25-08-2026, 01:49 AM
10 Primavera - Año 18
Una vez más un cálido brillo se alza entre la neblina que cubre constantemente la isla, y no, no me refiero al sol amaneciendo ¡NO! Esa luz que se alza no es otra que la firme luz de la justicia, la cual llega otro día más a llenar los corazones de los habitantes de la isla Kutsukku, de la mano ni más ni menos que de nuestra queridísima ¡Centella!
— ¡AHÁ! ¡No os preocupéis más queridos ciudadanos pues la emisaria de la justicia Centella vuelve a entrar en escena un día más a castigar el mal! — Grité tan alto como mi pasión me permitió desde un aún más alto tejado, al cual, no sabría decir a ciencia cierta cómo he llegado, y mucho menos, como bajar. Pero una nimiedad como esa no iba a preocupar a una justiciera de mi calibre, mi verdadera preocupación ahora mismo no es otra que calmar el inquieto espíritu de la gente haciéndoles saber sobre mi presencia. Aunque poco sabía yo que ese gran enigma encontraría pronto ávida solución, pues cuando me disponía a realizar mi tercera pose de mi repertorio de poses tranquilizadoras mañaneras, fui golpeada por un misterioso objeto volador no identificado perdiendo el equilibrio en el acto, pues hacer el pino puente a la pata coja sobre unas tejas no es tarea sencilla, y precipitándome del edificio.
Mientras me dirigía hacía mi inevitable destino (el suelo) pude oír como los ciudadanos alzaban sus voces hacía mí
— ¡Quieres callarte que son las seis de la mañana! ¡Todos los día con la miasma cantinela! —
Aunque sus palabras no fueron más que tristemente bloqueadas por el viento, no puedo imaginar más que vítores hacía mi persona y gritos de preocupación ante mi tesitura, más no temáis, pues si hay algo más duro que el suelo es el orgullo de una heroína, eso, y mi casco, que también viene bien para estas situaciones.
Tras lo que fue un fuerte y sonoro golpe en la calle se alza una gran cortina de polvo y de su interior comienza a surgir una figura — ¡JAJAJAHIIIJAJA! No os preocu- coof coof... No os pre- coof... Joer cuanto polvo se ha levantado coño — Tras parar un momento a aclarar mi garganta y desempolvarme la capa retome — No os preocupéis por mi ya que- ¡AU! — Volví a ser interrumpida, esta vez al ser recibida por la familiar sensación de un golpe en mi cocorota. Esta ya estaba empezando a mosquearme, mas esas emociones no llegaron a terminar de florecer, ya que fueron opacadas por mi gran descubrimiento. El objeto volador que atentó contra mi persona ya en dos ocasiones acababa de ser identificado, se trataba de una bota talla cuarenta y siete ya conocida por mi persona. Toda mi anterior frustración fue sustituida en ese mismo instante por asombro, dirigiendo mi mirada al hombre de ceño fruncido asomado a su ventana y que anteriormente me dirigió sus halagos y exclamé: — Antonio no te lo vas a creer pero he vuelto a encontrar tu bota, no puedes seguir perdiéndola así de fácil hombre que ya es el sexto día seguido que me la encuentro, empiezo a pensar que si no fuera por mí andarías descalzo ¡JAJAJAHIIIJAJA! — Y procedí a devolverle al descuidado ciudadano su bota con un suave pero efectivo lanzamiento lateral en arco, dejando la prenda delicadamente en el alféizar de su ventana.
Una vez terminado mi saludo matutino continúe con mi camino patrullando por las calles, guiada solo por mi instinto de justicia y mis queridas piernas, las cuales andaban más rápido de lo que mi cabeza pudiera indicarles, llenas de júbilo, pues el día no había hecho más que comenzar y ya había podido ayudar a un pobre ciudadano.
