21-08-2026, 06:06 AM
Un delicioso aroma a comida y especias se extendía por todo el muelle, despertando el apetito de cualquiera que tuviera que pasar entre negocios y restaurantes, con la noche anunciandose, cada antorcha fue alumbrando el camino de aquella zona comercial.
Nuestros artistas protagonistas tendrán que atravesar el muelle siguiendo la zona de los puestos ambulantes, sorteando borrachos, trabajadores que aún cumplían con sus labores, y niños que correteaban alrededor de sus madres, más de uno volvió la mirada con evidente asombro al encontrarse con aquella peculiar imagen de un enorme Mink de diez metros que por alguna extraña razón parecía haber adoptado una apariencia perteneciente a otra especie, una mezcla que no dejaba claro que era exactamente, sin duda, consiguió acaparar más de una mirada curiosa aunque ninguno se atrevió a articular palabra, probablemente por temor a despertar su furia.
Finalmente, frente a ellos apareció “El Canto de la Sirena”, se trataba de un establecimiento de estructura tradicional de la isla, inspirado en el estilo de Wano, desde la distancia podía apreciarse que era un edificio considerablemente grande, de al menos tres pisos cuyos tejados estaban cubiertos por láminas de barro teñidas de azul marino. Una enorme inscripción con el nombre del local adornaba la fachada mientras que sus puertas corredizas estaban hechas de papel templado de contextura gruesa, permanecían abiertas para recibir a la clientela nocturna, y del tejado colgaban numerosos faroles de fuego rojizo que iluminaban la entrada con una cálida tonalidad. Desde el interior escapaba el exquisito aroma de un banquete que se encontraba a plena preparación, a un costado del establecimiento, varios hombres musculosos y sin camisa cargaban pesados barriles de licor hacia el interior, mientras una mujer de despampanante belleza supervisaba atentamente el trabajo de los obreros.
Era una doncella de cabello celeste en una tonalidad vibrante sedoso, ojos de color ámbar y piel nívea, su enorme estatura estaba cerca de los cuatro metros, hacía que incluso aquellos hombres parecieran pequeños a su lado. Vestía un elegante kimono de tonalidades púrpuras cuyos pliegues inferiores estaban decorados con patrones de líneas triangulares, alrededor de su cintura llevaba enrolladas dos pequeñas pitones de color rosa, entrelazadas entre sí mientras las dos se movían de un lado a otro, parecían inofensivas, y era evidente que se trataban de mascotas encariñadas de su dueña.
De entre su cabello celeste sobresalían dos pequeños cuernos negros en la parte superior de su cabeza, al parecer, aquella mujer pertenecía a la raza de los Semi- Oni, una raza descendiente de los antiguos Oni, conocidos por ser mucho más amables y abiertos al comunicarse con otras especies a diferencia de la raza original que es mucho más hostil.
— Por favor, si pueden ser un poco más rápidos, pronto llegarán los invitados y el señor Ozu parece estar más nervioso de lo normal, chun chun… — murmuró la mujer con una voz suave y coqueta, provocando que los hombres asintieran con la cabeza seguidamente apresuraron la descarga de la mercancía proveniente de la flota cercana.
— ¡Señorita Okky! — exclamó de pronto una joven considerablemente más pequeña que la Semi-Oni, en su mirada había angustia, preocupada por cosas internas del bar — ¡Aún no tenemos músicos para el entretenimiento! ¡El señor Ozu está rechazando a todos lo que llegan! ¡¿Qué haremos?! ¡Los clientes están a punto de llegar!
— ¡¿Otra vez?! — exclamó Okky, llevándose una mano a la frente mientras soltaba un suspiro cargado de fastidio, giró entonces la mirada hacia el cielo nocturno… como si esperara encontrar allí una solución al problema. — Mira la hora que es… ¿Dónde vamos a encontrar músicos a estas horas?, Chun Chun...
Nuestros artistas protagonistas tendrán que atravesar el muelle siguiendo la zona de los puestos ambulantes, sorteando borrachos, trabajadores que aún cumplían con sus labores, y niños que correteaban alrededor de sus madres, más de uno volvió la mirada con evidente asombro al encontrarse con aquella peculiar imagen de un enorme Mink de diez metros que por alguna extraña razón parecía haber adoptado una apariencia perteneciente a otra especie, una mezcla que no dejaba claro que era exactamente, sin duda, consiguió acaparar más de una mirada curiosa aunque ninguno se atrevió a articular palabra, probablemente por temor a despertar su furia.
Finalmente, frente a ellos apareció “El Canto de la Sirena”, se trataba de un establecimiento de estructura tradicional de la isla, inspirado en el estilo de Wano, desde la distancia podía apreciarse que era un edificio considerablemente grande, de al menos tres pisos cuyos tejados estaban cubiertos por láminas de barro teñidas de azul marino. Una enorme inscripción con el nombre del local adornaba la fachada mientras que sus puertas corredizas estaban hechas de papel templado de contextura gruesa, permanecían abiertas para recibir a la clientela nocturna, y del tejado colgaban numerosos faroles de fuego rojizo que iluminaban la entrada con una cálida tonalidad. Desde el interior escapaba el exquisito aroma de un banquete que se encontraba a plena preparación, a un costado del establecimiento, varios hombres musculosos y sin camisa cargaban pesados barriles de licor hacia el interior, mientras una mujer de despampanante belleza supervisaba atentamente el trabajo de los obreros.
Era una doncella de cabello celeste en una tonalidad vibrante sedoso, ojos de color ámbar y piel nívea, su enorme estatura estaba cerca de los cuatro metros, hacía que incluso aquellos hombres parecieran pequeños a su lado. Vestía un elegante kimono de tonalidades púrpuras cuyos pliegues inferiores estaban decorados con patrones de líneas triangulares, alrededor de su cintura llevaba enrolladas dos pequeñas pitones de color rosa, entrelazadas entre sí mientras las dos se movían de un lado a otro, parecían inofensivas, y era evidente que se trataban de mascotas encariñadas de su dueña.
De entre su cabello celeste sobresalían dos pequeños cuernos negros en la parte superior de su cabeza, al parecer, aquella mujer pertenecía a la raza de los Semi- Oni, una raza descendiente de los antiguos Oni, conocidos por ser mucho más amables y abiertos al comunicarse con otras especies a diferencia de la raza original que es mucho más hostil.
— Por favor, si pueden ser un poco más rápidos, pronto llegarán los invitados y el señor Ozu parece estar más nervioso de lo normal, chun chun… — murmuró la mujer con una voz suave y coqueta, provocando que los hombres asintieran con la cabeza seguidamente apresuraron la descarga de la mercancía proveniente de la flota cercana.
— ¡Señorita Okky! — exclamó de pronto una joven considerablemente más pequeña que la Semi-Oni, en su mirada había angustia, preocupada por cosas internas del bar — ¡Aún no tenemos músicos para el entretenimiento! ¡El señor Ozu está rechazando a todos lo que llegan! ¡¿Qué haremos?! ¡Los clientes están a punto de llegar!
— ¡¿Otra vez?! — exclamó Okky, llevándose una mano a la frente mientras soltaba un suspiro cargado de fastidio, giró entonces la mirada hacia el cielo nocturno… como si esperara encontrar allí una solución al problema. — Mira la hora que es… ¿Dónde vamos a encontrar músicos a estas horas?, Chun Chun...
La Cajita Pandora
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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