16-08-2026, 06:46 PM
Las cartas estaban ya puestas sobre la mesa para que todos aquellos ignorantes de la vida que quisieran ver cambiado su destino. A ver cuántos mordían el anzuelo, esperaba no muchos, porque uno ya va teniendo una edad en la que sólo quiere estar sentado en su sillón y leyendo prensa rosa, como el Ayúdame Delus.
Tras nuestro anuncio, la primera voluntaria en descender fue una pequeña y hermosa humana, de anaranjados cabellos, acompañada por un fornido y apuesto hombre que parecía ser quién le iba a acompañar. La chica, nerviosa, expuso que quería intentar cambiar el destino que le había conferido consumir su fruta. Mis ojos se anclaron en la adorable mujercita, aproximándose hasta a ella mientras me acariciaba la barba.— Muy bien jovencita... — intenté agacharme cuanto pude, para posicionar mi mano sobre el abdomen de la chica.— Confía en este megayayo, no te va a doler mucho, ¡joujoujoujoujou! . — reí, al mismo tiempo que Mariano graznaba, casi como si acompañara mi risa.— A soñar con los angelitos, mona. — añadí, para activar los poderes de mi fruta, haciendo que un onda con forma de almohadilla saliera de mis manos, causando que, primero, ella cayera inmediatamente inconsciente y, segundo, que el diablo que dormía dentro de ella pasara a manifestarse en una de las frutas que tenía mi primo favorito. Me giré, para poder divisarla con mayor apreciación.— Hmmmm... — entrecerré los ojos, quizás demasiado, pues pude sentir como mi cuerpo se relajaba, hasta el punto de quedarme dormido de pie, hasta que Mariano decidió picotearme.— CALLA, DÉJAME HABLAR! — grité, nada más despertarme y sin ningún motivo aparente.— Kama Kama no Mi, ¿eh? Una fruta curiosa desde luego. — deduje la identidad de aquella Akuma no Mi gracias a su morfología y mi vasto conocimiento y sabiduría. Sin duda, era una fruta que no parecía ser afin a la naturaleza de la pelinaranja. Miré hacia el hombre que la acompañaba.— Ahora te toca a ti apechugar, listillo. El precio es 1.000.0000 berries, a pagar a pagar a pagar. — Le extendí mi mano izquierda, en señal de que aflojara la guita. Una vez que me pagó, le indiqué al apuesto hombre del mechón blanco que cogiera a su acompañante con un ligero movimiento de cabeza.— Estará inconsciente un buen rato, así que procura cuidar de tu… ¿Mozuela? No sé si me estoy entrometiendo de más, ¡joujoujoujoujou! — declaré, señalándole que abandonara la Arena para poder recibir al siguiente cliente.
La siguiente en aparecer fue una bellísima mujer, que a juzgar por las escamas que sobresalían de su piel - más concretamente en la zona de los hombros - debía ser una mestiza o tener algún tipo de ascendencia gyojin. Aquella chica de pelos rosados - color que me recordaba a los pintalabios que usaba la mama cuando trabajaba de noche - parecía estar desesperada por quitarse el poder de su fruta del diablo. Si hacía memoria, e intentaba recordar la prueba en la que había participado ella, podría llegar a saber que tipo de fruta tenía, e incluso cobrarle antes de que pudiera siquiera extraerle su diabólico poder. Pero no podía ser, porque en ese momento justo me había entrado un apretón y tenía que descargar el kebab pollo loco mixto que me había comido la noche anterior. Vaya ruina. Junto a ella, llegó una mujer alopécica e implorándonos que la ayudáramos y la devolviéramos al mar. Habrase visto.— ¿Y habéis pensado en, no sé, ponerle un flotador para que pueda volver al mar? — solté un chascarrillo, sintiéndome plenamente incómodo al poco de contarlo.— Es broma, es broma… Confiad en mis poderes de chamán, señoritas. — comenté, pasando a agacharme otra vez, para tener mejor altura y alcance, mientras mi mirada se desviaba hacia la mujer de reluciente calva.— Pero ten presente que tendrás que cuidar de tu hermana, jovencita. No pierdas de vista aquello a lo que más amas. — espeté, posicionando la palma desnuda de mi mano sobre el abdomen de la mestiza, aplicando en ese momento otra vez mis poderes, dejándola inconsciente, con una perfecta, notoria y llamativa cicatriz en forma de almohadilla en esa misma zona y liberando el diablo que descansaba en su interior. Me volví a erguir y mis ojos se fijaron en la caja de frutas de Urususu, pudiendo identificar a la perfección que tipo de fruta era la que había consumido.— Uma Uma modelo Cebra… — Giré de nuevo mi cabeza hacia la mujer calva.— Será un millón de berries, ¡ahora la panoja, señorita! — y le extendí la mano izquierda, hasta que aquella mujer me hubiera pagado, momento en el que abrí paso al siguiente paciente.
El próximo en bajar fue un marine birkaniano que, lejos de estar preparado para poder pagar la extracción, nada más quedarse frente a mi primo y un servidor, comenzó a rebuscar en sus bolsillos por dinero, pudiendo vérsele en su cara la mayor de las angustias. Ser pobre.— Las reglas son simples, chico. Sin dinero no hay ritual chamánico. Chamánico pero nada de brujería y hechicería, ¿eh? — aclaré, que últimamente había mucho huesudo confundiendo conceptos, y eso no podía ser.— ¿Tiene el caballero el suficiente dinero para pagar la operación? — pregunté a su acompañante, otro marine pelirrojo que, ante mi pregunta, me cedió una bolsa de cuero con un montón de berries en su interior. No conocía que tipo de fruta podía poseer el mozo moreno y de mechones pelirrojos, pero por peso y volumen parecía tener buena pinta.— Bien, veamos... — Otra vez me volví a agachar, sintiendo ya como la pelvis y las rodillas empezaban a resentirse.— No te va a doler, mozuelo, pero vas a estar dormido durante un ratito, ¿vale? — le pregunté, pareciendo que le estaba dando tiempo a que procesara mi información, pero el estar agachado tanto tiempo ya estaba haciendo que la impaciencia se apoderara de mi, por lo que activé mis poderes al momento, haciendo que el birkaniano cayera inconsciente y que su fruta parara a manifestarse entre todo el lote de mi primo.— Hale, por espabilado. — ataqué de forma gratuita y fortuita, fijándome en la nueva Akuma no Mi que había aparecido.— Hebi Hebi no Mi, modelo cascabel. — Aquella fruta me traía recuerdos.— Será un millón de ñapos, así que ya sabes, pá-ga-me. — Y volví a esperar hasta que el marine me pagó hasta poder dejar paso al siguiente.
Para mi sorpresa, la siguiente persona en aparecer fue el grandullón que participó en la final. Vi como se transformaba en una especie de águila durante aquel encuentro, así que más o menos me podía hacer una ligera idea de que tipo de nuez de belcebú había consumido. No obstante, al saludarme el grandullón mazado, este corroboró la información que parecía disponer en un inicio.— Tori Tori no Mi, modelo águila, supongo... — deduje, mientras acariciaba mi barba, ante el chico que era capaz de dirigirme la mirada con propiedad.— La extracción será de un millón de berries, sea pues. — le comuniqué, observando como el duelista de la final empezaba a rebuscar en su bolsillo, intentando reunir toda la panoja necesaria. Le faltaba dinero, un dinero que para su fortuna su acompañante - un humano andrógino de pelos rosados también -, parecía disponer, pagándome por adelantado todo lo que correspondía.— Bien, bien, así da gusto, ¿no te parece, Mariano?. — pregunté a mi cuervo, recibiendo un graznido por su parte.— Pues allá vamos, chico. — Posicioné la palma de mi mano sobre su abdomen, esta vez sin agacharme debido al tamaño del grandullón.— Hale, dulces sueños. — Y activé mis poderes, mandando a dormir al antiguo usuario zoan, y haciendo que su Akuma no Mi pasara a emanciparse a una de las frutas más cercanas. Comprobé por un momento que, efectivamente, la Akuma no Mi que poseía anteriormente fuera la que me había dicho y, así era. Esperaba a que el adonis de pelos de cerezo pudiera cargar con esa mole. En el momento en el que se fueron, abrí paso para el siguiente cliente.
En esta ocasión, irrumpió otro marine, un mink leopardo, que estaba acompañado de lo que debía ser una humink con orejas de zorro, y de un mink pantera.— Por la virgen, cuánta protección. — pensé. Ni que estuviera tratando con el vicealmirante Perro Sanxe. Confiándole sus objetos de valor a la chica-zorro, el mink que parecía ser el que iba a recibir el tratamiento Pawurs comenzó a liberar a una horda de insectos de su interior, siendo un enjambre de avispas lo que empezó a revolotear por la arena.— ¡CUIDADO, COÑO! ¡A QUÉ TE HAGO EL MOLINILLO! — me puse en posición defensiva, ante las avispas comenzando a zumbar a mi alrededor. Obviamente, era un farol, nunca fui capaz de dominar un arte tan complejo como aquel. Aún menos desde que me decidí alejar de la senda del Okama Kenpo. Me equivoqué, claramente. Para mi fortuna, las avispas se dispersaron, hasta no quedar ninguna.— Si eso ha sido obra tuya, marine... — Llevé mi siniestra hacia mi frondosa y longeva barba, acariciándola meditativo.— Deduzco que posees la Haibu Haibu no Mi... — expliqué.— Es una fruta más rara, así que te saldrá la broma por 4 millones de berries... — expliqué, mientras recogía la bolsa de dinero que había dejado caer el mink. Comencé a contar y a palpar la millonaria suma.— Increíblemente está todo. — finalicé, guardando la bolsa en mis ropajes, para volver a agacharme una última vez y posar mi mano sobre el abdomen del leopardo.— Bueno, fiera, pasarás un buen rato dormido, como si te hubieras pillado una buena resaca. Así que hasta más ver. — espeté, activando los poderes de la Nikyu Nikyu no Mi, causando que el felino cayera irremediablemente inconsciente al suelo y, su Akuma no Mi, pasara a manifestarse en el lote de mi primo.
Con aquella última petición, parecía que ya estaba todo el pescado vendido. Sin embargo, había un pequeño problema.— Será posible.. — pronuncié, intentando volver a erguirme, pero sin éxito alguno.— Coño de la Bernarda… ¡La ciática! Me he quedado traspuesto. — La edad no perdonaba, y ahora debía esperar a que mi primo terminara con lo que tuviera que hacer para que me ayudara a moverme. Mierda de la mierda.
Tras nuestro anuncio, la primera voluntaria en descender fue una pequeña y hermosa humana, de anaranjados cabellos, acompañada por un fornido y apuesto hombre que parecía ser quién le iba a acompañar. La chica, nerviosa, expuso que quería intentar cambiar el destino que le había conferido consumir su fruta. Mis ojos se anclaron en la adorable mujercita, aproximándose hasta a ella mientras me acariciaba la barba.— Muy bien jovencita... — intenté agacharme cuanto pude, para posicionar mi mano sobre el abdomen de la chica.— Confía en este megayayo, no te va a doler mucho, ¡joujoujoujoujou! . — reí, al mismo tiempo que Mariano graznaba, casi como si acompañara mi risa.— A soñar con los angelitos, mona. — añadí, para activar los poderes de mi fruta, haciendo que un onda con forma de almohadilla saliera de mis manos, causando que, primero, ella cayera inmediatamente inconsciente y, segundo, que el diablo que dormía dentro de ella pasara a manifestarse en una de las frutas que tenía mi primo favorito. Me giré, para poder divisarla con mayor apreciación.— Hmmmm... — entrecerré los ojos, quizás demasiado, pues pude sentir como mi cuerpo se relajaba, hasta el punto de quedarme dormido de pie, hasta que Mariano decidió picotearme.— CALLA, DÉJAME HABLAR! — grité, nada más despertarme y sin ningún motivo aparente.— Kama Kama no Mi, ¿eh? Una fruta curiosa desde luego. — deduje la identidad de aquella Akuma no Mi gracias a su morfología y mi vasto conocimiento y sabiduría. Sin duda, era una fruta que no parecía ser afin a la naturaleza de la pelinaranja. Miré hacia el hombre que la acompañaba.— Ahora te toca a ti apechugar, listillo. El precio es 1.000.0000 berries, a pagar a pagar a pagar. — Le extendí mi mano izquierda, en señal de que aflojara la guita. Una vez que me pagó, le indiqué al apuesto hombre del mechón blanco que cogiera a su acompañante con un ligero movimiento de cabeza.— Estará inconsciente un buen rato, así que procura cuidar de tu… ¿Mozuela? No sé si me estoy entrometiendo de más, ¡joujoujoujoujou! — declaré, señalándole que abandonara la Arena para poder recibir al siguiente cliente.
La siguiente en aparecer fue una bellísima mujer, que a juzgar por las escamas que sobresalían de su piel - más concretamente en la zona de los hombros - debía ser una mestiza o tener algún tipo de ascendencia gyojin. Aquella chica de pelos rosados - color que me recordaba a los pintalabios que usaba la mama cuando trabajaba de noche - parecía estar desesperada por quitarse el poder de su fruta del diablo. Si hacía memoria, e intentaba recordar la prueba en la que había participado ella, podría llegar a saber que tipo de fruta tenía, e incluso cobrarle antes de que pudiera siquiera extraerle su diabólico poder. Pero no podía ser, porque en ese momento justo me había entrado un apretón y tenía que descargar el kebab pollo loco mixto que me había comido la noche anterior. Vaya ruina. Junto a ella, llegó una mujer alopécica e implorándonos que la ayudáramos y la devolviéramos al mar. Habrase visto.— ¿Y habéis pensado en, no sé, ponerle un flotador para que pueda volver al mar? — solté un chascarrillo, sintiéndome plenamente incómodo al poco de contarlo.— Es broma, es broma… Confiad en mis poderes de chamán, señoritas. — comenté, pasando a agacharme otra vez, para tener mejor altura y alcance, mientras mi mirada se desviaba hacia la mujer de reluciente calva.— Pero ten presente que tendrás que cuidar de tu hermana, jovencita. No pierdas de vista aquello a lo que más amas. — espeté, posicionando la palma desnuda de mi mano sobre el abdomen de la mestiza, aplicando en ese momento otra vez mis poderes, dejándola inconsciente, con una perfecta, notoria y llamativa cicatriz en forma de almohadilla en esa misma zona y liberando el diablo que descansaba en su interior. Me volví a erguir y mis ojos se fijaron en la caja de frutas de Urususu, pudiendo identificar a la perfección que tipo de fruta era la que había consumido.— Uma Uma modelo Cebra… — Giré de nuevo mi cabeza hacia la mujer calva.— Será un millón de berries, ¡ahora la panoja, señorita! — y le extendí la mano izquierda, hasta que aquella mujer me hubiera pagado, momento en el que abrí paso al siguiente paciente.
El próximo en bajar fue un marine birkaniano que, lejos de estar preparado para poder pagar la extracción, nada más quedarse frente a mi primo y un servidor, comenzó a rebuscar en sus bolsillos por dinero, pudiendo vérsele en su cara la mayor de las angustias. Ser pobre.— Las reglas son simples, chico. Sin dinero no hay ritual chamánico. Chamánico pero nada de brujería y hechicería, ¿eh? — aclaré, que últimamente había mucho huesudo confundiendo conceptos, y eso no podía ser.— ¿Tiene el caballero el suficiente dinero para pagar la operación? — pregunté a su acompañante, otro marine pelirrojo que, ante mi pregunta, me cedió una bolsa de cuero con un montón de berries en su interior. No conocía que tipo de fruta podía poseer el mozo moreno y de mechones pelirrojos, pero por peso y volumen parecía tener buena pinta.— Bien, veamos... — Otra vez me volví a agachar, sintiendo ya como la pelvis y las rodillas empezaban a resentirse.— No te va a doler, mozuelo, pero vas a estar dormido durante un ratito, ¿vale? — le pregunté, pareciendo que le estaba dando tiempo a que procesara mi información, pero el estar agachado tanto tiempo ya estaba haciendo que la impaciencia se apoderara de mi, por lo que activé mis poderes al momento, haciendo que el birkaniano cayera inconsciente y que su fruta parara a manifestarse entre todo el lote de mi primo.— Hale, por espabilado. — ataqué de forma gratuita y fortuita, fijándome en la nueva Akuma no Mi que había aparecido.— Hebi Hebi no Mi, modelo cascabel. — Aquella fruta me traía recuerdos.— Será un millón de ñapos, así que ya sabes, pá-ga-me. — Y volví a esperar hasta que el marine me pagó hasta poder dejar paso al siguiente.
Para mi sorpresa, la siguiente persona en aparecer fue el grandullón que participó en la final. Vi como se transformaba en una especie de águila durante aquel encuentro, así que más o menos me podía hacer una ligera idea de que tipo de nuez de belcebú había consumido. No obstante, al saludarme el grandullón mazado, este corroboró la información que parecía disponer en un inicio.— Tori Tori no Mi, modelo águila, supongo... — deduje, mientras acariciaba mi barba, ante el chico que era capaz de dirigirme la mirada con propiedad.— La extracción será de un millón de berries, sea pues. — le comuniqué, observando como el duelista de la final empezaba a rebuscar en su bolsillo, intentando reunir toda la panoja necesaria. Le faltaba dinero, un dinero que para su fortuna su acompañante - un humano andrógino de pelos rosados también -, parecía disponer, pagándome por adelantado todo lo que correspondía.— Bien, bien, así da gusto, ¿no te parece, Mariano?. — pregunté a mi cuervo, recibiendo un graznido por su parte.— Pues allá vamos, chico. — Posicioné la palma de mi mano sobre su abdomen, esta vez sin agacharme debido al tamaño del grandullón.— Hale, dulces sueños. — Y activé mis poderes, mandando a dormir al antiguo usuario zoan, y haciendo que su Akuma no Mi pasara a emanciparse a una de las frutas más cercanas. Comprobé por un momento que, efectivamente, la Akuma no Mi que poseía anteriormente fuera la que me había dicho y, así era. Esperaba a que el adonis de pelos de cerezo pudiera cargar con esa mole. En el momento en el que se fueron, abrí paso para el siguiente cliente.
En esta ocasión, irrumpió otro marine, un mink leopardo, que estaba acompañado de lo que debía ser una humink con orejas de zorro, y de un mink pantera.— Por la virgen, cuánta protección. — pensé. Ni que estuviera tratando con el vicealmirante Perro Sanxe. Confiándole sus objetos de valor a la chica-zorro, el mink que parecía ser el que iba a recibir el tratamiento Pawurs comenzó a liberar a una horda de insectos de su interior, siendo un enjambre de avispas lo que empezó a revolotear por la arena.— ¡CUIDADO, COÑO! ¡A QUÉ TE HAGO EL MOLINILLO! — me puse en posición defensiva, ante las avispas comenzando a zumbar a mi alrededor. Obviamente, era un farol, nunca fui capaz de dominar un arte tan complejo como aquel. Aún menos desde que me decidí alejar de la senda del Okama Kenpo. Me equivoqué, claramente. Para mi fortuna, las avispas se dispersaron, hasta no quedar ninguna.— Si eso ha sido obra tuya, marine... — Llevé mi siniestra hacia mi frondosa y longeva barba, acariciándola meditativo.— Deduzco que posees la Haibu Haibu no Mi... — expliqué.— Es una fruta más rara, así que te saldrá la broma por 4 millones de berries... — expliqué, mientras recogía la bolsa de dinero que había dejado caer el mink. Comencé a contar y a palpar la millonaria suma.— Increíblemente está todo. — finalicé, guardando la bolsa en mis ropajes, para volver a agacharme una última vez y posar mi mano sobre el abdomen del leopardo.— Bueno, fiera, pasarás un buen rato dormido, como si te hubieras pillado una buena resaca. Así que hasta más ver. — espeté, activando los poderes de la Nikyu Nikyu no Mi, causando que el felino cayera irremediablemente inconsciente al suelo y, su Akuma no Mi, pasara a manifestarse en el lote de mi primo.
Con aquella última petición, parecía que ya estaba todo el pescado vendido. Sin embargo, había un pequeño problema.— Será posible.. — pronuncié, intentando volver a erguirme, pero sin éxito alguno.— Coño de la Bernarda… ¡La ciática! Me he quedado traspuesto. — La edad no perdonaba, y ahora debía esperar a que mi primo terminara con lo que tuviera que hacer para que me ayudara a moverme. Mierda de la mierda.
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