14-08-2026, 07:46 PM
82 de Primavera, Año 17 ❥ Faro de Baquella
If i'cant feel it in my chest...i'm in the wrong damn place
─ Epílogo ─
Los rayos del sol intentaban colarse con fuerza entre las nubes de invierno para caer sobre el bullicio del mercado de Baquella. El aroma a sal y puerto que llegaba hasta allí se mezclaba a la perfección con las especias, frutas, verduras y pescados que el invierno crudo lograba mantener. Ese aroma pesado que se colaba incluso en narices como la suya y se pegaba a la ropa y a la piel, para recordarles a todos que estaban en Baterilla.
Las risas, los gritos y el ajetreo de las personas al medio día era vida y, entre la masa de comerciantes y compradores, Nyx no necesitaba abrirse paso a empujones. Bastaba la dirección fija de sus hombros y esa cadencia elegante a cada paso para que las conversaciones bajaran medio tono a su paso.
El mar de sus ojos recorría rostros e intenciones por igual, con las manos relajadas descansando cerca del cinto y el pulgar acariciando suave la empuñadura de sus katanas. Esa extensión de sí misma y de su justicia, esa que no había sido necesaria usar desde la última vez que había pisado el faro.
Fue inevitable, su mirada se elevó hacia la estructura guardián del pueblo. Aquel faro que se alzaba desde cualquier rincón de aquella isla y que servía como guía no solo para los barcos, también para las personas como ella, que tendían a tomar el camino largo para llegar a cualquier lugar.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que le habían encargado aquella tarea? ¿una semana quizás? Y por la cara de sus superiores, algo le decía que no se esperaban que ella resolviera el asunto. Quizás había sido el detalle de la rata, esa que habían encontrado los otros marines, muerta sobre el oro. Quizás había sido el detalle de la sangre que manchaba su ropa cuando los encontró caminando en las penumbras hacia donde ella se encontraba. Quizás había sido esa mirada gélida, desprovista de misericordia, la reina cruel que guardaba en ella, la que habló de lo sucedido a sus dos compañeros omitiendo los detalles.
O quizás, el hecho de descubrir que la herida que tenía la cobardía hecha hombre había sido proporcionada por Astra.
A ella le habían dado una tarea y la había cumplido. Había encontrado y reducido al culpable, recuperado el botín robado, asegurado de regresar cada moneda a su dueño y, sobre todo, de limpiar la reputación del abuelo.
Y se había probado a sí misma una vez más, que sobreviviría hasta llegar a Aelira.
Richard ahora, solo era el recuerdo de un hombre que creyó erróneamente llevarse un trofeo. Una mentira patética con la que intentó consolar su miseria antes de caer, sin entender jamás que un hombre como él, no podría poseer una tormenta.
Porque era otro, el dueño de sus estrellas.
– Señorita – una voz a su costado derecho la trajo de regreso y el cuerpo de Nyx reaccionó antes de que su mirada fuera hacia ella. Ese gesto, donde su espalda se erguía delineando la firmeza de sus curvas y su barbilla se alzaba, era la antesala para enfrentar lo que fuera. Los ojos de Nyx se clavaron en la mujer mientras inclinaba ligeramente la cabeza, haciendo que la luz resaltara el filo de sus pómulos y la firmeza de su mirada, en esa mezcla de fuerza y elegancia por igual.
La mujer tardo medio segundo en responder – He visto una pareja sospecha cerca del puesto de especias, creo que son ladrones – Un asentimiento pausado fue la respuesta de la Archeron, que, ajustando el cinto sobre su cadera, avanzó hacia el lugar.
Léeme
