12-12-2023, 12:48 PM
La misión de búsqueda y captura de Glatus, llevada a cabo por un peculiar grupo de agentes y una infiltrada (marine), había concluido con éxito. Aunque el objetivo de que Alzeid se encontrase en el Reino de Ilisia en aquel momento no se debía a esto, el descanso que le concedió el gobierno al grupo de un par de días mientras trazaba los siguientes pasos le permitió continuar con su investigación inicial sobre los Bucaneros, una banda pirata bastante escurridiza, al parecer. Sin embargo, el joven artista fue incapaz de obtener información relevante así que, tras el informe que redactó expresamente para sus superiores, éstos decidieron que continuase con este extravagante grupo algún tiempo más. Al menos, hasta descubrir cuáles eran los secretos más profundos que albergaban Glatus y su banda pirata. Ahora mismo se encontraba completamente ‘dopado’ en un hostal, bajo el mando de Irina, que era bastante estricta con no dejarle hacer absolutamente nada más que respirar. Pero eso a Alzeid no le importaba en absoluto, pues su único interés en aquel momento era… disfrutar y volver a su etapa de esplendor como artista. Esta era su oportunidad. El gobierno les había ordenado pasar desapercibidos hasta que la misión central no concluyese, pero… ¿cómo iba a pasar desapercibido alguien como Alzeid, cuya trayectoria artística le había llevado a dar numerosos conciertos en la isla de Toroa? ¡Era imposible! Aunque ser un artista y vivir de la música también podría entenderse como una tapadera, ¿no?
La isla de Toroa… ¿Cuántos conciertos habrá dado Alzeid en esta pequeña isla desde sus inicios musicales? El primero habrá sido hace alrededor de 13 años, cuando sus padres abandonaron esta vida terrenal y él se lanzó a la aventura en busca de algo que llenase los exigentes deseos de su alma. Por casualidades de la vida, el grupo de agentes había terminado en aquel lugar y tenían un par de días para disfrutar de un merecido descanso. Durante el día, Alzeid intentó perderse por las calles de aquel pequeño lugar, pero era realmente difícil poder caminar sin que nadie le parase para solicitar un autógrafo o una foto. Aunque muchas personas no conocían su nombre o no seguían su música porque ya no producía nada, otras tantas expresaron que era imposible olvidar un rostro y una presencia como la suya. Alzeid no podía hacer nada más que sonrojarse ante estos comentarios. – ¡Por favor! No soy digno de tales palabras. Sólo toco lo que mi alma me transmite… y las letras nacen solamente de mi fe. – Estaba intentando captar a personas para su religión, Ánima. Para su secta, mejor dicho. Con cada grupo de personas con el que se encontraba, realizaba algún tipo de mención a la espiritualidad, a la dualidad de los cuerpos y almas o directamente a la religión que él mismo profesa. Algunas personas quisieron saber más así que les entregó a cada una de ellas una hoja en las que estaban redactados “Los siete mandamientos del Ánima”, una guía fundamental para cualquier potencial creyente. – Bueno, chicos… – Otro grupo le había parado. – Tengo que ir a dar un concierto a “Arte por Amor” así que os tengo que dejar… Venid a echar un vistazo, ¿no? – Sonrió y comenzó a toquetear su cabello. La personalidad de Alzeid cambiaba por completo cuando sacaba a la luz su lado más artístico y se olvidaba del ‘trabajo’ o de cuestiones más profundas como el alma. La música era algo que lo saciaba por completo y podría estar horas y horas sumergido en diferentes canciones y melodías. Le encantaba.
Los siete mandamientos
Minutos después llegaría a Arte por Amor, el lugar en donde había quedado con el resto del grupo. Allí estaban Irina y Daryl, compartiendo un par de bebidas –seguramente alcohólicas– mientras hablaban y observaban a los tristes poetas que estaban recitando palabras vacías en el escenario. Los observó desde la distancia y alzó la mano, creyendo que Irina lo había localizado también con la mirada, y se dirigió directamente a la barra. – ¿Un zumo de naranja, por favor? – La camarera, visiblemente contenta, se acercó hasta Alzeid y lo abrazó desde el interior de la barra. – ¡Alzeid, has venido! ¡Qué alegría! ¿Qué vas a cantar hoy? – Era Lillia, la persona que había contactado con Alzeid nada más verlo llegar a la isla para que tocase un par de canciones en su local. Había sido tremendamente generosa con el agente en ocasiones anteriores, aunque a veces podía resultar un tanto cargante. Pero la vida no siempre es fácil. – Tan sólo una pequeña sorpresa que mi alma me ha regalado. – Le guiño el ojo y, tan pronto le trajo el zumo de naranja, lo bebió de un trago. – Nos vemos, Lillia. – Le mandó un beso desde la distancia y comenzó a dirigirse hacia el escenario, una vez que los anteriores artistas –si así se podían llamar– finalizaron.
Outfit de Alzeid
Llevaba una vestimenta muy diferente a la de la misión anterior. Se había cambiado para la ocasión, para parecer un verdadero artista y no llamar demasiado la atención. En esta ocasión, Alzeid vestía unos pantalones de traje negros y una camisa -también negra- que dejaba su pecho completamente descubierto, haciendo visibles las cicatrices de su torso. Por encima, un abrigo largo también de color negro. Un look quizá un poco lúgubre, pero que con sus cabellos azulados sueltos le daba un toque diferente. – Hola, queridas y queridos. – Guiñó un ojo. – Esta noche, vuestra querida Lillia me ha invitado a compartir con todos vosotros una canción. Espero que os guste… – Cerró los ojos, puso su mano derecha sobre el corazón e hizo una pequeña reverencia. Cogió la guitarra prestada que se encontraba normalmente al lado del escenario, en la mesa de sonido, y comenzó a tocar…
Al acabar, algunas gotas de sudor por el calor y por la emoción descendieron sobre su rostro, dándole más brillo de lo normal. Sacudió la cabeza un par de veces, para dejar que las gotas cayesen, y volvió a hacer una referencia. – ¡Muchas gracias! – Dijo mientras realizaba varias reverencias y aplaudía. Algunas personas lo ovacionaron y otras le pidieron que cantase más con el grito de "otra, otra". Pero no le estaban pagando lo suficiente para hacerlo.
Nada más bajar del escenario, ignorando por completo al público cual artista ególatra, fue directamente hacia donde Irina y Daryl. Su personalidad ya comenzaba a cambiar. Poco antes de llegar… – ¿Eeeeeeh? ¿El local es pet friendly? – Susurró unas palabras no muy agradables, en una clara referencia a Daryl, y que podrían haber sido fácilmente escuchadas por él. Pero no dijo nada más sobre este tema. Cambió el chip de repente. – Irina, ¿te estás desmelenando? ¿Por qué estás con tantos acompañantes? Acaso... – Señaló a dos personas de aspecto extraño que estaban justamente a su lado y que habían estado mirando para ellos bastante tiempo. – ¿Nos conocemos? ¿O queréis que firme vuestra alma? – Les guiñó el ojo. Dirigió su mirada concretamente al que parecía más humano, aunque tenía una apariencia ciertamente tétrica. Como si fuese la primera vez que salía de casa y le estuviese generando ansiedad respirar aire fresco. ¿Quiénes eran?
Resumen
Karmas

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