13-12-2023, 04:50 PM
Daryl estaba medio contento por estar pasando tiempo despreocupado del trabajo, pero las respuestas de Irina eran bordes como de costumbre. "No se porqué pensaba que igual tras beber un poco se relajaría", pensó para después dejar salir un suspiro mientras se acomodaba en la silla. — Supongo que todo se acaba pegando. — Respondió ante su comentario de que parecía estar aprendiendo cosas de Daryl, simplemente por seguir la charla. Le dio otro trago a su bebida, ya le quedaba poco. Escuchaba el recital intentando prestar atención. Él no solía disfrutar de cosas tan excéntricas y snobs como la poesía, no gastaba su tiempo en intentar entenderla. Usaban palabras bonitas, pero a veces le daba la sensación de que abusaban de eso mismo y de que se olvidaban de dar un mensaje, o de que lo escondían demasiado a propósito, para dejar a la gente con cara de tontos por no entender de que hablan. En fin.
Un mierdecilla soltó un comentario sobre Irina, era un borracho, un hombre claramente inferior, podía notarse a simple vista. ¿Cómo se sentía en el derecho de decirle nada? Ni si quiera parecían provenir del mismo plano terrenal, había tanta distancia entre uno y otro que el mero hecho de que le dirigiese la palabra era insultante. Daryl le fulminó con la mirada, seguramente aquel simple gesto ya acojonaría al simple pueblerino. Pero no merecía nada más, ni si quiera una amenaza. A veces Daryl se sorprendía a sí mismo al verse actuar de forma tan sobreprotectora. Entonces una pareja se sentó en la única mesa que había libre, justamente al lado de la de ellos. Daryl se fijó en ellos pero solo por un segundo, tampoco le resultaban más extravagantes que el resto de personas del bar, una mujer de pelo morado y gran cicatriz, y un hombre normal y trajeado. Daryl pasaba un poco de todo. Lo que no pudo ignorar fue la aparición de Alzeid. Cómo no, tuvo que hacerla por todo lo alto, dando el cante, montando el numerito. "Madre mía..." Daryl no soportaba muchas de las actitudes de su compañero, una de las cosas que le irritaban era su afán de protagonismo. Estaba bien, no cantaba mal, la verdad es que su música era buena, pero le guardaba cierta inquina, cierto asco. Se centró en mirar a otro lado sin prestar mucha atención.
Entonces, de la nada, Irina vació su copa recién repuesta sobre Alzeid. Arrojó todo su contenido sobre él, en un movimiento grácil e inesperado. Daryl rápidamente se giró para mirarla, aquello le había pillado desprevenido, pero lo que más le sorprendió fue que le estaba señalando a él, como inculpándole. Arqueó una de las cejas mientras apartaba la mano inculpadora de Irina con su mano izquierda, la metálica. — ¡Oye, no me culpes a mi! — El gesto de su rostro fue cambiando del enfado al de una sonrisa, ladeada y pícara. Le había hecho gracia que hubiera mojado a Alzeid, la verdad. — Mi copa aún está llena. — Agarró su vaso de la mesa, luego tiró su contenido también hacia Alzeid, quién empezaba a acercarse al grupo. — ¿Ves? — Dejó el cristal sobre la madera, con cierta agresividad, haciéndola retumbar por el peso de su enorme brazo. — ¡Otra por aquí! — No estaba borracho, pero el calor del whisky subía con rapidez. Soltó una carcajada. Hacía tiempo que no reía en voz alta. Entonces se dio cuenta de que había tocado la mano de Irina sin problema... bueno, no la había tocado como tal, había usado su mano metálica, pero se sorprendió un poco a sí mismo.
Tras acercarse Alzeid, ahora la atención recaía sobre la pareja de la mesa de al lado. "Pobrecitos, no saben dónde se han metido", pensó Daryl mientras rellenaban su copa. Dio un trago largo... qué calor más reconfortante era el del alcohol. Escuchó a su compañera referirse al hombre trajeado como "perro", vaya, otro más. "Bienvenido al club", pensó mientras saboreaba el whisky en su boca. Otra pareja más apareció, sentándose en el mismo sitio. Era curioso como parecían no conocerse entre ellos, pero se pusieron juntos, cuando en la mesa de Irina y Daryl también quedaba sitio. Será que imponían demasiado. La mujer que acababa de llegar era un torbellino, era incluso más ruidosa y llamativa que Alzeid... eso era ya mucho decir. Pero cuanto más bebía, más igual le daba, menos le molestaban esas tonterías. "Por la poesía", brindó la estridente peliazul. Irina acompañó el brindis, para acto seguido lanzar una patada a la mesa, tirándola hacia el suelo y hacia los recién llegados. "Ahora entiendo porqué no bebe nunca... está aún más loca de lo normal", pensó mientras sonreía, observando el estropicio provocado por su compañera, "pero también es más divertida". Se levantó de la silla, menos mal que tenía la copa en su mano, sino habría acabado rota y desparramada por el suelo. No pudo evitar soltar una carcajada, Irina medio borracha era la hostia.
Un mierdecilla soltó un comentario sobre Irina, era un borracho, un hombre claramente inferior, podía notarse a simple vista. ¿Cómo se sentía en el derecho de decirle nada? Ni si quiera parecían provenir del mismo plano terrenal, había tanta distancia entre uno y otro que el mero hecho de que le dirigiese la palabra era insultante. Daryl le fulminó con la mirada, seguramente aquel simple gesto ya acojonaría al simple pueblerino. Pero no merecía nada más, ni si quiera una amenaza. A veces Daryl se sorprendía a sí mismo al verse actuar de forma tan sobreprotectora. Entonces una pareja se sentó en la única mesa que había libre, justamente al lado de la de ellos. Daryl se fijó en ellos pero solo por un segundo, tampoco le resultaban más extravagantes que el resto de personas del bar, una mujer de pelo morado y gran cicatriz, y un hombre normal y trajeado. Daryl pasaba un poco de todo. Lo que no pudo ignorar fue la aparición de Alzeid. Cómo no, tuvo que hacerla por todo lo alto, dando el cante, montando el numerito. "Madre mía..." Daryl no soportaba muchas de las actitudes de su compañero, una de las cosas que le irritaban era su afán de protagonismo. Estaba bien, no cantaba mal, la verdad es que su música era buena, pero le guardaba cierta inquina, cierto asco. Se centró en mirar a otro lado sin prestar mucha atención.
Entonces, de la nada, Irina vació su copa recién repuesta sobre Alzeid. Arrojó todo su contenido sobre él, en un movimiento grácil e inesperado. Daryl rápidamente se giró para mirarla, aquello le había pillado desprevenido, pero lo que más le sorprendió fue que le estaba señalando a él, como inculpándole. Arqueó una de las cejas mientras apartaba la mano inculpadora de Irina con su mano izquierda, la metálica. — ¡Oye, no me culpes a mi! — El gesto de su rostro fue cambiando del enfado al de una sonrisa, ladeada y pícara. Le había hecho gracia que hubiera mojado a Alzeid, la verdad. — Mi copa aún está llena. — Agarró su vaso de la mesa, luego tiró su contenido también hacia Alzeid, quién empezaba a acercarse al grupo. — ¿Ves? — Dejó el cristal sobre la madera, con cierta agresividad, haciéndola retumbar por el peso de su enorme brazo. — ¡Otra por aquí! — No estaba borracho, pero el calor del whisky subía con rapidez. Soltó una carcajada. Hacía tiempo que no reía en voz alta. Entonces se dio cuenta de que había tocado la mano de Irina sin problema... bueno, no la había tocado como tal, había usado su mano metálica, pero se sorprendió un poco a sí mismo.
Tras acercarse Alzeid, ahora la atención recaía sobre la pareja de la mesa de al lado. "Pobrecitos, no saben dónde se han metido", pensó Daryl mientras rellenaban su copa. Dio un trago largo... qué calor más reconfortante era el del alcohol. Escuchó a su compañera referirse al hombre trajeado como "perro", vaya, otro más. "Bienvenido al club", pensó mientras saboreaba el whisky en su boca. Otra pareja más apareció, sentándose en el mismo sitio. Era curioso como parecían no conocerse entre ellos, pero se pusieron juntos, cuando en la mesa de Irina y Daryl también quedaba sitio. Será que imponían demasiado. La mujer que acababa de llegar era un torbellino, era incluso más ruidosa y llamativa que Alzeid... eso era ya mucho decir. Pero cuanto más bebía, más igual le daba, menos le molestaban esas tonterías. "Por la poesía", brindó la estridente peliazul. Irina acompañó el brindis, para acto seguido lanzar una patada a la mesa, tirándola hacia el suelo y hacia los recién llegados. "Ahora entiendo porqué no bebe nunca... está aún más loca de lo normal", pensó mientras sonreía, observando el estropicio provocado por su compañera, "pero también es más divertida". Se levantó de la silla, menos mal que tenía la copa en su mano, sino habría acabado rota y desparramada por el suelo. No pudo evitar soltar una carcajada, Irina medio borracha era la hostia.
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