26-08-2026, 04:36 PM
Había sido un día bastante completo para el joven de cabellos blancos. Un par de robos menores, panza llena y contenta, le habían cargado como una bolsa de basura, luego, además, había conocido a su futuro navegante, el pelo palmera, había hecho un trato, un abrazo amoroso con un secuestrador para sacar a un viejito de entre un grupo de rehenes y, para terminar de rematar, había conseguido que le invitasen a comer... ¡Gratis! Nada. Gancho de derecha, puñetazo al plexo solar, patada baja y a dormir. Hoy ha sido un día fructífero.
Al llegar al puerto no intercambió muchas palabras ni con navegante, ni con padre de navegante, algo que le resultó raro. ¿Nadie se preocupaba de los otros tipos del barco? Por una parte le hacía gracia, por otra, sin embargo, le importaba tres mierdas lo que le pasasen, seguramente vendrían los perros de los perros del gobierno a tratar con la situación como buenos ejemplos a seguir que eran. La correa atada en corto para que no se rebelasen, que pena le daban.
El muerto de hambre de Kai aceptó sin duda alguna la propuesta al imaginarse cualquier tipo de comida caliente, una mesa llena y el calorcito de un hogar por lo que acompañó en silencio al dúo hasta el hogar de los palmeras, pues por otro lado sentía la curiosidad de ver cómo se relacionaban. El a su padre lo ignoraba y lo trataba como la basura que era, hasta tal punto de dejarlo abandonado. Es curioso cuando el que se iba a por tabaco era el hijo y no el papaíto.
Sus pasos avanzaron rápidos hasta aquel hogar, algo que veía casi como endiosado, su casa era prácticamente una chabola, esta en cambio no tenía agujeros por los que se colasen roedores y más. ¡Qué espectáculo! Era como mirar casas de revista en el periódico, pero ahora estaba entrando a una. - ¡Con dios! - Dijo al atravesar el umbral de la puerta del hogar del pelinegro, pero algo pasó. Su sexto sentido se activó de inmediato, osea su estómago empezó a rugir como si llevase dos horas, cuarenta y siete minutos, veinticinco segundos y un viajecito en bote para rescatar un viejo, sin comer. El olor se disipaba por toda la casa, inundando cada rincón por el que pasaba. - ¿Esta gente como puede vivir con el techo oliendo a cebolla? - Se llevó una mano al mentón, preocupado. ¿Cómo podían vivir con el estómago rugiendo todo el rato? Una incógnita más que debía resolver con el tiempo.
Antes de entrar en el comedor se detuvo, para guardar el respeto que merecía aquella gente por ofrecerle manjares, y eructó con la boca cerrada, igualmente audible si tenían uno de esos oídos felinos. - ¡Hombre limitado! - Gritó alzando los brazos y ahora sí, entrando en el comedor, a modo de saludo al padre. - Vamos bien, comida, bebida, un sacrificio animal... ¡Es broma! Jajaja - Seguía el rollo del padre, quien le comenzaba a servir como buen invitado que era. - Si, la verdad que un poco si lo es, pero que te voy a contar, los niños son así. Uno los cría con lo mejor y cuanto más tienen más desagradecidos son - Hizo una mueca con su cara, como si intentase imitar a un viejo, pese a que Kai era un niñato de probablemente la misma edad que el hijo del interlocutor. Y es que el luchador era versado en el arte de habladuría de relleno, la mayoría del tiempo no tenía ni idea de la profundidad de las cosas de las que conversaba, pero casi siempre les seguía el rollo.
- La verdad que si, un niño de su edad... - Hizo un gesto con los ojos, señalando a su futuro navegante, como si realmente estuviese intentando ocultarlo pero no al mismo tiempo. - ...ya debería tener muchos amigos. Nosotros hacíamos corrillos y peleábamos - Dibujó una sonrisa apacible y verdadera, como si aquello fuese lo normal entre los jóvenes, la nueva moda. - Claro que si, no seas así - Le dio un toque en el hombro, de forma amistosa, recordando perfectamente que le había molestado antes. - Bueno, por algo se tiene que empezar, la situación apremiaba, tu querías salvar a papaito. ¡No me iba a poner a sacarte mi documento de identidad y mi árbol genealógico! Digo, eh - Decía a modo de reprimenda, como si llevase la razón. - Yo soy Kai - Le ofreció la palma de la mano para darle un saludo de hombres, un buen apretón de manos. - Con el tiempo en pleno mar tendremos tiempo de ponernos al día pana - Se dirigió a su futuro navegante.
- Barbacoas, fiestas de pijamas, esas cosas que hacen las gentes de dinero. Pero no estaría mal saber tu nombre claro, no quiero llamarte pelo de palmera todo el rato - Levantó ambas cejas, para que escupiese su nombre. - Y si, estoy de paso. Voy a Karate, tengo asuntos pendientes allí. Busco a alguien - Se volvió a sentar en la silla. - Que grande, que bien me cae tu padre, habrás salido a tu abuelo pana - Finalizó con una puya.
Al llegar al puerto no intercambió muchas palabras ni con navegante, ni con padre de navegante, algo que le resultó raro. ¿Nadie se preocupaba de los otros tipos del barco? Por una parte le hacía gracia, por otra, sin embargo, le importaba tres mierdas lo que le pasasen, seguramente vendrían los perros de los perros del gobierno a tratar con la situación como buenos ejemplos a seguir que eran. La correa atada en corto para que no se rebelasen, que pena le daban.
El muerto de hambre de Kai aceptó sin duda alguna la propuesta al imaginarse cualquier tipo de comida caliente, una mesa llena y el calorcito de un hogar por lo que acompañó en silencio al dúo hasta el hogar de los palmeras, pues por otro lado sentía la curiosidad de ver cómo se relacionaban. El a su padre lo ignoraba y lo trataba como la basura que era, hasta tal punto de dejarlo abandonado. Es curioso cuando el que se iba a por tabaco era el hijo y no el papaíto.
Sus pasos avanzaron rápidos hasta aquel hogar, algo que veía casi como endiosado, su casa era prácticamente una chabola, esta en cambio no tenía agujeros por los que se colasen roedores y más. ¡Qué espectáculo! Era como mirar casas de revista en el periódico, pero ahora estaba entrando a una. - ¡Con dios! - Dijo al atravesar el umbral de la puerta del hogar del pelinegro, pero algo pasó. Su sexto sentido se activó de inmediato, osea su estómago empezó a rugir como si llevase dos horas, cuarenta y siete minutos, veinticinco segundos y un viajecito en bote para rescatar un viejo, sin comer. El olor se disipaba por toda la casa, inundando cada rincón por el que pasaba. - ¿Esta gente como puede vivir con el techo oliendo a cebolla? - Se llevó una mano al mentón, preocupado. ¿Cómo podían vivir con el estómago rugiendo todo el rato? Una incógnita más que debía resolver con el tiempo.
Antes de entrar en el comedor se detuvo, para guardar el respeto que merecía aquella gente por ofrecerle manjares, y eructó con la boca cerrada, igualmente audible si tenían uno de esos oídos felinos. - ¡Hombre limitado! - Gritó alzando los brazos y ahora sí, entrando en el comedor, a modo de saludo al padre. - Vamos bien, comida, bebida, un sacrificio animal... ¡Es broma! Jajaja - Seguía el rollo del padre, quien le comenzaba a servir como buen invitado que era. - Si, la verdad que un poco si lo es, pero que te voy a contar, los niños son así. Uno los cría con lo mejor y cuanto más tienen más desagradecidos son - Hizo una mueca con su cara, como si intentase imitar a un viejo, pese a que Kai era un niñato de probablemente la misma edad que el hijo del interlocutor. Y es que el luchador era versado en el arte de habladuría de relleno, la mayoría del tiempo no tenía ni idea de la profundidad de las cosas de las que conversaba, pero casi siempre les seguía el rollo.
- La verdad que si, un niño de su edad... - Hizo un gesto con los ojos, señalando a su futuro navegante, como si realmente estuviese intentando ocultarlo pero no al mismo tiempo. - ...ya debería tener muchos amigos. Nosotros hacíamos corrillos y peleábamos - Dibujó una sonrisa apacible y verdadera, como si aquello fuese lo normal entre los jóvenes, la nueva moda. - Claro que si, no seas así - Le dio un toque en el hombro, de forma amistosa, recordando perfectamente que le había molestado antes. - Bueno, por algo se tiene que empezar, la situación apremiaba, tu querías salvar a papaito. ¡No me iba a poner a sacarte mi documento de identidad y mi árbol genealógico! Digo, eh - Decía a modo de reprimenda, como si llevase la razón. - Yo soy Kai - Le ofreció la palma de la mano para darle un saludo de hombres, un buen apretón de manos. - Con el tiempo en pleno mar tendremos tiempo de ponernos al día pana - Se dirigió a su futuro navegante.
- Barbacoas, fiestas de pijamas, esas cosas que hacen las gentes de dinero. Pero no estaría mal saber tu nombre claro, no quiero llamarte pelo de palmera todo el rato - Levantó ambas cejas, para que escupiese su nombre. - Y si, estoy de paso. Voy a Karate, tengo asuntos pendientes allí. Busco a alguien - Se volvió a sentar en la silla. - Que grande, que bien me cae tu padre, habrás salido a tu abuelo pana - Finalizó con una puya.
Leyenda de una Leyenda
- Pienso -
- *Burp* Eructo -
- *Fhiii* Pedo Ninja -
- *FWRA* Pedo Pesado -
- Narro -
- Hablo -
- *Burp* Eructo -
- *Fhiii* Pedo Ninja -
- *FWRA* Pedo Pesado -
![[Imagen: Chat-GPT-Image-2-ago-2026-17-55-55.png]](https://i.ibb.co/QFgm7LkF/Chat-GPT-Image-2-ago-2026-17-55-55.png)
