14-08-2026, 05:00 AM
[personajeinvalido=3941]
Formulario Lleno
— ¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON! —
La voz del soberano de los cielos, Zarutsuki, irrumpió de manera abrupta en medio del combate, silenciando la arena con total autoridad, logrando que la multitud quedará completamente inmóviles, mudos, quizás temerosos de ser involucrados. Desde lo alto de su trono él había observado el desarrollo de la contienda pero finalmente decidió descender hasta la arena para asumir personalmente el control de la situación, su mera presencia bastó para detener a ambos combatientes. El gobernante de Skypiea dictaminó que las intenciones demostradas por ambos peleadores habían dejado de ser dignas de continuar con la última fase de los juegos del cielo, comunicando un sermón en el que explicó las razones de su decisión, recordándoles que aquellos juegos no debían convertirse en un escenario donde el orgullo y la violencia terminarán por imponerse sobre el verdadero propósito de la competencia, un sano enfrentamiento, reconocer que tu oponente es igual de fuerte que tu mismo.
Como consecuencia, ninguno de los dos participantes fue declarado vencedor de aquel combate, sin embargo, aquel resultado no significó la derrota para el equipo al que representaba Barto.
No me había percatado de que hasta ese momento había mantenido la mirada fija sobre la arena, observando con cierta preocupación a ambos participantes, a mi alrededor continuaban los vítores, las risas y el festejo pero todo aquello parecía haberse vuelto distante, ajeno, mi atención estaba puesta únicamente en las reacciones del chico Marine y el Pirata de pelo trenzada, en la manera en que ambos recibían aquel dictamen del emperador, y sobre todo, me preocupaba la impotencia que seguramente ambos estaban sintiendo en ese momento, al ver cómo terminaba un combado que habían llevado hasta sus máximas capacidades. — Oh, vaya…
El primate dios de Skypiea anunciaba la posible presencia de dos personajes invitados a los juegos, cuya llegada prometía traer consigo ciertos cambios, paradojas e incluso giros en el destino de quienes participaban y observaban aquellos juegos, me había quedado completamente distraída escuchando sus palabras hasta que un ligero golpe me sacó de mis pensamientos, no… más que un golpe, fue el choque repentino con otra persona lo que me hizo perder el equilibrio, por fortuna logré estabilizarme antes de conocer el suelo de las gradas, inmediatamente alcé la mirada hacia aquella persona cuyo camino había entorpecido. — ¡L-lo siento tanto — exclamé completamente nerviosa, buscando de manera rápida cualquier posible molestia o herida que pudiera haberle causado a la persona que se cruzó conmigo en su camino, para mi sorpresa aquella persona se trataba del joven marine de pelo rosado, Hyák que iba acompañado de Merlot — ¡Ah, son ustedes!
Mi expresión cambió completamente a una de felicidad mientras me enderezaba al mismo tiempo que me acercaba con mayor seguridad, ambos parecían tener planes de ir a hablar con Barto respecto a cierta habilidad vista durante el combate, la misma que le hizo llegar a tocar el estado “mágico” de luces de Shin, me pregunto… ¿Será algo respecto al Haki?, no lo sé pero me parece curioso también por lo que simplemente asentí con la cabeza.
“¿Vienes, Naranjita?”
— Sí, hace poco me habían explicado algo sobre el hak… — no pude terminar de decir cuando mi atención fue interrumpida por la entrada de un par de sujetos de personalidades peculiares, incandescentes, su manera de hablar era mucho más coloquial que la de los habitantes de la zona por lo que rápidamente asumí que se trataba de los invitados que el dios Zarutsuki había mencionado antes. Uno de ellos se presentó como el chamán de Shandora, el otro… como un comerciante de frutas del diablo.
“Soy capaz de extraer de vuestro interior a los diablos que habitan tras haber consumido una de sus terribles y malignas frutas... Para siempre” Su promesa despertó en mí una gran necesidad por lo que en ese momento dí varios pasos hasta llegar a la baranda como si quisiera enfocarme completamente en lo que estaba ofreciendo junto a las condiciones que conllevaba el extraerse la fruta del diablo, ¡¿Era posible?!, ¡¿En serio se podía?!, tener una cicatriz era lo de menos si podía extraerme de alguna forma esa habilidad que adquirí al comer una fruta del diablo sin saber sus consecuencias.
— Ojalá mi familia estuviera aquí… seguramente me ayudarían con esto… — miré con cierto pesar hacia la arena, recordando a mi padre y a mis hermanos, después dirigí la mirada hacia Hyák y Merlot, me acerqué nuevamente con pasos tranquilos — Voy a quitarme la fruta… seguramente dolerá mucho, y en caso de no encontrarlos cuando despierte, quiero que sepan que disfruté mucho de los momentos que hemos compartido de camino a Shandora — Dije con una sonrisa gentil, y como había hecho con los demás, entregué mi número de Den Den Mushi, quizás algún día necesitaran mi ayuda… o quizás aquello simplemente es una forma de conservar una amistad sincera, de verdad que lo espero.
Me dispuse a tomar la ruta más corta hacia la arena, abriéndome paso entre la gente eufórica por la aparición de aquellos nativos de Skypiea, mi corazón latía con fuerza, mi pecho abordaba tantas emociones y la que identifiqué persistente fue el miedo de lo que estaba a punto de suceder.
Pero a pesar de tener miedo, no podía dejar ir la oportunidad… ¿cuántas veces en la vida podría presentarse algo como esto sin las consecuencias de morir?
Caminé tan rápido como pude hasta encontrarme nuevamente con las personas que me habían permitido disfrutar de la música junto a ellos, sin embargo, mi atención pasó por encima del cocinero de los Sepultura, y al reconocerlo, una pequeña esperanza me hizo sentir aliviada. Al estar cerca, casi pasando a la par de él, tomé a Uker del brazo — ¿Puedo llevarme a Uker un rato?, necesito de su apoyo… — expliqué a sus compañeros antes de, prácticamente, “secuestrar” al espadachín de mechón blanco.
— Lamento arrastrarte en esto… ¿podrías hacerme compañía mientras me extraen la fruta? — pregunté, intentando explicarle mi precaria situación y lo que implicaba haber consumido una fruta del diablo del cuál nunca me fue de utilidad, y mientras avanzábamos, terminé confesándole que no tenía nadie que pudiera acompañarme aunque siendo sincera… era porque tenía miedo. — Es solo que… estoy sola aquí.
Al llegar a la arena, antes de acercarme al chamán, le entregué mi estuche de violín a Uker y lo miré con cierta preocupación — Por favor, cuídalo… es mi tesoro más amado.
Respiré profundamente, intentando reunir el valor necesario para dejar atrás aquello que llevaba tiempo dormido dentro de mí, miré al señor de la barba — M-me gustaría intentarlo, por favor… — pedí algo nerviosa mientras pagaba la cuota que estaban solicitando por la mano de obra.
¿Sería algo sencillo, no?
Algo tan simple y rápido… ¿no?
Formulario Lleno
— ¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON! —
La voz del soberano de los cielos, Zarutsuki, irrumpió de manera abrupta en medio del combate, silenciando la arena con total autoridad, logrando que la multitud quedará completamente inmóviles, mudos, quizás temerosos de ser involucrados. Desde lo alto de su trono él había observado el desarrollo de la contienda pero finalmente decidió descender hasta la arena para asumir personalmente el control de la situación, su mera presencia bastó para detener a ambos combatientes. El gobernante de Skypiea dictaminó que las intenciones demostradas por ambos peleadores habían dejado de ser dignas de continuar con la última fase de los juegos del cielo, comunicando un sermón en el que explicó las razones de su decisión, recordándoles que aquellos juegos no debían convertirse en un escenario donde el orgullo y la violencia terminarán por imponerse sobre el verdadero propósito de la competencia, un sano enfrentamiento, reconocer que tu oponente es igual de fuerte que tu mismo.
Como consecuencia, ninguno de los dos participantes fue declarado vencedor de aquel combate, sin embargo, aquel resultado no significó la derrota para el equipo al que representaba Barto.
No me había percatado de que hasta ese momento había mantenido la mirada fija sobre la arena, observando con cierta preocupación a ambos participantes, a mi alrededor continuaban los vítores, las risas y el festejo pero todo aquello parecía haberse vuelto distante, ajeno, mi atención estaba puesta únicamente en las reacciones del chico Marine y el Pirata de pelo trenzada, en la manera en que ambos recibían aquel dictamen del emperador, y sobre todo, me preocupaba la impotencia que seguramente ambos estaban sintiendo en ese momento, al ver cómo terminaba un combado que habían llevado hasta sus máximas capacidades. — Oh, vaya…
El primate dios de Skypiea anunciaba la posible presencia de dos personajes invitados a los juegos, cuya llegada prometía traer consigo ciertos cambios, paradojas e incluso giros en el destino de quienes participaban y observaban aquellos juegos, me había quedado completamente distraída escuchando sus palabras hasta que un ligero golpe me sacó de mis pensamientos, no… más que un golpe, fue el choque repentino con otra persona lo que me hizo perder el equilibrio, por fortuna logré estabilizarme antes de conocer el suelo de las gradas, inmediatamente alcé la mirada hacia aquella persona cuyo camino había entorpecido. — ¡L-lo siento tanto — exclamé completamente nerviosa, buscando de manera rápida cualquier posible molestia o herida que pudiera haberle causado a la persona que se cruzó conmigo en su camino, para mi sorpresa aquella persona se trataba del joven marine de pelo rosado, Hyák que iba acompañado de Merlot — ¡Ah, son ustedes!
Mi expresión cambió completamente a una de felicidad mientras me enderezaba al mismo tiempo que me acercaba con mayor seguridad, ambos parecían tener planes de ir a hablar con Barto respecto a cierta habilidad vista durante el combate, la misma que le hizo llegar a tocar el estado “mágico” de luces de Shin, me pregunto… ¿Será algo respecto al Haki?, no lo sé pero me parece curioso también por lo que simplemente asentí con la cabeza.
“¿Vienes, Naranjita?”
— Sí, hace poco me habían explicado algo sobre el hak… — no pude terminar de decir cuando mi atención fue interrumpida por la entrada de un par de sujetos de personalidades peculiares, incandescentes, su manera de hablar era mucho más coloquial que la de los habitantes de la zona por lo que rápidamente asumí que se trataba de los invitados que el dios Zarutsuki había mencionado antes. Uno de ellos se presentó como el chamán de Shandora, el otro… como un comerciante de frutas del diablo.
“Soy capaz de extraer de vuestro interior a los diablos que habitan tras haber consumido una de sus terribles y malignas frutas... Para siempre” Su promesa despertó en mí una gran necesidad por lo que en ese momento dí varios pasos hasta llegar a la baranda como si quisiera enfocarme completamente en lo que estaba ofreciendo junto a las condiciones que conllevaba el extraerse la fruta del diablo, ¡¿Era posible?!, ¡¿En serio se podía?!, tener una cicatriz era lo de menos si podía extraerme de alguna forma esa habilidad que adquirí al comer una fruta del diablo sin saber sus consecuencias.
— Ojalá mi familia estuviera aquí… seguramente me ayudarían con esto… — miré con cierto pesar hacia la arena, recordando a mi padre y a mis hermanos, después dirigí la mirada hacia Hyák y Merlot, me acerqué nuevamente con pasos tranquilos — Voy a quitarme la fruta… seguramente dolerá mucho, y en caso de no encontrarlos cuando despierte, quiero que sepan que disfruté mucho de los momentos que hemos compartido de camino a Shandora — Dije con una sonrisa gentil, y como había hecho con los demás, entregué mi número de Den Den Mushi, quizás algún día necesitaran mi ayuda… o quizás aquello simplemente es una forma de conservar una amistad sincera, de verdad que lo espero.
Me dispuse a tomar la ruta más corta hacia la arena, abriéndome paso entre la gente eufórica por la aparición de aquellos nativos de Skypiea, mi corazón latía con fuerza, mi pecho abordaba tantas emociones y la que identifiqué persistente fue el miedo de lo que estaba a punto de suceder.
Pero a pesar de tener miedo, no podía dejar ir la oportunidad… ¿cuántas veces en la vida podría presentarse algo como esto sin las consecuencias de morir?
Caminé tan rápido como pude hasta encontrarme nuevamente con las personas que me habían permitido disfrutar de la música junto a ellos, sin embargo, mi atención pasó por encima del cocinero de los Sepultura, y al reconocerlo, una pequeña esperanza me hizo sentir aliviada. Al estar cerca, casi pasando a la par de él, tomé a Uker del brazo — ¿Puedo llevarme a Uker un rato?, necesito de su apoyo… — expliqué a sus compañeros antes de, prácticamente, “secuestrar” al espadachín de mechón blanco.
— Lamento arrastrarte en esto… ¿podrías hacerme compañía mientras me extraen la fruta? — pregunté, intentando explicarle mi precaria situación y lo que implicaba haber consumido una fruta del diablo del cuál nunca me fue de utilidad, y mientras avanzábamos, terminé confesándole que no tenía nadie que pudiera acompañarme aunque siendo sincera… era porque tenía miedo. — Es solo que… estoy sola aquí.
Al llegar a la arena, antes de acercarme al chamán, le entregué mi estuche de violín a Uker y lo miré con cierta preocupación — Por favor, cuídalo… es mi tesoro más amado.
Respiré profundamente, intentando reunir el valor necesario para dejar atrás aquello que llevaba tiempo dormido dentro de mí, miré al señor de la barba — M-me gustaría intentarlo, por favor… — pedí algo nerviosa mientras pagaba la cuota que estaban solicitando por la mano de obra.
¿Sería algo sencillo, no?
Algo tan simple y rápido… ¿no?
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