[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
El grueso cristal de la jarra chasqueó contra el caparazón de su gran amigo Juan Sebastian, el tortugón y el cangrejón, lo mejor de dos mundos en una sola persona. La cerveza, helada y burbujeante, se meció en su prisión de vidrio, y la espuma bullió, erupcionó, trepó violentamente hasta la frontera de su contenedor, decidida a derrarmarse. Justo antes de que desbordase, sus labios se enterraran en el filo del cristal y un sorbo apresurado bajó drásticamente el nivel del líquido. Un primer trago improvisado, preciso y estratégico evitó la catástrofe. El segundo, ya más tranquilo y premeditado, cegó más de la mitad del contenido de la jarra. La bebida dorada, en la ciudad dorada, cayó por la comisura de sus labios en forma de pequeños hilos que escapaban de su sed.

A Enji le gustaba la cerveza. De todas las bebidas que alguna vez probó, era, quizá, la menos adictiva. O la que menos lo enganchó a él, particularmente. El whisky, el ron… ¡Oh, el ron! En una época, su humor dependía enteramente de ese primer vaso de ron añejo mezclado con cereales de colores para desayunar.

Tenía problemas, ¿ok?

—¡Fah! —suspiró al desprenderse de la jarra, ya medio vacía. En su rostro se había quedado prendada una barba completa de espuma blanca, la cual acarició con la mano libre mientras levantaba la otra en el aire junto a la jarra—. ¡Salud, cabrón! Que buena cerveza hacen en Skypiea —comentó justo antes de rematar la faena dejando caer la poca cerveza restante sobre su boca abierta—. ¡Boff! Sí, sí, creo que con eso estamos. —Bajó la jarra, se tapó la boca y tosió un poco. Tanto carbono le estaba empezando a cosquillear en la garganta—. Uf, esa última dio justo en el spot —reconoció—. Empiezo a sentir la cara caliente.

Pero no todo estaba hecho. Zarutsuki, regente del pueblo del cielo, les pidió paciencia y poco después, en un parpadeo, dos personas más aparecieron en el gran escenario de la arena de combate. Uno de ellos, feo. Pero feo con mayúsculas, negritas y signos de admiración: ¡FEO!. No estaba seguro de qué tipo de ser era ese, a qué raza pertenecía o qué base había mutado para convertirse en esa cosa. Juan era feo, todos lo sabían, pero caía bien y su carisma hacía olvidar su cara de cangrejo. ¿Eso? Eso era lo que temías encontrar siempre que mirabas debajo de la cama por la noche.

—¿Un chamán? —repitió.

Enji arqueó una ceja, pero su escepticismo se convirtió rápidamente en la más absoluta incredulidad. Sus ojos se abrieron grandes y su pupila se apretó hasta el tamaño de la cabeza de un alfiler.

«¿Puede quitar frutas del diablo?»

¿Quitarse de encima el veneno? ¿Dejar de vivir con ese peso?

El día que aprendió lo que su fruta del diablo hacía, y cómo se llamaba, Enji rió. Resultaba irónico y hasta satírico que una persona que se había prometido no matar, de golpe y porrazo se viera con las manos llenas de una sustancia letal y la responsabilidad de tener que utilizarla. Juancho parecía sorprendido. Él, por otro lado, supo desde el primer día que no había nada de santo en sus poderes. ¿Qué luz había en el veneno? ¿Qué aplicación tenía más allá de la obvia? Lo pensó, lo estudió… mierda, se internó a leer sobre medicina para buscar opciones, pero siempre recaía en lo mismo.

De todos los poderes, ¿por qué ese?

Enji apretó su agarre en la baranda de la grada inconscientemente. ¿Lo estaba pensando? ¿Realmente se preguntaba qué hacer?

«No seas llorón ahora —reflexionó—, ya es muy tarde para eso»

La dosis hacía mucho que había superado el umbral de lo letal. Esa fruta era su destino. La llevaba impresa en cada movimiento, cada mirada, cada tramo de piel o gota de sangre. La muerte lo iba a acompañar toda la vida.

Y podía vivir con eso.

—Estamos bien, sí... Oye, ¿y ese otro no es...?

— ¡¡¡QUE ES OTRO MONO!!! —

Se le infló la vena de la frente tras un sonoro plop.

—¡RUBIALES DEJA DE GRITAR TANTO QUE ME QUEDO SORDO! ¡HIJO DE TU SIMIA MADRE! —Su cabeza creció ( figurativamente ) tres veces su tamaño para reprender a Akira, que, tras regresar con ellos, no había parado de gritar. Ya sentía un pitido en el oído por su culpa—. ¡Coño! ¡Hostia! Jo… —Volvió a toser. y se aclaró la garganta. Todavía le picaba—. ¡Puta madre, carajo! ¡Tomate una cerveza!

Le ofreció la jarra que Kibai nunca llegó a reclamar. Al final, le quedaría debiendo un trago al gatito número uno de la división sesenta.

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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - por Enji - 15-08-2026, 05:17 AM

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