13-08-2026, 08:40 PM
(Última modificación: 13-08-2026, 08:41 PM por Kael Omuyaga.)
No había entendido nada, y más trataba de averiguar el motivo por el que su cuerpo no le permitía alzar la voz, menos podía llegar a pensar en ello. ¿Falta de costumbre? ¿De verdad era algo tan sencillo?
Tal vez sí, puede que tan solo haya sido algo así. No tiene ningún sentido alarmarse por un pequeño defecto insignificante. Poder gritar es algo que no necesitaba poder hacer en ese mismo momento. Quizás sería crucial en un futuro próximo, pero por ahora, en los cielos de Skypiea, aquel pequeño defecto suyo que casi desconocía por completo podía ser soportable.
—Ehm...sí. Gracias, Nyra. Ya tendré oportunidad de practicar más adelante—Su tono, aún así, parecía sonar igual que siempre, impasible contra la sencilla idea de sentirse abatido o nervioso. Era algo sumamente extraño, pues aunque haya hablado con total naturalidad, en el interior de su mente comenzó a considerarlo verdaderamente un problema. Ni siquiera podía fingir un sentimiento, mucho menos mostrarlo abiertamente incluso si así lo sentía con certeza.
Eso, para sus máscaras...era un defecto enorme.
Y debía buscar como repararlo.
La presencia rápida del soldado Mink de la división sesenta se le hizo completamente inesperada. ¿En que momento había llegado? ¿Había saltado hasta ellos? ¿Corrido a una velocidad vertiginosa? Desconocida la respuesta, no era algo que pudiese preguntar en un momento en el que siente algo de incomodidad con sus propias capacidades incluso en algo tan casual y banal como diferenciar la forma en la que habla. Por suerte, este hombre-animal mucho más criatura que persona estaba teniendo a bien intentar animarlo mientras trata de recomponerse.
En estas tierras celestiales, la cantidad explosiva de emociones que el azabache estaba manteniendo en el interior de su cabeza eran tan inauditas como para encontrar un lugar donde escapar y, de alguna forma, no dejarle ser quién era ni mucho menos tratar de preparar su baile de máscaras como le hubiese llegado a gustar practicar.
El gobernante de las tierras celestiales había dado por concluido el combate, en un resultado extremadamente inesperado. Kael no tuvo a bien escuchar completamente todas las palabras del emperador, sintiendo todas esas palabras atropelladas en cierta verborrea con poco o ningún sentido. ¿Emociones negativas en el combate? ¿Avaricia? ¿Una búsqueda de honor? Claramente, ese hombre comparte una serie de valores excesivamente distintos a los que hubiese llegado a esperar de uno de los siete guerreros del mar. No podía juzgarlo tan solo en base a esa información tan escueta. Claramente este es un mundo completamente distinto al que conocen los pertenecientes a la tierra firme diez mil metros por debajo de Skypiea. Un emperador no puede estar diciendo estupideces sin más, ¿no es así?
Puede que, de alguna forma, el estúpido fuese él por juzgar a un hombre poderoso sin entender sus motivaciones.
Negaría con la cabeza, evadiendo las ideas que esos pensamientos le generaban mientras, tras él, la presencia de alguien que los había abandonado volvía a hacerse presente.
"Un momento, ¿y Kibai?" Tal y como había aparecido, este mismo había llegado a desaparecer sin tan siquiera despedirse, o al menos, no de una forma en la que el de la setenta y cinco hubiese llegado a percatarse.
—Ha vuelto con nosotros, señor Nanashi.—Dijo, tratando de fingir restarle importancia a su ausencia de percepción en el combate de la final. Era un insulto contra el oficial de la división setenta y cinco, pero no tenía los medios como para hacérselo echar en cara debido a su nulo estatus.—Será mejor que deje de prestar atención a los marines que ve a nuestro alrededor, o de lo contrario, el papeleo que tendrá que justificar será astronómico.
Que un miembro de los dragones celestiales haya cometido tal atrocidad durante el torneo era algo que, sin lugar a dudas, no llegaría a pasar desapercibido para los altos mandos si tenían alguna noción de lo ocurrido, y, por una vez en su vida, el joven Omuyaga esperaba que todos los presentes colaborasen para ocultar esa información del resto del mundo.
Un sueño iluso que, por supuesto, no esperaba que jamás llegase a cumplirse.
Apenas unos instantes después, apareció el que debió haber sido el vencedor de aquel combate, alguien a quién Kael no veía de ninguna forma perdiendo, y que sin duda, incluso sin palabras, entendían ambos a la perfección que ese resultado no lo llegaron a concebir ninguno de los dos presentes.
—No lo sabes bien. Que hayan podido golpearte de esa manera, y que exista un poder capaz de detectar emociones de esa forma arraigadas al alma suena a leyendas y mitos, pero está claro que aquí arriba y a partir de ahora, quizás seamos capaces de aprender cosas mucho más interesantes de las que podemos siquiera imaginar allí de donde venimos.
Su mente estaba trabajando a destiempos, tratando de comportarse de una manera normal, al mismo tiempo que trata, una vez más, de reorganizar sus ideas.
"Skypiea...¿que me has hecho?"
Tal vez sí, puede que tan solo haya sido algo así. No tiene ningún sentido alarmarse por un pequeño defecto insignificante. Poder gritar es algo que no necesitaba poder hacer en ese mismo momento. Quizás sería crucial en un futuro próximo, pero por ahora, en los cielos de Skypiea, aquel pequeño defecto suyo que casi desconocía por completo podía ser soportable.
—Ehm...sí. Gracias, Nyra. Ya tendré oportunidad de practicar más adelante—Su tono, aún así, parecía sonar igual que siempre, impasible contra la sencilla idea de sentirse abatido o nervioso. Era algo sumamente extraño, pues aunque haya hablado con total naturalidad, en el interior de su mente comenzó a considerarlo verdaderamente un problema. Ni siquiera podía fingir un sentimiento, mucho menos mostrarlo abiertamente incluso si así lo sentía con certeza.
Eso, para sus máscaras...era un defecto enorme.
Y debía buscar como repararlo.
La presencia rápida del soldado Mink de la división sesenta se le hizo completamente inesperada. ¿En que momento había llegado? ¿Había saltado hasta ellos? ¿Corrido a una velocidad vertiginosa? Desconocida la respuesta, no era algo que pudiese preguntar en un momento en el que siente algo de incomodidad con sus propias capacidades incluso en algo tan casual y banal como diferenciar la forma en la que habla. Por suerte, este hombre-animal mucho más criatura que persona estaba teniendo a bien intentar animarlo mientras trata de recomponerse.
En estas tierras celestiales, la cantidad explosiva de emociones que el azabache estaba manteniendo en el interior de su cabeza eran tan inauditas como para encontrar un lugar donde escapar y, de alguna forma, no dejarle ser quién era ni mucho menos tratar de preparar su baile de máscaras como le hubiese llegado a gustar practicar.
— ¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON! —
El gobernante de las tierras celestiales había dado por concluido el combate, en un resultado extremadamente inesperado. Kael no tuvo a bien escuchar completamente todas las palabras del emperador, sintiendo todas esas palabras atropelladas en cierta verborrea con poco o ningún sentido. ¿Emociones negativas en el combate? ¿Avaricia? ¿Una búsqueda de honor? Claramente, ese hombre comparte una serie de valores excesivamente distintos a los que hubiese llegado a esperar de uno de los siete guerreros del mar. No podía juzgarlo tan solo en base a esa información tan escueta. Claramente este es un mundo completamente distinto al que conocen los pertenecientes a la tierra firme diez mil metros por debajo de Skypiea. Un emperador no puede estar diciendo estupideces sin más, ¿no es así?
Puede que, de alguna forma, el estúpido fuese él por juzgar a un hombre poderoso sin entender sus motivaciones.
Negaría con la cabeza, evadiendo las ideas que esos pensamientos le generaban mientras, tras él, la presencia de alguien que los había abandonado volvía a hacerse presente.
"Un momento, ¿y Kibai?" Tal y como había aparecido, este mismo había llegado a desaparecer sin tan siquiera despedirse, o al menos, no de una forma en la que el de la setenta y cinco hubiese llegado a percatarse.
—Ha vuelto con nosotros, señor Nanashi.—Dijo, tratando de fingir restarle importancia a su ausencia de percepción en el combate de la final. Era un insulto contra el oficial de la división setenta y cinco, pero no tenía los medios como para hacérselo echar en cara debido a su nulo estatus.—Será mejor que deje de prestar atención a los marines que ve a nuestro alrededor, o de lo contrario, el papeleo que tendrá que justificar será astronómico.
Que un miembro de los dragones celestiales haya cometido tal atrocidad durante el torneo era algo que, sin lugar a dudas, no llegaría a pasar desapercibido para los altos mandos si tenían alguna noción de lo ocurrido, y, por una vez en su vida, el joven Omuyaga esperaba que todos los presentes colaborasen para ocultar esa información del resto del mundo.
Un sueño iluso que, por supuesto, no esperaba que jamás llegase a cumplirse.
Apenas unos instantes después, apareció el que debió haber sido el vencedor de aquel combate, alguien a quién Kael no veía de ninguna forma perdiendo, y que sin duda, incluso sin palabras, entendían ambos a la perfección que ese resultado no lo llegaron a concebir ninguno de los dos presentes.
—No lo sabes bien. Que hayan podido golpearte de esa manera, y que exista un poder capaz de detectar emociones de esa forma arraigadas al alma suena a leyendas y mitos, pero está claro que aquí arriba y a partir de ahora, quizás seamos capaces de aprender cosas mucho más interesantes de las que podemos siquiera imaginar allí de donde venimos.
Su mente estaba trabajando a destiempos, tratando de comportarse de una manera normal, al mismo tiempo que trata, una vez más, de reorganizar sus ideas.
"Skypiea...¿que me has hecho?"
Maldición de la voz
![[Imagen: jGxJg3p.png]](https://i.imgur.com/jGxJg3p.png)
