16-08-2026, 08:01 PM
Varios chavalitos y chavalitas comenzaron a bajar de las gradas a la arena, dónde estaba el chamán haciendo al función de su vida, quitando frutas a diestro y siniestro sólo como él sabía hacer con ese poder que era capaz de hacernos de oro. Mientras tanto, yo sólamente observaba junto a él, con mis gafas ligeramente bajadas, dejando entrever mis ojos, que se enfocaban en las beautiful girls que paseaban y contoneaban de arriba hacia abajo para hablar con el feo de mi primo. Mi lengua se paseaba por mis labios, humedeciéndolos de forma sugerente, mientras frotaba mis dos manos sin quitar de encima la vista a cada una de las bellezas que pasaban frente a mi, empezando por la pelinaranja de big pechuguitas, siguiendo por la mujer de curvas escandalosas de pelo fantasia, continuando por la big muslona con problemas de calvicie y terminando por la pretty zorrita.— Mujele… Me gutai-sex — seguía agradando mi vista con aquellas bellezas sin parangón, hasta que algo en mí hizo click, pasando de frotarme las manos a darme un guantazo en mis dos mejillas. Necesitaba concentrarme. Era un hombre bien sentido pero, ante todo, un hombre enamorao.— Al conjunto de mi amada eposa, la pastora Clotilde Gimiene, mujel que amo y apresio, mujel que quiero, mujel que etoy enamorado de ella, mujel que etoy ofisiado de ella, mujel que depué del dinero repiro por ella, mujel que de que que me tiene loco prendio-sex — Volví a orar, en muestra de afecto y devoción hacia la única mujer que amaba a pesar de las muchas tentaciones que se me podían poner por le camino.
Con cada una de las transacciones que hacía mi primo, mi caja se iba llenando de más y más Akuma no Mi, lo que se iba traduciendo en más dinero que poder facturar, si no era ahoram en un futuro.— ¡Chicling! ¡Wacala wacala wacala! — emití un sonido parecido al de una caja registradora, para después reirme con la de frutas del diablaso que estaban apareciendo, una tras de otra en nuestro lote de ventas. Muchas de ellas parecían ser frutas de los más comunes, entrando dentro de nuestras tarifas más baratas tanto de extracción como de futura venta. Pero cuando Pawurs identificó una fruta medio rara - la última de ellas, de hecho - mis ojos, ocultos tras mis gafas de sol, brillaron hasta adoptar el símbolo del berry. — ¡LA SEBOLLA! — exclamé, llevándome las manos a la cabeza, y pasando a mirar hacia las gradas, una vez que parecía que mi primo había terminado por finalizar su trabajo, a costa de verse jodido de la espalda.— No te laye mi lidel, luego te mando a un fisioterapeuta a que te trate la veje. — le comuniqué, para después coger aire por la nariz.— ¡Uhtedé! ¡Última opoltunida para podel llevalse rebajaito de presio esta nueva frutica del DIABLASO! Que me lo quitan de mi mano sabrosa-sex! — grité a los cuatro vientos, expectante por ver si había algún interesado en comprar algunas de mis nuevas adquisiciones.
Con cada una de las transacciones que hacía mi primo, mi caja se iba llenando de más y más Akuma no Mi, lo que se iba traduciendo en más dinero que poder facturar, si no era ahoram en un futuro.— ¡Chicling! ¡Wacala wacala wacala! — emití un sonido parecido al de una caja registradora, para después reirme con la de frutas del diablaso que estaban apareciendo, una tras de otra en nuestro lote de ventas. Muchas de ellas parecían ser frutas de los más comunes, entrando dentro de nuestras tarifas más baratas tanto de extracción como de futura venta. Pero cuando Pawurs identificó una fruta medio rara - la última de ellas, de hecho - mis ojos, ocultos tras mis gafas de sol, brillaron hasta adoptar el símbolo del berry. — ¡LA SEBOLLA! — exclamé, llevándome las manos a la cabeza, y pasando a mirar hacia las gradas, una vez que parecía que mi primo había terminado por finalizar su trabajo, a costa de verse jodido de la espalda.— No te laye mi lidel, luego te mando a un fisioterapeuta a que te trate la veje. — le comuniqué, para después coger aire por la nariz.— ¡Uhtedé! ¡Última opoltunida para podel llevalse rebajaito de presio esta nueva frutica del DIABLASO! Que me lo quitan de mi mano sabrosa-sex! — grité a los cuatro vientos, expectante por ver si había algún interesado en comprar algunas de mis nuevas adquisiciones.
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