18-08-2026, 01:20 AM
Jin mantenía su sonrisa maliciosa, de oreja a oreja, mientras el Mink felino terminaba de aceptar los términos. Podía percibir su aura todavía con claridad, pero no se vio en absoluto amedrentado, fingió desconcer lo que veía y le dejó rellenar el contrato.
Dio una nueva calada, contemplando con calma cómo rellenaba la hoja de papel hasta que, al fin, el hombre terminó de firmar. Sus ojos fueron al papel, dejando caer el cigarrillo al suelo, apagándolo con la suela de su zapato y leyendo detenidamente que los datos coincidieran con lo dicho. A continuación, le entregó una copia y una hoja donde salían las sucursales del propio Banco Goldreich. —No es el único, se lo garantizo. — Respondió calmadamente, guardando el contrato en el bolsillo de su traje, sin dejar de prestar atención al Mink. —Por ahora, efectivamente, es suficiente. El protocolo lo proseguiremos en otro momento, yo mismo seré quien disponga del Den-Den Mushi Visual, no es necesario que se preocupe por eso.
A continuación, elevó ambas de sus manos al frente con las palmas hacia abajo, juntas, dejando que su Akuma dejara entrever, en un inicio, algo pequeño, oscuro, que lentamente fue descendiendo, cubriendo parte de sus manos, algo de un tono marrón, hasta que comenzaró a verse un saco con el símbolo de Berries en ellos. Qué bueno había sido preparar con antelación varios sacos de distintos tamaños. Habían sido varias horas de labor con esa cantidad, pero suficiente con ese momento. El barro se absorvió en el propio cuerpo de Jin, dejando así el saco intacto, sin sucidedad y en perfecto estado, extendiéndolo hacia el Mink.
Abrió y cerró la mano, todavía habituándose un poco a que su mano volviera a su estado natural, prestando atención a las palabras de Nyra, a quien le ofreció una mirada amable. —Lo bueno es que salí sin un solo rasguño como ve. Aún así, es usted muy amable, señorita Nyra. — Tenía un positivismo de lo más llamativo. A saber si existirían otros capaces de aprovecharse de esa bondad. No le disgustaba esa mujer a diferencia de Uker, al menos ella era algo más distinta. Aún así, contemplando mejor su aura, sintió cierta irregularidad. ¿Seguía nerviosa? ¿Por qué? Eso era extraño. Cierto era que se había presentado para Kibai, pero ese nerviosismo había estado persistiendo desde que estuvieron en el cubículo con Juan y Stroud. Acomodó una mano sobre el hombro de la muchacha, calmado y tranquilo, antes de volver a hablar. —Si algo le preocupa... — Descendió ligeramente su rostro, de forma que sus labios terminaron en el oído de la Mink, procurando que solo ella lo escuchara. —Puede contarme más tarde qué le preocupa...
Se apartó, pronto, para volver la mirada una vez más a Kibai, con un movimiento de asentimiento de cabeza. Anotó entonces los dígitos del Den-Den Mushi que le entregaba. —Gracias, así podré contactar con usted para terminar lo acordado. Mucha suerte allí fuera. — Elevó la mano, sacudiéndola de un lado a otro para así despedirse tanto de Kibai como de Nyra, quienes ya caminaban hasta la arena. Una vez solo, buscó en otro de los bolsillos, esta vez en el lado opuesto del abrigo, un bloc de notas pequeño que abrió y revisó todo lo que tenía. Tal y como se le había indicado, pretendía tomar nota de todo lo que entregaba, las órdenes debían ser seguidas y tenía que seguir demostrando que esa confianza que le habían ofrecido no era en vano. Anotó el nombre de Kibai, la cantidad, la hora en la que se encontraba, la fecha y el Den-Den Mushi que le acababa de entregar. Revisó una vez más, antes de volver a mirar el pasillo por el que los dos individuos habían desaparecido y cerró el cuaderno con calma, volviendo a guardarlo en el bolsillo. Más tarde, cuando saliera de los juegos, se encargaría de llamar a su Jefe para darle la buena noticia. Al menos había logrado una misión cumplida, estaba orgulloso de su trabajo.
Pretendió volver de camino para encontrarse con Tezca, habiendo escuchado de fondo una voz que parecía buscar algo más. Lo vio desde el lugar en el que se encontraba. ¿Un cambio de sexo? ¿Incluso de raza? ¿Realmente se refería a eso? Nah, estaba bien tal y como estaba. ¿Quién querría cambiar cuando él ya estaba más que cómodo en su estado? Pudo ver venir a Akira a sus espaldas gracias a su Kenbunshoku, aunque no esperó que llegara de un salto. Elevó sus cejas con sorpresa, viendo que un nuevo Marine se presentaba frente a él. Su sonrisa se ensanchó, de oreja a oreja. ¿10Millones? Oh, eso estaba saliendo increíblemente bien. Extendió su mano cuando vio que planeaba estrechársela, haciendo lo mismo.
Regresó calmadamente la mano en el bolsillo interior de su abrigo, retirando un segundo formulario, exactamente igual que el contrario. —No sé si escuchó las condiciones, si es necesario dígamelo y se lo repetiré. Sin embargo, debe tener en cuenta que nuestros intereses incrementan desde el Banco Goldreich. Aquí no tenemos una sede, y hacerlo sin una resulta complejo. Espero que sepa comprenderlo. — Le extendió el formulario y la pluma buscando con la mirada la persona de la que hablaba. Mira, qué casualidad, el propio Enji. —Me parece un trato excelente, por supuesto. No olvide que tiene que proporcionar su nombre, apellidos y División en la que esté. En caso de querer ponerlo a nombre de su Capitán Saint Vagelis Enji, puede hacerlo con su nombre si tiene la información e identificación correctas. Se quedará con una copia del formulario y otro donde puede encontrar nuestras sedes para la información extra que requiera. — Parece que, por el momento, antes de ver a Tezca, tendría que esperar un poco más. ¿Acaso era malo? No demasiado, por ahora iba a aprovechar esos negocios al máximo. Esperó pacientemente a que Akira realizara el relleno de formulario, sacando de nuevo su bloc de notas, haciendo las cuentas de las tasas, arrancando la hoja y pasándosela a él.
Fue entonces cuando escuchó y, de nuevo con su Kenbunshoku, vio venir al propio Tezca. ¿Quizás le había hecho esperar demasiado? Lo escuchó hablar, disculpándose brevemente con Akira para prestarle atención. —Cariño... Estoy un poco... Ocup... — Pero no tuvo tiempo de terminar la frase. Al contrario, ahora estaba total y completamente confuso.
Miró a Akira de reojo, carraspeando. No podía delante de clientes hacer "favoritismos", o podría resultar negativo para el negocio. Cerró los ojos, con calma y, de nuevo, retiró un nuevo formulario y otra pluma. Menos mal que siempre tenía de repuesto para ello. —Diez millones ahora mismo, pero tiene que firmar esto. El beso puede ser más tarde, no te preocupes. Pero sí quiero un último beso como tú siendo hombre.— Luego, se acercó a su oído, susurrándole algo en voz baja, de forma que solo el rubio lo escuchase. Algo que, por el momento, quedaría solo entre ellos dos y nadie más, terminando con un guiño, regresando la atención a ambos.

—Claro, el Banco Goldreich le da la bienvenida para lo que quiera y/o necesite.
Dio una nueva calada, contemplando con calma cómo rellenaba la hoja de papel hasta que, al fin, el hombre terminó de firmar. Sus ojos fueron al papel, dejando caer el cigarrillo al suelo, apagándolo con la suela de su zapato y leyendo detenidamente que los datos coincidieran con lo dicho. A continuación, le entregó una copia y una hoja donde salían las sucursales del propio Banco Goldreich. —No es el único, se lo garantizo. — Respondió calmadamente, guardando el contrato en el bolsillo de su traje, sin dejar de prestar atención al Mink. —Por ahora, efectivamente, es suficiente. El protocolo lo proseguiremos en otro momento, yo mismo seré quien disponga del Den-Den Mushi Visual, no es necesario que se preocupe por eso.
A continuación, elevó ambas de sus manos al frente con las palmas hacia abajo, juntas, dejando que su Akuma dejara entrever, en un inicio, algo pequeño, oscuro, que lentamente fue descendiendo, cubriendo parte de sus manos, algo de un tono marrón, hasta que comenzaró a verse un saco con el símbolo de Berries en ellos. Qué bueno había sido preparar con antelación varios sacos de distintos tamaños. Habían sido varias horas de labor con esa cantidad, pero suficiente con ese momento. El barro se absorvió en el propio cuerpo de Jin, dejando así el saco intacto, sin sucidedad y en perfecto estado, extendiéndolo hacia el Mink.

—Cuatro millones exactos. Puede contarlos si así lo desea y verificarlo.
Abrió y cerró la mano, todavía habituándose un poco a que su mano volviera a su estado natural, prestando atención a las palabras de Nyra, a quien le ofreció una mirada amable. —Lo bueno es que salí sin un solo rasguño como ve. Aún así, es usted muy amable, señorita Nyra. — Tenía un positivismo de lo más llamativo. A saber si existirían otros capaces de aprovecharse de esa bondad. No le disgustaba esa mujer a diferencia de Uker, al menos ella era algo más distinta. Aún así, contemplando mejor su aura, sintió cierta irregularidad. ¿Seguía nerviosa? ¿Por qué? Eso era extraño. Cierto era que se había presentado para Kibai, pero ese nerviosismo había estado persistiendo desde que estuvieron en el cubículo con Juan y Stroud. Acomodó una mano sobre el hombro de la muchacha, calmado y tranquilo, antes de volver a hablar. —Si algo le preocupa... — Descendió ligeramente su rostro, de forma que sus labios terminaron en el oído de la Mink, procurando que solo ella lo escuchara. —Puede contarme más tarde qué le preocupa...
Se apartó, pronto, para volver la mirada una vez más a Kibai, con un movimiento de asentimiento de cabeza. Anotó entonces los dígitos del Den-Den Mushi que le entregaba. —Gracias, así podré contactar con usted para terminar lo acordado. Mucha suerte allí fuera. — Elevó la mano, sacudiéndola de un lado a otro para así despedirse tanto de Kibai como de Nyra, quienes ya caminaban hasta la arena. Una vez solo, buscó en otro de los bolsillos, esta vez en el lado opuesto del abrigo, un bloc de notas pequeño que abrió y revisó todo lo que tenía. Tal y como se le había indicado, pretendía tomar nota de todo lo que entregaba, las órdenes debían ser seguidas y tenía que seguir demostrando que esa confianza que le habían ofrecido no era en vano. Anotó el nombre de Kibai, la cantidad, la hora en la que se encontraba, la fecha y el Den-Den Mushi que le acababa de entregar. Revisó una vez más, antes de volver a mirar el pasillo por el que los dos individuos habían desaparecido y cerró el cuaderno con calma, volviendo a guardarlo en el bolsillo. Más tarde, cuando saliera de los juegos, se encargaría de llamar a su Jefe para darle la buena noticia. Al menos había logrado una misión cumplida, estaba orgulloso de su trabajo.
Pretendió volver de camino para encontrarse con Tezca, habiendo escuchado de fondo una voz que parecía buscar algo más. Lo vio desde el lugar en el que se encontraba. ¿Un cambio de sexo? ¿Incluso de raza? ¿Realmente se refería a eso? Nah, estaba bien tal y como estaba. ¿Quién querría cambiar cuando él ya estaba más que cómodo en su estado? Pudo ver venir a Akira a sus espaldas gracias a su Kenbunshoku, aunque no esperó que llegara de un salto. Elevó sus cejas con sorpresa, viendo que un nuevo Marine se presentaba frente a él. Su sonrisa se ensanchó, de oreja a oreja. ¿10Millones? Oh, eso estaba saliendo increíblemente bien. Extendió su mano cuando vio que planeaba estrechársela, haciendo lo mismo.

—Por supuesto, señor Marine. No me supone ningún problema prestarle esos 10 Millones.
Regresó calmadamente la mano en el bolsillo interior de su abrigo, retirando un segundo formulario, exactamente igual que el contrario. —No sé si escuchó las condiciones, si es necesario dígamelo y se lo repetiré. Sin embargo, debe tener en cuenta que nuestros intereses incrementan desde el Banco Goldreich. Aquí no tenemos una sede, y hacerlo sin una resulta complejo. Espero que sepa comprenderlo. — Le extendió el formulario y la pluma buscando con la mirada la persona de la que hablaba. Mira, qué casualidad, el propio Enji. —Me parece un trato excelente, por supuesto. No olvide que tiene que proporcionar su nombre, apellidos y División en la que esté. En caso de querer ponerlo a nombre de su Capitán Saint Vagelis Enji, puede hacerlo con su nombre si tiene la información e identificación correctas. Se quedará con una copia del formulario y otro donde puede encontrar nuestras sedes para la información extra que requiera. — Parece que, por el momento, antes de ver a Tezca, tendría que esperar un poco más. ¿Acaso era malo? No demasiado, por ahora iba a aprovechar esos negocios al máximo. Esperó pacientemente a que Akira realizara el relleno de formulario, sacando de nuevo su bloc de notas, haciendo las cuentas de las tasas, arrancando la hoja y pasándosela a él.

—Aquí tiene toda la información que necesite. Gracias por confiar en el Banco Goldreich.
Fue entonces cuando escuchó y, de nuevo con su Kenbunshoku, vio venir al propio Tezca. ¿Quizás le había hecho esperar demasiado? Lo escuchó hablar, disculpándose brevemente con Akira para prestarle atención. —Cariño... Estoy un poco... Ocup... — Pero no tuvo tiempo de terminar la frase. Al contrario, ahora estaba total y completamente confuso.

—Espera, ¿que vas a...? ¿En serio?
Miró a Akira de reojo, carraspeando. No podía delante de clientes hacer "favoritismos", o podría resultar negativo para el negocio. Cerró los ojos, con calma y, de nuevo, retiró un nuevo formulario y otra pluma. Menos mal que siempre tenía de repuesto para ello. —Diez millones ahora mismo, pero tiene que firmar esto. El beso puede ser más tarde, no te preocupes. Pero sí quiero un último beso como tú siendo hombre.— Luego, se acercó a su oído, susurrándole algo en voz baja, de forma que solo el rubio lo escuchase. Algo que, por el momento, quedaría solo entre ellos dos y nadie más, terminando con un guiño, regresando la atención a ambos.
Cajita de Tabaco
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