25-08-2026, 12:41 PM
El puño de Shinka Sae logra impactar contra el torso de Tenoch, cargado con la misma libertad que la trajo hasta Hachinosu, pero el grito que sale de la garganta de Tenoch un instante antes da un giro inesperado al desenlace que Shinka tenía previsto. El haki de armamento reforzando su técnica defensiva, se extiende por el pecho de Tenoch como una segunda piel de acero, y el golpe que debería haberlo derribado se estrella en cambio contra un muro que no cede ni un centímetro. Sin dar tregua, las alas del enmascarado alado se abren de golpe y baten hacia atrás con una violencia que levanta polvo y escombros a su paso, y su cuerpo entero sale despedido veinticinco metros más rápido que una bala. Sus patas apenas tocan tierra cuando ya está flexionando las rodillas de nuevo, girando el torso, cargando tensión en cada músculo del brazo derecho mientras el aire silba a su alrededor, y entonces vuelve a lanzarse, cerrando esos mismos veinticinco metros antes de que la oni pueda siquiera terminar de girar la cabeza hacia él. El puñetazo del enmascarado alado se hunde de lleno en el costado de Shinka Sae, y el impacto la levanta del suelo, mandándola treinta metros hacia atrás, en dirección al cráter, mientras sus dedos se aflojan alrededor de las muñecas de Ashura, siendo así liberado de su agarre, quien por su parte había aprovechado para mermar a su captora Oni a su manera.
Tenoch no pierde ni un segundo, atrapa a su capitán en el aire antes de que toque el suelo y lo sube sobre su lomo de pegaso para continuar con el embate. A la distancia, Itsuka y Mutsumi solo pueden activar su haki de observación medio y extenderlo a treinta y cinco metros pues sus ojos no son capaces de seguir la consecución de acciones de los heraldos de la muerte que reinan en Hachinosu. Por un instante, el aire entre ambos combatientes y la oni se queda quieto, tenso, como si el propio viento contuviera el aliento antes de la tormenta. Ashura desenvaina su arma y un aura gélida se enrosca alrededor del filo, cargada de muerte, desesperación y dolor; bajo él, Tenoch reúne en su puño el fuego destructivo que otrora unos momentos atrás reducía a cenizas los edificios aledaños junto con sus habitantes. Hielo y fuego, uno junto al otro, a punto de encontrarse en el mismo cuerpo. Tras reducir los treinta metros que les separaban de Shinka Sae a cero en un parpadeo con una explosión de humo que impulsa a Ashura desde el lomo de Tenoch, su espada traza un arco descendente que atraviesa el cuello de la oni de lado a lado en un único movimiento limpio y brutal, mientras Tenoch, a su lado, descarga su propio puño ardiente contra el costado contrario, y por un instante un silencio sepulcral se hace presente en la isla.
La cabeza de Shinkae Sae se separa del cuerpo con un sonido húmedo y seco a la vez, el corte cauterizándose de inmediato bajo el hielo que brota tras el filo, cristalizando lo que queda del cuello en un collar de escarcha rojiza mientras el fuego del puño de Tenoch manda a volar el resto del cuerpo decapitado de la Oni mismo que termina desplomado en el suelo a noventa metros de donde su cabeza rueda bajo los pies de los caballeros de la muerte, sus ojos amarillos aún abiertos, congelados en la misma expresión de terror que había asomado instantes antes al pensar en sus hermanas. A más de treinta y cinco metros de allí, sin moverse un solo paso de donde están, Itsuka y Mutsumi ven caer, literalmente, a la mujer que las llamó hermanas, y ver rodar su cabeza por el suelo de Hachinosu es lo único que les hacía falta para que lo que quedaba de humanidad en su furia se apagase del todo. Ambas cierran el puño alrededor de las dagas que aún sostienen, una en cada mano, y las lanzan desde la distancia sin pensarlo dos veces. Itsuka hacia el pecho de Tenoch, Mutsumi hacia el pecho de Ashura, el acero girando en el aire con un silbido agudo, envueltas en haki de armamento medio tornándolas de un tono oscuro que representa los sentimientos de las gemelas hacia sus rivales – “¡AAAAHHH!” – gritan al unísono, en un tono ronco y desgarrado.
Es en ese mismo instante, entre el humo que aún flota sobre la ciudadela destrozada, como si la propia isla decidiera por fin responder a la pregunta que Ashura acaba de lanzar al aire, una figura empieza a distinguirse a lo lejos, tambaleante entre los escombros, pequeña, quemada de pies a cabeza por el paso del Eagle Fire Hurricane, pero todavía consciente, todavía en pie, arrastrando los pasos como quien no termina de creerse que sigue vivo. De sus manos, un hilo fino de humo comienza a sisear, ascendiendo despacio hacia el cielo teñido de ceniza, mientras recorta la distancia hasta quedar a 50 metros de Tenoch y Ashura y, horrorizado, ve la cabeza cercenada de su hermana de armas a los pies de los heraldos de la muerte.
Tenoch no pierde ni un segundo, atrapa a su capitán en el aire antes de que toque el suelo y lo sube sobre su lomo de pegaso para continuar con el embate. A la distancia, Itsuka y Mutsumi solo pueden activar su haki de observación medio y extenderlo a treinta y cinco metros pues sus ojos no son capaces de seguir la consecución de acciones de los heraldos de la muerte que reinan en Hachinosu. Por un instante, el aire entre ambos combatientes y la oni se queda quieto, tenso, como si el propio viento contuviera el aliento antes de la tormenta. Ashura desenvaina su arma y un aura gélida se enrosca alrededor del filo, cargada de muerte, desesperación y dolor; bajo él, Tenoch reúne en su puño el fuego destructivo que otrora unos momentos atrás reducía a cenizas los edificios aledaños junto con sus habitantes. Hielo y fuego, uno junto al otro, a punto de encontrarse en el mismo cuerpo. Tras reducir los treinta metros que les separaban de Shinka Sae a cero en un parpadeo con una explosión de humo que impulsa a Ashura desde el lomo de Tenoch, su espada traza un arco descendente que atraviesa el cuello de la oni de lado a lado en un único movimiento limpio y brutal, mientras Tenoch, a su lado, descarga su propio puño ardiente contra el costado contrario, y por un instante un silencio sepulcral se hace presente en la isla.
La cabeza de Shinkae Sae se separa del cuerpo con un sonido húmedo y seco a la vez, el corte cauterizándose de inmediato bajo el hielo que brota tras el filo, cristalizando lo que queda del cuello en un collar de escarcha rojiza mientras el fuego del puño de Tenoch manda a volar el resto del cuerpo decapitado de la Oni mismo que termina desplomado en el suelo a noventa metros de donde su cabeza rueda bajo los pies de los caballeros de la muerte, sus ojos amarillos aún abiertos, congelados en la misma expresión de terror que había asomado instantes antes al pensar en sus hermanas. A más de treinta y cinco metros de allí, sin moverse un solo paso de donde están, Itsuka y Mutsumi ven caer, literalmente, a la mujer que las llamó hermanas, y ver rodar su cabeza por el suelo de Hachinosu es lo único que les hacía falta para que lo que quedaba de humanidad en su furia se apagase del todo. Ambas cierran el puño alrededor de las dagas que aún sostienen, una en cada mano, y las lanzan desde la distancia sin pensarlo dos veces. Itsuka hacia el pecho de Tenoch, Mutsumi hacia el pecho de Ashura, el acero girando en el aire con un silbido agudo, envueltas en haki de armamento medio tornándolas de un tono oscuro que representa los sentimientos de las gemelas hacia sus rivales – “¡AAAAHHH!” – gritan al unísono, en un tono ronco y desgarrado.
Es en ese mismo instante, entre el humo que aún flota sobre la ciudadela destrozada, como si la propia isla decidiera por fin responder a la pregunta que Ashura acaba de lanzar al aire, una figura empieza a distinguirse a lo lejos, tambaleante entre los escombros, pequeña, quemada de pies a cabeza por el paso del Eagle Fire Hurricane, pero todavía consciente, todavía en pie, arrastrando los pasos como quien no termina de creerse que sigue vivo. De sus manos, un hilo fino de humo comienza a sisear, ascendiendo despacio hacia el cielo teñido de ceniza, mientras recorta la distancia hasta quedar a 50 metros de Tenoch y Ashura y, horrorizado, ve la cabeza cercenada de su hermana de armas a los pies de los heraldos de la muerte.
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Fichas
Posiciones y Escenario
Belico
Gastos

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