23 de Primavera
Isla Karate, Dojo.
9:30AM
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Seraphim estaba a punto de irse a buscar a Jesse por donde se ha ido, y de paso cantarle las cuarenta por haberla dejado sola en medio de esos tipos. ¿En serio va a tratar así a la gran ÁNGEL DE LA MARINA sin más? Seraphim por dentro estaba llena de furia, pero por fuera debía de aparentar serenidad y tranquilidad porque sus apariencias lo son todo. Ah, claro, y porque ella debía de quedar por encima de meros impulsos banales que puede sentir cuando se enfada. Lo que no quiere es que la recuerden con cara de enfado ni mucho menos una fea cara, porque incluso entrenando ella tiene tan control de su cuerpo que se ve elegante y precisa.
Al escuchar la voz grave de ese viejo ella da un paso hacia atrás intentando alejarse un poco de él creyendo que el olor venía de él, sin conocer la verdad tras ese nauseabundo aroma. Empieza a escuchar como ese enano le comenta que debe de ayudarle a dar con las personas que se pelean en aquel lugar cuando por las noches no está. Su historia parece ser la de alguien que está preocupado por su lugar de trabajo, pero hay algo que no encaja con lo que le estaba pidiendo.
Seraphim se cruza de brazos mirando al tipo con la cabeza hacia abajo, y le pilla mirándola más de la cuenta. Ella hace un gesto de bajarse mejor la falda y acomodarse la ropa mejor para que no se vieran más que sus piernas. Entonces, tras carraspear con la garganta en señal molesta pero también queriendo recuperarse de su enfado, ella dijo:
— Puedo pasar el informe a mi tripulación y podemos investigar este suceso antes de irnos, pero… Lo que no me cuadra, señor, es que usted es alguien que maneja un dojo y es fuerte. ¿Por qué lo tiene que pedir a la Marina si usted ya es lo suficiente fuerte junto a sus alumnos para dar con quien está haciendo eso, eh? A ver, que a mi no me molesta, de hecho seguro que puedo hacerlo de sobra sola, pero… Si pide ayuda es porque no es más que apariencia, ¿o no? kukukuku~—Su sonrisa de superior se marca en su rostro angelical pero su tono no se quiebra ni tampoco cambia, sigue con esa dulzura que parece que le está diciendo cosas bonitas cuando la realidad es que le está dejando a la altura del betún.
De brazos cruzados, ella suspira y mira hacia afuera a esas grandes puertas. Si hay problemas se supone que la marina tiene que ayudar, pero tampoco pueden ayudar a todo ser viviente porque la marina se encarga de cosas mayores. En fin, tendrá que hacer una excepción por ese enano fortachón… si es que los demás quieren.
— Ara ara~, pero bueno, está bien. Le diré a mi compañero y esta noche investigaremos. ¡Debes de agradecermelo a mi, El ángel de la marina, y a su tripulación, la 81, que querramos pararnos a ver lo que pasa en tu dojecito! —Posa de forma dramática y casi teatral, con la mano en la cintura y la otra sobre su frente en forma de arco mientras sus piernas acompañan a su postura dramática. Al final siempre acepta porque eso le dará más estatus y más influencia, y eso siempre es bueno para ella: el que le deban favores es algo que le encanta.
Leeme~

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