15-08-2026, 03:23 PM
—Kibai... — repitió para sí mismo, con aire pensativo, elevando su zurda hasta debajo del mentón. El nombre también le resultaba familiar. Apartó el cigarrillo de entre sus labios, dejándolo reposar en sus dedos índice y corazón derechos, guardando la caja de metal al rechazo de su cigarrillo. Cuatro millones... Comenzó a hacer los cálculos mentalmente de lo que conocía, pese a no dejar de observar al contrario fijamente. No era una cantidad pequeña. Pese a su trato, apreciaba irregularidades en su aura con el Kenbunshoku. Se cruzó de brazos, con un vago recuerdo aflorando. El mar, Little Garden... Y la inesperada invasión. No los había logrado ver a todos, ¿sería por eso que Stroud y él le resultaban familiares? Qué sorpresa la forma en la que la vida daba un cambio a las tornas.
Sacudió el cigarrillo, dejando caer el exceso de ceniza, y volvió a acomodar el cigarrillo en sus labios, elevando sus manos hasta el abrigo de su traje, retirando así, del interior, un par de hojas. —Como comprenderá, existen protocolos en el Banco Goldreich, unos que debo seguir estrictamente. — Le extendió las hojas y una pluma para poder escribir. En las mismas, se veía un formulario, con la información del Goldreich y el sello del mismo. —También será necesario que, en cuanto tenga la oportunidad, consiga un den-den Mushi visual y me entregue una fotografía suya, ya sea a mí, o a cualquier sucursal que tenemos. — Claro que no existía de momento ninguno en Skypea. —No se preocupe, todo está en orden y es legal, usted podrá llevarse una copia de ese mismo formulario. En él tiene que indicar sus nombres completos, la posición en la que está, que en su caso es Marine y, asumo, que se encontrará en alguna divisón. Todos los detalles, y su firma. — Revisó el resto de copias que todavía tenía guardadas para así proseguir con la respuesta sobre la información que requería el Marine.
—Una vez firmado, usted pasará a ser un cliente del banco y a adquirir una deuda con nosotros que empezará con una cláusula de apertura del doce con cinco por ciento, con unos intereses fijos del siete por ciento, que se verán incrementados en un tres por ciento más por cada estación que pase desde la fecha de hoy... Día... — hizo una pausa, pensando unos segundos solo para confirmar la fecha en la que se encontraban en esos juegos. —Día Dos de primavera del año 18. Contando con eso y con la cifra que solicita de cuatro millones de berries, esto quiere decir que en exactamente un mes, el día dos de verano del año dieciocho, los intereses aumentarán a un total de un diez por ciento, sumando ambos, y si por ejemplo y para que lo entienda, digamos que se demora un año completo... hasta el dos de primavera del año dieciocho... entonces los intereses añadidos al siete por ciento inicial serán un total del doce por ciento, tres por ciento por estación, y son cuatro... por lo que tendrá un interés del doce por ciento mas el siete por ciento, un total del diecinueve por ciento. Pero, y debo señalar, no obstante por cada año completo de deuda se añadirán unos intereses extra del seis por ciento, lo que haría que pasásemos de ese diecinueve por ciento a un veinticinco por ciento, lo que harían unos costes de interés de un millon de berries añadidos a su préstamo inicial y a su clausula de apertura. En este caso y por el momento todo será escrito y registrado, pero será necesario una grabación lo antes posible en nuestra presencia. Puede presentarse un día a la dirección que le daré para terminar todo lo necesario. Pero, por supuesto... — Hizo una pausa, elevando la mirada hacia el Mink felino, con rostro calmado y seguro.
Se permitió un momento antes de entregarle el formulario, a la espera de que asimilara así toda la información que acababa de darle. Se mantendría calmado, extendiendo el formulario y dejándole leer todo lo que necesitase. —Por favor, cuando esté listo, puede llenar el formulario. Dispondrá del dinero de forma inmediata una vez esté todo listo y rellenado. — Fue entonces que escuchó los pasos de alguien más acercarse, la joven Nyra, a quien no vio desde que se separaron en el cubículo. Cuando hacía ese tipo de trámites, una interrupción así resultaba algo incómoda, pero al menos de ese modo Kibai tendría el tiempo de sobra para rellenar lo que necesitase.
—Hola, señorita Nyra. Gracias, aunque disculpe que no hubiera logrado hacer mucho más. Habría resultado más entretenido si hubiera podido moverme. — Extendió su mano derecha, con el cigarrillo entre sus labios. —Gracias también por sus palabras. — Observó el aura de la joven gracias a su Kenbunshoku, ampliándolo un poco más en caso de que alguien más apareciera del mismo modo hasta un radio de 20m. Sus intenciones, igual que Kibai, no parecían hostiles. Por el contrario, parecía calmada y sincera.

—Verá, Señor Kibai. Podría brindarle esa misma cantidad aquí y ahora mismo, pero necesito una garantía.
Sacudió el cigarrillo, dejando caer el exceso de ceniza, y volvió a acomodar el cigarrillo en sus labios, elevando sus manos hasta el abrigo de su traje, retirando así, del interior, un par de hojas. —Como comprenderá, existen protocolos en el Banco Goldreich, unos que debo seguir estrictamente. — Le extendió las hojas y una pluma para poder escribir. En las mismas, se veía un formulario, con la información del Goldreich y el sello del mismo. —También será necesario que, en cuanto tenga la oportunidad, consiga un den-den Mushi visual y me entregue una fotografía suya, ya sea a mí, o a cualquier sucursal que tenemos. — Claro que no existía de momento ninguno en Skypea. —No se preocupe, todo está en orden y es legal, usted podrá llevarse una copia de ese mismo formulario. En él tiene que indicar sus nombres completos, la posición en la que está, que en su caso es Marine y, asumo, que se encontrará en alguna divisón. Todos los detalles, y su firma. — Revisó el resto de copias que todavía tenía guardadas para así proseguir con la respuesta sobre la información que requería el Marine.
—Una vez firmado, usted pasará a ser un cliente del banco y a adquirir una deuda con nosotros que empezará con una cláusula de apertura del doce con cinco por ciento, con unos intereses fijos del siete por ciento, que se verán incrementados en un tres por ciento más por cada estación que pase desde la fecha de hoy... Día... — hizo una pausa, pensando unos segundos solo para confirmar la fecha en la que se encontraban en esos juegos. —Día Dos de primavera del año 18. Contando con eso y con la cifra que solicita de cuatro millones de berries, esto quiere decir que en exactamente un mes, el día dos de verano del año dieciocho, los intereses aumentarán a un total de un diez por ciento, sumando ambos, y si por ejemplo y para que lo entienda, digamos que se demora un año completo... hasta el dos de primavera del año dieciocho... entonces los intereses añadidos al siete por ciento inicial serán un total del doce por ciento, tres por ciento por estación, y son cuatro... por lo que tendrá un interés del doce por ciento mas el siete por ciento, un total del diecinueve por ciento. Pero, y debo señalar, no obstante por cada año completo de deuda se añadirán unos intereses extra del seis por ciento, lo que haría que pasásemos de ese diecinueve por ciento a un veinticinco por ciento, lo que harían unos costes de interés de un millon de berries añadidos a su préstamo inicial y a su clausula de apertura. En este caso y por el momento todo será escrito y registrado, pero será necesario una grabación lo antes posible en nuestra presencia. Puede presentarse un día a la dirección que le daré para terminar todo lo necesario. Pero, por supuesto... — Hizo una pausa, elevando la mirada hacia el Mink felino, con rostro calmado y seguro.

—Dado ese acuerdo del que me habla... Puedo reducirle los intereses un 25%. Es más que suficiente, ¿no cree?
Se permitió un momento antes de entregarle el formulario, a la espera de que asimilara así toda la información que acababa de darle. Se mantendría calmado, extendiendo el formulario y dejándole leer todo lo que necesitase. —Por favor, cuando esté listo, puede llenar el formulario. Dispondrá del dinero de forma inmediata una vez esté todo listo y rellenado. — Fue entonces que escuchó los pasos de alguien más acercarse, la joven Nyra, a quien no vio desde que se separaron en el cubículo. Cuando hacía ese tipo de trámites, una interrupción así resultaba algo incómoda, pero al menos de ese modo Kibai tendría el tiempo de sobra para rellenar lo que necesitase.
—Hola, señorita Nyra. Gracias, aunque disculpe que no hubiera logrado hacer mucho más. Habría resultado más entretenido si hubiera podido moverme. — Extendió su mano derecha, con el cigarrillo entre sus labios. —Gracias también por sus palabras. — Observó el aura de la joven gracias a su Kenbunshoku, ampliándolo un poco más en caso de que alguien más apareciera del mismo modo hasta un radio de 20m. Sus intenciones, igual que Kibai, no parecían hostiles. Por el contrario, parecía calmada y sincera.
Cajita de Tabaco
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