29-08-2026, 08:44 AM
Consternación.
El cuarto frío no era lo que en ese momento le producía escalofríos, si no la mirada extraña del rubio cenizo que estaba frente a él, pues su sola presencia hacía que su sangre hirviera, que sus mejillas se tiñeran de rojo y que sus puños se cerraran con fuerza suficiente para lastimarse las palmas de sus manos. Esto iba más allá de la simple molestia que le causaba el humo del tabaco en una sala de operaciones, el médico lo tenía bastante claro; sin embargo, los recovecos de su maltratada memoria le impedían percibir algo más allá de la sensación asfixiante de una rodilla colocada sobre su pecho y su corazón latiendo a mil por hora.
Tuvo que llevar su mano al centro de su pecho y tomar aire suficiente para intentar ignorar un malestar que, aunque estaba empezando a pasar, seguía latente, por lo que hizo un esfuerzo, sacudió su cabeza y se apoyó en una de las mesas más cercanas mientras que sus ojos dorados como el fino oro observaban al bello hombre de cabellos cenizos que tantos sentimientos encontrados provocaba en su persona.
—“Contrólate, Hyak” —. Las palabras no salieron de su boca, solo fue un pensamiento casual que tuvo mientras cerraba sus ojos, recordando la razón real por la que estaba en ese lugar: trabajo.
¡Cierto! Jin también estaba en esa habitación y ya suficiente espectáculo hizo cuando Rafael llegó por primera vez como para seguir con un comportamiento tan poco profesional de su parte. Era inaceptable y ahora debía volver a comportarse como el médico que era.
Menos mal no le costó demasiado, pues la voz de Jin llegó justo a tiempo para sacarlo de su ensimismamiento, además, lo hizo desviar la mirada de Rafael hacia el pelinegro, algo que, internamente, agradeció.
—Por supuesto, es mejor que busque al paciente, no quisiera hacerlo perder todo el día y créame que las operaciones pueden llegar a tomar horas, es mejor no retrasarnos más y no se preocupe, creo que Rodrigo y yo somos lo bastante adultos para saber comportarnos estando a solas —. A pesar de sus palabras, su mirada pasó hacia el rubio, denotando un cierto nivel de desconfianza que pudo disimular al sonreír levemente. —Y no es necesario que lo regañe ni castigue, creo que también me vi un poco alterado al inicio…Fue un error de ambos… ¿No lo cree, Samael? —Ladeó su cabeza para mirar al otro hombre, sin darse cuenta de que, nuevamente, había errado su nombre, a fin de cuentas…tenía el nombre de un ángel ¿No? Y terminaba en “el”, no era tan extraño que lo confundiera.
El médico no esperó una respuesta por parte del rubio, más que nada porque en ese instante, el tono de voz exagerado y chillón de alguien al otro lado de la línea del den den mushi de Jin, se escuchó casi en toda la sala, a pesar de que la llamada no estaba en altavoz. Si la persona hubiera estado en el lugar, lo más probable es que lo habría mirado de arriba abajo con desprecio evidente, sin importarle si sería o no su “paciente”, pero como aun estaba al otro lado de la línea, el médico se limitó a suspirar mientras que se masajeaba el puente de la nariz para olvidar aquel grito inesperado.
Estuvo tan concentrado en eso que ni siquiera notó cuando el pelinegro salió de la habitación, dejándolo a solas con el rubio que, después de un par de segundos, fue quien rompió el silencio repentido que cayó sobre aquella sala de operaciones.
—¿Disculpa? —La pregunta por parte del otro hombre llevaron al médico a alzar la cabeza para mirarlo a los ojos. —¿De qué farsa habla, Samael? Soy un simple médico que ha venido a mostrar la calidad de su trabajo, así que ¿Qué quiero? Cerrar un contrato con el pelinegro que parecer ser su jefe —. Hyak podía ser malo para los nombres y rostros; sin embargo, aunque pudiera parecer alguien distraído, en entornos que le interesaban, sabía leer el ambiente y entendió casi de inmediato que, aunque Rafael se hiciera el rudo, era Jin quien movía los hilos en ese pequeño espacio. —Y no, no creo que sea un tipo cualquiera, de otro modo no habría decidido hacer negocios con él ¿Sabe? No haría negocios con un don nadie —. Respondió de una manera bastante casual, con una voz tan tranquila que ni siquiera daba indicios de ser provocativa.
—Pero tampoco se confunda, no hay confianza aún…Eso es muy difícil de ganar y creo que nosotros dos no hemos tenido el mejor comienzo, lo cual es una lástima, porque pensar en golpear un rostro tan atractivo me entristece —. Soltó sin la más mínima pizca de vergüenza, a fin de cuentas, ya que el otro hombre había decidido empezar a hablarle con preguntas que no sabía cómo responder, él también podía soltar alguna que otra cosa para incomodarlo, le pareció un intercambio justo, tanto que incluso se acercó un poco más al otro hombre justo cuando este abrió sus ojos, quedando lo suficientemente cerca para percibir la respiración ajena en su cara.
—Y sí, tengo una pésima memoria, no le mentiría a un socio de negocios ¿Usted sí? Eso hablaría muy mal de su faceta profesional ¿Sabe? —Su mano, aun enguantada, se elevó para jugar con la punta de la corbata del hombre frente a él. —¿A quién le recuerdo? Espero que a alguien tan hermoso como yo, aunque lo dudo mucho, no puede haber otra belleza similar en estos mares ni en ningún otro —. Jugueteó con sus palabras al notar que el rubio no se apartaba, incluso sonrió de medio lado, dejándose llevar por el momento y olvidando el sitio en donde estaba. —Si soy sincero, también me hace pensar en alguien…el problema es que no sé a quien me recuerda. No miento sobre mi falta de memoria, mi capacidad para retener nombres y rostros es casi nula, a menos que pase mucho tiempo con una persona, pero…por algún motivo, su porte, su presencia…algo en usted hace que mi corazón se acelere y aun no sé si eso es para bien o para mal —. En ese instante se alejó un par de pasos, aunque se encontró pronto con el borde de la mesa metálica, sobre la que decidió sentarse para mayor comodidad, mientras esperaba a Jin, claro está.
—Tal vez fue eso lo que me hizo actuar tan alerta al inicio… ¿No serás un ex que me rompió el corazón? —. Aunque seguía alejado un par de pasos, no había soltado la corbata y si bien es cierto que hasta ahora solo jugueteaba con esta, al terminar la pregunta la tomó con más fuerza, obligando al rubio a cerrar el espacio que los separaba, sin llegar a tocar sus rostros, pero quedando frente a frente en una posición comprometida que cualquiera podría malinterpretar. —Eso sería una lástima, porque si descubro algo como eso, tendría que romperte los huesos, como mínimo…y ya dije que me entristecería tener que lastimar a alguien de tan buen ver —. La sonrisa que esbozó el médico dejó atrás la falsedad y la modestia para expresar solo una coquetería pura que, en otro momento, habría evitado en el trabajo, pero que ahora le pareció necesaria para descubrir lo que fuera sobre este hombre que provocaba esa acidez en la boca de su estómago que era imposible de ignorar.
Claro, en medio de todo su “interrogatorio”, el pelirrosa ni siquiera notó que la puerta del cuarto se abrió.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
![[Imagen: hyakocheja.png]](https://i.ibb.co/FLVxQr0j/hyakocheja.png)

![[Imagen: i8ewDEq.png]](https://i.imgur.com/i8ewDEq.png)