19-08-2026, 07:24 AM
¿Qué… mierda?
El pequeño perro watón utiliza sus más intrigantes encantos para detener lo que, apenas unos segundos atrás, habría sido una inminente batalla. Los adorables pasos de baile, combinados por aquel singular canto, amansan el corazón del tigre con una facilidad tan desconcertante que la amazona empieza a cuestionar todo lo sucedido frente a sus ojos. Quizá el salvaje félido si logró atacarla y, en ese instante, se encuentra delirando en algún extraño limbo entre la vida y la muerte. Porque, de otro modo, ¿cómo habría de explicar que un pibble danzarín sea capaz de detener ofensivas con la misma facilidad con la que Michael Jackson bajaba armas de fuego con la punta de sus dedos? Irrisorio, un completo absurdo. Aún así, la realidad en ocasiones tiende a superar a la lógica.

—¿Du… Dududu…?
Las manos de la fémina se alejan de la fiera cuando esta prefiere pasar de ella para centrarse en el pequeño pibble. ¿Eso que escucha es un ronroneo? La naturaleza tiende a superar cualquier esquema de ficción, siempre ha sido consciente de ello, es solo que ¡¿No se está pasando un poco en esta ocasión?! La cereza del pastel es Ryota acercándose para hablarle como si de un verdadero conocedor del mundo animal se tratase.

—Claro que sí, cariño, no es como si hubiera intentado comernos hace un par de segundos.
Debe admitir que el pequeño paso de un costado a otro, con las patitas levantadas, esa sonrisa endemoniadamente relajada y los movimientos de su barriga al caminar y saltar no solo resultan pegajosos, sino también divertidos. Sin darse cuenta, la kuja imita sus movimientos. Es sutil, pero ahí está, recordando que incluso ella puede bajar la guardia. ¿Será esa la manera en la que elude el peligro en medio de esa despiadada selva?
”Astuto.”
Es el primer pensamiento que aparece, hasta que recuerda que nadie, ningún ser existente, puede mantener una misma fachada de manera ininterrumpida. ¿Qué hace cuando se cansa y ya no puede entretener a sus enemigos? ¿Hasta qué punto es un buen método de supervivencia? ¿Podrá el pequeño perro comprender el lenguaje humano o aquella melodía es lo único que ha conseguido aprender? ¿Cómo logra siquiera para entonarla? La curiosidad llama. Desea anotarlo todo, conocer hasta el más mínimo detalle. Es una lástima que no se encuentren tomando el té en una ciudad tranquila, sino en medio de una selva, esperando que nada malo ocurra.
Al menos es así hasta que el pequeño pibble cae al suelo debido a las vibraciones de la tierra. El tigre parece espabilar, alarmado. Runin observa a su alrededor con expresión confundida, el entrecejo se frunce, por instinto lleva su mano al pecho de Ryota para hacerlo retroceder ¡No piensa darle rienda suelta a que corra tras otra bestia agresiva! ¿Desde dónde saldrá? ¿Dónde aparecerá? ¿Han sido demasiado ruidosos? Quizá más de un animal esté pensando en salir a cazarlos.
—Vámonos. —Instiga, la tierra vibra más duro bajo sus pies. —Vámonos, cariño, mueve, mueve. ¡Mueve! —Grita dándose vuelta, no puede mantenerse en pie, el pequeño pibble rueda un poco, el tigre termina por esconderse entre el alto follaje. ¡¿Tan valiente que se veía antes y ahora escapa abandonando el perrito watón?! Runin toma la mano derecha de Ryota empezando a correr, incluso por lástima atrapa al pibble con un movimiento ágil, lanzándolo a los brazos del castaño justo en el momento que la pesada criatura aparece a sus espaldas. Solo un vistazo atrás le roba el color del rostro.

”¿Qué?”

—¡¿Qué… QUÉ MIERDA ES ESO?!
Incluso siendo ella una exploradora entiende la complejidad de esa criatura. ¿Un elefante? ¿Un rinoceronte? Su estructura parece resistente y ¿por qué tiene dientes y colmillos pronunciados? —¡Dime que puedes hacer lo mismo que hiciste con el tigre, cariño! —Le grita al pibble. No suelta a Ryota incluso cuando debe saltar sobre ramas o esquivar algunas que están demasiado bajas.
—Querido Dios, sé que he sido una perra casi toda mi vida, que fui cruel con Ryota y con el pibble, y en verdad lo siento mucho; pero, por favor, te ruego que no me dejes morir. —Murmura rápido cuando el tigre aparece a un costado de ellos. ¿Eh? ¿No se había ido? Le hace una señal a la amazona. ¿Está esperando que suba al lomo de un tigre para correr por el ojo de un huracán? Está a punto de aceptar hasta que se da cuenta de lo obvio, no los invita a ellos, incluso casi muerde a Runin, lo que quiere es sacar del peligro al pibble.
—¡Te voy a soltar! ¡Vete con ese perro! ¡Yo entretendré al rinofante! —Advierte a Ryota. ¿Cómo lo hará? No lo sabe, no es adivina. Incluso se ha inventado ese nombre para la bestia. Aún tiene demasiado qué aprender.
