20-08-2026, 03:47 PM
En cuanto subí a su palma el gigante la arqueo un poco, haciendo como una barandilla, supongo que para no me cayera de ella, o puede que pro su propia comodidad, pero no me importaba. Estaba descubriendo una nueva sensación, y eso compensaba cualquier cosa. Con el gigante levantándose llegó la agitación. A pesar de que parecía hacerlo con cuidado mantenerse en pie no era fácil, y pisar sobre no ayudaba. Por mucho que fuera de un inmensa mano, seguía siendo piel, y no era del todo rígida. Con todo, conseguí mantener el equilibrio, aunque cuando el movimiento paró me quite el calzado. Me parecía de mala educación estar pisando la mano del marine con mi calzado, no sé, era como pisarlo a él y no era una sensación que me gustara.
Al llegar arriba me quedé boquiabierta, ¿veía aquel ser siempre vistas así? Era una visión impresionante de la ciudad y parte de sus alrededores, por encima de la mayoría de edificios. Aquel bosque de bambú, que en algún tendría que visitar en busca de ingredientes, al igual que los campos de arroz. La montaña parecía imponente, pero era lo que menos me llamaba de todo. Hasta los dojos me parecían más interesantes, puede que los visitara en algún momento para aprender a defenderme sin armas. Esperé a un momento en que el gigante me mirara y me inclinaría ligeramente en señal de gratitud. O al menos esperaba que así lo entendiera.
De cualquier forma el marine me entendió y se dirigió hacia el mar. Sentir el movimiento del hombre de esa forma era raro, sentía las vibraciones, el subir y bajar que se producía al caminar, el aire en la cara por el desplazamiento a pesar de que mantenía la mano curvada para protegerme. Decidí hacer lo más cómodo, posiblemente para ambos, sentarme. Así no podría caer fácilmente y el podría ir más tranquilo. Aunque, ¿Se podría considerar que al estar sentada en su mano me estaba tocando el culo? Me reí pensando en aquello, aunque seguramente a él le resultara un poco raro que lo hiciera al no saber el por qué.
Al llegar a la arena sentí un paso extraño, parece que el caminar por la arena le resultaría un poco complicado. El marine me bajó, de la misma forma que había hecho al recogerme en la plaza del pueblo. Al bajar volví a hacer una pequeña inclinación para agradecer por el viaje. No me puse los zapatos, al contrarío, me quité el vestido quedando en bañador y señale al mar. Moví mi dedo, señalándonos a los dos y luego al mar. Tras lo cual hice como que nadaba con los brazos. Solo si el aceptaba iría, si no, intentaría buscar una forma para seguir con él. No pensaba dejar pasar la posibilidad de seguir un rato más junto al gigante, ni por el baño, ni por nada.
Al llegar arriba me quedé boquiabierta, ¿veía aquel ser siempre vistas así? Era una visión impresionante de la ciudad y parte de sus alrededores, por encima de la mayoría de edificios. Aquel bosque de bambú, que en algún tendría que visitar en busca de ingredientes, al igual que los campos de arroz. La montaña parecía imponente, pero era lo que menos me llamaba de todo. Hasta los dojos me parecían más interesantes, puede que los visitara en algún momento para aprender a defenderme sin armas. Esperé a un momento en que el gigante me mirara y me inclinaría ligeramente en señal de gratitud. O al menos esperaba que así lo entendiera.
De cualquier forma el marine me entendió y se dirigió hacia el mar. Sentir el movimiento del hombre de esa forma era raro, sentía las vibraciones, el subir y bajar que se producía al caminar, el aire en la cara por el desplazamiento a pesar de que mantenía la mano curvada para protegerme. Decidí hacer lo más cómodo, posiblemente para ambos, sentarme. Así no podría caer fácilmente y el podría ir más tranquilo. Aunque, ¿Se podría considerar que al estar sentada en su mano me estaba tocando el culo? Me reí pensando en aquello, aunque seguramente a él le resultara un poco raro que lo hiciera al no saber el por qué.
Al llegar a la arena sentí un paso extraño, parece que el caminar por la arena le resultaría un poco complicado. El marine me bajó, de la misma forma que había hecho al recogerme en la plaza del pueblo. Al bajar volví a hacer una pequeña inclinación para agradecer por el viaje. No me puse los zapatos, al contrarío, me quité el vestido quedando en bañador y señale al mar. Moví mi dedo, señalándonos a los dos y luego al mar. Tras lo cual hice como que nadaba con los brazos. Solo si el aceptaba iría, si no, intentaría buscar una forma para seguir con él. No pensaba dejar pasar la posibilidad de seguir un rato más junto al gigante, ni por el baño, ni por nada.

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