18-08-2026, 02:15 AM
(Última modificación: 18-08-2026, 02:18 AM por Nyra Kuroshiro.)
Noté a alguien colocándose cerca de nosotros y, cuando me giré para mirar, me sorprendió ver a Moja. ¿Quizás habría querido acompañar a Kibai él? Por un instante me planteé cederle mi lugar, pero Kibai ya me había cedido todas sus cosa y el tipo chamán no brujo ni hechicero se estaba acercando ya… No daba tiempo a hacer el cambio.
Había visto a cierta distancia cómo, uno a uno, quienes se iban ofreciendo caían desmayados (o asumía que estaban desmayados, porque sus compañeros parecían llevárselos medianamente tranquilos). Como nadie se queja, supongo que será normal…
Cuando llega nuestro turno, tras quejarse un poco por la protección y los insectos, Pawurs le pide el dinero y el mink leopardo se lo ofrece. Haibu Haibu no Mi… Qué nombres más raros tienen esas frutas.
Pero, por supuesto, no dejé que eso me distrajera.
Ya estaba preparada, así que agarro a Kibai rápidamente de uno de sus brazos y rápidamente lo pongo sobre mi hombro, procurando que su peso cayera sobre mi espalda. Es sólo un poco más alto que yo, pero sí más fuerte y corpulento, por lo que me aseguro de repetir el mismo proceso con el otro brazo y le agarro las piernas a la altura de mi cintura para llevarlo a caballito. De esa manera no se movería y podría cargarlo con total seguridad.
―Muchas gracias, ha sido usted muy amable… Espero que se recupere pronto ―sonrío al gyojin antes de marcharme a paso ligero de aquella arena, esperando que alguien se encargarse de la ciática del pobre anciano. En otras circunstancias me habría quedado a ayudarlo, ¡pero ya tengo a mi propia persona a la que ayudar ahora mismo!
Mientras me alejo, escucho la venta de las frutas y a alguien… ¿ofreciendo cambiar de sexo y raza? Qué curioso…, pero tampoco dejo que eso me distraiga.
Una vez de vuelta a la entrada de las gradas, me acerco al primer grupo de personas aladas que veo.
―Disculpad… ¿Sabéis dónde hay una enfermería? Creo que está bien, pero es para quedarme tranquila con una revisión... ―pregunto, sin estar segura de a dónde debería llevarlo.
Si no lo saben, volvería con el resto de marines; alguno de ellos debería saber de medi…
La imagen de Shin me vuelve, lo que me obliga a contener un suspiro. «Puede contarme más tarde qué le preocupa...». Eso había susurrado Jin. En su momento sonreí y asentí, sin saber qué otra cosa hacer, pero ¿qué le podría decir si ni siquiera yo sé lo que me ocurre?
No, no, no. Eso no es importante ahora.
Lo único que importa es asegurarme de que Kibai se recupera bien y de devolverle intactas todas y cada una de sus pertenencias.
Había visto a cierta distancia cómo, uno a uno, quienes se iban ofreciendo caían desmayados (o asumía que estaban desmayados, porque sus compañeros parecían llevárselos medianamente tranquilos). Como nadie se queja, supongo que será normal…
Cuando llega nuestro turno, tras quejarse un poco por la protección y los insectos, Pawurs le pide el dinero y el mink leopardo se lo ofrece. Haibu Haibu no Mi… Qué nombres más raros tienen esas frutas.
Pero, por supuesto, no dejé que eso me distrajera.
Ya estaba preparada, así que agarro a Kibai rápidamente de uno de sus brazos y rápidamente lo pongo sobre mi hombro, procurando que su peso cayera sobre mi espalda. Es sólo un poco más alto que yo, pero sí más fuerte y corpulento, por lo que me aseguro de repetir el mismo proceso con el otro brazo y le agarro las piernas a la altura de mi cintura para llevarlo a caballito. De esa manera no se movería y podría cargarlo con total seguridad.
―Muchas gracias, ha sido usted muy amable… Espero que se recupere pronto ―sonrío al gyojin antes de marcharme a paso ligero de aquella arena, esperando que alguien se encargarse de la ciática del pobre anciano. En otras circunstancias me habría quedado a ayudarlo, ¡pero ya tengo a mi propia persona a la que ayudar ahora mismo!
Mientras me alejo, escucho la venta de las frutas y a alguien… ¿ofreciendo cambiar de sexo y raza? Qué curioso…, pero tampoco dejo que eso me distraiga.
Una vez de vuelta a la entrada de las gradas, me acerco al primer grupo de personas aladas que veo.
―Disculpad… ¿Sabéis dónde hay una enfermería? Creo que está bien, pero es para quedarme tranquila con una revisión... ―pregunto, sin estar segura de a dónde debería llevarlo.
Si no lo saben, volvería con el resto de marines; alguno de ellos debería saber de medi…
La imagen de Shin me vuelve, lo que me obliga a contener un suspiro. «Puede contarme más tarde qué le preocupa...». Eso había susurrado Jin. En su momento sonreí y asentí, sin saber qué otra cosa hacer, pero ¿qué le podría decir si ni siquiera yo sé lo que me ocurre?
No, no, no. Eso no es importante ahora.
Lo único que importa es asegurarme de que Kibai se recupera bien y de devolverle intactas todas y cada una de sus pertenencias.
Kuroshiro
