Steel in our bones [Entrenamiento - Busoshoku] [Presente Relativo]
#1
Año 18
Día 7 de primavera
6:40 p.m.
Skypea



Concentración.

Desde que entendió como concentrar energía en un punto específico de su cuerpo para mejorar sus golpes, empezó a practicar la concentración. Una tarea difícil para alguien con una mente tan dispersa como la suya; sin embargo, ahí estaba, en medio del patio de la residencia que habitaban los Valar mientras estuvieran en el cielo, entrenando, meditando, ejercitando los músculos que había dejado de ejercitar, continuamente, hacía un par de estaciones atrás.

¿Por qué se esmeraba tanto?

Hasta ahora le había ido bien en la vida, tenía un buen trabajo, un lugar al cual pertenecer y berries, muchos berries, aunque nunca estaba de más tener muchos más, pero no era suficiente, no…mucho menos desde que fue consciente de su nombre en el periódico, escrito sobre un cartel de recompensa junto con una foto suya, justo como una sentencia de muerte: Se busca: Vivo o Muerto… ¡MUERTO!

Sí, muerto estaría si seguía confiándose y creyendo que las cosas serían como cuando estaba en el South Blue, pues a pesar de su ignorancia en temas políticos, geográficos e históricos, sabía muy bien que el Grand Line era conocido por ser un cementerio de piratas y cualquier descuido podía significar que su tumba sería el fondo del océano. Poético para alguien que se ha forjado la vida en el mar, pero trágico si ese alguien aún sentía que tenía mucho más por disfrutar.

Ya no podía depender de Maki…no siempre al menos, por eso ahora debía seguir puliendo esa habilidad que había aprendido recientemente, pero… ¿Cómo podía dar más?

Se la había pasado casi toda la tarde intentando pulir sus técnicas, pero por algún motivo sentía que no avanzaba. Era más fácil cuando entrenaba con un compañero, al menos con Majid a su lado podía medir si sus ejercicios estaban dando frutos o no, pues el skypeano tuvo que aguantarse más que un par de golpes del “habitante del mar azul”, así como este quedó con marcas moradas en sus brazos producto de los golpes del skypeano.

Pensó en llamarlo, a fin de cuentas, siendo un local seguramente no le costaría mucho llegar a su residencia si le daba unas cuantas pistas de su localización, así que, soltando un suspiro pesado, el médico de los Valar se movió hasta la cocina de “su casa”, buscó un vaso de agua y pensó en interrumpir la cena de su den den mushi, quien se encontraba sobre una mesa comiendo, apaciblemente, unos trozos de lechuga.

El pobre animalito habría tenido la desgracia de verse interrumpido, de no ser porque la presencia de alguien más en aquella cocina hizo que el médico volteara, casi asustado y alterado para que, simplemente, se encontrara con su capitana.

—Ah, eres tu —. Habló con desanimo, pero no porque esperara algo más, solamente estaba cansado; sin embargo, en medio de aquel cansancio una pequeña luz se iluminó en su cerebro: Maki D. Zen’in era una excelente combatiente… ¿Por qué llamar a alguien más si podía entrenar con ella? Aunque… ¿Ella sabría usar ese haki? Si le preguntara ahora ¿Tendría idea de que hablaba? Solo había una manera de comprobarlo.

—Maki —. El médico se acercó a la calva mujer, aunque sin invadir su espacio personal, pues el hombre terminó apoyando sus codos en el borde del desayunador; sin embargo, a pesar de su pose tan casual, sus ojos estaban ensombrecidos y la expresión de su rostro era más seria que de costumbre. —¿Qué sabes sobre el haki? Es decir…Estuve entrenando en estos días ¿Sabes? —Se lo dijo solo por si la mujer no se había dado cuenta de que el médico estuvo ausente durante tres días seguidos. —Aprendí algo interesante… ¿Recuerdas el combate del buccaneer enorme y el marine luminoso? Él fue capaz de sostener la luz y yo…quise aprender a hacer algo similar, pero… ¡Agh! —No era capaz de decirle que se sentía estancado en su entrenamiento, así que se limitó a morderse el labio con la fuerza suficiente para hacerse sangrar. Cuando sintió el sabor metálico de la sangre espabiló y decidió seguir con la conversación.

—¡Entrenemos! —Bueno, no era la manera más normal de seguir con una conversación, pero era mejor que confesar su desespero. —Quiero saber si lo que aprendí durante estos tres días ha valido la pena y tu…tu tienes una habilidad rara otorgada por una de esas frutas del diablo, así que, serás mejor compañera para entrenar que quien tenía en mente y… ¿Dónde está Merlot? Podría acompañarnos o…Quizá alguien más, no quisiera que alguien terminara hundido en el mar de nuevo, bueno…Las nubes. Si sabes de lo que hablo —. Soltó una risita burlesca al recordar el incidente vivido antes de llegar a Drum, aunque su expresión volvió a tornarse seria casi enseguida. —Entonces… ¿Qué dices? ¿Me ayudas? Quizá hasta tu misma puedas aprender algo de mí, aunque lo dudo mucho, seguro ya sabes como atrapar la luz o el fuego —. Se encogió de hombros, no por burla ni por desinterés si no porque, para él, su capitana era fuerte y podía estar casi segura que ya conocía de antemano aquello que él apenas descubría, aunque…quizá se llevaría una sorpresa.



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Steel in our bones [Entrenamiento - Busoshoku] [Presente Relativo] - por Hyákinthos - 27-08-2026, 08:19 AM

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