23-08-2026, 06:48 PM
Nine dejó que el ladrón se marchase sin dedicarle una última mirada. A fin de cuentas, ya había dejado bastante clara su postura. En su lugar, centró finalmente su atención en el joven al que acababa de evitarle un segundo disgusto.
—¡No es nada! Es que no soporto a los ladrones. Pienso en ellos y siento que la Luna aún Arde dentro de mí...
De repente, la llama se avivó con fuerza sobre la espalda de Nine. El lunarian trató de recuperar la calma de inmediato.
—¡No parece que hayas tenido un comienzo especialmente afortunado en Baquella.
La mirada del lunarian recorrió durante unos instantes al muchacho, deteniéndose finalmente en la bolsa que aún mantenía junto a su cuerpo. Después volvió a fijarse en él. Había algo en su forma de hablar que dejaba bastante claro que aquello no había sido el primer inconveniente de la mañana.
—Pareces perdido, quizás esa sea la razón por la que llamas tanto la atención de gentuza como la que acabas de ver.
Una leve sonrisa apareció en el rostro de Nine mientras descruzaba los brazos. No parecía especialmente preocupado por la posibilidad de que aquel hombre volviera a ser víctima de otro robo. En una plaza como aquella, alguien con semejante tamaño y unas alas tan llamativas no pasaba precisamente desapercibido.
Fue entonces cuando reparó en la forma en que el desconocido había estado observándolo.
—¿Tengo algo raro en la espalda? Si es por mis alas... Sí, son reales. ¿Acaso tienes algún problema con ellas?
Por unos instantes, Nine mantuvo la mirada sobre él, tratando de discernir si aquella curiosidad escondía alguna clase de desprecio. Al no encontrarlo, su expresión terminó relajándose. Durante años se había acostumbrado a que las personas reparasen en sus alas, en su tamaño o en cualquier otro rasgo que lo diferenciase del resto.
—No eres el primero que se queda mirándolas de esa manera. Supongo que no habrás tenido demasiadas oportunidades de encontrarte con alguien como yo.
Desde el momento en que había puesto la mirada sobre él, Nine parecía mostrar cierta curiosidad por aquel desconocido. No tenía pinta de ser un lugareño y, por lo que acababa de decir, tampoco parecía conocer demasiado bien Baquella. Además, llevaba un buen rato buscando algo por la plaza sin encontrarlo.
—Por cierto, si estás buscando algún sitio concreto, quizá pueda ayudarte. Llevo meses viniendo prácticamente a diario y conozco esta plaza bastante mejor de lo que me gustaría admitir.
—¡No es nada! Es que no soporto a los ladrones. Pienso en ellos y siento que la Luna aún Arde dentro de mí...
De repente, la llama se avivó con fuerza sobre la espalda de Nine. El lunarian trató de recuperar la calma de inmediato.
—¡No parece que hayas tenido un comienzo especialmente afortunado en Baquella.
La mirada del lunarian recorrió durante unos instantes al muchacho, deteniéndose finalmente en la bolsa que aún mantenía junto a su cuerpo. Después volvió a fijarse en él. Había algo en su forma de hablar que dejaba bastante claro que aquello no había sido el primer inconveniente de la mañana.
—Pareces perdido, quizás esa sea la razón por la que llamas tanto la atención de gentuza como la que acabas de ver.
Una leve sonrisa apareció en el rostro de Nine mientras descruzaba los brazos. No parecía especialmente preocupado por la posibilidad de que aquel hombre volviera a ser víctima de otro robo. En una plaza como aquella, alguien con semejante tamaño y unas alas tan llamativas no pasaba precisamente desapercibido.
Fue entonces cuando reparó en la forma en que el desconocido había estado observándolo.
—¿Tengo algo raro en la espalda? Si es por mis alas... Sí, son reales. ¿Acaso tienes algún problema con ellas?
Por unos instantes, Nine mantuvo la mirada sobre él, tratando de discernir si aquella curiosidad escondía alguna clase de desprecio. Al no encontrarlo, su expresión terminó relajándose. Durante años se había acostumbrado a que las personas reparasen en sus alas, en su tamaño o en cualquier otro rasgo que lo diferenciase del resto.
—No eres el primero que se queda mirándolas de esa manera. Supongo que no habrás tenido demasiadas oportunidades de encontrarte con alguien como yo.
Desde el momento en que había puesto la mirada sobre él, Nine parecía mostrar cierta curiosidad por aquel desconocido. No tenía pinta de ser un lugareño y, por lo que acababa de decir, tampoco parecía conocer demasiado bien Baquella. Además, llevaba un buen rato buscando algo por la plaza sin encontrarlo.
—Por cierto, si estás buscando algún sitio concreto, quizá pueda ayudarte. Llevo meses viniendo prácticamente a diario y conozco esta plaza bastante mejor de lo que me gustaría admitir.
INFORMACIÓN
