Cuando las barbas... [Aventura T1, P.A.]
#5
Los abundantes matones que habían entrado al local permanecieron junto a la entrada, observando cómo el particular Magnus se encendía otro pitillo con aquel hermoso mechero, una pequeña obra de orfebrería. Al otro lado de la barra, el tabernero se mostraba visiblemente incómodo, aunque no hizo, como hubiesen esperado ellos, amago alguno de empezar a contar su dinero o correr a por suelto a la caja registradora. Permaneció allí, clavado, donde estaba, limpiando un vaso con un paño, mientras un goterón de sudor caía por su sien y se deslizaba hacia el lateral de su cara. Tampoco hubo mucha más reacción de la esperada entre el resto de parroquianos, que parecieron continuar con sus bebidas en un abrumador silencio; parecía evidente que todos sabían cómo guardar las formas en una situación así. Haberse escandalizado, levantado de sopetón o mostrado indignación ante los maleantes solo hubiera empeorado las cosas, y nadie quería nada de eso. Nadie, a excepción de Magnus Brand, que había optado por levantarse y correr hacia uno de los criminales, clavándole una patada que, sin lugar a dudas, hundió su pecho antes de que pudiera terminar su última frase. El cuerpo del tipo, ya inerte, voló hacia detrás, estampándose contra la pared de madera y provocando que varios tablones cayesen sobre sí, causando una pequeña nube de polvo y astillas. No hubo respuesta, ya se sabe que los hombres muertos no cuentan historias.

"Lamento deciros que vuestros cálculos son bastante optimistas," dijo el tabernero, como si nada hubiera ocurrido, tras un momento meditando, aún limpiando con empeño aquel vaso, "si os tengo que pagar 300.000 me arruináis el negocio. Y no sé de qué os servirá cobrarme tanto si me hacéis cerrar en cuestión de un par de meses, ¿sabéis?," inquirió. Su propuesta pareció desconcertar un poco a otro de los matones del grupo, para quien el razonamiento del tabernero debió de sonar a auténtica física cuántica, y que estaba empezando a perder los nervios. "Vamos a ver, viejo, no me toques los cojones," dijo, tras pelearse mentalmente con su argumento y darse por vencido en el lapso de un instante, "tú nos pagas y el jefe se asegura de que... no te pase nada malo. Y sigues pagando, mes a mes, ¡y ya está! ¡No tiene tanta ciencia! Y si cierras, pues ya abrirá otro tonto," dictaminó, frunciendo el ceño. El resto de Bag's Cat no se inmutó, aunque alguno soltó una mínima carcajada que se cortó como la leche al oír la no tan divertida respuesta del matón. El ambiente empezaba a caldearse mucho más de lo que hubiese sido del gusto de cualquiera de ellos, y aquella situación empezaba a pintar a que el local acabaría oliendo a pólvora y madera quemadas en cuestión de, si eso, medio minuto más.

"¡Y tú!," dijo el matón, volviéndose hacia su compañero derribado, y luego hacia el enorme Magnus, cuya cabeza casi daba con las vigas del techo. El hombre derribado por Magnus había quedado irreconocible, medio sepultado por los tablones y la gravilla y con el esternón visiblemente hundido hacia su interior, su caja torácica completamente reventada. "¡¿Quién coño te crees que eres para hacerle eso a Toori?! ¡Pateadle el orto, muchachos!," exclamó, al tiempo que todos ellos deslizaban sus porras extensibles y sus palos y se dirigían hacia el buccaneer, ojeándolo de arriba a abajo. La marabunta de criminales se lanzó contra Magnus, procediendo a apalearlo hasta la muerte y dar buen ejemplo de lo que pasaba cuando uno se rebelaba contra los designios de Tibias o cualquiera de los hombrecillos que actuaban bajo sus órdenes, sus lacayos.



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RE: Cuando las barbas... [Aventura T1, P.A.] - por Stroud Nanashi - 21-08-2026, 12:27 AM

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