26-08-2026, 01:43 AM
(Última modificación: 26-08-2026, 07:16 PM por Nyra Kuroshiro.)
El toque con la cola de Kibai fue todo el toque de atención que necesitaba, aunque su tono fue un extra que no pude ignorar. ¡¿Cómo puedo ser tan torpe?! ¡¿Qué habrá pensado de mí?! ¡Qué vergüenza! Pero bueno, por suerte, ¡no hay nada que no arregle una buena bandeja de comida!
Mi cola se agita ante su sorpresa, y dejo escapar una risita cuando me compara con los custodios.
―¡Eres demasiado amable! Realmente me encanta cocinar, y si puedo hacer así felices a otros, ¡pues mucho mejor!
Apenas me siento en la cama, Kibai recoge la jarra vacía y se dirige a la cocina.
―Puedo… ―Pero me detuve.
Kibai es divertido, pero con todo lo que se está esforzando, y con el hecho de intentar levantarse incluso ayer, sospecho que quizás es también orgulloso… Seguramente no le guste estar sentado o quedarse quieto, y mucho menos tener que sentirse cuidado por alguien, así que lo dejo estar. Sin embargo, no puedo evitar sorprenderme cuando me trae también unos cubiertos que agarro confusa. Por supuesto, negarse al ofrecimiento no es una opción, así que al escuchar su razonamiento de chef, sonrío y pincho unos trocitos de fruta de la macedonia.
―¡Graciaaaaas~!
Con aquello ya en mi boca (¡qué dulceee!, ¡qué ricooo!), Kibai comienza a hablar sobre su noche y lo observo con atención mientras sigo comiendo otro poquito. Lo que cuenta me pasó una vez teniendo unos catorce años… Lo pasé fatal. Hacía poco que los niños de la isla me habían hablado del fenómeno y cómo un perro enorme de color negro, garras de acero y ojos rojos se apoya sobre tu pecho mientras duermes para que no te puedas mover… Fue horroroso… Ritsu me explicó a la mañana siguiente lo que era una parálisis del sueño. Pobre Kibai… y encima doliéndole tantísimo…
Luego me habló sobre los bichitos. Cómo prácticamente se comunicaban de forma mental. Lo imaginaba casi como mover un brazo o una pierna; tienes el instinto pero no lo piensas y, simplemente, sucede. Pero, sobre todo, seguramente con ellos él no se sentía solo… ¿Cómo no pude pensar que, después de tanto tiempo, era la primera noche que pasaría solito…?
Las orejas, que se me habían ido agachando un poquito conforme escuchaba, se alzan de nuevo cuando habla sobre nadar. Jo, sí que es verdad que se echa de menos. Yo no creo dejar de ser un mapache nunca, pero si lo hiciera, ¡me iría tres días a una playa para tirarme nadando todas las horas que pudiera!
―¡Es una muy buena estrategia de pesca! ―exclamo con un nuevo baile de mi cola―. ¡Si te sobran peces, podrías invitar a tu tripulación!
Y, por supuesto, no tarda en preguntarme por sus compañeros y el resto de marines. Sin embargo, antes de responderle a eso, me pongo en pie en cuanto habla de tomar aire y sentirse encerrado.
―¡Tengo una idea! ¡Ven conmigo!
Acto seguido, cojo la bandeja y camino hacia la puerta. Antes de salir, dejo un momento la bandeja sobre otro mueble y abro la puerta principal. Entonces, saco al pequeño porche un par de sillas del comedor y una mesita pequeña que había en una esquina del salón.
―¡Ven, ven!
Con todo preparado, dejo la bandeja sobre la mesita y me siento en una de las sillas.
―Todavía no puedes correr por la selva, ¡pero puedes tomar el aire y el sol sin estar encerrado! Y cuando estés listo para cazar, ¡si quieres puedo ayudarte a coocinar ese banquete! ¡Puedo ser muy buena pinche! ―proclamo alegremente antes de comenzar a servirme un vaso de leche―Sobre tus compañeros, no los he visto desde ayer… Cuando salí de aquí, fui a dar una vuelta y no me encontré a nadie por el camino, ni siquiera con mi división, y hoy también he vuelto pronto, así que no sé nada. ¡Pero no te preocupes! Seguro que Moja viene a verte hoy para ver cómo sigues. ¡Se va a sorprender mucho cuando te vea de pie!
Aquel día lo pasamos juntos por completo, almuerzo y cena incluidos. Tras compartir recetas y muchas anécdotas, aquella noche me marché sin intención de volver al día siguiente. Kibai había insistido en que para el día siguiente se encontraría ya perfectamente, y también nos habíamos dado los números de Mushi Mushi, por lo que podía irme tranquila.
Si un día de estos llamaba para avisar de un banquete o para entrenar juntos, no me sorprendería en absoluto~.
Mi cola se agita ante su sorpresa, y dejo escapar una risita cuando me compara con los custodios.
―¡Eres demasiado amable! Realmente me encanta cocinar, y si puedo hacer así felices a otros, ¡pues mucho mejor!
Apenas me siento en la cama, Kibai recoge la jarra vacía y se dirige a la cocina.
―Puedo… ―Pero me detuve.
Kibai es divertido, pero con todo lo que se está esforzando, y con el hecho de intentar levantarse incluso ayer, sospecho que quizás es también orgulloso… Seguramente no le guste estar sentado o quedarse quieto, y mucho menos tener que sentirse cuidado por alguien, así que lo dejo estar. Sin embargo, no puedo evitar sorprenderme cuando me trae también unos cubiertos que agarro confusa. Por supuesto, negarse al ofrecimiento no es una opción, así que al escuchar su razonamiento de chef, sonrío y pincho unos trocitos de fruta de la macedonia.
―¡Graciaaaaas~!
Con aquello ya en mi boca (¡qué dulceee!, ¡qué ricooo!), Kibai comienza a hablar sobre su noche y lo observo con atención mientras sigo comiendo otro poquito. Lo que cuenta me pasó una vez teniendo unos catorce años… Lo pasé fatal. Hacía poco que los niños de la isla me habían hablado del fenómeno y cómo un perro enorme de color negro, garras de acero y ojos rojos se apoya sobre tu pecho mientras duermes para que no te puedas mover… Fue horroroso… Ritsu me explicó a la mañana siguiente lo que era una parálisis del sueño. Pobre Kibai… y encima doliéndole tantísimo…
Luego me habló sobre los bichitos. Cómo prácticamente se comunicaban de forma mental. Lo imaginaba casi como mover un brazo o una pierna; tienes el instinto pero no lo piensas y, simplemente, sucede. Pero, sobre todo, seguramente con ellos él no se sentía solo… ¿Cómo no pude pensar que, después de tanto tiempo, era la primera noche que pasaría solito…?
Las orejas, que se me habían ido agachando un poquito conforme escuchaba, se alzan de nuevo cuando habla sobre nadar. Jo, sí que es verdad que se echa de menos. Yo no creo dejar de ser un mapache nunca, pero si lo hiciera, ¡me iría tres días a una playa para tirarme nadando todas las horas que pudiera!
―¡Es una muy buena estrategia de pesca! ―exclamo con un nuevo baile de mi cola―. ¡Si te sobran peces, podrías invitar a tu tripulación!
Y, por supuesto, no tarda en preguntarme por sus compañeros y el resto de marines. Sin embargo, antes de responderle a eso, me pongo en pie en cuanto habla de tomar aire y sentirse encerrado.
―¡Tengo una idea! ¡Ven conmigo!
Acto seguido, cojo la bandeja y camino hacia la puerta. Antes de salir, dejo un momento la bandeja sobre otro mueble y abro la puerta principal. Entonces, saco al pequeño porche un par de sillas del comedor y una mesita pequeña que había en una esquina del salón.
―¡Ven, ven!
Con todo preparado, dejo la bandeja sobre la mesita y me siento en una de las sillas.
―Todavía no puedes correr por la selva, ¡pero puedes tomar el aire y el sol sin estar encerrado! Y cuando estés listo para cazar, ¡si quieres puedo ayudarte a coocinar ese banquete! ¡Puedo ser muy buena pinche! ―proclamo alegremente antes de comenzar a servirme un vaso de leche―Sobre tus compañeros, no los he visto desde ayer… Cuando salí de aquí, fui a dar una vuelta y no me encontré a nadie por el camino, ni siquiera con mi división, y hoy también he vuelto pronto, así que no sé nada. ¡Pero no te preocupes! Seguro que Moja viene a verte hoy para ver cómo sigues. ¡Se va a sorprender mucho cuando te vea de pie!
Aquel día lo pasamos juntos por completo, almuerzo y cena incluidos. Tras compartir recetas y muchas anécdotas, aquella noche me marché sin intención de volver al día siguiente. Kibai había insistido en que para el día siguiente se encontraría ya perfectamente, y también nos habíamos dado los números de Mushi Mushi, por lo que podía irme tranquila.
Si un día de estos llamaba para avisar de un banquete o para entrenar juntos, no me sorprendería en absoluto~.
Ayudante de enfermería
