16-08-2026, 08:10 AM
Aquí ya está todo el pescado vendido, poco más podemos hacer. Sé que a Ubbe le encanta socializar, pero el espadachín parece casi mudo, a Odiseo se le ve en la cara el cansancio y a mí me está entrando un hambre de mil demonios. Me apetece coger algo de comer y reorganizar a las tropas para volver al mar azul cuanto antes. Demasiado tiempo disfrutando del espectáculo y la fiesta. -Vamos, cabrones. Ya habéis visto lo que nos espera y el nivel que tienen nuestros futuros rivales. Así que más os vale poneros a tono, ¡¡Jarul Jul Jul Jul...!!- El Ragnarok piensa regresar con más fuerza que nunca y recordarán este día. Joder si lo recordarán...
Encabezo a la cuadrilla en dirección a la salida de las gradas. Lo imponente de mi figura va apartando a la gente, que se abre como una marea mesiánica a mi paso. La envergadura hace el resto con aquellos que no llegan a moverse lo suficientemente deprisa. Yggdrasil reposa sobre mi hombro izquierdo mientras me rasco la barba con la mano derecha, pensativo. Voy recordando poco a poco a todos aquellos participantes que han destacado en los Juegos, sobre todo aquellos que pelearon con Ubbe en la semifinal. Sus poderes, sus habilidades, sus armas y artilugios. Fuera coñas, realmente ha sido un espectáculo digno y un tentempié para lo que acontece. -Capitán, ¿no querías algo de comer?- me frena Odiseo, devolviéndome del mundo de las ideas. -¿Ehh?- doy un pequeño respingo. -¡Ah, sí!- me paro frente a una criatura diminuta, no más alta que un humano vulgar. En su espalda, una mochila verde con surtidor y un puñado de vasos de gran tamaño. -Me llevaré esto, gracias.- Y le meto mano a la bolsa, sacando de esta un bidón metálico entero, tan grande como su espalda. -Con esto servirá. Odiseo, págale algo al chaval, ¿quieres?- avanzo sin hacer mucho caso, alzando el bidón y dejando que su elixir mágico me refresque y me manche la barba con espuma que gotea.
Con el estómago lleno y, sobre todo, de alcohol, uno piensa mejor, por supuesto. Las palabras de Zaratsuki. ¿Qué era aquello que dijo? Chonchushoku-algo... Hakki. Hakki. Esa palabra no es la primera vez que la escucho. Fue capaz de ver más allá de lo evidente, de asegurar lo que sentían. -¿Cómo cojones lo hizo...?- farfullo, con algo de rabia por no entenderlo. Luego le meto otro picotazo a la cerveza. Volteo ligeramente y me quedo mirando a Dharma. Ha demostrado antes ser un tío culto. Tal vez conoce secretos que se me escapan. -Oye, tío, una pregunta.- hago una pequeña pausa para eructar. Sabiduría. -¿Sabes qué es eso del haki o su puta madre? Comentaste algo de los poderes de Shin durante la final y cómo el Buccaneer pájaro le podía meter mano. ¿Tú sabes de qué va el tema?-
Su respuesta tampoco me deja satisfecho del todo. Probablemente ninguna lo haga. Tengo que averiguar por mi cuenta de qué se trata y cómo poder dominar eso o saber contrarrestarlo. Es el siguiente paso para convertirme en un mejor guerrero. Quizás, y solo quizás, pueda hacer así frente a los dioses.
Sigo pensativo, bebiendo y caminando hacia la salida. Haki y poderes divinos invisibles. Con lo sencilla que es la guerra cuando confías en el acero y en la fuerza de tus puños al desnudo. La importancia del equipo y las armas que llevas a tu lado y te acompañan toda la vida. Agacho la mirada para mirar el cinto. Los martillos descansan tranquilos, aunque conservan cada cicatriz y mancha de sangre de anteriores batallas. Me detengo en seco un segundo. Suelto la cerveza y pongo frente a mí a Yggdrasil. La observo detenidamente. Sus filos desgastados, pero que desgarran la carne sin dificultad. Sus ornamentos brillantes, tintados de rojo. Su mango de madera, con leves hendiduras sobre el cuero de tanta presión a lo largo del tiempo. -Necesitas unas vacaciones, ¿verdad, vieja amiga?- musito mientras me miro en el reflejo del metal. Sin terminar de girarme y sin apartar la mirada del hacha, le hablo a Ubbe. -Hermano, creo que lo primero que hemos de hacer al llegar al barco es armarnos como es debido.- le propongo con soltura y firmeza. A mi cabeza llegan las imágenes de aquella mujer morena de grandes pechos, la que ganó la prueba de la fuerza. ¿Y si aquellos guantes no eran mera decoración? Nuestro arsenal no puede quedarse atrás. -¿Te parece bien?- Ahora sí que lo miro y le estrecho el puño para que lo choque. -¡Pienso convertirnos en armas vivientes, cabrón!- La sola idea me apasiona. Le proyecto una sonrisa malévola, con una mirada cargada de determinación.
Se avecina una gran guerra. La pienso provocar yo mismo bajo la bandera del fin de los tiempos. Toca prepararse bien. Tenemos hombres. Tenemos poder. Ahora toca prepararse. Afilar el acero y dominar el poder de los dioses.
Encabezo a la cuadrilla en dirección a la salida de las gradas. Lo imponente de mi figura va apartando a la gente, que se abre como una marea mesiánica a mi paso. La envergadura hace el resto con aquellos que no llegan a moverse lo suficientemente deprisa. Yggdrasil reposa sobre mi hombro izquierdo mientras me rasco la barba con la mano derecha, pensativo. Voy recordando poco a poco a todos aquellos participantes que han destacado en los Juegos, sobre todo aquellos que pelearon con Ubbe en la semifinal. Sus poderes, sus habilidades, sus armas y artilugios. Fuera coñas, realmente ha sido un espectáculo digno y un tentempié para lo que acontece. -Capitán, ¿no querías algo de comer?- me frena Odiseo, devolviéndome del mundo de las ideas. -¿Ehh?- doy un pequeño respingo. -¡Ah, sí!- me paro frente a una criatura diminuta, no más alta que un humano vulgar. En su espalda, una mochila verde con surtidor y un puñado de vasos de gran tamaño. -Me llevaré esto, gracias.- Y le meto mano a la bolsa, sacando de esta un bidón metálico entero, tan grande como su espalda. -Con esto servirá. Odiseo, págale algo al chaval, ¿quieres?- avanzo sin hacer mucho caso, alzando el bidón y dejando que su elixir mágico me refresque y me manche la barba con espuma que gotea.
Con el estómago lleno y, sobre todo, de alcohol, uno piensa mejor, por supuesto. Las palabras de Zaratsuki. ¿Qué era aquello que dijo? Chonchushoku-algo... Hakki. Hakki. Esa palabra no es la primera vez que la escucho. Fue capaz de ver más allá de lo evidente, de asegurar lo que sentían. -¿Cómo cojones lo hizo...?- farfullo, con algo de rabia por no entenderlo. Luego le meto otro picotazo a la cerveza. Volteo ligeramente y me quedo mirando a Dharma. Ha demostrado antes ser un tío culto. Tal vez conoce secretos que se me escapan. -Oye, tío, una pregunta.- hago una pequeña pausa para eructar. Sabiduría. -¿Sabes qué es eso del haki o su puta madre? Comentaste algo de los poderes de Shin durante la final y cómo el Buccaneer pájaro le podía meter mano. ¿Tú sabes de qué va el tema?-
Su respuesta tampoco me deja satisfecho del todo. Probablemente ninguna lo haga. Tengo que averiguar por mi cuenta de qué se trata y cómo poder dominar eso o saber contrarrestarlo. Es el siguiente paso para convertirme en un mejor guerrero. Quizás, y solo quizás, pueda hacer así frente a los dioses.
Sigo pensativo, bebiendo y caminando hacia la salida. Haki y poderes divinos invisibles. Con lo sencilla que es la guerra cuando confías en el acero y en la fuerza de tus puños al desnudo. La importancia del equipo y las armas que llevas a tu lado y te acompañan toda la vida. Agacho la mirada para mirar el cinto. Los martillos descansan tranquilos, aunque conservan cada cicatriz y mancha de sangre de anteriores batallas. Me detengo en seco un segundo. Suelto la cerveza y pongo frente a mí a Yggdrasil. La observo detenidamente. Sus filos desgastados, pero que desgarran la carne sin dificultad. Sus ornamentos brillantes, tintados de rojo. Su mango de madera, con leves hendiduras sobre el cuero de tanta presión a lo largo del tiempo. -Necesitas unas vacaciones, ¿verdad, vieja amiga?- musito mientras me miro en el reflejo del metal. Sin terminar de girarme y sin apartar la mirada del hacha, le hablo a Ubbe. -Hermano, creo que lo primero que hemos de hacer al llegar al barco es armarnos como es debido.- le propongo con soltura y firmeza. A mi cabeza llegan las imágenes de aquella mujer morena de grandes pechos, la que ganó la prueba de la fuerza. ¿Y si aquellos guantes no eran mera decoración? Nuestro arsenal no puede quedarse atrás. -¿Te parece bien?- Ahora sí que lo miro y le estrecho el puño para que lo choque. -¡Pienso convertirnos en armas vivientes, cabrón!- La sola idea me apasiona. Le proyecto una sonrisa malévola, con una mirada cargada de determinación.
Se avecina una gran guerra. La pienso provocar yo mismo bajo la bandera del fin de los tiempos. Toca prepararse bien. Tenemos hombres. Tenemos poder. Ahora toca prepararse. Afilar el acero y dominar el poder de los dioses.
En efecto, cajita feliz
