28-08-2026, 04:58 PM
(Última modificación: 28-08-2026, 05:00 PM por Nyxara Archeron.)
48 de Primavera, Año 18 ❥ En algun lugar de la isla
So come mighty warrior, to light the last hope!
For Alex the dragon and your cosmic soul...
Now handle your emerald sword!
For Alex the dragon and your cosmic soul...
Now handle your emerald sword!
─ ♚ ─
El mar de sus ojos estaba clavado en su compañero de división, la montaña, el juicio final, la calamidad en forma de hombre. Había logrado desviar utilizando esa fuerza explosiva y ahora, la quemadura de su antebrazo derecho reclamaba, dolía, ardía como hierro caliente sobre la piel. Cada fibra de su cuerpo le gritaba que se detuviera, que permitiera el temblor de los muslos abrirse paso ante ella para caer de rodillas al cuadrilátero en karate…
Aun así, se sostenía.
Fuego y tormenta, orgullo y acero.
Hasta la medula.
Así se sostenía.
Entonces, el juicio final hizo su movimiento y decidido a cobrar la vida, lo vio con demasiada claridad. Su piel comenzaba a expandirse a ese ritmo vertiginoso, grotesca, irreal, tal y como lo había hecho su propia blusa. Nyx sabía exactamente lo que venía después, la bomba de tiempo; su cuerpo respondió tensando cada musculo nuevamente antes que su cabeza gritara que bloqueara el golpe, que utilizara el arma para disminuir el impacto.
Sin embargo, era demasiado tarde.
Alex iba a explotar a quemarropa frente a ella.
Se aferró a la empuñadura de su acero con las respiraciones de su cuerpo.
Y la explosión lo invadió todo.
Nyx no consiguió prepararse para el cataclismo que acaba de resonar sobre ella. La gravedad desapareció debajo de sus botas mientras la onda explosiva proyectaba su cuerpo por el aire hacia atrás como si fuese una hoja bajo el viento de primavera. Un pitido agudo perforó sus oídos y ya no estaba segura donde estaba la tierra ni el cielo; el impacto con la realidad llegó con brutalidad: su espalda, su cabeza, sus brazos, sus piernas, todo a la vez colisionó y esa nueva escala de dolor la hizo contener el aire, cegándola por una fracción de segundo que podría haber sido una eternidad.
Sintió la tierra y el suelo rasguñando su rostro, sus brazos y su pecho expuesto. Cuando su cuerpo dejo de girar a unos quince metros de distancia de Alex, ella se quedó en la misma posición sobre la tierra de cara al cielo intentando, de alguna manera, recomponerse de lo que acababa de suceder.
Cataclismo cósmico.
El juicio final había cobrado su precio.
Y ella…
El pitido que no daba tregua, agudo, constante en sus oídos, lograba hacer que tuviese que entrecerrar los ojos a causa de este. La brutalidad del dolor en oleadas para invadirlo todo; sus piernas ya no estaban seguras de como levantarla, pero…las sentía… Sus brazos estaban extendidos a sus costados, gritando que se quedase tirada, tal y como estaba, sobre la tierra de ese cuadrilatero. Que ya no había musculo en su cuerpo que pudiese levantar el acero que se había aferrado con las uñas.
El acero que aún estaba firmemente agarrado por su mano.
Lentamente giró el rostro y el látigo que le recorrió cada fibra del cuerpo casi la hace soltar un gemido de dolor pero ella, pero Nyxara Archeron, apretó los dientes y su mandíbula se tensó con fuerza.
No iba a emitir un sonido de dolor.
No iba a entregarle esa maldita satisfacción a nadie.
Jamás.
Fuego y tormenta, orgullo y acero.
Hasta la medula.
Así se sostenía.
Su mirada estaba buscando a su compañero de división, estaba buscando a Alex. Si la montaña estaba intacta, entonces ella tendría que levantarse rápido, lo más rápido que su cuerpo magullado le permitiese.
“Muévete”
Y la voz en su cabeza, no era la propia. Era su madre, Nesta, la valquiria, dando una orden clara. Casi podía ver su silueta en ese vestido, con esa expresión gélida, hermosa, en su rostro afilado. Casi podía percibir su presencia atronadora mientras sostenía ese libro con indiferencia sobre una de sus manos y la observaba con ese mismo acero ilirio pulido que le había heredado a su hija. Como si el esfuerzo que su padre, Cassian, le estaba obligando a realizar no fuese nada, absolutamente nada, comparado con lo que ellos habían tenido que luchar de jóvenes.
Una mirada que le recordaba que el dolor, no era nada, frente a la voluntad de una guerrera.
“Muévete”
Repitió.
Apretó los ojos cuando la fuerza de su abdomen la obligo lentamente a sentarse sobre el suelo. Cada fibra de su cuerpo le rogó que se rindiera, que levantara las manos en señal de perdida, que aceptara cuando un contendiente más fuerte, más poderoso, podía vencerla. Que dejara el acero en el piso y se tragara de una vez el orgullo…
“Muévete”
Y Nyx…
Los nudillos de su mano se volvieron blancos alrededor de esa empuñadura que sostenía con obstinación ciega.
Poco a poco, lentamente, movió los brazos hacia sus piernas para estabilizarse. Poco a poco, lentamente, flexionó las rodillas y los huesos amenazaron con crujir en su cuerpo en señal de protesta. Como una bestia hambrienta gruño en respuesta, para enviar el dolor hacia adentro.
Al fondo de si misma.
Luego, poco a poco, lentamente, volvió a levantarse.
Magullada, adolorida, con las quemaduras de esa explosión que habían alcanzado su muslo izquierdo en ese suplicio constante que parecía devorar su piel…
Si no hubiese salido expulsada por el aire…probablemente las llamas hubiesen cobrado un precio demasiado alto sobre su cuerpo.
Tenía que fortalecerse.
Tenía que ser más rápida.
Tenía que ser más fuerte.
Tenía que ser más resistente.
Luego, poco a poco, lentamente, clavó la tempestad de su mirada en Alex. Sabía que, si su compañero de división volvía a explotar a quemarropa sobre ella, seguramente, no sobreviviría a la explosión. Con clara dificultad, alzo la guardia intentando no desvanacerse en el proceso – Sigo en pie, Alex – susurró y el oxido de su garganta se abrió paso hacia su boca.
Sabía que no la escucharía…pero algo le decía, que su compañero de división podría entenderle.
Léeme
