[Fic] [Entrenamiento] Dijeron que se podía ver sin ver
#1
03 de Primavera | Año 18
Presente Relativo


Capítulo 1: La aparición de un ser extraordinario.

Los juegos han terminado con un resultado que, si bien pudo ser mejor y dejó a Kiyoshi con gusto a poco, favorece bastante a la individualidad del personaje. Haber obtenido el primer lugar en la prueba de tiros, y con un buen margen de diferencia, además de ser reconocido por romper la marca del mismísimo emperador, le permite tener más confianza en sí mismo, una que a veces tambalea, pero que ha ido creciendo conforme avanza su vida como pirata. — Pero como le dije al tonto de Eros, debemos seguir avanzando. — No solo geográficamente, sino que en cuanto a fuerza. Su capitán lo nombró el mejor tirador de este mar, pero Kiyoshi no está tan convencido de esa aseveración. Solo fue una prueba en la que, la mayoría, demostró no estar capacitado. Competir contra novatos no indica nada, así que relajarse es algo que no se puede permitir.

Desde antes del arribo a Skypiea, un conocimiento llegó a los sepultureros: el haki. Información compartida por Onizuka Jin, y que no ha abandonado la cabeza de ninguno de los piratas en todo este tiempo. La misión estaba clara, debían aprender ese poder. A priori, los llevaría al siguiente nivel. Deben tomar el desafío. Kiyoshi está listo.

La casualidad termina por favorecer a nuestro muchacho, pues el primer día de los siete que puede quedarse en la isla, a sus oídos llegó una información aparentemente conocida por todos. Aquí se encuentra la persona predilecta para enseñarle esta habilidad. Bueno, en realidad hay más de una, pero Kiyoshi solo pudo acceder al dato de una persona. — El poblado Birka. — Ir hasta ahí no solo le ayudará a volverse más fuerte, sino también aprender a convivir más con las personas de esta isla, conocer su cultura y sus costumbres. No hay por dónde arrepentirse.

En un bolso guarda todo lo necesario, rifle en la espalda, como siempre. Pues, aunque Skypiea está demostrando ser un lugar seguro, como pirata, confiarse y subestimar la seguridad propia puede ser un error que se pague con la muerte. Casualmente, no informa directamente nada a sus compañeros. Solo les deja una nota, al costado de un jabón nuevo, en la que indica que, cuando regrese, será más fuerte aún.

No es la primera vez que se aleja de sus compañeros para entrenar. De hecho, le gusta hacerlo más solo, o con desconocidos, que con ellos. Es productivo practicar con sus amigos, no lo niega, pero se cohíbe un poco. Hay aspectos en su personalidad que aún debe trabajar.

— Me pregunto qué clase de persona será. — Recordemos que Kiyoshi no es la persona más fácil de tratar. Aunque, dentro de su mente, él sea siempre educado, la realidad marca otra cosa.

La llegada al poblado, al suroeste de Skypiea, se da con normalidad. Durante el camino tuvo que preguntarles a habitantes de la isla algunas indicaciones, y más de alguno lo reconoció por los Juegos, mostrándose amable en la función de guía. Un poco insegura es que se adentra en la nueva zona, una que no ha visitado hasta ahora. Tiene dudas de si efectivamente siguió las instrucciones al pie de la letra. En medio de un parque adornado por varios árboles y bancas en la que sentarse, encuentra a una muchacha. Por sus facciones luce joven, y es unos años más pequeña que él en edad. En apariencia, sí luce joven. — Seguramente ande paseando por aquí. — Como está dándole la espalda, Kiyoshi rodea con tres metros de distancia la figura para poder acercarse desde el frente y así interactuar con ella.

— Buenos días, tonta. — Pues son las 10 de la mañana. — ¿Es este el poblado Barka? No soy de por acá, así que ando desorientado. — En la chica destaca la larga falda que viste, además de esos ojos verdes que deben cautivar a chicos de su edad. — ¿Tonta? — Parece que tal insulto absolutamente de la nada la ha dejado descolocada. En su rostro se refleja la sorpresa. Sin embargo, pronto adopta un temple más calmado. Afortunadamente para Kiyoshi, está frente a una joven que se destaca por la madurez que intenta demostrar día a día. — No está perdido. Efectivamente está en Birka. — Kiyoshi suspira, llevando la diestra al pecho. Ya ha caminado bastante y está cansado, por lo que haberse equivocado de camino habría sido fatal. — ¿Puedo saber a qué ha venido hasta acá? — El médico se voltea, dándole la espalda, pareciendo que no le da mucha importancia al tratarse de alguien menor. No le considera importante, y ahí radica su grave error. — Me dijeron que aquí puedo encontrar un maestro increíble.

El dar la espalda tiene un aspecto positivo. Dejando más a la vista el rifle que carga, parece que la rubia consigue reconocerlo, pudiendo dar con la identidad de Kiyoshi. — Si no me equivoco, tú eres el hombre que obtuvo el primer lugar en la Prueba de Certeza. Sin duda la lejanía de tu disparo llamó la atención. — Este comentario lo toma con la guardia baja. Aún le cuesta asimilar que llamó la atención para bien en ese evento, obteniendo mejor puntaje que tipos fuertes como Eros y Varo Ganchin. Lleva la mano hasta su cabeza, la cual rasca únicamente como tic nervioso. — Aún tengo mucho por mejorar. No hice todo lo que hubiera podido. — Empuña la misma mano que antes. La muchacha sonríe. — Así que por eso buscas a quien te ayude. La verdad es que hay personas muy capacitadas entre nosotros. — Capta un poco la atención de Kiyoshi, aunque sigue sin mirarla. — Seguramente se tratará de alguien de apariencia imponente. — Ella no tarda en responder. — ¿Como yo? — Ahora sí, el médico se voltea. La mira hacia abajo, obviamente. Hay casi 30 centímetros de diferencia entre uno y otro. — Lo siento, tonta, pero solo eres una niña. La persona que busco…

Un segundo de distracción, un momento en el que baja la guardia y la situación cambia radicalmente. El mundo comienza a girar, su cabeza se mueve y los ojos no son capaces de enfocar la figura que tiene al frente. Para cuando se da cuenta y todo se estabiliza, su cuerpo duele producto de un impacto. — ¿Qué diablos… — Está boca arriba, en el suelo. Alguien lo ha tirado con una fuerza y maestría propias de un experto. La muchacha demostró que no es solo una niña de por ahí, sino que posee una capacidad física exageradamente superior a Kiyoshi. — No sentí que se esfuerce, y sin duda parece más débil que Eros. Pero… — ¿Realmente juzgará el libro por su portada?

Ahora sí que sí. No aparta los ojos de ella. Lo curioso es que ha tenido que ser derribado para que al fin le demuestre respeto. Ella, orgullosa, manteniendo el temple, pero colocando los brazos en jarra con orgullo, finalmente se presenta. — Jalindra, y espero que no olvides mi nombre. — Que esté segura de que eso no sucederá. No después de lo que acaba de hacer.


Capítulo 2: La presentación de un nuevo poder.

Kiyoshi se pone de pie y sacude su ropa, la cual quedó sucia de césped. — Espero que mantengan bien cuidado este lugar y no haya bichos o algo similar. — Jalindra la ve con curiosidad, intentando conocer un poco al tipo que acaba de presentarse frente a ella. — Descuida, este sitio está perfecto. No tienes que preocuparte por nada. — Kiyoshi duda un momento, pero termina por hacer caso. Eso no evita que, desde los bolsillos interiores de su chaqueta, saque un jabón líquido que usa para higienizar sus manos. — ¿Y bien, ya puedo saber qué es aquello que vienes a mejorar? Sé mucho sobre este poblado, podré guiarte hacia quien buscas. — El médico no debe pensarlo mucho, lo tiene más que claro. — Haki. — No ha olvidado esa palabra. — Un poder misterioso que me enseñó un tonto. Sin poder verme, pudo saber dónde estaba. Fue… increíble. — Le cuesta mencionar la última palabra, pues la estaría asociando al tonto de Onizuka Jin. Realmente le da asco. — Ya veo, conque conoces a un ser del mar azul capaz de utilizar Kenbunshoku. — Kiyoshi, que por unos segundos miró el suelo mientras pensaba, alza la mirada, visiblemente sorprendido. La mascarilla blanca que cubre su boca no impide que las facciones sean reconocibles.

— ¿Kenbun…shoku? — Ella asiente.

Una leve sonrisa aparece en el rostro de Jalindra, mientras se sujeta las manos detrás de la espalda. — ¿Habrá usado esa palabra? No lo recuerdo. — Por mucho que tenga una memoria predilecta con las imágenes, no ocurre lo mismo con las palabras. — Es la habilidad para poder ver sin ver. Impresionante, ¿no te parece? — Esas palabras…

¿De dónde le sonarán?

— Veo que no solo eres fuerte, sino que también sabes bastante. — Tranquila, la muchacha cierra los ojos. Se esfuerza por no mostrar una sonrisa fanfarrona y seguir manteniendo su imagen de adulta madura y seria. — He entrenado en el arte del haki a más personas de las que podrías creer.

— Un momento, ¿acaso tú…? — Ella asiente.
— Yo soy la persona que estás buscando, tú… Será mejor que me digas tu nombre.
— K-Kiyoshi. — Se apura en contestar, aunque sigue anonadado.

Ha dado con la persona correcta.

Normalmente no le creería, pero viendo lo que hizo segundos antes con su cuerpo, no puede poner en duda la capacidad, o como mínimo el potencial, de esta chica. — Lamento la confusión, yo quisiera pe… — No alcanza a terminar la frase, pues Jalindra levanta la mano zurda con la palma abierta, solicitando silencio con ese gesto. — Te perdonaré el que me hayas dicho tonta. Creo que tienes potencial, así que no sentiré una pérdida de tiempo el ayudarte. Eso sí, espero que des todo de ti, porque luego de entrenar conmigo saldrás hecho un hombre nuevo. — Kiyoshi traga saliva, pues eso es justamente lo que quiere. Haber mejorado bastante desde su etapa en el South Blue no es suficiente. Reconocimiento en Skypiea, tampoco. Quiere más. Por él. Por sus compañeros. Por sus padres. Por todo en lo que cree.

Nuevamente, tal como sucedió antes, un momento de vacilación y todo cambia. No es capaz de verla, y cuando se entera de su nueva ubicación, Jalindra ya está en su espalda. Con delicadeza extrae el ritmo que ahí se encuentra sujeto y da un pequeño salto hacia atrás, situándose a cinco metros de distancia de Kiyoshi. Por supuesto, a él no le gusta la idea de ser despojado de su arma. Que no es solo un arma. Es el recuerdo de su padre.

— Ey, dame eso.
— No lo necesitarás durante la primera mitad del entrenamiento.
— No me importa. Dámelo. Ahora.
— Empezamos con la práctica, Kiyoshi. Calmarte y mantener tus emociones controladas es lo primero que necesitas.
— Que me la des…

Sale corriendo en su dirección, con ambas manos apuntando hacia ella para intentar agarrarla y así recuperar lo que le pertenece. Otra vez, ella demuestra ser más rápida. Un sutil salto es más que necesario para apoyar el pie izquierdo en la cabeza del pirata y usarlo como impulso para volver a alejarse. Kiyoshi no tuvo oportunidad de tomarla. — Confía en mí. Se nota que es algo valioso para ti, pero solo será un estorbo para lo que se viene. Aunque no te preocupes, si avanzas, sin duda que necesitaremos este muy cuidado rifle para que te hagas más fuerte. — No parece muy convencido, pero no le queda otra que aceptar. Debe reprimir ese impulso de ser terco con el objetivo de mejorar.

Pasa media hora entre que se conocen un poco más y la maestra la guía hacia un sector en donde podrán estar tranquilos. Si bien nadie interrumpió el encuentro de antes, ya muchos habitantes del poblado estaban empezando a aparecer, causando ruido normal del día a día. Lo que sí llamó la atención del protagonista es que a nadie le sorprendió que estuviese yendo con Jalindra. Parece ser cierto que ha entrenado a mucha gente. El resto lo ve como cotidiano.

El nuevo contexto en el que se sitúa esta historia es el patio trasero de una vivienda. Áreas verdes, piso pavimentado. La casa también luce acogedora y todo muy ordenado y limpio. A Kiyoshi le agrada.

Le pide que se siente sobre la madera que, si bien se ve perfectamente limpia, Kiyoshi deja ver su inseguridad al respecto y se toma unos segundos para limpiar con su propio equipo de higiene. Jalindra solo se limita a observar, curiosa de la forma de ser tan excéntrica de su nuevo pupilo. Una vez está todo listo, se sienta. Ella se para al frente, manteniendo tres metros de distancia, y comienza la clase.

— Bien, Kiyoshi. Hoy mismo comenzaremos. — Él solo asiente tranquilo. — El haki es más amplio de lo que crees, no es una sola cosa, pero como ya tienes nociones del Kenbunshoku, será en eso que me centraré primero. Espero que estés de acuerdo con mi idea. — Le interesa, pues una habilidad como la utilizada por Jin en Jaya sin duda llama la atención. Además, podría enseñárselo a Eros en caso de que él no pueda aprenderlo por su cuenta. De entre todos los sepultureros, es quien más tiene problemas para ver lo que ocurre en los combates, teniendo que valerse principalmente de su capacidad olfativa.

— Para empezar, el haki es una fuerza que tenemos todos los seres vivos. Tú mismo posees esa energía desde el día en que naciste. — Kiyoshi abre los ojos de par en par, sorprendido por la revelación. — Lo que ocurre es que muy pocos en el mundo son capaces de utilizarlo. Pero tranquilo. Aunque soy joven, soy bastante hábil. Nunca alguien que se esforzó en aprender, se fue de aquí sin resultados. — Aquí ya empezamos a ver rasgos de la personalidad de la maestra. Curiosamente, sus palabras motivan mucho al médico. Sabe lo que es esforzarse, dar todo lo que tiene hasta que sus piernas no dan más. — Lo lograré. — Estas dos palabras muy significativas se las repite una y otra vez dentro de su mente, deseando hacerlas realidad.

— Nuestro objetivo es que dejes de depender de tus ojos. Entiendo que, al ser un francotirador, tener la vista afilada es extremadamente necesario para ti. Sin embargo, si sigues dependiendo del sentido de la vista todo el tiempo, no podrás dominar este poder. — Lo pone en un aprieto, pero él solo aprieta las manos, empuñándolas, y armándose de valor para seguir adelante. Primero, lo despojó de su arma. Ahora, de su vista. Es como si estuviese quedando desnudo en este mundo tan peligroso, y solo, pues ya no tiene a sus compañeros con él. Aun así, sigue para adelante. No se rinde. — Comprendo.

Jalindra le hace un gesto con la diestra para que se levante y vaya con él. Kiyoshi obedece, acercándose hasta detenerse en una distancia prudente de medio metro. — Creo que no te gustará, pero siéntate aquí, en el suelo. — Kiyoshi no dice nada, pero la expresión en su rostro transmite perfectamente lo que siente: no quiere hacer eso. — Debes convivir con la naturaleza. La suciedad no es mala. Además, barro seguido. — Él mantiene el silencio, y también la expresión. Su opinión no cambia. — Hazlo, es vital en el entrenamiento. — No queda de otra. Con cara de pocos amigos, y soltando un profundo suspiro, accede y toma asiento, cruzándose de piernas. — Bien, quédate aquí. Ya regreso. — Cada segundo en soledad, y sentado en el suelo, se siente como el infierno.

No escucha a Jalindra cuando regresa, y solo se percata de la presencia ajena cuando una venda tapa su vista y comienza a atarse en su nuca, privándole de ver. — Espe… — La muchacha sisea, posando el dedo índice en los labios ajenos, exigiendo silencio con pasividad. — Tranquilo. Conmigo aquí, tu maestra, nada pasará. — Mucha palabrería, pero Kiyoshi evidentemente está tenso. Su cuerpo sufre pequeños espasmos y un temblor generalizado. Se siente indefenso, como cuando era un niño incapaz de dar cara al mundo. Después de tantos años y tanto esfuerzo, creyó que esa faceta suya fue eliminada. Ahora se da cuenta de que no.

— Respira. Relájate. No pienses. No temas. Solo deja que tus oídos escuchen. Que tu nariz huela. Que tu cuerpo palpe la tierra. No solo debes ver con los ojos. Debes percatarte del mundo con todo tu cuerpo. Eso es lo que debemos lograr, Kiyoshi. — Afortunadamente, se trata de un médico. Conoce técnicas de respiración y las aplica. Lentamente, su cuerpo empieza a reaccionar como debe, como le pide su maestra. El sudor que recorría su cuerpo deja de ser tan intenso. Los pensamientos negativos que le invadían comienzan a alejarse. Hace caso omiso a la idea de no pensar, sino que intenta controlar las imágenes que ve dentro de su cabeza. Piensa en cirugías, en aplicaciones medidas en las que requiere concentración y precisión. Conoce trucos psicológicos, aunque no sea su especialidad, por lo que pone todo en práctica con tal de avanzar en el entrenamiento. — ¿Cuánto tiempo debo estar así? ¿Ya llevo mucho tiempo? ¿Debería revisar mi reloj? — Comete un grave error, pues estas ideas que le surgen terminan con su concentración, regresándolo a un estado de nerviosismo. Sus cejas tiemblan y también su cuerpo, sucumbiendo y abriendo los ojos, aun cubiertos con la venda. Se deja caer hacia atrás, con los brazos abiertos. Se ha rendido. Por ahora. Jalindra suspira, aunque no decepcionada. Sabe que no lo logrará de un momento para otro.

— Para lo mal que te veías al principio, duraste más de lo que pensé. No te preocupes, te esperan largos días a mi lado para que puedas utilizar esta habilidad. Soy una persona paciente, así que no intentes apurarte. — Procede a retirarse para dejar a Kiyoshi a solas. Durante este tiempo, piensa, medita, reflexiona. Intenta buscar por su cuenta algún método para estar relajado más tiempo, sin importarle estar cegado. Para un francotirador, esta situación es bastante incómoda, pero se da ánimos a sí mismo con la idea de hacerse más fuerte. Además… — Si el tonto de Jin pudo aprenderlo, con más razón yo debería. No hay forma en que me vaya de aquí sin controlar este haki. — El hecho de imaginarse a Eros diciéndole que es peor que Jin le da mucho miedo, pero a la vez le da una dosis de adrenalina y motivación necesarias para afrontar lo que se viene. Y así, ha comenzado el entrenamiento.


Capítulo 3: No ver; sentir.

Han pasado unas horas desde que inició su entrenamiento con Jalindra. Amablemente, ella le informa que le permite quedarse en la residencia. Al ser Kiyoshi un tipo limpio y ordenado, no debería causar incomodidad su presencia. Entre sus muchos defectos algo bueno debía haber. Pasa un buen tiempo sentado, tanto que incluso llega a dolerle el trasero. Se queja, pero sigue adelante. No llama a sus compañeros por Den Den Mushi, pues teme distraerse o sentir ganas de regresar al Black Widow. Es pronto aún, apenas llegó y su motivación sigue latente. Además, con lo que ha hablado con Jalindra, de buenas a primeras asume que pueden llevarse bien. Ha demostrado ser una muchacha con buenos valores, bien educada y madura. No esperaba eso de una chica de su edad, aunque desconoce los años concretos. Recordemos que, en un principio, a Kiyoshi le cuesta mucho relacionarse con personas nuevas. En este caso, a pesar de ser mayor, decide verla como su maestra al ser la persona adecuada para enseñarle este nuevo poder. Por tanto, sigue al pie de la letra sus instrucciones, por mucho que a veces vayan en contra de sus costumbres, como lo es sentarse en el suelo.

— Hoy lo dedicaremos a un juego, Kiyoshi. — Es el primer mensaje de la mañana, después de desayunar. Es el segundo día. — ¿Acaso se ha vuelto loca? — La trata de usted. — Sigamos entrenando. — Ella suelta una risa controlada. — Es parte del entrenamiento. Jugaremos a las escondidas. Aunque claro, solo yo lo haré. — Kiyoshi piensa; le ve sentido al juego. Lo tomará como un ejercicio. — Como siempre, deberás quedarte sentado y quieto, con los ojos vendados. Yo procederé a esconderme en algún rincón de este patio. A veces, haré ruido; otras, te dejaré seguir mi olor. La idea es que puedas saber, al menos, en qué dirección me fui. Debes trabajar tus otros sentidos, no la vista. Recuerda. Siente, no veas. — Kiyoshi asiente y, como se ha hecho costumbre, él mismo se venda los ojos. Es más, hasta consiguió una venda más ancha que la otra, para así estar más seguro todavía de que no verá más que la oscuridad misma. Luego, cuando ya ha tomado asiento de piernas cruzadas y las manos apoyadas en sus muslos, comienza el juego.

Jalindra se marcha. Suelta una risita en un sitio, luego deja caer pisadas en otro, para finalmente detenerse en una dirección diferente. Busca confundir a su alumno, jamás dijo que se lo pondría sencillo.

Kiyoshi mueve la cabeza hacia la izquierda. Luego, hacia derecha. Después, gira el cuello para fijarse hacia atrás. Trata de dar con un rastro, una pista, cualquier cosa que le permita casarse con una dirección y elegirla. — Piensa, tonto. Primero un sitio, luego otro. Sigue un patrón. Recuerda el patio. — Que por algo tiene una memoria privilegiada. — ¿Dónde… dónde estás? — Su mente desea sucumbir, caer ante la desesperación. En el fondo, sabe que ese es un error. No debe olvidar lo trabajado las horas previas. Calmarse, relajarse, olvidarse de la vista y lograr que sea todo el cuerpo el que se conecte con el ambiente para percibir otra presencia. — Estás… — Parece que ya se le olvidó lo de tratarla de usted. Seguramente aquello no lo hace de forma natural, sino que se fuerza a tener una relación de respeto para con su maestra. — No, allá no… — Decide, luego se arrepiente. Piensa, después se deja llevar. Finalmente, suspira y deja caer los brazos por los costados de su cuerpo. — Me rindo, no lo sé. — Incluso se quita la venda, depositándola sobre sus muslos, mirándola con dejes de frustración. Rápidamente, Jalindra entra en escena.

Desde la retaguardia del médico, la rubia se inclina hacia delante y posiciona ambas manos sobre sus hombros. — Tranquilo. No lo ibas a lograr en el primer intento. Valoro que te mantengas tranquilo y relajado. Vas mejorando en eso, pues pareces algo intenso con algunas cosas. — Aún con esas palabras de ánimo, Kiyoshi no se siente conforme. — Iba bien. Cuando empecé a pensar demasiado y a buscarle la lógica a tus movimientos, me trabé. — Jalindra sabe la respuesta a eso. — Es que no pienses, solo siénteme. Ve con tus otros sentidos. Ve la energía de mi cuerpo. No debes pensar, solo ver. Sentir. — Kiyoshi se marea. — ¿Pero cómo…? — Ahora, le hace pat pat en la cabeza. De normal, le molestaría. Ahora, lo tolera. — Tranquilo. Si te dejas vencer por tu propia cabeza, jamás lo lograrás. — Y él, como médico, sabe perfectamente eso. — No soy tan tonto como cree… Debo seguir. Si el tonto de Jin pudo, yo también. No tendría sentido que no.

La jornada sigue con el mismo juego. Los primeros intentos, no daba ninguna respuesta. Luego, pasadas las horas y tras habiendo tomado varios breves cansancios, comenzó a nombrar direcciones, aunque siempre falló. Eso sí, en dos estuvo cerca, aunque Jalindra no se lo quiso decir. Le mintió diciéndole que era en otro lado más lejos. Quiere poner a prueba su mente, fortalecerla, que tanto mente, cuerpo y espíritu lleguen al siguiente nivel. Kiyoshi debe ser una persona totalmente distinta cuando se vaya de Skypiea, y Jalindra se encargará de que así sea.

Las horas pasan y el juego se mantiene. Puede verse como un juego infantil, pero ambos se lo toman en serio. Está tomando más tiempo del que le gustaría a Kiyoshi, y eso le hace frustrarse. El estar callado y de ojos cerrados le obliga a estar a solas con su propia mente. Ahí, siguen atacándole ideas sobre dejarlo, seguir dependiendo de su rifle y sus compañeros, y dejar de lado este nuevo poder que parece tan raro. ¿Cómo se supone que verá sin los ojos? Por mucho que Jin lo haya demostrado, piensa que quizás es un truco, suerte, o lo que sea. Aun así, su maestra siempre se encarga de motivarlo. Han intercambiado papeles en el juego como método de demostración de que el Haki de observación realmente existe y funciona, siendo esos momentos en que a Kiyoshi se le va el pesimismo y busca nuevamente controlar su mente.

Llega el punto en que el avance comienza a notarse. Deja de afligirse, su concentración dura más, su cuerpo aprende a conectarse con su entorno. Quién lo diría. Quizás por coincidencia. Tal vez por suerte. Lo que importa es que acierta. — Allá. — Donde apunta, hacia su izquierda, apoyando la espalda en la pared, mientras está de brazos cruzados y un rostro tranquilo y serio como ninguno, se encuentra Jalindra. Su expresión cambia a una pequeña sonrisa, procediendo a descruzar extremidades y dar un leve aplauso. — Bien hecho, Kiyoshi. ¿Ves que sí podías? ¿Ves que todo este juego no era solo un invento de mi parte? — Normalmente, el médico se molestaría, pues tendría que dejar de lado su terquedad y darle la razón de mala gana. Pero ahora es diferente. La práctica no solo le permite mejorar en la obtención de esta habilidad, sino también crecer como persona. Porque, aunque sea un tipo de casi treinta años, sigue madurando, sigue evolucionando. Cada día debe ser mejor. Por eso está aquí dándolo todo.


Capítulo 3: Diferéncialos; el aura.

— ¿Qué es… eso? — Ambos protagonistas de esta historia se encuentran comiendo algo durante la tarde, uno frente al otro, en la mesa que tiene la muchacha en casa. Kiyoshi no es un experto cocinando, y seguramente nunca lo será, pero uno que otro secreto ha aprendido de Uker, que le basta para sobrevivir en caso de que algún día deba sobrevivir por su cuenta y no cuente con dinero para ir a un restaurante. Además, esforzarse en este tipo de cosas le hace sentir que está devolviendo, aunque en una mínima parte, el favor que su maestra le está haciendo. Hay que ser un buen conviviente, por mucho que sea algo momentáneo.

Ahora en particular, mientras comen, Kiyoshi aparta los palillos de su boca y los mantiene en el aire, con el respectivo alimento entre ellos. Sus ojos se plantan fijos en el rostro de la chica, quien se extraña por este comportamiento tan repentino en su pupilo. — ¿De qué hablas? ¿Acaso tengo algo en la cara? — Procede a tocarse con la diestra, pero no encuentra ninguna migaja de comida. Kiyoshi no le responde, solo la mira, como si fuese la persona más interesante del mundo y no pueda perderse ningún detalle de su apariencia. Llega el punto en que es incómodo, por lo que su rostro sereno comienza a adornarse con una mueca de molestia. — Ya es suficiente, Kiyoshi. Me estás molestando. — Quizás las palabras son las adecuadas, o tal vez solo esperó el tiempo suficiente. El rostro sorprendido de Kiyoshi no cambia, pero al fin recupera el habla, a la vez que apunta el cuerpo ajeno con el índice derecho. Ya ha dejado caer los palillos sobre su plato. — Un color… ¿Me habré vuelto un tonto loco? — No sabe describir lo que aparece, de la nada, frente a él. Es la primera vez que le pasa, por lo que no sabe cómo reaccionar. Por eso es que solo guardó silencio mientras la miraba. Afortunadamente, Jalindra sabe qué está sucediendo, por lo que, tras soltar un profundo suspiro que logra verse a la altura de su pecho, se relaja.

Una pequeña risita procede a escapar de sus labios, junto a esa voz tan tranquila que la caracteriza. Por muy joven que sea, posee un temple que muchos adultos desearían. — Así que estás viendo mi aura. Eso es perfecto, pensé que te tomaría más tiempo. — La palabra, sin duda, llama la atención del médico. — ¿Aura? — La palabra impone, obliga a respetar. Sin embargo, no lo entiende. — ¿Qué es eso? O sea, es algo que se escucha, pero en historias fantásticas que te cuentan tus padres de niño. Que lo digas ahora es… — Cuanto menos peculiar, claro.

— Para explicarlo en palabras simples, puedes ver una especie de silueta en mí, y en todos. Cada quien tiene su color distintivo. El mío es diferente el tuyo. El nuestro será diferente al de tus compañeros. Es un paso muy importante en tu entrenamiento, pues así podrás vernos e identificarnos a todos aun cuando no veas nuestra apariencia. Impresionante, ¿no te parece?

Kiyoshi está anonadado, pero intenta tomarse con calma la información recibida. Parte de la práctica para dominar el Haki de observación es estar tranquilo, y este tipo de datos choqueantes son una buena prueba. — Tengo mucha curiosidad por saber cómo son las tontas auras de los tontos de mis compañeros. Pero es pronto para volver. — En lo que termina de hablar, Jalindra se ha puesto de pie, procediendo a retroceder varios pasos, mirando siempre a Kiyoshi. Llega un punto en que su aura desaparece. — ¿Qué pasó? Ya no veo nada. — Ella asiente mientras se toma la barbilla con la zurda, en señal pensativa. — Tienes un rango muy corto. Es lo normal, pues es la primera vez que consigues ver el aura. No te preocupes, solo es cuestión de tiempo para que puedas extenderlo. Ya llevamos harto entrenando juntos, pero eso no significa que estás listo. Como te digo siempre, paso a paso. Conmigo al frente, te irás de aquí siendo un hombre nuevo. — Estas palabras resuenan una y otra vez en su cabeza. Siempre que su maestra dice algo así, la motivación crece dentro de su cuerpo. — Pues no perdamos más el tiempo. Sigamos entrenando. — Cualquiera pensaría que se pondría de pie y se iría inmediatamente. Pero no. A estas alturas de su historia, todos conocemos a Kiyoshi. Primero levanta la mesa, lava bien todos los platos y cubiertos, y recién ahí queda libre para todo lo que tenga que ver con Haki. En su vida, la limpieza está primero, segundo y tercero. Luego viene todo lo demás.

El escenario se transporta al poblado, uno que apenas vio en su llegada, y que nada ha visitado desde que comenzó el entrenamiento. Básicamente, todo este tiempo se la ha pasado encerrado en el patio trasero de la casa de su maestra. No ha tenido tiempo de distraerse con otras cosas, sino que se ha mantenido enfocado. Si bien este paseo que propone Jalindra tiene una intención para el entrenamiento, también servirá para estirar las piernas de un modo diferente. Incluso, Kiyoshi toma la decisión de dejar la mascarilla en casa, permitiéndose respirar aire puro y limpio. La rubia le ha contado durante este tiempo que el poblado es un sitio en el que tiene que confiar, que se hace una buena limpieza y se intenta cuidar la naturaleza. En primera instancia, el varón dudó. Con el paso del tiempo, la figura de Jalindra se volvió mucho más confiable antes sus ojos, por lo que ya cree fervientemente en sus instrucciones, en todo lo que le transmite.

— Caminemos lento, Kiyoshi. — Él obedece. De todas formas, odia apurarse. Le cansa muy rápido. — Hasta ahora, has intentado estar calmado en estado de quietud. Básicamente, al sentarte, requieres menos esfuerzo, lo que ha ayudado a que vayas despertando poco a poco tu habilidad para utilizar haki. — Es curioso. Jalindra habla en voz alta mientras muchas personas caminan alrededor de ellos. Sin embargo, a nadie le sorprende escuchar la charla. Parece ser que este poder es misterioso únicamente para él y sus compañeros. O, como les llamaban durante los Juegos del Soberano, “los del mar azul”. Aun así, Kiyoshi los mira extrañados. La maestra continúa la charla. — Debes entender que no pelearás sentado, y la idea, ya que eres pirata, es que puedas mantenerlo activo aún en movimiento. Lo que queremos lograr cuando terminemos el entrenamiento es que usar haki lo sientas tan normal como respirar. Claro, si algo te pasa y causa que tu calma desaparezca, no importa la práctica. Por eso mismo es que hemos ido trabajando mucho la mente, que crezcas en el aspecto psicológico. Eres médico, así que espero que entiendas de lo que hablo. — Él se apresura en contestar. — Por supuesto que sí.

— De acuerdo, entonces concéntrate, sin detenerte, e intenta ver el aura de las personas que te rodean. — Suena más simple de lo que parece. Kiyoshi, a quien de por sí no le gusta caminar, avanza más lento de lo normal mientras cierra los ojos, queriendo imitar lo que ha hecho durante largas horas. Lamentablemente, comete un error garrafal. ¿Es que no le cabe en la cabeza que va andando por la calle? Durante el momento en que intenta controlar su respiración, choca con un pilar de madera, el cual sostiene el techo de un templo. El golpe se lo lleva en seco, pues es totalmente inesperado. Al chocar, causa un efecto rebote que, debido al peso que posee, cae como un trapo hacia atrás, quedando con la espalda contra el piso. No solo Jalindra se acerca a verlo, sino varios birkanianos que andan cerca, preocupados por el estado del humano. En vez de ver a un hombre herido e impactado, se encuentran con la furia hecha ser vivo. Su rostro está rojo, sus ojos transmiten odio, la piel parece hecha de roca por las muecas que muestra.

No está enojado por el golpe. No está molesto por haber fallado en el entrenamiento. El odio que siente es por haber hecho el ridículo en público. De por sí, le fastidia una enormidad ser el centro de atención. Pues, en este instante, todo el mundo tiene fijos sus ojos en él. No hay nadie, en un perímetro de 20 metros a la redonda, que no lo esté viendo.

Quiere gritar. Desea dispararles a todos. Ansía marcharse y no volver jamás. Cree que fue un pésimo error venir a este sitio a entrenar. Eso habría sucedido en cualquier otro caso. Pero, justo hoy, no está solo. Y la persona que le acompaña tiene un temple que ya podría intentar copiar Kiyoshi. Jalindra hace gestos con ambas manos, insinuándole a todos que se aparten y le den espacio a su pupilo. Ya se sabía, pero aquí se confirma aún más la importancia que tiene esta chica en el poblado. Nadie replica ni se atreve a quejarse. Simplemente, todos hacen caso. Se miran entre ellos y retroceden, aunque siguen observando la escena con Kiyoshi como protagonista. En un santiamén, el protagonista de esta historia solo ve, hacia arriba, el rostro de su maestra. Una leve y linda sonrisa hace de adorno, la cual contrasta de manera brutal con la expresión de Kiyoshi. — Sabes muy bien lo que tienes que hacer, ¿no? Estoy segura de que no hemos perdido el tiempo. — Algo hace clic dentro de su mente. Su cara deja de estar tan tensa y sus ojos, afilados hasta ahora, se apaciguan, como una corriente marítima a punto de arrasar con la costa, pero que se regresa al fondo del mar. — Tranquilízate, Kiyoshi. No pasa nada. Solo fue un accidente… — Esas palabras las repite una y otra vez dentro de su mente. No puede dejarse controlar emociones, menos por las negativas. De lo contrario, ¿de qué serviría tanta práctica diaria? Se muerde el labio inferior con fuerza. Lo chistoso es que es evidente para todo el esfuerzo que hace para calmarse. Más de alguno se ve obligado a reprimir una risa burlesca por tan cómica escena. Afortunadamente, todos se controlan, lo que ayuda a que Kiyoshi comience a derrotar a su parte interna tan gruñona.

— Está… bien… No pasó… nada… — Le cuesta hablar, vaya que le cuesta. Jalindra solo ríe un poco. Desciende el brazo derecho para que los dedos índice y medio den un pequeño golpe en la frente de Kiyoshi. — Eso es. No esperaba menos de mi aplicado alumno. — Lentamente, el médico se levanta. Ve su ropa sucia por el polvo gracias a la caída, pero sus manos enguantadas se encargan de sacudir lo mejor posible. No hacen un trabajo excelso, pero de algo servirá para no verse tan impresentable frente al resto.

Ahora el problema radica en que todos siguen mirándolo. Jalindra se percata de la incomodidad creciente en su alumno, por lo que vuelve a alzar la voz. No debe gritar, tampoco ponerse dura. Ella simplemente habla y el resto obedece. Es realmente increíble. — Por favor, sigan todos con lo que estaban haciendo. Permitan que nosotros hagamos nuestro paseo como lo teníamos previsto. — Solo asienten y se retiran, fingiendo que aquí no ha pasado nada. — Gracias. — No duda en agradecer, puesto que entiende que esto lo ha hecho por él. Es un gruñón y tiende a insultar, pero, en el fondo, es un tipo con clase y buenos valores. Eso nadie lo puede negar.

Finalmente, se retoma la caminata. Aunque no puedan creerlo, el reciente hecho fortuito termina por ser positivo para Kiyoshi. El poder calmarse en un contexto donde normalmente hubiese explotado ayuda a que su habilidad avance un paso más. — Hazlo. Concéntrate e intenta usar haki. — Kiyoshi respira, lento. Se concentra tanto al inhalar como al exhalar, no lo hace automático. Todo es un movimiento controlado por él. Cierra los ojos tras percatarse de que no hay moros en la costa como hace rato, y, tras abrirlos nuevamente, puede verlo. Personas de hasta cinco metros de distancia le muestran su aura. Tal como dijo su maestra, varía demasiado entre una y otra. Es un espectáculo fascinante. Su rostro serio muestra una expresión similar a la de un niño que ve emocionado un juguete nuevo. Y es que, con esta habilidad, se abre un mundo nuevo lleno de posibilidades. — Es… increíble. — Ya con solo haber visto el aura de Jalindra quedó perplejo, pero ahora, pudiendo apreciar al resto, es un nivel totalmente nuevo. — Necesito que Eros, Uker y Varo también puedan usar esta habilidad. De seguro les encantará. Sobre todo al topo, que tiende a tener problemas de vista cuando se transforma. Es injusto que el tonto de Onizuka Jin haya podido hacer todo esto desde antes. Pero no importa, era cuestión de tiempo para que nosotros, los Piratas de la Sepultura, llegásemos también a desbloquear un poder así.

Durante largos segundos está perdido en sus pensamientos, hablando consigo mismo. En este tiempo, la maestra intenta comunicarse con él, mas no obtiene respuesta. No se molesta, pues es capaz de comprender por lo que está pasando Kiyoshi. No es el primero y tampoco será el último que reaccione de esta forma tras conocer el Haki de observación. Sin embargo, no puede quedarse embobado hasta el fin de los tiempos. Deben seguir trabajando.

Para sacarlo de su trance recurre a una estrategia bastante peculiar. Acerca los dedos al brazo izquierdo del médico para darle un fuerte pellizco. El dolor es más que suficiente para que el tonto reaccione y proceda a sobarse tras soltar un fuerte quejido. — ¿Por qué fue eso? ¿Acaso eres tonta? — Ella no se molesta por el pequeño insulto. — Es que parecías estar en las nubes. ¿Acaso te enamoraste de alguna chica del pueblo y no dejabas de verla? — Kiyoshi solo mira hacia otro lado. No cae en la provocación. — Solo veo las auras. Cuando se alejan, desaparecen de mi vista. Supongo que, si mejoro, mi rango se extenderá. — Jalindra asiente.

Ambos frenan sus pasos. Primero la maestra, Kiyoshi reacciona a ella. Mira en varias direcciones, parece que busca algo. — Ah, ahí. — ¿Mmm? Kiyoshi mira donde ella lo hace. Luego es más simple, pues apunta con el dedo. — ¿Lo ves a él? Acércate y fíjate en su aura. No te preocupes, verá que estás conmigo y no se enfadará de que lo mires tanto. — Kiyoshi asiente y camina lentamente hasta él. Cuando es capaz de ver su aura, instintivamente da dos pasos hacia atrás. Jalindra ríe por lo bajo. — Este tonto… — Su aura es mucho más grande que el del resto. No llega al nivel de Jalindra, pero destaca con facilidad por sobre el resto. — Ya veo, no es solo usted. El tamaño del aura y la intensidad con que la siento significa… — La rubia le roba la palabra, interrumpiendo su turno. — Así es. El Kenbunshoku también te ayudará a reconocer la fuerza de las personas. Podrás hacerte una idea de si podrás derrotarlos o si es mejor escapar y evitarlos. Dependerá de ti el cómo lo uses. Tampoco te pido que pienses en perder inmediatamente cuando veas un aura, pues un combate se decide por distintas variables, pero es útil si lo usas como parámetro. Qué tan útil llegará a ser dependerá únicamente de tu inteligencia. ¿Me captas? — El médico asiente. Sin embargo, ver algo así por primera vez no deja de ser impactante. — Tengo muchas ganas de reunirme de nuevo con mis tontos compañeros para enseñarles todo esto. Estoy seguro de que estarán muy motivados. — Estas palabras no parecen gustarles a su maestra, quien acelera el paso y se para delante de él. Mantiene los brazos en jarra y niega suavemente con la cabeza. — Será mejor que te vayas olvidando de esa idea, Tontoyoshi. — ¿En qué momento se le ocurrió llamarle de esa forma? — Aún no dominas el Kenbunshoku. Una vez yo misma considere que tienes un nivel apto, en vez de irte, haremos el segundo entrenamiento. No creas que el haki tiene tan poco que ofrecer. — Si ya este día ha estado repleto de sorpresas, ahora no es la excepción. Llega golpe tras golpe de información a su cerebro. Aun así, no le disgusta. — ¿De qué habla? — Un gesto con la mano basta y sobra para que el pirata le siga una vez ella se retire de la zona, en dirección a su casa. — No te adelantes, aún falta. Espero que no te estés aburriendo de mi compañía, ni de la comida o lugares limpios de Birka. Te espera aún una larga temporada a mi lado. Pero confía, valdrá la pena. — Hasta el momento, el pelinegro no tiene motivos para dudar.


Capítulo 4: Ver sin ver, el final.

Llega el tercer y, aunque su maestra no ha querido decirle sobre lo que entrenarán una vez lo considere apto en el arte del Kenbunshoku, el entrenamiento ha continuado. Podemos decir que siguen jugando, pero el juego ha evolucionado bastante. Ya no va de indicar dónde está, sino que directamente de esquivarla.

Jalindra corre en distintas direcciones, asegurándose de hacer el menor ruido posible. Lo que debe hacer Kiyoshi es “ver” de dónde viene y así esquivarla. Por supuesto, ella es mucho más rápida, a priori, por lo que se controla para que Kiyoshi sea capaz de evadirla en caso de ver perfectamente su ubicación. Cuando falla, se lleva un empujón que lo tira al suelo. De buenas a primeras le molestaba mucho porque cada caída significa suciedad. Ha tenido que lavar y cambiarse de ropa varias veces en un mismo día, pero el entrenamiento para mantener la calma y no dejarse llevar por las emociones realmente ha funcionado. Cada vez que Jalindra lo ve ir calladito a cambiarse, sin quejarse ni nada, le dedica palabras de aliento. Le felicita. Uno pensaría que un tipo adulto, de casi 30 años, no sentiría nada por una felicitación. Pero la verdad es que sí, y todo por el respeto que ha ido ganando por la joven muchacha.

El entrenamiento es repetitivo, pero muy constante. En un principio, era empujado casi siempre. Luego, son más veces en las que alcanza a esquivar o bloquear, que caer sin oponer resistencia. Cuando Jalindra lo ve muy cómodo, aumenta la velocidad, también los metros de distancia en que se aleja, para así escapar de su rango y luego entrar con velocidad, obligándole a activar su haki y estar pendiente mucho más tiempo, siendo también más rápido en la ejecución. No se lo dice con palabras, pero busca ponerlo en aprietos, causarle nerviosismo, llevar su mente al límite. Llega el punto en que no solo se mueve por tierra, sino que da saltos para llegar hasta las paredes o techos, luego impulsándose desde ahí. No sigue un patrón; improvisa en cada uno de los intentos. La mejora de su pupilo le exige dar más y más de ella misma, pues también tiene una reputación y un orgullo propio como maestra que la obliga a no quedarse atrás en sus métodos de entrenamiento. Realmente quiere dejar huella en el camino de Kiyoshi no como pirata, tampoco como peleador o tirador, sino como persona. Que nunca olvide que estuvo en una importante isla en el cielo, y que ahí conoció a una muchacha que, a pesar de ser joven aún, marcó un antes y un después en su trayectoria.

La mejora es evidente. El patio… no, casi toda la residencia entra dentro del rango de su haki. Para ponerlo a prueba, Jalindra creó un nuevo juego, similar al que Kiyoshi utilizó para descubrir si lo dicho por Jin en el Black Widow era cierto o no. Él, quedando como siempre en el patio, debe esperar cierta cantidad de tiempo. La idea es que tenga monitoreada a su profesora todo el tiempo con su Kenbunshoku. Ella se detiene cinco segundos en distintas zonas de la casa, las cuales ya conoce Kiyoshi, y cuando vuelve, le pregunta dónde fue. La labor de Kiyoshi es decir correctamente los rincones en que se detuvo, pudiendo así comprobar que no ha sido un invento. Si solo debiese decir uno, la suerte podría ayudarle. Cuando está obligado a acertar varios, el margen de error y fortuna se reduce considerablemente.

Los paseos por el pueblo también se repitieron, aunque eran breves para aprovechar al máximo los pocos días que tiene disponibles antes de marchar. No es mucho. La idea es que Kiyoshi pueda acostumbrarse a mantener activo el haki, sin sucumbir demasiado al desgaste o la fatiga. — Me siento orgullosa de ti, Kiyoshi. Diría que siempre confíe, pero cuando tú mismo te frustrabas tan fácil al comienzo, lo cierto es que tuve mis dudas. No me gusta fallar en mi labor como maestra, así que día a día fui perseverante, y lo positivo es que tú también lo fuiste. Has tenido que pasar días alejado a una gran distancia de tus compañeros, en un sitio desconocido, y viviendo con una desconocida. Todos esos aspectos también perjudican tu desempeño, pero supiste alzarte por encima de todo eso. — Kiyoshi escucha en silencio. Traga saliva, desvía la mirada, fingiendo centrarse en otras cosas. — Cuando quiero mejorar, por sentirme detrás de mis compañeros, tiendo a alejarme. No es la primera vez que entreno en un terreno fuera de mi zona de confort. Sin embargo, nunca viví algo como esto. Aprender el haki me ha llevado a derribar muchas tontas barreras mentales que tenía. Llegar a Skypiea realmente ha sido una bendición. Y valoro mucho el esfuerzo que ha hecho. No tenías ninguna obligación por ayudar a un tonto como yo. — Ella ríe un momento. — Sin embargo, ya te lo dije hace poco, espero no hayas olvidado mis palabras: este es solo el comienzo. Bueno, diría que llegamos a la mitad de tu entrenamiento. Me alegra que nuestra relación maestra-alumna se haya fortalecido, porque tal vez se viene algo que te cueste más debido a tu estilo y tus condiciones. Pero no te preocupes por eso ahora. Estamos aquí, en el medio del pueblo. Hazlo e indícame lo que ves. — Le supone un gran esfuerzo a nuestro limpio protagonista el apartar de su mente lo del siguiente entrenamiento, pero con las técnicas de respiración que suele utilizar, entra en modo de concentración. En pausa.

No necesita cerrar los ojos como antes, simplemente activa el haki, como si usase sus burbujas, como si jalase el gatillo de su rifle (el que ya lleva semanas sin ver). Perfectamente puede ver con los ojos la apariencia de la gente, pero también su aura debido a esta nueva habilidad que ha adquirido. — Hay tontos fuertes a las dos, a las cinco y a las siete. Detrás de nosotros, a 15 metros aproximadamente hay un pequeño grupo de unas seis personas. Parecen estar hablando de algo, pues dudo que solo estén de pie tomando el sol. — Lo ha hecho perfecto, y en un rango decente para un novato como él. Todavía le queda por crecer en ese apartado, pero Jalindra considera que va por buen camino. — Para terminar con el Kenbunshoku, debo decirte que este es solo el primer paso. Esta habilidad tiene un techo mucho más elevado, pero, lamentablemente, yo no puedo llevarte hasta él. Dependerá de ti seguir tu viaje y encontrar a la persona correcta para que pueda ayudarte. Sin embargo, con esta base que has adquirido entrenando conmigo, estoy segura de que, llegado el momento, serás capaz de avanzar al siguiente nivel. — De esto saca la conclusión de que no puede confiarse, sino que seguir aspirando a más. También que la segunda parte del entrenamiento no tiene que ver con este haki de observación. — No importa. Lo clave es que ahora has sido tú quien me ayudó. No eres tan tonta como yo o mis compañeros. He sido afortunado de llegar a estar bajo tu tutoría. Además, estás alegre. Tu aura me lo indica. Yo también lo estoy, seguramente ya lo viste. — Y así, lectores y lectoras, culmina la historia de cómo un tonto pirata ha logrado aprender haki de observación.

Lávense las manos
[Imagen: u2oxCl9.png]

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[Fic] [Entrenamiento] Dijeron que se podía ver sin ver - por Kiyoshi Maeda - 19-08-2026, 12:11 AM

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