25-08-2026, 08:44 PM
Abro la puerta cuando me lo indica, y encuentro la habitación llena de luz y al mink de pie, cerca del espejo. Separé los labios para confesar preocupada que aún me parecía pronto, pero se alegró tanto de haber podido hacerlo que simplemente sonreí. Bueno, aunque sea un milagro, quizás ya no le duele tanto…
―Vaya, lo siento mucho. Yo por suerte sí he dormido bien~.
Sin embargo, mis ojos se abren aún más ante la extraña forma que se le había quedado en medio del abdomen.
―¡Hala! ¡¿A ver?!
Impulsada por la curiosidad, cruzo a paso ligero los pasos que nos separan y miro muy atentamente la marca, perfectamente distinguible del resto de su piel, tanto por el color como por la falta de pelaje.
―Qué cosa más curiosa… ―reflexiono mientras me agacho un poquito para verlo más de cerca… hasta que me doy cuenta de que lo mismo ha sido una situación incómoda para él―. ¡P-erdón, Kibai! ¡Ha sido sin querer! ―me disculpo avergonzada al tiempo que vuelvo a incorporarme. ¡Necesito cambiar de tema, una distrac…! ¡Ah, sí!―. ¡Mira, te he traído el desayuno!
Salgo de nuevo de la habitación y cojo la bandeja para meterla en el cuarto y colocarla sobre el escritorio.
―¡Tacháaaan! No sabía qué te gustaba, así que te he traído un poco de todo. En la cocina hay jamón y queso también, por si luego te apetece, pero ya no me cabía nada más en la bandeja…
Suponiendo que se sentaría en la silla del escritorio, yo me siento a los pies de la cama para poder charlar estando cerca.
―¿Tan mal lo has pasado por la noche? ¿Ha sido por el dolor o también has tenido pesadillas?
Tengo muchas ganas de hacerle las preguntas que quise pronunciar ayer, pero sé perfectamente que aún (y quizás hoy) no sea el momento. Mientras me explica, mis ojos se dirigen un instante hacia la mesita de noche de la jarra de agua, preguntándome si por lo menos le habría servido de algo tenerla cerca.
―Vaya, lo siento mucho. Yo por suerte sí he dormido bien~.
Sin embargo, mis ojos se abren aún más ante la extraña forma que se le había quedado en medio del abdomen.
―¡Hala! ¡¿A ver?!
Impulsada por la curiosidad, cruzo a paso ligero los pasos que nos separan y miro muy atentamente la marca, perfectamente distinguible del resto de su piel, tanto por el color como por la falta de pelaje.
―Qué cosa más curiosa… ―reflexiono mientras me agacho un poquito para verlo más de cerca… hasta que me doy cuenta de que lo mismo ha sido una situación incómoda para él―. ¡P-erdón, Kibai! ¡Ha sido sin querer! ―me disculpo avergonzada al tiempo que vuelvo a incorporarme. ¡Necesito cambiar de tema, una distrac…! ¡Ah, sí!―. ¡Mira, te he traído el desayuno!
Salgo de nuevo de la habitación y cojo la bandeja para meterla en el cuarto y colocarla sobre el escritorio.
―¡Tacháaaan! No sabía qué te gustaba, así que te he traído un poco de todo. En la cocina hay jamón y queso también, por si luego te apetece, pero ya no me cabía nada más en la bandeja…
Suponiendo que se sentaría en la silla del escritorio, yo me siento a los pies de la cama para poder charlar estando cerca.
―¿Tan mal lo has pasado por la noche? ¿Ha sido por el dolor o también has tenido pesadillas?
Tengo muchas ganas de hacerle las preguntas que quise pronunciar ayer, pero sé perfectamente que aún (y quizás hoy) no sea el momento. Mientras me explica, mis ojos se dirigen un instante hacia la mesita de noche de la jarra de agua, preguntándome si por lo menos le habría servido de algo tenerla cerca.
Ayudante de enfermería
