12-12-2023, 12:50 PM
Atentamente escuché toda la explicación de Aurora sobre los bocadillos, parecía sorprendida con el hecho de que no hubiera cocinado nunca la carne, pero era la realidad; yo cazo y como. Cuando dijo que podía coger el otro bocadillo si quería dejé escapar una sonrisa mientras me acercaba para devorarlo como había hecho con el otro, si la carne del animal que habíamos capturado estaba así de buena no podía esperar a probar la de jabalí marino, ¡Mi favorita!
Para cuando Aurora me advirtió de la llegada de Garnet mi boca, aún llena con el pan y la carne, emitió un inentendible sonido de aprobación, — Fe acuegfo — solo me quedaba esperar que la rubia lo hubiera entendido, ella se adelantó con algunos trozos de carne y me dejó atrás, cuando terminé de comer el bocadillo agarré todo lo que quedaba de carne y fui a la costa donde ambos me estarían esperando. Por un momento mi idea fue saltar al mar y salir por la playa, pero recapacité a tiempo y me di cuenta de que iba cargada con comida que mis compañeros no querrían probar si iba con sabor a mar, así que en su lugar bajé por donde solían hacerlo los humanos. Respiré aliviada cuando vi que, efectivamente, el alado había cumplido su parte y había empezado una fogata, por un momento temí que tampoco fuera capaz. — A ver, ¿Y con esta carne qué hacemos? Se tira al fuego como la de la cocina? — hice el ademán de, efectivamente, lanzar la carne cruda directamente a las ramas ardientes que el skypean había prendido.
Para cuando Aurora me advirtió de la llegada de Garnet mi boca, aún llena con el pan y la carne, emitió un inentendible sonido de aprobación, — Fe acuegfo — solo me quedaba esperar que la rubia lo hubiera entendido, ella se adelantó con algunos trozos de carne y me dejó atrás, cuando terminé de comer el bocadillo agarré todo lo que quedaba de carne y fui a la costa donde ambos me estarían esperando. Por un momento mi idea fue saltar al mar y salir por la playa, pero recapacité a tiempo y me di cuenta de que iba cargada con comida que mis compañeros no querrían probar si iba con sabor a mar, así que en su lugar bajé por donde solían hacerlo los humanos. Respiré aliviada cuando vi que, efectivamente, el alado había cumplido su parte y había empezado una fogata, por un momento temí que tampoco fuera capaz. — A ver, ¿Y con esta carne qué hacemos? Se tira al fuego como la de la cocina? — hice el ademán de, efectivamente, lanzar la carne cruda directamente a las ramas ardientes que el skypean había prendido.
