido, y se volvió evidente que Jin no había logrado llegar a la final. Se había pasado un buen rato traspuesto.
Sin embargo, se encontraba mucho mejor que antes. Aquel extraño malestar que había invadido su cuerpo se había desvanecido, y, con salvedad del sopor repentino, se encontraba nuevecito. Supuso que su cuerpo había tenido suficiente con aquel calor y con lo que aquella sensación hubiese sido, y una pequeña siesta había sido su manera de devolver todo a la normalidad. Hubiese sido lo que hubiese sido, había funcionado. Volvió a mirar hacia las gradas, buscando los uniformes blancos de los demás Marines, negando con la cabeza con desaprobación comprobando la visible indisciplina de la que parecían estar haciendo gala. La soldado Kuroshiro parecía habérseles unido a él y a Kael para contemplar el espectáculo. "Perdonad, creo que me he quedado traspuesto," dijo, dirigiéndose a ambos y haciendo un ademán con su pipa, "debe de haber sido el calor. Espero que os hayáis portado mejor que lo que estoy viendo por allí, soldados," bromeó de forma poco evidente —por lo perpetuamente inmutable de su tono, pero también por lo impertérrito de su expresión—, dirigiendo un gesto de su cabeza al lado opuesto de las gradas. Como de forma instintiva, su mirada miró hacia un punto determinado, en que se distinguía una silueta rubia y de gran tamaño que parecía haberse puesto en movimiento, muy probablemente indignado ante el resultado de la contienda. En lo que debía de haber sido una auténtica pirueta del destino, sus miradas se cruzaron, desde la lejanía, por un instante, aunque él no fue consciente, incapaz de distinguir la dirección de su mirada desde allí. Los ojos del Marine observaron con frialdad al del enorme Buccaneer, que seguramente pensaba que acechaba desde la distancia. No dijo nada, claro, pero ni siquiera pensó nada. La polilla persistía en su aleteo.
El equipo dos fue entonces declarado como ganador de los juegos. Stroud arqueó las cejas, buscando a Bertram con la mirada. Se preguntó qué pediría como deseo el enigmático cazador, que parecía encontrarse en proceso de confraternización con la tal Maria Merlot. Suspiró, disponiéndose a levantarse, mas El Dirigente rogó algo más de paciencia al público. ¿Invitados especiales? Volvió a acomodarse en su asiento, cruzando una de sus piernas sobre la otra, y dio otro trago de su botella de agua, terminando de vaciarla. Se secó el agua del mentón con el dorso de la mano, antes de volver a dirigirse a Kael y Nyra. "No ha salido del todo mal, pese a todo. Buen trabajo, soldados," dijo, sin preocuparse, o sin siquiera acordarse, del paradero de Jin. "¿Alguna apuesta de quiénes serán esos invitados?"
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