19-08-2026, 05:36 AM
06 de Primavera | Año 18
Presente Relativo
Presente Relativo
Capítulo 1: Descansar es parte fundamental de entrenar.
El primer entrenamiento terminó. Una parte de él pensó que ya era hora de regresar al Black Widow y reportar con sus compañeros los avances que tuvo. El mero hecho de informarles que ya puede “ver sin ver” le causa mucha emoción, pero parece que eso está lejos de suceder. Su maestra no ha querido decirle detalles. Siendo el cuarto día, le dio unas horas libres para que se pasee con mayor soltura por Birka y también descanse, tanto física como psicológicamente. Normalmente, Kiyoshi se habría negado. Seguir entrenando para antes mejorar y antes irse sería lo que quiere, pero, siendo sincero, el relajo le viene mal.
Encuentra un sitio en paz, con una buena brisa de aire que le relaja y un banquito. Se sienta ahí, acomodándose, obviamente después de limpiar, llegando a dormirse un ratito. Se le nota un poco la fatiga. Esto ya es mucho para un tipo con problemas para conciliar el sueño, pero demuestra que se ha esforzado. Afortunadamente, es consciente de lo mucho que está dando de sí, lo cual puede sonar normal, pero en un hombre inseguro como Kiyoshi, es bastante raro.
Es curioso que le cueste tomarse el tiempo correcto para descansar, y decirse cosas buenas a sí mismo para cuidar su mente. Es un hombre bastante estricto en términos médicos para con sus pacientes, que los últimos meses vienen a ser sus compañeros de tripulación. En cuanto a él mismo, hay ocasiones en que peca de terco. Con lo que sí es responsable es con aplicar su inhalador para el asma. Lo sigue utilizando entre dos a tres veces al día desde que llegó a este lugar.
La siesta le sirvió, y parece que nadie cercano se dio cuenta. Ahora cuenta con más energía y un rostro más luminoso —pues hasta hace una hora, parecía ojeras con persona, más que persona con ojeras—, y procede a pasear por el pueblo. Compra víveres, objetos médicos, todo lo que pueda servirle tanto para el plazo corto como para llevar de regreso a su hogar —el barco—. Le tomó mucho tiempo dominar el Haki de Observación —a su criterio—, pero al haberlo logrado, confía en que la siguiente parte del entrenamiento será más sencillo. Que alguien le diga que está pecando de ingenuo, pues no puede estar más equivocado.
Muchas personas se voltean a verlo, creyendo que el médico no se da cuenta. Lo recuerdan de la tarde en que, por caminar con los ojos cerrados, chocó con un poste y cayó al piso. Ahí se formó toda una escenita en la que, gracias a las asertivas palabras de Jalindra, logró controlar su ira y no empezar a insultar a todos. En momentos como este, donde sabe que es el centro de atención, hecho que no le gusta, debería decirles algo. Tratarlos de tontos, sucios o algo similar. Sin embargo, eso sería demostrar que ya olvidó todo lo aprendido. Se esfuerza por dejar en claro que es una persona nueva luego de trabajar tanto en su calma. Por supuesto, esto dejará de ser así a la primera cagada que cometan Eros, Uker o Varo cuando regrese con ellos. Hay cosas que simplemente nunca van a cambiar. Mejor vayan dándose cuenta de eso.
— Este está siendo un buen lugar para vivir. En cuanto a la paz que me transmite, me recuerda a casa. — ¿Qué será de ella? ¿Del South Blue en general? Nunca más contactó a su mayordomo, siendo el último mensaje el que le informaba que no pensaba retirarse de la vida de pirata, cuando aún se encontraba en Whisky Peaks. También abandonó los cuidados médicos que le daba a la muchacha que con tanto ahínco protegía Onizuka Jin, debido al trato que firmaron y que, hasta Jaya al menos, el Yakuza seguía cumpliendo. También dejó tirados los tratamientos de muchos pacientes que confiaban en él. Posiblemente nunca más vuelva a verlos. En más de una ocasión ha pensado en que morirá en este viaje, obviamente antes de tener la oportunidad de volver y ver un día más a todos los que formaron parte de su pasado. — Espero que hayan encontrado a otro tonto médico con criterio. — Recordemos que él no tenía un precio fijo por sus servicios. A aquellos de menos recursos, sobre todo a enfermos de la tercera edad, casi que no les cobraba. La anterior mencionada era una idea impulsada por su padre cuando seguía con vida. En cambio, a los que sí tenía dinero, y mucho, les cobraba de más. Ahí es donde equilibraba la balanza de sus finanzas.
— Mi vida cambió radicalmente de un día a otro, y todo por la tonta idea que se le ocurrió al tonto de Uker. Si él no se hubiera cruzado en mi camino, yo… — Todo esto jamás habría pasado. No conocería a Eros ni Uker. No habría mejorado su condición física. Jamás se hubiera demostrado a sí mismo que podía ser más que un hombre con mala salud y mala suerte en la vida. Ha sido duro llegar hasta aquí, eso no se duda, pero realmente satisfactorio. Se toma un momento para respirar pausadamente, inhalando con la nariz y exhalando por la boca. El aire que se respira acá arriba es diferente al de allá abajo, y le gusta. Aun así, el sentirse cómodo en el poblado de Birka no es motivo suficiente para pensar en dejarlo todo y quedarse aquí. Ya pasó por algo similar en la isla de Drum. Disfrutó su estadía en ese lugar —y cómo no, si venía de un sitio tan horrible para él como lo fue Little Garden—, pero el frío le echaba mucho hacia atrás. Luego conoció y visitó Arabasta, que era todo lo contrario. Tampoco le gustó. ¿Acaso algo realmente le gusta a Kiyoshi, que no sea la limpieza?
No hay respuesta para eso.
Durante la mañana no regresó a casa de Jalindra. Hizo muchas compras. Tomó el sol. Respiró aire fresco. Incluso se animó a conversar con uno que otro isleño. También se acercó a tiendas de medicina para conocer sobre los métodos que utilizan en el cielo. Ahí mantuvo charlas técnicas y aburridas como para explicar en profundidad. Básicamente, hizo vida social. Durante los tres días en que duró el entrenamiento de Kenbunshoku, solo habló con Jalindra. No es que esté aburrido de ella, pero variar un poco en las relaciones interpersonales nunca viene mal.
Pero ya está. Luego de esto, hay que regresar a lo que le compete. Ya tiene una base, pero conociendo a Jalindra, que tampoco es tanto a decir verdad, no será sencillo. — Pero este tonto está preparado para lo que sea.
Capítulo 2: Desbloqueando el segundo poder.
El sol entra por la ventana de su cuarto, llegando a despertarlo en este quinto día. No es un tipo perezoso, así que no se rehúsa a abrir los ojos. Para cuando mira, sobre él se encuentra con los ojos de… ¿su maestra? — Buenos días. — Asume que debe haber un error. ¿Por qué Jalindra estaría ahí nada más despertar? — Ah, seguramente es un tonto sueño. Bueno, entonces no debe haber amanecido todavía. — Se arropa mejor con las mantas, se voltea hasta quedar de lado y cierra los ojos. Busca dormir de nuevo. — No esperaba esta reacción, la verdad. — La rubia queda totalmente descolocada.
Pasan los segundos y ya nos encontramos con Kiyoshi de pie, frotando los ojos con las manos y dando un bostezo por debajo de su mascarilla blanca. La maestra le quitó las mantas, abrió las cortinas y la luz del sol golpeó de lleno al pobre Médico. Ahí entendió que no era un sueño y que le tocaba empezar el día.
— ¿Se puede saber entonces por qué estás aquí? — Si empezaba por ahí, podrían haberse ahorrado todo esto. — ¿No estás emocionado? Hoy comienza la segunda parte de tu entrenamiento. Consideré que sería una buena sorpresa si venía a darte los buenos días. — Kiyoshi no entiende la lógica detrás de eso. — Bueno, pudiste decirme buenos días después… — Concluye que, por muy madura que sea Jalindra, sigue siendo una muchacha, comparada con él, claro. Hay cosas en las que un tipo de casi 30 años no actuará de la misma manera. — Pero es cierto. Ya recuperé energías y estoy listo para lo que se viene. No creo sea más complicado que quedar en ridículo frene al pueblo por chocar con un poste. — Una pequeña risa escapa de los labios de su maestra. Parece que no está de acuerdo. — Bueno, quizás te encuentras una que otra sorpresa, pequeño Kiyoshi. — Lo dice canturreando, contenta. Deja al médico descolocado. — ¿Cómo que pequeño? Soy mayor que ella. Tonta mocosa. — Recién ahora es que recuerda que, con el Kenbunshoku, ella es capaz de percibir sus emociones. — Tranquilo, no me desquitaré. — “No tanto”, tendría que haber dicho. Kiyoshi da una pequeña palmada en la cabeza. Debe estar atento a ese tipo de cosas. También debería ir utilizando el haki más seguido, hasta acostumbrarse a que sea parte de su vida diaria y no solo un recurso a usar en motivos estrictamente de pirata.
Tras el respectivo desayuno, que esta vez se encargó de preparar Jalindra, se encuentran nuevamente en el patio de prácticas. Aunque solo fue un día en el que estuvo fuera, para Kiyoshi se sintió como un tiempo inmenso. Pasó tanto tantas horas en este lugar los otros días, que un pequeño alejamiento, en su perspectiva, fue inmenso. — No creo que sea necesario sentarme en el piso otra vez, ¿verdad? — Ella niega con la cabeza. — Sería más cómodo para ti mientras escuchas, pero no te obligaré. — Primera victoria para Kiyoshi. Vayan apuntándola.
De pie, con los brazos cruzados, la boca cerrada y una expresión seria, Kiyoshi es todo oídos para con su maestra. — Lo que sigue en tu entrenamiento es el Haki de Armadura. Si bien sigue siendo haki, la ejecución es diferente a lo que has trabajado ahora. Este poder te ayudará a llegar al siguiente nivel en el ámbito físico. Con esto, aumentarás tanto tu poder de ataque como el de defensa. Es realmente impresionante. — Kiyoshi se muestra interesado, sobre todo con la mención de la defensa. Desde siempre fue un tipo débil. Su físico no destaca. Ha ganado masa muscular desde que es pirata, pero sigue viéndose por detrás de muchos piratas que observó en los juegos de Zarutsuki. Si esta nueva fuerza que aprenderá le ayudará a fortalecerse… El solo hecho de pensar que podría compararse a sus compañeros le emociona por dentro, aunque por fuera sigue mostrándose neutral. — Y eso no es todo. ¿Los has visto, no? Tipos con poderes raros, capaces de sufrir alteraciones corporales. — El médico hace memoria, se le vienen ejemplos a la mente, aunque no los individualiza en este momento. No tiene tiempo, pues su maestra sigue hablando. — Son usuarios de frutas del diablo del tipo logia. Es un tipo de fruta muy especial y que, si hubieses enfrentado a uno, seguramente habrías perdido por la imposibilidad de tocarlo. — Kiyoshi traga saliva. ¿Significa que ha tenido suerte? De entre los piratas de la sepultura ninguno tiene una habilidad así. ¿O sea que alguien con esas condiciones habría barrido el piso con ellos? Cuesta mucho creer. Pero, hasta ahora, Jalindra no ha dicho ninguna barbaridad. Se ha ganado el respeto suficiente como para que Kiyoshi crea en sus palabras. — Aún hay muchas cosas que desconozco en este tonto mundo. No solo hemos llegado hasta aquí aumentando nuestra fuerza, sino también teniendo suerte. Fuimos unos tontos al confiarnos. — Una gota de sudor cae por su mejilla. Denota nerviosismo.
— Pero no te preocupes tanto. Llegaste con vida hasta aquí, lo cual es positivo. Bajo mi tutela serás capaz de golpear a esos tipos, por lo que no deberás preocuparte por eso de ahora en adelante. — Un mensaje positivo que anima al protagonista, aunque aún falta una parte del diálogo. — Aunque no te confíes. Pueden seguir siendo más fuerte que tú. Esto solo ayudará a que no sufras una derrota por defecto. Como ya sabes, da todo de ti siempre. — Y claro que lo sabe. A Kiyoshi nadie le ha regalado nada. Ha expulsado sudor y sangre con tal de estar a la par de sus compañeros. Todos son increíbles, y muchas veces el médico pensó que estaba en demasiada desventaja en comparación a ellos. Con su esfuerzo ha ido reduciendo la brecha, pero siempre mentalizado de que debe dar todo de sí con tal de avanzar en esta vida tan dura que es la de ser pirata. El aviso de Jalindra está de más, pero, aun así, lo agradece. — Empecemos con el tonto entrenamiento. Estoy listo. — Ella sonríe. Sabe lo que viene, y sabe que a Kiyoshi no le gustará.
Transportándonos unos segundos al futuro, nos encontramos con un Kiyoshi anonadado. No se mueve. No dice nada. Solo está ahí, de pie, ahora con los brazos caídos por los costados de su cuerpo. — ¿Qué dijiste? — Podríamos pensar que se lavó mal las orejas y por eso ha escuchado mal, pero, a estas alturas de la historia, conocemos a Kiyoshi. Se lava perfectamente. — No has oído mal. Quítate las prendas superiores. Deberás estar con el torso al descubierto. — Él no acepta. No hace caso. — Kiyoshi, no seas tonto. ¿Acaso te he dado motivos para que dudes de mí? — Kiyoshi desvía la mirada. Lleva la mano diestra a su boca, por encima de la mascarilla, y medita un momento. No intercambia miradas porque sabe que perderá. Ella tiene razón. Eso no significa que sea una petición extraña. — Supongo que no tengo alternativa.
Se quita el saco, también la camisa. Dobla perfectamente la ropa y la deja sobre la madera que ya trapeó anteriormente. Así, con el torso al descubierto, se muestra ante su maestra. Aquel que antiguamente era todo un flacucho, hoy tiene más masa muscular, incluso zonas marcadas en su figura. Aun así, sigue siendo inseguro al respecto. Su físico siempre estuvo por detrás del resto. La debilidad innata que posee desde el nacimiento siempre ha sido un punto débil. Por más que haya intensado sobreponerse a eso, obteniendo otras ventajas o talentos, la ansiedad sigue presente.
— No está mal, pero he entrenado a muchos aquí y, físicamente, estás muy por detrás. Pero no te preocupes. Te haré sudar como en ningún otro entrenamiento. Ven acá y lánzate de pecho al suelo. Comenzarás haciendo flexiones. Supongo que puedes, ¿no? — Primero, va por una manta limpia. La arroja al suelo y ahí apoya las manos. De buenas a primeras no hace nada, teniendo dudas. Nunca antes pudo hacer una flexión si nos remontados a su etapa en el South Blue. Desde que está en el Grand Line nunca lo ha intentado. — ¿Quedaré en ridículo? No puedo ser tan tonto? — Baja, doblando los brazos, casi tocando la sucia tierra con el pecho, y luego sube. Fue sencillo. — ¿Qué? ¿Desde cuándo yo…? — Se motiva al poder hacer algo que antes no. Realiza la segunda flexión, luego la tercera, y así, sin parar. Se cansa, pero no demasiado. Sonríe debajo de la mascarilla. Mascarilla que Jalindra quita. — Así respirarás mejor. No seas tonto. — De inmediato, Kiyoshi borra la sonrisa. No pueden verle. Le da vergüenza.
— Este entrenamiento está sencillo. ¿Así podré aprender este otro haki? Mas difícil era estudiar medicina. — Pobre Iluso. Jalindra no le pidió quitarse la ropa para ver cómo desarrolla musculatura entrenando. Lo hizo para así no ensuciar su ropa, lo que habría acarreado aún más quejas por parte de Kiyoshi. Da un buen salto y, sin preocuparse del daño que le haga, cae en la espalda del médico, situando cada pie en un omoplato. Ante el impacto, los brazos de Kiyoshi ceden y cae, ensuciándose con tierra y césped. — ¿Qué haces? ¿Eres tonta? — Jalindra se apresura en responder. — El tonto eres tú, querido alumno. ¿Crees que sería tan sencillo? Rápido, ponte en posición. Y ahora aguanta mi caída. — Se quita de encima para permitirle estirar los brazos de nuevo. Sin quejarse, obedece. No le avisa cuándo saltará, pero debido a la sombra que proyecta en el piso se da cuenta de cuándo viene sobre él. Otra vez es incapaz de soportar. Vuelve a ensuciarse. — Vamos, Kiyoshi. ¿Acaso no te molesta mancharte? Dicen que a los niños les hace bien ensuciarse. — Lo provoca. No lo hace con una intención burlesca, sino que quiere que dé más de sí. — ¿Qué es lo que buscamos con este entrenamiento? ¿Mera fuerza física? Se me hace algo tonto. — La rubia podría haberlo explicado desde el principio, pero hacerlo trabajar mentalmente también forma parte del entrenamiento. Una vez más, deja en paz su espalda.
— La energía, Kiyoshi. Debes concentrar el haki en tu espalda. Mientras haces flexiones, tienes que seguir el mismo principio que siempre. Concéntrate. Recuerda, si usarás el haki al pelear, necesitarás mantenerlo activo en situaciones de estrés. Con este ejercicio, no solo sufres estrés por estar entrenando, sino también por mi ataque, por la desinformación sobre cuándo caeré. ¿Entiendes a lo que voy? Debes redirigir la energía a la zona deseada. Podríamos trabajar con solo estando quieto y buscando concentrar el haki en una zona específica, ¿pero realmente quieres un entrenamiento tan básico? Llevas mucho tiempo trabajando conmigo. Has mejorado. Debo ponerte retos a tu altura.
Kiyoshi, quien para entonces ya se ha sentado, la observa. — Tienes razón. Fui un tonto. — Jalindra ríe bajo. — Quizás lo fuiste, pero aquí estoy yo para ayudar a que dejes de serlo. — Pero tal vez no es capaz. — Los tontos solo se curan muriéndose. — Ella entra al debate. — Pues te demostraré que puedes curarte sin morir. Soy una persona tranquila, pero también tengo mi orgullo. Bajo mi tutela, todo es posible. Solo confía en mí. — Kiyoshi asiente. No necesita que su maestra le indique que deben continuar el entrenamiento. Ya lo hace por su cuenta. Se coloca boca abajo y vuelve a lo suyo.
Así se llevan un buen rato. Los brazos de Kiyoshi no dan más. Al principio contaba las flexiones que hacía, pero ya es imposible. Está tan cansado, que la mente no le funciona. La espalda le duele, tiene ya varios moretones, también hinchazones. Jalindra no le da tiempo de descanso, pero sí tiene a su lado varias botellas de agua que Kiyoshi ha ido bebiendo para hidratarse. Tampoco quiere que muera o se enferme, no hace falta exagerar. Sin embargo, llega un punto en el que no da más. Cuando Jalindra está por caer en la espalda, Kiyoshi sale corriendo. Ella aterriza en la tierra sin problemas. Lo sigue, llegando hasta el baño en donde lo encuentra vomitando. No hace ruido, silenciando sus pisadas. No quiere que él se dé cuenta que lo mira en esa situación tan vergonzosa. Confía en que, debido al cansancio, no tiene activo el Haki de Observación para saber que está ahí. Se aleja, para así hablarle desde la distancia. — Terminamos por el momento, Tontoshi. Seguiremos cuando estés mejor. — Decide salir de casa, dejándolo solo. Así podrá desahogar su cuerpo y relajarse.
Fueron unas horas realmente duras.
Capítulo 3: Un avance, Kiyoshi se vuelve fuerte.
Aunque se haya tomado un reposo, la experiencia sigue siendo similar. Mantiene la fatida y Kiyoshi muestra un desempeño un poco más bajo. Esto le frustra, por lo que, aparte del cansancio físico, surge el mental. Jalindra no se muestra preocupada, pues esto forma parte de sus planes. Durante los momentos de descanso de Kiyoshi, ella hizo una planificación acorde, anotando resultados esperados. Por ahora, todo marcha según previó. No ejerce el mismo entrenamiento en todos sus alumnos, pues son diferentes. Buscan distintos resultados. Algunos usan su físico para pelear, enfocándose en el cuerpo a cuerpo. Otros, son diestros con espadas o armas de índole similar. En el caso de Kiyoshi, la historia es diferente. Es un tirador. Nunca lleva su físico más allá, pues no lo necesita. Sin embargo, no puede dejar este punto débil sin trabajar. Debe obligarlo a salir de su zona de confort y entender que hay mucho más allá de mantenerse alejado en la retaguardia. El Haki de Armadura le obliga a conectar cuerpo y mente, por lo que ambos deben ser sólidos como un roble. Ya entrenó su mente. Ahora viene el cuerpo. Le guste o no, si quiere aprender este nuevo poder, deberá dar el 200% de sí. En el fondo, Kiyoshi lo sabe. Por mucho que sufra, por mucho que le cueste, no se queja. No le pide cambiar de metodología. No solicita descanso. Solo suda, aguanta el dolor y retrae las lágrimas de dolor que se le quieren escapar.
Ante el silencio de Kiyoshi, llega la ayuda planificada de Jalindra. Este quinto día, luego de las seis de la tarde, será de descanso, por lo que, cuando el médico abre los ojos y se dispone a levantarse tras una pequeña siesta sugerida por la menor, nuevamente aparece sobre él su maestra. Esta vez no le sorprende, podemos concluir que se acostumbró rápido. Jalindra no necesitó ninguna palabra para hacerle entender lo que procede. Solo niega con la cabeza y con el índice derecho. Luego, se retira del cuarto. Kiyoshi cierra los ojos, se acomoda y vuelve a dormir. No alega. No intenta aparentar fuerza. No le dice que está bien y deben continuar. Acepta, en silencio, que necesita descanso. No es la primera vez que hace entrenamiento físico. Es consciente de su debilidad, y ha intentado palearla en el pasado. Sin embargo, Jalindra lo obliga a ir mucho más allá de sus límites. La cantidad de horas seguidas que debe trabajar es inaudita, algo impensado para el Kiyoshi del pasado. No solo vomitó una vez, sino que lo ha hecho hasta en tres oportunidades. Ha debido mantenerse muy hidratado para no ver muy comprometida su salud. También come bien, aunque, para evitar perder tiempo cocinando, salen a un restaurante cercano que combina dos características fundamentales: es barato y rico.
El sexto día, Kiyoshi parece un hombre nuevo. La expresión en su rostro se ve fresca. Los músculos ya no parece que le fueran a explotar en calambres. Sorprendentemente, despierta y se levanta antes que su maestra. Cuando ella abandona su cuarto, se encuentra con un Kiyoshi desayunando. También preparó para ella, por lo que solo se sienta y le acompaña en la primera comida del día.
— Sé que no me preguntas cómo estoy porque lo ves con el Kenbunshoku, pero, como médico, te indico que no dejes de lado la importancia de la comunicación verbal. — Ella ríe. — Lo sé, lo sé. Era para ver si te dabas cuenta. — La relación entre ellos también ha mejorado. Llevan un buen tiempo viviendo juntos, alargando mucho los días hasta tardías horas de la noche, permitiendo que puedan conocer más del otro, acostumbrándose a sus mañas, forma de ser y todo lo que conlleva compartir tanto solo los dos. — Ahora que he descansado y mi mente está más clara, veo dentro de mí y parece más claro el cómo debo dirigir la energía hacia la espalda. No, hacia cualquier parte de mi cuerpo. — Jalindra asiente. — Es un buen primer paso. Ser inteligente también es una virtud que sirve para el entrenamiento. Sin embargo, recuerda que debes trabajar en la velocidad de activar el haki. Es fundamental. En el campo de batalla, o en la vida de pirata que llevas, para ser más específica, nadie te esperará. Tan veloz como apuntas, debes ser utilizando el haki. Que te quede claro, tonto alumno. — Ahora es Kiyoshi quien asiente. Acepta de ella todo tipo de consejos. Ya ni piensa en la edad que tiene o su apariencia juvenil. La ve como maestra y figura a seguir, no como a una muchacha.
Tras levantar la mesa y lavar los trastes, ambos se presentan en la zona de entrenamiento. Para no perder el tiempo, Kiyoshi ya no viste su clásica ropa formal tras levantarse. Solo lleva puesta una camiseta manga corta de color blanca, sin contar los pantalones, por supuesto. De este modo, solo debe quitarse esa prenda para comenzar con la práctica.
Tal como dijo, en el primer pisotón que da su maestra, el dolor disminuye. Sus brazos flaquean, pero no ceden. Jalindra es capaz de sentir el haki en la espalda del discípulo, obligándola a sonreír. Sin decir ninguna palabra, pasa al siguiente nivel. Ahora no salta, sino que, manteniéndose de pie en su retaguardia, da pisotones únicamente levantando unos centímetros los pies. No exagera en la velocidad, pero sí le cuesta a Kiyo seguir el ritmo. Ella sigue un patrón claro, uno y dos. No varía. No le hace imaginar. Kiyoshi solo debe acostumbrarse a ir concentrando haki mientras aguanta el dolor, que ha disminuido gracias al Haki de Armadura cabe aclarar, y sigue realizando flexiones de brazos.
Las gotas de sudor caen debajo suyo. Es un tipo que suda fácil, pero no le gusta. Le hace sentirse sucio, pero debido a su resistencia por debajo del promedio, le cuesta no palidecerlo. — ¿Estás bien, Kiyoshi? Te noto callado. — Él se apura en responder. — Solo continúa. — Mantiene la calma. Pone en práctica todo lo aprendido. Por dentro, sufre. Jalindra lo sabe debido al Kenbunshoku. — Debo soportar. Debo aguantar y mejorar. Mis tontos compañeros me están esperando… — No le queda mucho para tener que irse de Skypiea. De seguro llegará en los últimos momentos, preocupando a los suyos.
Con claras mejoras pasan las primeras horas del día. Otra vez, hay intervalos de descanso en los que toma una breve siesta. Kiyoshi entiende que no es improvisado, sino que así está hecha la planificación de su maestra. Como es de esperar, no se siente tan desgastado como al inicio de todo. Su cuerpo no le duele tanto, y no siente la necesidad imperiosa de lanzarse a dormir hasta que los días acaben en la historia de la humanidad. Curiosamente, también se siente más ligero. De por sí, siempre fue un tipo delgado, pero ahora es diferente. Ya no se ve a sí mismo como un trapo viejo desgastado que solo usan de vez en cuando y lavan cuando no queda de otra. Se siente totalmente distinto. En su mente, se cree un animal veloz, ágil, decidido. Mentalmente también sufre una mejora. En un principio sentía que el mundo se le venía encima. Quería morirse y no seguir sufriendo este tormento. Un entrenamiento físico tan intenso para él es igual a sobrevivir eternamente en el infierno. Pero, para su sorpresa, hasta le ha ido agarrando el gusto. ¿Eros y los demás también se sentirán así? Le gustaría preguntarles. Mientras piensa esto, observa su den den mushi, el cual está guardado entre sus pertenencias que siempre están cerca de él. Quiere llamarles y saber cómo están, también actualizarles de su estado. Sin embargo, combate contra su propia mente en un afán de prohibirse el contacto. Teme que, en caso de escucharlos y alegrarse por intercambiar palabras de nuevo, quiera volver a la comodidad del Black Widow y deje el entrenamiento sin terminar. Sin duda, hacer eso decepcionaría mucho a Jalindra, quien ha puesto mucho empeño en ayudar a Kiyoshi sin cobrarle absolutamente nada. Al menos él ayuda a cocinar o limpiar, más los primeros días que ahora, pero lo hace. Algo es algo. — Aguanta, Kiyoshi. Recuerda lo que sentiste destacando en los juegos. Demostraste que eras fuerte y te aplaudieron por ello. No debes ser egocéntrico, pero tampoco conformarte con lo conseguido. Papá siempre decía que debes aspirar a un poco más. No quedarte dónde estás. — Su madre era la más restrictiva, pero siempre con el motivo de cuidarlo. Jamás tuvo malas intenciones.
Capítulo 4: ¿Enfrentamiento cara a cara?
El siguiente momento es distinto a los anteriores. La escena nos muestra a un Kiyoshi ya sin camisa, con la espalda contra la pared del patio. Está sentado. Agita su brazo derecho debido a un dolor que experimenta. En su rostro también es evidente una mueca de disgusto. Algo ha pasado. Frente a él, a cinco metros de distancia, se encuentra Jalindra. Por la postura que tiene, se infiere que acaba de dar un golpe. — Vamos, Kiyoshi. Solo soy una tonta muchacha, ¿no es así? Levántate. — ¿Qué está pasando? ¿Acaso la insultó sin querer y la templada maestra reaccionó violentamente? ¿Kiyoshi está a punto de morir por no saber cerrar la boca?
Nada de eso. Obviamente, es el siguiente ejercicio.
Este consiste en simular un combate en el que solo Jalindra lanza golpes. Ella atacará a Kiyoshi con puños o patadas, pero siempre avisa el golpe que dará y desde qué lado. Entonces, el pupilo debe dirigir la energía de su cuerpo hacia esa zona para así buscar protegerse. Recién, la patada izquierda fue defendida, pero no fue lo suficientemente rápido para concentrar el haki en la mano derecha y detener el puñetazo. El resultado fue ser mandado a volar contra la pared detrás suyo y con un entumecimiento en la extremidad. No es solo que Jalindra es fuerte, sino que Kiyoshi está obligado a participar en un estilo que no es el suyo. Sin embargo, no le incomoda. Todo lo contrario, está emocionado. Por algún motivo, en su interior, está contento. — ¿Esta adrenalina sentirán peleadores como Eros? Es divertido. — Claro, aquí cuenta con muchas ventajas defensivas. También tiene la certeza de que no buscan quitarle la vida. En un combate real, los sentimientos pueden distar mucho de lo que experimenta en este momento. Aun así, que esté motivado es positivo. Esto también alienta a Jalindra a dar más de sí.
Kiyoshi se levanta y se pone en posición. Jalindra arremete en su contra. Él busca alejarse con un movimiento lateral para no quedar arrinconado contra el muro. Ha aumentado su velocidad, pero su maestra sigue imponiéndose en ese rubro. No le cuesta alcanzarlo y entrar en el rango corto. Como ya indicamos, lanza ataques que, un segundo antes, menciona con la voz. — Puño derecho. Patada izquierda. Puño derecho. Patada derecha. Patada izquierda. Patada derecha. — Algunos logra bloquearlos, tanto anteponiendo su extremidad como dirigiendo la energía. Sin embargo, mientras más defiende, más rápido ataca su maestra, resultándole imposible seguir el ritmo, tanto de normal con su cuerpo, como con el haki. Esto le provoca estrés mental, dificultándole mantener el kenbunshoku, que ha buscado ir activando para generar una costumbre. Su cuerpo también sufre secuelas, pues moretones comienzan a adornar su blanca piel.
— Es imposible. Sé que no quiere hacerme daño, pero cada golpe me hace pensar que mi vida está en riesgo. ¿Cómo diablos estos tipos se acostumbran a dar y recibir golpes? — La rubia se contiene, pero sí busca ejercer daño. Sabe que dar simples toques no servirá de nada. Quiere que Kiyoshi se sienta como en un combate real, con todo lo que eso conlleva. Solo de esa forma podrá aprender y mejorar su haki. Ir con un método pasivo solo hará que tarden más y quede rezagado en comparación a otros aprendices de haki que puede haber aquí mismo en Skypiea o en otros lugares de este basto mundo.
Largas horas le toman a Kiyoshi seguirle el ritmo defensivamente, donde cada una parece ser similar a experimentar el infierno. Ya no le dan ganas de vomitar tras practicar sin parar, tampoco sufre por los múltiples moretones que quedan en su cuerpo. Cada vez se acostumbra más a utilizar el haki, lo que le da más confianza. Jalindra se percata de eso y, aunque siempre busca presionarlo más, le encanta que su alumno cada día dé un paso más al frente. Cuando considera que es suficiente, le indica que pasarán a la segunda parte del ejercicio. En esta, Kiyoshi tiene permitido atacar. Eso sí, la condición es que sus puños y patadas deben ir recubiertos de haki. Ella se dará cuenta cuando eso sea así o no. — No poseo el poder de una fruta del tipo logia, pero sabré si usas busoshoku. Ataca con todas sus fuerzas. — Para ella, es evidente que Kiyoshi es un novato en las peleas cuerpo a cuerpo. Peca de ingenuo, es lento, y la inexperiencia a la hora de golpear y bloquear se nota. Sin embargo, todos esos ripios que posee se ven tapados un poco debido a las ganas que le pone. — Quizás hubo un mundo en el que sí te especializaste en este tipo de combate. Veo en tu rostro que te gusta, por mucho que seas consiente de lo poco preparado que estás. — Kiyoshi se mantiene serio, pero, por dentro, sonríe. — Admiro lo fuertes que son los tontos de mis compañeros. Peleando contigo, he aprendido la valentía que se debe tener para pararse tan cerca del enemigo. Enfrentarte de esta forma me hace ponerme en el sitio de ellos, lo que me pone contento. Sé que no me dedicaré a pelear así, pero aprovecharé esta experiencia contigo para divertirme y aprender. — Eso está perfecto. Motiva a Jalindra a pelear con más ansias, dándole paliza tras paliza el resto del día. Al principio, luego de llevarse la lluvia de golpes, el pirata terminaba frustrado. Pero tras lavarse la cara y refrescarse con el agua, se decía a sí mismo que todo era por su bien. Ahora simplemente se levanta y continúa. Mantiene el temple, lo que sigue ayudándole en el control del kenbunshoku. Todo suma. — Este chico esta cada vez más cerca de lograrlo. — Menciona cuando ya Kiyoshi ha entrado a la casa y no puede escucharla. Suelta una pequeña risita, imposible de oír desde el interior de la vivienda, realizando una comparación entre el Kiyoshi que llegó y el que ve actualmente. — Parece que sí soy una tonta. ¿Por qué me río de esto?
El día siguiente inicia, el séptimo y último, con una breve charla entre ambos personajes. Deciden tomar desayuno al aire libre, sentados sobre la limpia madera que anteriormente pulió Kiyoshi. — Me da curiosidad conocer a tus compañeros. Por lo que me has comentado, los vi en los Juegos del Emperador, pero desde la distancia no puedes hacer una idea correcta de cómo son. Aquel mink, “La Epidemia”, ¿realmente da tanto miedo como inspira su apodo? — El médico niega con la cabeza luego de beber un poco de su té. — Es difícil de explicar. Cuando hablas y vives con él, es el menos terrorífico de todos. Sin embargo, cuando debes enfrentarlo, sufres un tonto dolor de estómago horrible. Literal y metafóricamente. — A la maestra le cuesta entender el comentario. — Eros tiene mucha fuerza, por mucho que no haga ganado su prueba. Es confiable y digno de seguir en el mar. Uker tiene dudas sobre sí mismo, pero todos los demás sabemos que es excepcional. Aunque es el último en unirse a nuestro grupo, es el primero al que conocí. Cuando él mismo se crea su tonta fuerza, de seguro seremos imparables. Aunque también vi a mucho tipo impresionante en los juegos. — Cuando dice esto, sus manos tiemblan, denotando nerviosismo. Jalindra busca calmarlo. — ¿Y ese miedo? Eres mi alumno. Mantente tranquilo y actúa como tal. Con todo lo que te he enseñado, serás capaz de enfrentarlos con la cabeza en algo. Creo que ese tonto de Uker, como dices tú, no es el único que debe confiar más en sí mismo. ¿Acaso no destacaste rompiendo la marca del emperador? — Kiyoshi quiere debatirle, indicándole que, sin su rifle, se siente desprotegido. Todo este tiempo, aunque ha aparentado que no, ha vivido con dudas sobre si todo lo aprendido podrá llevarlo a la práctica con el arma entre sus manos. Cuando quiere transformar este pensamiento en palabras, la rubia le interrumpe. — No digas nada. — Kiyoshi se sorprende. — Sé lo que estás pensando. — El médico suspira. Vuelve a beber té. — Logra darme un golpe de lleno con haki. Cuando lo hagas, te devolveré el rifle. ¿Qué opinas? — Los ojos de Kiyoshi se abren de par en par. Extraña su rifle, pues es el recuerdo de su padre. No haberlo visto en tantos días es como haberse separado definitivamente de su progenitor. — Un golpe… Vamos. Sé que puedo hacerlo. — Jalindra sonríe. — No te lo pondré fácil, así que ve a por todas.
Realmente el impulso anímico que recibe Kiyoshi es latente. Se le ve más rápido y más fuerte, también más concentrado. La velocidad con la que activa el haki en los puños o patadas es más veloz que los días anteriores, obligando por primera vez a que Jalindra no pueda centrarse en tantos detalles. No quiere ser golpeada tan rápido, pues ponérselo difícil a Kiyoshi es parte de su planificación. Aunque le haya ofrecido semejante premio, la verdad es que no espera que lo consiga durante la primera hora. También forma parte de su orgullo no dejarse golpear por un novato. Aunque sea una mujer con un temple envidiable, sigue siendo una muchacha que, desde el comienzo, todo le ha resultado sencillo. No conoce demasiado sobre retos. En comparación, en el ámbito del haki y de la pelea, Kiyoshi parece un niño que está dando sus primeros pasos. O al menos eso pensaba los primeros días. Parece que el tonto subcapitán de los Sepultura ha mejorado.
Ha visto tanto pelear a sus compañeros de tripulación, ha compartido tantos momentos tanto de paz como de peligro, que hay movimientos que prácticamente les imita. Obviamente la rapidez, potencia y técnica es mucho menor, pero es la evidencia de que son sus modelos a seguir. Por lo mismo es que no solo ataca por sí mismo, sino que también por ellos, para volver a encontrarse y continuar este camino lleno de emocionantes aventuras. Ser fuerte para mantenerse a su lado es la consigna que ha seguido desde el principio. Parece que ahora, después de tanto, al fin se está creyendo del todo que es un hombre fuerte. Ya lo dijo, o lo pensó, en el pasado, específicamente en Little Garden, en aquel combate contra el luchador del barco.
“Seré tan fuerte que olvidaré los días donde fui muy débil”.
Avanza hacia adelante. Arremete como nunca antes. No le importa ser golpeado, solo quiere que uno de sus ataques impacte. Entra en trance, da todo de sí, como si no hubiera un mañana. Jalindra no queda impactada por la fuerza o la velocidad, sino por la concentración que alcanza Kiyoshi. Por eso es que, en determinado momento, sus movimientos cesan. Un puñetazo llega en el hombro y la obliga a dar un paso atrás. Kiyoshi venció.
No lo vemos celebrando. No está emocionado. Sigue tranquilo, aunque, por unos segundos, mantiene la guardia alta. Luego baja los brazos y se queda de pie. No fanfarronea. Hizo esto por un motivo. Jalindra entiende y asiente con la cabeza. Se da media vuelta y se retira. Está ausente por solo un minuto. Al regresar, trae consigo el rifle, brillando de lo limpio que está. Lo cuidó mucho, entendiendo que, para Kiyoshi, no es solo un arma, sino un recuerdo muy preciado. Todas las noches antes de dormir se dedicó a pulirlo. Se lo entrega y, en primera instancia, Kiyoshi lo abraza. Pasaron mucho tiempo distanciados, así que ahora al fin puede respirar tranquilo. — Llegó la hora del último paso de tu entrenamiento, Kiyoshi. Ya puedes ponerte una camisa. Estás listo. Es ahora o nunca. — Lo deja unos momentos a solas para que se prepare. Como es común, viste camisa, corbata y vestón. Sabe que, al terminar, debe marcharse rápidamente a su barco, por lo que debe estar listo. Tal vez está muy formal para un entrenamiento, pero así es como se viste. Es un pirata, pero, en el fondo, nunca ha podido olvidarse del Kiyoshi médico, aquel tipo formal que viajaba por el South Blue atendiendo pacientes. Por mucho que su estilo de vida haya cambiado demasiado, Kiyoshi sigue siendo Kiyoshi.
De regreso con la maestra, ella toma la batuta. — Parece que no has podido adivinarlo, así que seré directa contigo. Puedes usar Busoshoku con tu arma. No deberás pelear cuerpo a cuerpo contra usuarios logia, sino que podrás seguir usando tu rifle. Si entrené tu físico es porque era necesario para despertar y controlar el haki. Ahora, no solo debes dirigir la energía por tu cuerpo, sino que deberás transmitirla a tu arma. Ese es el final del entrenamiento. — Kiyoshi asiente con la cabeza, aprieta con ambas manos el rifle. Cuando lo tiene en su posesión, siente que será capaz de todo. Esta no será la excepción.
Capítulo 5: El último paso y el adiós.
Jalindra deja a Kiyoshi solo. Desea darle su espacio, pues ya sabe qué es lo que tiene que hacer. Solo debe practicar. Además, quiere que demuestre no necesitar a su maestra encima para dar todo de sí. Confía en que no hará el vago, confiándose, pero aun así decide ponerlo a prueba. Además, quiere tiempo para ver algunas cosas. Le ha dedicado mucho tiempo a Kiyoshi, y ella también debe encargarse de asuntos personales. Como ya se ha mencionado en este entrenamiento o en el anterior, hace todo gratis.
— Bien, tonto, solo debes seguir el mismo principio que has venido trabajando. Concentra la energía y distribúyela hacia donde quieres. — En este caso, son las manos. — Ahora, sigue extendiendo hacia el arma. — Es difícil, pues cuando la energía llega al arma, le cuesta seguir más allá. Esto porque, hasta ahora, siempre puede ir imaginando el haki fluyendo por su cuerpo. Pero, cuando llega al arma, que es un objeto aparte de su figura, es muy diferente. — Lo que debo hacer entonces es… sentir el rifle como si fuera una extensión más de mi cuerpo. Suena complicado, pero mi tonto orgullo como tirador está en juego. — Curiosamente, aunque se mostró reacio al principio, por su cuenta toma asiento en el suelo, como en los primeros ejercicios de Kenbunshoku. Así logra concentrarse mejor. Para cuando regresa Jalindra al rato, se siente orgullosa al verlo así. Es él quien saca varios años de diferencia, pero, sin duda, es quien más ha madurado durante todo este tiempo. Le es imposible no pensar que lo echará de menos una vez que se vaya, pero, como ocurre como con casi todos sus alumnos, ya está por llegar el momento de la dura despedida.
Así, el haki pudo rodear todo el rifle, enseñándoselo a Jalindra luego de tres horas practicándolo. — Tengo una pregunta, Kiyoshi. — Él asiente. — ¿Piensas usar el rifle para pegarle directamente a tus oponentes? — Hay algo que no está entendiendo del todo, así que ladea la cabeza. — Debes seguir trabajando. No te irás tan pronto de aquí. Debes comprimir la energía, concentrándola todo lo posible para que así sea la bala de tu rifle la que se imbuya en haki. Así, cuando la dispares, será capaz de tocar a los usuarios de frutas logia, y, en el futuro, hacer mucho más. — Ahora sí lo entiende. No pensó en eso, pero tiene mucho sentido. Suena complicado porque ya de por sí le costó bastante extender la energía por el arma, pero ahora deberá comprimirla, concentrando aún más para que rodee el proyectil que sale expulsado al momento de jalar el gatillo. Eso sí, Jalindra le pone la condición de que debe hacerlo de pie. ¿Será una estrategia para que tarde más y así tener más tiempo su compañía? ¿O solo es una nueva táctica para arrinconarlo y obligarlo a dar más del 100% de su capacidad? Sea cual sea la respuesta, Kiyoshi no emite queja. Obedece como lleva haciéndolo durante días.
Para evitar que el sonido de los disparos preocupe a los vecinos, ya dio el aviso con antelación. También, consiguió unas balas de goma para que, al disparar contra la pared, no ocasione destrozos. Debido a la potenciación del haki y a la potencia del arma, dejará huella igual, pero no será tan desastroso como una bala normal. El rato que se mantuvo alejada de casa también tuvo como propósito conseguir esta adquisición tan peculiar.
Dos horas son las que Kiyoshi dedica a disparar. Le ha costado mucho envolver la bala en haki, obligando a su maestra ir en tres oportunidades a comprar más cartuchos de balas. Ha costado, pero comparado con el extenuante ejercicio físico y los golpes que tuvo que aguantar, no es nada. Es en momentos como este que valora haber aprendido primero el Haki de Observación. La tranquilidad, la paz y la concentración que alcanzó en esa etapa del entrenamiento ayuda bastante a que ahora no pierda la calma y sepa valorar que solo necesita usar la cabeza. No se pone nervioso al fallar. No duda sobre si será capaz. Es consciente de que dar con el éxito es cuestión de tiempo, y solo se lo debe a su maestra. — Te lo debes a ti mismo, Kiyoshi, al esfuerzo descomunal que has hecho. — Parece que le estaba leyendo la mente, pero Jalindra no posee esa clase de poderes. Que haya podido predecir lo que transmite el rostro de Kiyoshi es mera conexión maestra-alumno que se ha ido forjando con el paso del tiempo. — Hasta acá llegamos, maestra. Entrenamiento terminado. — Jala el gatillo y no hace falta esperar a que la bala choque con el muro. Él lo sabe. Ella lo sabe. Ambos saben que lo ha logrado. La rubia da un pequeño salto para hacerle un pat pat en la cabeza. Por la diferencia de estatura es imposible manteniendo los pies en el suelo. Pero quería hacer eso, transmitir el cariño de maestra que le nació tras tanto tiempo compartiendo con él.
— De verdad lo logré. De verdad he aprendido a usar haki. — Por un tiempo lo creyó imposible. Cuando Jin le mostró el “ver sin ver” creyó que estaba loco, que solo se estaba burlando de él y su capitán. Tras demostrar lo que podía hacer, quedó fascinado. Con su compañero buscaron respuestas, más información, pero les fue imposible. Resultó que llegar a esta isla en lo alto del cielo no solo les entregó las respuestas que buscaban, sino que también, al menos en este caso, a Kiyoshi, le dio la llave para poder avanzar al siguiente nivel. No solo despertó un tipo de haki, sino que dos. Los días han sido eternos. Recuerda el vómito. Los dolores. El extrañar a los suyos. El sentirse lejos de casa. El no tener entre sus brazos a su querido rifle. En muchas ocasiones pensó en tirar la toalla, en darle las gracias a Jalindra, tomar sus cosas, despedirse e irse. Pero no lo hizo, y ahora es donde se ven los resultados. Se toma un momento para estirar el cuello y mirar hacia arriba, encontrándose con el cielo que ha observado todo su progreso, siendo el principal testigo de un hombre que dio todo de sí con tal de lograr un propósito.
Hoy Kiyoshi ha evolucionado. Empezó dándose a respetar en Jaya, exterminando a un pirata peligroso que atemorizaba a todos aquellos que necesitaban instrumentos médicos. Luego, en los Juegos de Skypiea, le demostró a piratas, marines y oriundos de esta isla que es un francotirador al que no se le puede subestimar. Y ahora… ahora no trata sobre qué piensan los demás, sino lo que piensa él mismo. — Realmente me he vuelto fuerte. No debo dudar, soy un digno subcapitán de los Piratas de la Sepultura. Debo transmitir confianza a mí mismo y a los tontos de mis compañeros.
Antes de irse, invita a Jalindra a comer en un restaurante. Se lo merece. Comen hasta explotar, sin importarle qué tan positivo es medicamente. Hay que celebrar y disfrutar, pero rápido porque el tiempo apremia. Regresa a casa para tomar sus cosas y experimenta muchos sentimientos. Realmente está a punto de marcharse, y probablemente para siempre. Cuando abandonó las diferentes islas que ha ido dejando atrás en su viaje, no experimentó el mismo malestar de estómago. Ha logrado una conexión especial con el poblado de Birka, con sus habitantes, con su maestra. Y es que, aunque no salió mucho, siempre que debió compartir con los habitantes, se llevó bien. Nadie se molestó ante la palabra “tonto”. Lo entendieron, le dieron cobijo y le permitieron ser parte de su comunidad. Nunca los olvidará.
Este último momento entre ambos dista mucho de todo lo anterior; reina un silencio incómodo. No comparten idean, no hablan sobre lo que entrenarán. Tampoco retroalimentan la jornada anterior. Saben que es momento de la despedida. Quizás nunca más vuelvan a verse. Tal vez Kiyoshi pierda la vida en su aventura como pirata. Puede que nunca se dé la oportunidad de regresar a esta isla que llegaron casi que por obra del destino. Las despedidas no son fáciles. Kiyoshi abandonó a su querido mayordomo, que fue casi como su abuelo, o directamente como un padre una vez el natural falleció. No se despidió, pues todo ocurrió demasiado rápido. ¿Habría sentido lo mismo que ahora? Dejar a alguien que considera familia, aunque, por su forma de ser, sea incapaz de transmitirlo en palabras.
— No debes decir nada, Kiyoshi. No pienses en cómo te despedirás. Solo piensa en que debes sobrevivir. No quiero enterarme por el periódico de que mi tonto alumno perdió la vida luego de todo lo que hice por él. Usa la fuerza que te he dado para protegerte tanto a ti como a tus amigos. Y recuerda, en tu camino por el haki, solo fui el primer escalón, deberás dar varios más. Pero cuando vayas a dar el siguiente paso, busca en tu memoria a la tonta maestra que te ayudó a crear la base de todo. Adiós, Kiyoshi. — Sin más, se retira, dejándolo solo. El pirata deja caer lágrimas, aprovechando que goza de soledad. No le gusta mostrarse así. Pero está triste. Siempre pensó en irse, pero ahora que llegó el momento de hacerlo, siente como si no quisiera.
Kiyoshi toma sus cosas y se marcha. Las despedidas son dolorosas. Por eso es mejor no tenerlas. Ambos personajes lo entendieron. Por eso, el tonto se va sin mirar atrás. La tonta no lo ve partir. Kiyoshi corre como si no hubiera un mañana. Sus compañeros le esperan. El Black Widow le aguarda. El mundo entero está ansioso por ver a este nuevo pirata, y él está emocionado por demostrarles que está listo para lo que sea.
OFF ROL
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Hablo | Pienso
