23-08-2026, 06:35 AM
(Última modificación: 23-08-2026, 06:43 AM por Nyxara Archeron.)
77 de Primavera, Año 17 ❥ Baterilla
Forgive me for I don't know what I gain...Alone in this garden of pain
─ ♚ ─
Intento que el aire frio de primavera le ayudara a anclarse al presente, a ese presente que la mantenía lejos de esa pesadilla demasiado vivida que acechaba en sus entrañas y rasgaba su alma cada noche. Intento que el aire frio de primavera le ayudara a recordar a sus hermanas desde la felicidad absoluta y no desde el horror y la muerte que se habían instalado en su casa como un invitado indeseado. Intento…
Hasta que el ruido de aquel grito la tomó por sorpresa.
La voz masculina rasgo la quietud de la noche y sus dedos, apoyados en la piedra fría, se crisparon instintivamente clavando las uñas en la superficie irregular por una fracción de segundo que bien podría haber sido una eternidad. Fue ese reflejo, esa acción de su cuerpo que reaccionaba en guardia antes de procesar todo lo que ocurría a su alrededor, un reflejo al cual no le permitió convertirse en movimiento.
Y la frialdad de ese suelo, el ancla que buscaba para no pensar en Aelira, era mas fuerte que el hombre ruidoso que ahora tenia al lado. Soltó los dedos mientras hacia ese suave repiqueteo contra la superficie rugosa, ese micro gesto relajado y manteniendo las piernas hacia la oscuridad, la Archeron demoró unos segundos deliberados en girar lentamente el rostro hacia la dirección del sonido. Ese movimiento pausado que lograba hacer que el aire frio abriera las hebras de su cabello de medianoche, enmarcando ese rostro de líneas finas y pecas dispersas, transformando la sencilla acción de mirar por sobre su hombro hacia el sonido, en un acto de completa soberanía.
El estallido de luz dorada fue un espectáculo digno de observar, uno que, para otra mujer, una a la cual las sombras de sus demonios respirándole con suavidad sobre el cuello no le arrebataran el calor de las venas, podrían impresionar.
Una mujer que ciertamente no era ella.
Ni siquiera cuando se volvió a ensamblar frente a su rostro con teatralidad que le pareció demasiado calculada para ser real.
Dejó que el silencio se asentara entre ellos mientras el mar de sus ojos se clavaba en esos lentes oscuros y su barbilla se alzaba con esa ligereza orgullosa. Esos lentes eran un detalle que no le agradaba… ella prefería mirar de frente y a la cara para encontrarse con el mundo que habitaba en las miradas que la rodeaban, en cambio, el marine que acababa de interrumpirla prefería esconderse detrás.
“¿Cobarde, quizás?”
Quizás…
No tenía las agallas para mostrarse de frente.
Al igual que él debería estar observándola escondido detrás de esos marcos oscuros, ella lo imitó y el mar de sus ojos le observo con la intensidad tal, que el cristal de esos lentes oscuros podría no existir entre ambos, para que no se le olvidara que mirarla con descaro y atrevimiento, podría traer el precio alto de un pago que no tendría como costear.
Calculó su porte, más no se digno a alzar aún más la mirada, Nyxara Archeron no alzaría la mirada ante nadie. Su rostro varonil poseía esos ángulos rectos, filosos y llamativos, con una simetría tan impecable que rozaba lo artificial. El contraste de su piel con su cabello, le daba ese aire de caballero antiguo, tallado en mármol perfecto, como si todo en él estuviese hecho para llamar la atención. Su cuerpo parecía estar curtido por el entrenamiento de la marina, lo delataba el ancho de sus hombros que parecía esconder debajo de esa campera y por la precisión con la que acababa de resplandecer y materializarse nuevamente, algo le decía que su velocidad debería ser bastante buena.
Poseía la clase de apariencia que haría a su hermana menor, Seren Archeron, suspirar sin dudas.
Poseía la clase de apariencia que haría a su hermana mayor, Aelira Archeron, girar a verle sin reparos.
Poseía la clase de apariencia que haría que ella, Nyxara Archeron, perdiera inmediatamente el interés.
Era demasiado perfecto…
Poseía la clase de belleza engañosa que algunos hombres podían usar a su favor y para ella, hacía falta mucho más que una cara bonita, un cuerpo atractivo y un par de trucos de magia para captar su atención.
La mirada de la Archeron cambio a penas, un gesto sutil, un descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas. Lo suficiente para que aquella calma orgullosa adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo – ¿El truco de magia es lo que usas con todas las reclutas y te suele funcionar o esta noche simplemente pensaste que era buena idea hacer el ridículo? – Arremetió sin piedad con su lengua de plata, su voz tomó ese tono aterciopelado y melódico, como si fuera una caricia que buscaba colarse entre los sentidos pero que gritaba peligro si se escuchaba con atención.
Ladeo lentamente el rostro y su cabello danzo por sobre su hombro con suavidad como una cascada nocturna, revelando la curvatura de su cuello y la fina línea de su clavícula. Ese gesto que se debatía entre la belleza y la falta de interés – Fantasma – repitió lentamente, como si buscara alargar la agonía de ese intento de cumplido – ¿Una palabra de tres silabas fue lo mejor que se te ocurrió? –
Ese marine había tenido el descaro de observarla en silencio demasiado tiempo como para perdonarle la osadía, creyendo, además, que ella caería bajo esas formas bien entrenadas de coqueteo, una sonrisa encantadora practicada, un halago ya usado...
Que equivocado estaba.
Si ese hombre tenía un mínimo sentido de la auto preservación entendería que lo mejor era no caminar de frente al fuego y la tormenta que ella era.
Nyx no se molesto en cubrirse los muslos o en reacomodarse la chaqueta que el viento de la noche había deslizado con ligereza en una abertura dejando expuesta la piel de su cuello. No había un solo rastro de pudor, vergüenza o duda en su postura. Si esa era guerra de miradas y poder, ella no cedería ni un mínimo de terreno.
Y ciertamente no perdería.
Porque Nyxara Archeron no retrocedía ante nadie.
En lugar de aquello, apoyo el peso de su cuerpo hacia atrás sobre sus manos con esa elegancia orgullosa casi insolente. Manteniendo la cabeza erguida como si esa torre fuera un trono personal – Mi ropa no es asunto de tu incumbencia ni un problema que debas resolver – y el filo de esa lengua de plata podría haber cortado el aire entre ambos – Y te sugiero que no te preocupes por mi frio, nada de lo que un hombre como tu pueda hacer, tendría el calor suficiente para quitarlo – Porque ella esperaba un incendio detras de los ojos. Uno que la consumiera por completo. Uno que fuera mas fuerte que su propio fuego, que su propia tormenta.
Y que agradeciera que no estaba de pie ante él o habría tenido que materializarse entre esas luces brillantes hacia la salida.
El azul de sus ojos se deslizó nuevamente desde su rostro hacia el mar nocturno que estaba, expectante, frente a ellos – Si tu única función durante esta guardia nocturna es lanzarse cumplidos a desconocidas, te sugiero que sigas tu camino, antes que comience a cuestionarme tu habilidad para hacer un trabajo mínimo bien ejecutado –
Léeme
