21-08-2026, 06:38 AM
La calidez de las lágrimas que recorren su rostro con una naturalidad que un actor envidiaría, contrastan con la frialdad de su sangre y sus músculos tensos, músculos que apenas nota que empiezan a con un poco más de fuerza la cintura del rubio bajo él, aunque es una sensación que no dura más que un par de segundos, pues es ese mismo rubio el que se encarga de devolverlo a la realidad.
Una mano sobre su nuca lo hace parpadear un par de veces, haciendo que el lagrimeo que se acumuló en sus ojos empezara a bajar por sus mejillas para acompañar a las otras lágrimas que ya se habían secado en su rostro.
—Lo sé, conozco bien los límites del cuerpo humano y sé que no hay medicina que sirva para traer a alguien del más allá —. Se dejó hacer, que fuera el otro quien acomodara sus cuerpos, casi como si de un momento a otro se hubiera convertido en un simple títere con el que el de cabellos color sol podía hacer y deshacer cuanto quisiera, por eso no detuvo la caricia en su nuca ni el beso contra su pulso, gestos que de alguna manera u otra, lograron que aquella tristeza, entre realista y falsa, disminuyera un poco o al menos lo suficiente como para que el pelirrosa se diera cuenta de su error: Había matado el ambiente con la misma facilidad con la que mató a su ex pareja.
—No, espera…no necesito…
Para cuando las palabras en su mente se atrevieron a salir de su garganta como la voz que debió ser desde un inicio, su acompañante había tomado el control. Las manos ajenas se movieron con facilidad por su cintura, con una delicadeza que generó un cosquilleo en el vientre del pelirrosa, pero que no bastó para que su cuerpo recuperara la firmeza para mantener al rubio bajo él, pues este se deslizó sobre las sábanas y de un momento a otro bajó de la cama, en un movimiento tan repentino que el médico apenas pudo estirar su mano para acariciar los mechones largos de cabello pálido que ondeaban mientras que el otro hombre se alejaba de su lado.
—…agua…
Se quedó quieto, sentado sobre sus propias piernas, casi arrodillado frente a la almohada, aunque su cabeza estaba girada apenas para seguir los movimientos elegantes de aquel que lo acompañaba esa noche.
Chasqueó la lengua y volvió a morder sus labios con fuerza.
¿Qué más daba llorar por un muerto?
El chico le había servido bien, era verdad, fue un buen asistente mientras todo duró, le consiguió buenos productos y era un excelente enfermero, de hecho, no recordaba haber tenido otro asistente tan bueno como ese último, claro que extrañaría eso, pero…se equivocó, quiso obtener más, debía pagar por sus palabras ¿No? Entonces, ¿Para qué llorar por él?
Sus dientes se clavaron con más fuerza sobre su labio inferior. Bien podía empezar a disfrutar más de aquel que tenía en frente y dejar de pensar en el pasado ¡Je! Parece que a final de cuentas era cierto que no toda su atención había estado en el rubio, si no en la idea que tenía de él, en esa sensación de conocerlo y a la vez no recordar si quiera su nombre… ¿Tez…ca? ¿Cierto?
Además…
—¿Eh? —Sus párpados volvieron a subir y bajar con rapidez, haciendo que sus pestañas largas y rosas enmarcaran de manera casi etérea sus ojos dorados que ahora prestaban atención a la mirada esquiva de su improvisado acompañante.
—Gracias —. Tomó la botella de agua para beber un sorbo antes de dejar esta sobre la mesa, solo para darse cuenta de que la sangre de sus labios había manchado la boca de la botella, menos mal esta era desechable. —Y…lo siento por…eso —. Señaló el borde ahora rojizo para luego relamer sus labios con lentitud y quitarle los restos de sangre que quedaron por culpa de su propia mordida. —No suelo darme cuenta cuando lo hago…ya sabes, el morder mis labios, mi lengua, mi boca…da igual, ayuda a calmarme —. Confesó, prefiriendo ser sincero al menos en una de las tantas cosas que decía.
—De todos modos, olvida lo que dije —. Se acercó de nueva cuenta al rubio, dándole bastante igual si este lo miraba o no, a fin de cuentas, la mano del médico se encargó de posarse bajo el mentón ajeno, atrayendo consigo, apenas un poco, el rostro del otro hombre, obligándolo a mirar la sonrisa de medio lado que adornaba aquellas perfectas facciones. —Estoy bien y tu tienes razón, los muertos no regresan y yo…yo preferiría olvidarlo ¿Puedes hacer que lo logre? Sí, mejor en lugar de olvidar lo que dije, hazme a mi olvidarlo —. Dejó que su mano se deslizara desde el mentón hacia el cuello, siguiendo un tortuoso y lento camino que recorrió el pecho, el abdomen, el vientre y terminó justo en donde la tela de la toalla impedía que bajara más.
—Por una noche quiero pensar en alguien más —. Esta vez fue el médico quien se acercó para besar justo en la zona del cuello en donde el pulso podía sentirse con más notoriedad, aunque luego se alejó apenas un poco para acomodarse mejor y arrodillarse en el suelo, justo en medio de las rodillas del hombre. Relamió sus labios de nuevo, pero esta vez no para quitarse la sangre, pues esta había dejado de brotar de estos desde hace rato, si no para prepararse para lo que tenía en mente si el rubio lo dejaba avanzar. —¿Puedo?
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