La biblioteca de Alejandría parte 2: [PR] [Segundo tema de idioma Bai]
#8
Bai acarició una de las diminutas manos de Silencio con la yema del pulgar, mientras que una sonrisa suave, teñida de ternura, afloraba lentamente en sus labios. Y es que, pese a la extrema diferencia corpórea, para la muchacha, había algo enternecedor en aquel gesto por parte del primate.

Después, se volvió ligeramente para permitir que el diminuto ser se acomodara en la hendidura de cuello en busca de una postura más cómoda y dirigió la vista hacia Zhang, siguiendo con atención las explicaciones que daba sobre el significado de cuanto acababa de decir. Sin embargo, su atención apenas permaneció en él unos segundos pues, tan pronto como lo vio señalar los dibujos y las palabras, la birkiniana comenzó a alternar la mirada entre el pizarrón y Zhang en un intento por entenderlo todo.

—No somos ángeles... —murmuró, hablando consigo misma. Pero, su pequeñas alas, que querían llevarle la contraria, se estremecieron con un leve aleteo, reaccionado por sí mismas al ser reconocidas y demostrando que ellas sí eran dignas de dichos halagos.

No obstante, en cuanto Zhang volvió a tomar la palabra, su atención regresó de inmediato a la tiza y a los trazos que poblaban la pizarra procurando seguir el hilo de sus explicaciones y repitiendo mentalmente cada uno de los ejemplos que él iba desgranando. Pero eso no era suficiente para ella. Pues, de pronto, mitad del ejercicio, algo pareció quebrarse en su interior.

Al principio, el fue cambio sutil. Tan solo una leve vacilación que poco a poco se tornó en confusión que terminó dejándola petrificada.

Y es que, aquellas clases no giraban únicamente en torno a memorizar palabras -o al menos esa era su intención-. Sino que también buscaba adentrarse en los mecanismos ocultos de la gramática para que algún día pudiera hacer uso de la lengua común con naturalidad.

—Espera, espera, espera... —tomó algo de aire, como si necesitara saborear cada una de aquellas palabras antes de atreverse a soltarlas—. ¿No separáis la esencia de la cualidad? - preguntó, Bai frunciendo ligeramente el ceño.

—No sé si pueda asimilar tanto, Zhang...

A continuación se llevó una mano a la sien, todavía con cuidado por el vendaje y la volvió a masajear.

—Y hay otra cosa. ¿Por qué «havas» y «devas» suenan tan parecidas? —inquirió de nuevo, pronunciando ambas palabras con fuerza en un intento de remarcar la distinción en su idioma—. Si una significa tener y la otra tener que... No. No es lo mismo. La obligación no es lo mismo que la posesión.

Respiró con profundidad y guardó silencio durante unos segundos intentando recomponerse.

—Ambas cosas deberían de estar completamente separadas... —Murmuró para de nuevo guardar silencio dejando un breve espacio entre ambos —. Y ese sonido de «iun»... —Comenzó a decir mientras alzaba la mirada, buscando alguna explicación que pudiera encajar en su cabeza.

—¿Por qué decís «iun» ? Entre tengo y casa, por ejemplo, no debería ir «iun» ... No es «Tengo iuna casa» sino «Tengo casa».

Frustrada, dejó escapar un largo suspiro y los hombros se le vencieron ligeramente. Demasiadas palabras se habían acumulado en su cabeza en muy poco tiempo. Soy, eres, tenemos, un... Cada una de ellas parecía traer consigo más preguntas que respuestas. ¿Por qué no podía ser tan sencillo como en su lengua materna?

Allí no existían artículos. No había que detenerse a decidir si alguien era «un» médico, «el» médico o simplemente médico. La palabra existía y eso bastaba. Profesión, identidad, cualidad... todo quedaba contenido en ella sin necesidad de artificios adicionales.

¿Por qué la lengua común insistía en separar cosas que, para ella, siempre habían sido una sola?

—Necesito un momento, Zhang. Siento que la cabeza va a estallarme.

Y, por un instante, aquello le pareció una posibilidad muy real.

Las palabras latían unas contra otras dentro de su mente, superpuestas y confusas, reclamando atención al mismo tiempo. Sin embargo, pronto comprendió que no quería seguir pensando en ellas.

Así pues, permitió que la mirada vagara por la superficie de la mesa. Recorrió las vetas oscuras de la madera, los sinuosos caminos que se entrecruzaban formando dibujos caprichosos, y cerró los ojos mientras tomaba una lenta y profunda bocanada de aire.

Entonces una voz emergió de entre sus recuerdos. Era la voz de su madre.

—El idioma de mi madre era mucho más simple... —murmuró, sin llegar a ser consciente de haber hablado en voz alta.

Después volvió el rostro hacia Zhang y acarició distraídamente el pelaje del pequeño simio, que descansaba plácidamente sobre ella.

—Cuando era pequeña, solía cantarme en otra lengua. Me encantaba escucharla... Mi padre decía siempre que había heredado todos sus vicios fonéticos.

Bai bajó la mirada hacia la taza de té.

—Pero a mí me parecía hermosa... —añadió en un susurro cargado de melancolía.

Y entonces ocurrió.

Casi sin darse cuenta, una melodía olvidada comenzó a abrirse paso entre sus labios. Las palabras acudieron por sí solas, emergiendo desde algún rincón de la memoria incluso mucho antes de que pudiera detenerlas.

—Vals kruzhíl i nios meniá...
(El vals giró y me llevó.)

—Slóvna f skásku svayú maniá...
(Como si me arrastrara hacia mi propio cuento de hadas.)

—Piérvyj bal i piérvyj vals...
(El primer baile y el primer vals.)

—Zvuchát va mnié siejchás...
(Aún resuenan dentro de mí.)

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Bai Mudan
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RE: La biblioteca de Alejandría parte 2: [PR] [Segundo tema de idioma Bai] - por Bai Mudan - 18-08-2026, 01:34 PM

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