14-12-2023, 05:10 PM
Al bajar del escenario, Alzeid tuvo que ignorar a muchas de las personas del público porque llegaron a ser excesivamente pesadas. Que si podían quitarse una foto, que si le podía firmar la ropa interior... – Lo siento, pero de momento soy artista para todos los públicos, no sólo adultos. – Le guiñó un ojo al joven que se lo había pedido, mientras le firmaba el brazo. Ante todo, educación. Se sacó un par de fotos con otros grupos y algunas personas le estaban haciendo un vídeo sin pedirle permiso, así que posó para no salir mal. – Antes muerto que sencillo. – Y les mandó besos a las personas que lo estaban grabando. Al darse la vuelta, observó cómo Irina y Daryl estaban con personas completamente desconocidas y, antes de darse cuenta, ésta le había lanzado una copa a la cabeza, que rompió al entrar en contacto con la dureza de su cuerpo. No obstante, el líquido de su interior –alcohol, cómo no– empapó los cabellos de Alzeid, así que comenzó a sacudirlo de un lado a otro. Algunas y algunos de los fans abrieron la boca para disfrutar de ese momento en primera persona. Honestamente, fue grotesco. Cuando quiso responderle a Irina, vio cómo Daryl también le había lanzado otra copa, pero ésta sí la vio venir así que se apartó. – ¿Eeeeh? ¿No ves que un canino manco no puede tener precisión? – No le caía nada bien. Sabía que era incapaz de apreciar el arte que acababa de presenciar, pues su analfabetismo se lo impedía, pero emborrachar a Irina para conseguir lo que quería... Eso no se lo podía permitir. Quiso devolvérsela, pero no era el momento oportuno ya que sería considerado una ‘infantilada’, una revancha, así que esperó al momento más adecuado. Continuó acercándose y vio cómo Lillia le traía ya su zumo favorito. – Gracias, guapa. – Le dio un pico. – A ti, siempre. – Se lo devolvió. Se estaba aprovechando de la situación. En ese momento, las personas que estaban en la mesa de al lado respondieron a Alzeid y, como había supuesto, no se conocían. Pero le agradecieron la actuación y se mostraron bastante amables, aunque también un tanto nerviosas. Alzeid simplemente sonrió e hizo una pequeña reverencia en agradecimiento. Sabía que su magnífica presencia podría intimidar a cualquier. Su alma podía ser abrumadora.
Por si fuesen pocos, el bar comenzó a llenarse de gente. Probablemente habían escuchado el concierto que iba a dar Alzeid, aunque fue completamente repentino y de última hora, y nadie se lo quería perder. Las ovaciones después de finalizar aquel pequeño ‘debut’ habían sido tan grandes que no hicieron más que engrandecer el ego interior que el joven andrógino tenía. Ahora mismo, se creía Dios; más de lo que normalmente lo hacía. Intentó ignorar las nuevas presencias del lugar, pero las almas de estas personas eran demasiado extravagantes como para pasarlas por alto. Primero, una cría maleducada que paseaba sus armas a vista de todo el mundo como si fuesen animales de compañía. Comenzó a gritar y balbucear una serie de palabras que nada casaban con la personalidad de Alzeid que, por muy salvaje y cruel que pudiese ser, era ante todo un joven educado. Nadie parecía conocerla, así que simplemente se giró, le dio la espalda y la ignoró por completo... Antes de que algo malo pudiese suceder. Su vasija no estaba cumpliendo su tercer mandamiento, así que tarde o temprano tendría que saltar al quinto... Pero por ahora continuemos. Seguidamente, apareció un joven que parecía haber salido del hospital después de haber sido golpeado por un relámpago. Ambos se conocían, por lo que quizá tampoco fuese objeto de devoción de Alzeid. Sin embargo, las cicatrices... le llamaban la atención. Aunque no estaban en el lugar en el que más placer visual (y físico, claro) le producían, podría hacer la vista gorda si se sabía mover como corresponde. No quiso dar el paso por la persona con la que se encontraba, pero no podemos negar que lo primero que pensó fue... – Lamería esas cicatrices toda la noche... – Pero no quería en ese momento. Así que intentó que se fijase en él, buscándolo con la mirada, y le guiñó un ojo. Su alma no parecía resonar con la suya, pero... – Le podría dar un par de usos a esa vasija... – Sin palabras.
Pero lo mejor estaba todavía por llegar. Volvió la mirada hacia Irina y Daryl, que parecía haberlos ignorado todo este tiempo, y en cuestión de segundos Alzeid volvió a ser víctima de otro suceso. Esta vez, Irina le había lanzado una mesa, tanto a él como a las dos personas que previamente le habían mostrado gratitud al joven andrógino por su brillante atención. Fue uno de ellos, el trajeado sin alma, quien dio un paso al frente para colocar la mesa en su sitio e intentar ‘calmar las aguas’. Alzeid ignoró a los agentes y sonrió, centrándose en un nuevo objetivo. Se acercó al sujeto trajeado, por su espalda, y colocó su brazo derecho sobre su cuello, justo antes de que se sentara. – ¿Estás bien? A veces son un poco molestos. – Hacía círculos con su dedo índice en el pecho del hombre. – Me habías dicho que te gustaba la actuación, ¿no? – Mantenía la sonrisa. – Puedo ser señorita o señorito... – Se había referido a él como señorito, en tono interrogativo, así que quiso puntualizar esto. – Pero lo único cierto es que donde mejor actúo es fuera del escenario. – Se mordió el labio y se alejó un poco. El contacto con él le hizo ver que estaba temblando, quizá por miedo o quizá por nervios, y esto a Alzeid le excitaba más de lo normal, así que tenía que contenerse. Su alma estaba temblando de emoción. Siempre había pensado que las personas con aspecto de mosquita muerta eran las que más caña daban. Y quería comprobarlo... pero poco a poco. Tiempo al tiempo. – Seguro que después su alma se encuentra con la mía... – Pensó. Se mordió el dedo índice, con el que había estado jugando en su pecho.
Primero las cicatrices y después la mosquita muerte. La “antenitas” también le podría servir. Alzeid estaba tan excitado en ese momento que tenía que hacer algo para que su mente no entrase en modo 'caza de objetivos', así que retomó su idea inicial de venganza. En ese momento, una joven se acercó a él con una toalla –que probablemente había robado del baño– y se la entregó para poder secarse el pelo. – ¡Anda! Gracias, guapa. – Le respondió a la mujer, que estaba visiblemente sonrojada. Y pensó que no podía desaprovechar ese momento. – ¿Estás sola? – Le preguntó mientras se limpiaba. – N-no... Con un grupo de amigas... y amigos... – Señaló con su mano derecha la mesa en la que estaba sentada. Alzeid agarró esta mano y fue con ella en aquella dirección. Estaba temblando. – ¡Hola! ¿Os ha gustado la actuación? – Todas y todos asintieron. Les había encantado, por supuesto. Se sentó en la mesa. – Porque me gustaría pediros algo... – Se puso de rodillas en el suelo y apoyó ambos brazos en la mesa. – Aquel chico... el grandullón... me ha hecho cosas muy feas... – Señaló a Daryl sigilosamente. Bajó la mirada y se tocó las cicatrices de su cuello, de forma sensual pero dejando entrever que podría haber sido él el causante de ellas. – Necesitaría que le digáis... que se vaya... – Le cayó una lágrima. – Pero tocándolo... agarrándolo por esos brazos tan maquiávelicos que me hicieron esto... Que sienta lo mismo que yo... – Otra lágrima. Y, cual grupo de fans enfadados porque su artista los había ignorado o no había tocado su canción favorita, fueron hacia Daryl entre gritos. – ¡Maldito! ¡Fuera de aquí! – Se podía escuchar, mientras se acercaban a él. Daryl odiaba el contacto físico, así que lo mejor que podrían hacer era... manosearlo. – Adoro a mis fans. – Pensó. Irina seguro que se enfadaría, y más en su estado actual.
¿No querían llamar la atención? A quien no quiere una cucharada, hay que darle un tazón.
Resumen
Karmas
