30-08-2026, 05:08 AM
—¿Caminar sobre el agua? No lo sé, creo que nunca he visto a alguien hacer eso, aunque he leído que los ninjas son capaces de hacerlo ¿Quieres ser kunoichi, Marmalade Girl? Y no te rías, Maki…Los ninjas son geniales, conocen muchas técnicas para neutralizar a los demás de la manera más sigilosa posible —. Tal vez fue demasiado sincero al hablar, pues ahora quedaba la duda del porqué un “simple médico” desearía conocer técnicas para neutralizar a alguien, aunque poco o nada les prestó atención a sus propias palabras, simplemente las dejó pasar para centrarse de nuevo en su intento de entrenamiento de haki de armamento. —¿Y qué demostración necesitas, Capiguana? La verdad no sé que más mostrarles, no puedo hacerles sentir lo mismo que yo, eso fue algo que el chico con el que entrené me dejó bastante claro…Jmmm… ¿Debería llamarlo? Sería mejor maestro que yo —. No se refería a Kaelith, si no a Majid, el skypeano con quien había entrenado días anteriores.
La propuesta quedó flotando en el aire, dejaría que ellas decidieran si querían a alguien más experto en esa habilidad que él recién había descubierto; sin embargo, pronto notó que ambas chicas cerraron los ojos. Parecían concentradas en sus intentos de meditación, así que él hizo lo mismo: cerró sus ojos, tomó aire y decidió que silenciaría su ruidosa y distraída mente.
Funcionó los primeros minutos, pero luego de escuchar el sonido del viento colándose entre las hojas del jardín y de que sus dedos empezaran a repiquetear una y otra vez con sus rodillas, supo que debía abrir los ojos.
Primero abrió un párpado, poniéndose de excusa de que, como maestro improvisado, solo quería asegurarse de que sus “alumnas” estuvieran cumpliendo con su tarea, pero no tardó mucho en darse cuenta de lo obvio: La chica naranja movía su boca, como si tarareara algo…sí, de hecho eso hacía, porque el sonido pronto llegó a sus oídos y Maki…Maki susurró algo que no logró entender, pero era claro que la meditación tampoco era la mejor manera de hacer que esas dos concentraran su energía…¿Cómo se supone que él mismo avanzaría en su conocimiento del haki si ni siquiera podía enseñarle a alguien más para que lo acompañaran a entrenar? Chasqueó la lengua y palmeó una de sus rodillas, generando un sonido parecido a un aplauso seco que buscaba que las chicas abrieran sus ojos.
—¡Suficiente! ¡Esto no funciona! ¡Agh! ¿Recuérdenme por qué decidí entrenar con ustedes? —Se levantó algo frustrado, al mismo tiempo que mordía su labio para eliminar la tensión de su cuerpo, por más que la mordida estuviera lastimando su propia boca.
Tomó aire y cerró los ojos por un momento…No esperaba que ellas respondieran a la pregunta, a fin de cuentas, si él había decidido entrenar era porque quería avanzar y era mejor hacerlo con un compañero que supiera de que hablaba y lo que hacía. Necesitaba enseñarle a alguien, a quien fuera y ahora mismo ellas eran las víctimas perfectas.
Volvió a pensar en su entrenamiento, mientras que daba vueltas en círculo por el jardín, recordó que asimiló mejor las enseñanzas mientras su cuerpo estaba en movimiento, así podía centrar su energía en un solo punto al saber a donde o a quien iba a golpear…Tal vez sí que debía empezar por ahí. Se detuvo de repente frente a las chicas y las miró desde arriba, con los brazos cruzados y con una sonrisa maliciosa en su rostro.
—Señoritas… ¿Qué tal se les da el entrenamiento físico? —Bueno, sabía que a la capitana calva se le daba bien, pero no conocía las habilidades de la otra chica. —¡Arriba! Cambiemos de estrategia —. Se alejó un par de pasos para darle espacio a las chicas para que se pusiera de pie.
—A mi tampoco me sirvió meditar…al menos no de la manera convencional, pero el maestro lunarian me dijo que podía meditar mientras combatía…La premisa es simple, intenten pelear, pero concéntrense en sus puños o en sus patadas, sientan su cuerpo moverse y sepan hacia donde dirigirán sus golpes —. El médico detuvo su explicación y en ese instante sus ojos ambarinos enfocaron a la muchacha pelinaranja. —Parecías complicada al golpear las nubes, así que solo te diré que si vas a dar un puñetazo cierra bien la mano y nunca coloques tu pulgar bajo tus otros dedos, eso podría fracturarlo…no te exijas tanto, solo intenta sentir tu cuerpo, tus músculos y… —Volteó a ver a Maki, para advertirle algo que a él le parecía obvio. —…Maki, no seas tan dura con ella.
El médico se encogió de hombros, aquella advertencia no la hacía por interés real en el bienestar ajeno, sino porque no quería pasar la noche vendando heridas o poniendo en su lugar huesos rotos.
—Empiecen cuando quieran.
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