15-08-2026, 02:26 PM
[personajeinvalido=3941]
Shin Hasegawa se había aproximado hasta ellos, pero la atención estaba enfocada en otro lugar. En mitad de la arena del gran estadio sobre las nubes habían aparecido de improviso un par de figuras. A Stroud apenas le llevó un breve instante caer en la cuenta de quiénes eran, entornando los ojos para verlos mejor bajo aquel sol radiante e inclinándose ligeramente hacia delante. Los famosos invitados de los que había hablado Zarutsuki eran... aquellos dos extrañísimos tipejos que habían aparecido durante su cruce por los Cabos Gemelos, con el que parecía haber sido el mismo y peculiar sonido, similar al estallido de una pompa, apenas audible y sepultado bajo el incesante bullicio del graderío. "Ah, esos son...," musitó Stroud, entornando los ojos un poco más y fijándose bien en las extrañas facciones de cada uno de ellos. No fue capaz de recordar sus nombres antes de que ellos mismos los anunciasen. "Aparecieron cuando mi división y yo estábamos a punto de terminar de cruzar hacia el Grand Line," indicó, haciendo un ademán hacia Nyra, Kael y Shin, alzando una ceja. ¿Qué hacían allí? ¿Eran ellos realmente los invitados?
Sin embargo, el discurso de Pawurs y su recibimiento no tardaron en despejar cualquier índole de duda sobre lo adecuado de su presencia allí, frente al mismísimo Emperador. Lo mismo hizo el propio Urususu, que anunciaba la posibilidad de comprar las frutas que allí se fuesen a extraer. La presencia de aquellos dos lo ponía ligeramente nervioso; la última vez, no solo habían ofrecido sus servicios, sino que los habían transportado de un lado a otro antes de que aquella misteriosa estructura sobre la Red Line colapsase. De alguna forma, Pawurs parecía capaz de mandar prácticamente cualquier cosa de un lado a otro en cuestión de un instante. Stroud no prestó excesiva atención a la turra de ninguno de ellos, y, en el momento en que Nyra se despidió, se limitó a despedirse con un protocolario saludo, asintiendo brevemente con la cabeza y colocando la palma de su mano junto extendida junto a su sien. Comenzó a reflexionar sobre el deseo que ofrecía el Emperador a los victoriosos en aquellos juegos, al peligro que suponía que los vencedores tuvieran acceso a algo así. ¿Qué podrían pedir? ¿Qué pediría, de hecho, Bertram? Stroud alzó una ceja para sí, imaginándose qué podría salir de la cabeza de aquel intrigante cazador. ¿Qué hubiera pedido él mismo? En cierto modo, le aliviaba no verse en aquella tesitura; ¿qué hubiera podido pedir del Emperador alguien como él, en una encrucijada como aquella? ¿Que se apartase para no taparle el sol, tal vez? Para ser del todo realistas, no, en absoluto. "El desafío de toda una vida," pensó. Eso le hubiera pedido. Aunque no sabía hasta qué punto Zarutsuki era el genio de la lámpara; no tenía ni idea de qué ofrecería siquiera a sus invitados. Dirigió instintivamente una mirada al balcón donde reposaba el enorme trono del Lunarian, clavando sus ojos grises sobre el mismo. ¿Qué le hubiera dicho el Emperador si le hubiese pedido entregar su trono al Gobierno Mundial?
A medida que los interesados comenzaban a aglomerarse frente a Pawurs, volvió a acomodarse en el asiento, situando su talón derecho sobre su rodilla izquierda y dando una calada a su pipa, mientras volvía sobre las palabras que había pronunciado Kael anteriormente. "Os estoy viendo más a vosotros que a mi división, soldados de la 75. Una mujer interesante, la soldado Kuroshiro. Me da la impresión de que tiene sus secretos, es algo que respeto," declaró, haciendo un ademán hacia la humink, que se alejaba ya del grupo. "Ha sido una buena actuación, comandante Hasegawa," concedió, asintiendo en dirección al albino, "creo. Estoy seguro de que la Marina tomará nota de su trabajo." Lo cierto era que apenas se había enterado de nada entre una cabezada y otra, pero intuía que, para haber llegado a la final en una competición como aquella, el joven había tenido que sobresalir de manera excepcional, por mucho que Zarutsuki hubiese llamado al fin de la pugna antes de que concluyese de manera natural. Intentó dar un trago de su botellín de agua, solo para darse cuenta de que ya estaba completamente vacío. Apenas unas gotas cayeron de la botella. La volvió a cerrar y la dejó a su lado con muda frustración. "A todo esto, soldado Omuyaga, y hablando de tomar nota," dijo, dando otra calada de Saltfin y dirigiéndose, entonces, a Kael, "¿a qué se refería con justificar papeleo y los demás Marines?," inquirió con curiosidad, apoyando su codo desenfadadamente sobre el respaldo de su asiento y clavando su vista en su interlocutor, exhalando dos volutas de humo a través de los agujeros de su nariz.
Shin Hasegawa se había aproximado hasta ellos, pero la atención estaba enfocada en otro lugar. En mitad de la arena del gran estadio sobre las nubes habían aparecido de improviso un par de figuras. A Stroud apenas le llevó un breve instante caer en la cuenta de quiénes eran, entornando los ojos para verlos mejor bajo aquel sol radiante e inclinándose ligeramente hacia delante. Los famosos invitados de los que había hablado Zarutsuki eran... aquellos dos extrañísimos tipejos que habían aparecido durante su cruce por los Cabos Gemelos, con el que parecía haber sido el mismo y peculiar sonido, similar al estallido de una pompa, apenas audible y sepultado bajo el incesante bullicio del graderío. "Ah, esos son...," musitó Stroud, entornando los ojos un poco más y fijándose bien en las extrañas facciones de cada uno de ellos. No fue capaz de recordar sus nombres antes de que ellos mismos los anunciasen. "Aparecieron cuando mi división y yo estábamos a punto de terminar de cruzar hacia el Grand Line," indicó, haciendo un ademán hacia Nyra, Kael y Shin, alzando una ceja. ¿Qué hacían allí? ¿Eran ellos realmente los invitados?
Sin embargo, el discurso de Pawurs y su recibimiento no tardaron en despejar cualquier índole de duda sobre lo adecuado de su presencia allí, frente al mismísimo Emperador. Lo mismo hizo el propio Urususu, que anunciaba la posibilidad de comprar las frutas que allí se fuesen a extraer. La presencia de aquellos dos lo ponía ligeramente nervioso; la última vez, no solo habían ofrecido sus servicios, sino que los habían transportado de un lado a otro antes de que aquella misteriosa estructura sobre la Red Line colapsase. De alguna forma, Pawurs parecía capaz de mandar prácticamente cualquier cosa de un lado a otro en cuestión de un instante. Stroud no prestó excesiva atención a la turra de ninguno de ellos, y, en el momento en que Nyra se despidió, se limitó a despedirse con un protocolario saludo, asintiendo brevemente con la cabeza y colocando la palma de su mano junto extendida junto a su sien. Comenzó a reflexionar sobre el deseo que ofrecía el Emperador a los victoriosos en aquellos juegos, al peligro que suponía que los vencedores tuvieran acceso a algo así. ¿Qué podrían pedir? ¿Qué pediría, de hecho, Bertram? Stroud alzó una ceja para sí, imaginándose qué podría salir de la cabeza de aquel intrigante cazador. ¿Qué hubiera pedido él mismo? En cierto modo, le aliviaba no verse en aquella tesitura; ¿qué hubiera podido pedir del Emperador alguien como él, en una encrucijada como aquella? ¿Que se apartase para no taparle el sol, tal vez? Para ser del todo realistas, no, en absoluto. "El desafío de toda una vida," pensó. Eso le hubiera pedido. Aunque no sabía hasta qué punto Zarutsuki era el genio de la lámpara; no tenía ni idea de qué ofrecería siquiera a sus invitados. Dirigió instintivamente una mirada al balcón donde reposaba el enorme trono del Lunarian, clavando sus ojos grises sobre el mismo. ¿Qué le hubiera dicho el Emperador si le hubiese pedido entregar su trono al Gobierno Mundial?
A medida que los interesados comenzaban a aglomerarse frente a Pawurs, volvió a acomodarse en el asiento, situando su talón derecho sobre su rodilla izquierda y dando una calada a su pipa, mientras volvía sobre las palabras que había pronunciado Kael anteriormente. "Os estoy viendo más a vosotros que a mi división, soldados de la 75. Una mujer interesante, la soldado Kuroshiro. Me da la impresión de que tiene sus secretos, es algo que respeto," declaró, haciendo un ademán hacia la humink, que se alejaba ya del grupo. "Ha sido una buena actuación, comandante Hasegawa," concedió, asintiendo en dirección al albino, "creo. Estoy seguro de que la Marina tomará nota de su trabajo." Lo cierto era que apenas se había enterado de nada entre una cabezada y otra, pero intuía que, para haber llegado a la final en una competición como aquella, el joven había tenido que sobresalir de manera excepcional, por mucho que Zarutsuki hubiese llamado al fin de la pugna antes de que concluyese de manera natural. Intentó dar un trago de su botellín de agua, solo para darse cuenta de que ya estaba completamente vacío. Apenas unas gotas cayeron de la botella. La volvió a cerrar y la dejó a su lado con muda frustración. "A todo esto, soldado Omuyaga, y hablando de tomar nota," dijo, dando otra calada de Saltfin y dirigiéndose, entonces, a Kael, "¿a qué se refería con justificar papeleo y los demás Marines?," inquirió con curiosidad, apoyando su codo desenfadadamente sobre el respaldo de su asiento y clavando su vista en su interlocutor, exhalando dos volutas de humo a través de los agujeros de su nariz.
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