30-08-2026, 08:42 AM
(Última modificación: 31-08-2026, 04:36 PM por Miyori Hoshino.)
Día 04 del año 18, Primavera
Skypiea - Shandora
Cada día es una oportunidad para descubrir nuevos tesoros escondidos, y al estar en la ciudad dorada, aquella que siempre parece estar sumida en una infinita calma, las maravillas no parecen terminarse.. Los primeros rayos del sol atravesaban las nubes superiores de Skypiea, notando algunos reflejos de su esplendor en los cimientos dorados, tales destellos me parecían hermosos al notarlos, cuando también proyectaban crisoles en su vidrieria, en los ventanales, en sus decoraciones cuál típica suficiencia para considerar la joya más hermosa y ostentosa en la tierra como un simple peldaño del cual era normal el caminar.
Divague en una caminata tranquila, dejándome enamorar por esas calles de oro que me parecen revelar detalles pequeños de su cultura, de Shandora, como siempre iba vestida con un vestido blanco ondeando con la brisa constante de esa isla en las nubes, con un sombrero adornando la cima de mi pelo anaranjado, y en mi mirada estaba el albor de unos ojos que exploraban todo con curiosidad. Y atenta… escuché los sonidos que esta ciudad tenía para entregarme.
Quizás el entorno era completamente diferente a lo que solía estar acostumbrada, no había un mar surcando sus costas, tampoco era como un lugar lleno de bosques y tierra basta, pero si que me recordaba un poco a Baquella con la poca vegetación aglomerada en sus lejanías, pero, donde fuera que yo viajara siempre encontraba ese sonido familiar de algunas herramientas golpeando en los talleres, siempre había un lugar comercial donde se escucha murmullos de conversaciones entre los habitantes, siempre hay una risa entre los niños que no tienen pudor al jugar a toda velocidad por las calles sin tener cuidado en tropezar en el camino, o el tener un impacto contra otra persona. Esa era la melodía que me gustaba mucho encontrar a donde quiera que mi senda me guíe, el sonido de una paz en su total plenitud.
Siempre he considerado que soy una persona que suele ver la esencia de las demás, tal vez soy ingenua y nunca suelo dudar de sus intenciones, para cultivar un diamante primero debe ser fundido en el fuego, si, estoy convencida que nadie es acreedor de la verdad como también sé que no toda mentira puede ser falsa, ¿pero cómo determinar eso?
He tenido esa idea rondando en mi mente, desde el torneo, desde que compartí inolvidables momentos con cada una de esas personas que jamás creí encontrarme o conocer, en mi corazón tengo presente lo maravillosas que son las Valars, la banda The Cupids, como también puedo sentirme en la fortuna de haber conocido a los Sepultura y los Hanu Matata, pero más que eso… frente a mis cazadores civil que aunque sean portadores del mandato judicial encontré la dicha de volver a ver a quienes estimo sin importar su uniforme, de confiar en sus palabras reluciente de hacer siempre lo correcto para alcanzar la paz y libertad que han perdido a quienes han torcido su camino. Nunca me ha importado las facciones, nunca me ha interesado dictaminar quién es mi enemigo y quienes pueden ser mis convenientes aliados, pero mi corazón atesora esos preciosos zafiros que sé que son Nyra, Kael, Juan, Enji y Shin.
Estar en ambas corrientes me hicieron florecer sentimientos adversos sin poder comprender si estoy bien o si perdí la cabeza, estando en esas gradas pude ver ambas cara de la moneda y sin duda no puedo decidir si he de cortar los lazos que me atan a ellos, o simplemente seguir trazando esa línea que nadie más conlleva. Como si estuviera debatiendo entre el deber y el hacer.
No era exactamente un miedo a errar, era una sensación difícil de explicar, por qué siento que sus intenciones son buenas a pesar de su juicio disciplinario intachable de cada uno, como tambien puedo pensar de la misma manera de aquellos que no tomen en absoluto en llenar sus palmas de sangre por quitar lo que es “innecesario” como lo he sabido del propio Dharma.
Es como si… por momentos, pudiera notar cosas que antes pasaban desapercibidas.
Y últimamente me ha pasado no solo con las personas que conozco, lo siento alrededor de mí, al hablar con otras personas, al acercarme a otros individuos, con la misma naturaleza misma. Incluso al volver a explorar por ese tramo de bosque celestial donde no paraba de maravillarme de ver esos hermosos peces de pinceladas coloridos, en sus flores, y aún más en su fauna, hay algo ahí que sin duda siento y percibo, ¿pero que es exactamente?
Mientras caminaba sin rumbo fijo, por la zona mercantil donde había una multitud de personas que iban y venían, algunas dialogando entre ellas, otros tan solo sentados en sus puestos aguardando la clientela de sus productos, sin siquiera mirarlos había cierta esencia que podía percibir desde mis laterales sin siquiera voltear a verlos, ¿desde cuando?, lo pensaba, lo analizamos, ¿desde cuando era capaz de esto?, ¿quizás desde que aprendí a usar el arco?... no estoy segura realmente, incluso siento que esto lo he sentido desde que me interesé por la música, desde que un destello de amor albergó mi corazón y me hace conectar con los sentimientos de los que están a mi alrededor pero siempre pensé que era porque soy una persona muy sensible.
¿Acaso estoy confundiendo eso con otra cosa?, ¿No es normal que pueda sentir la preocupación de otros como algo que también me preocupa a mí?, ¿Amar si otros sienten amor?, ¿enojarme si alguien más lo siente?, ¿notar los pequeños cambios en sus voces aunque sean imperceptibles?, Sentir su tristeza aunque no parezcan estarlo…. ¿no es normal?, o quizás es normal y no sé realmente qué cara ponerle a lo que mis pensamientos han decidido implantar en mi cabeza.
Me detuve entonces junto a una fuente que parece ser como la decoración de una plaza en su redondel, los niños jugaban con espadas de maderas, jugando a ser piratas, la mayoría de los habitantes en Skypiea eran personas aladas, hermosas, divinas, y con auras muy fuertes a cualquier otra… ¿auras?, ¿por qué pensé en eso en este momento?, pude observar el reflejo del cielo sobre aquella fuente de aguas cristalinas con ciertas monedas en su fondo, era claro que aquí seguían la tradición de una fuente, una moneda… un deseo.
Sonreí plenamente al pensar que algunas costumbres no se pierden aunque las culturas sean diferentes, busqué en mis pertenencias, en mi cartera pequeña una moneda de oro, la sostuve entre mis manos que parecían que estaba levantando una plegaría pero lo cierto es que solo estaba proclamando un deseo en mis pensamientos, y al haberla declarado en mi cabeza, con tenue sonrisa la lancé.
Coloqué una mano sobre mi pecho, sintiendo aquel fervor cálido dentro de mí, extenderse por cada parte de mi cuerpo, era como si pudiera sentir una pequeña parte de las emociones de quienes estaban cerca.
— Ese es un bello sentimiento el que tienes, Miyori Hoshino… — La voz de alguien hizo que girara lentamente en su dirección, y ahí pude ver que se trataba de un hombre de piel morena que me observaba con suma tranquilidad, sostenía un bastón que daba soporte a su andar pero a pesar de ello también transmitía, o mejor dicho, imponía cierta templanza o fuerza en su presencia.
— Buenos días… — respondí con una sonrisa ligera y un asentir de mi cabeza, no lo conocía en absoluto pero parece que él me identificó con seguridad, ¿habría sido por mi wanted?, aunque no creo que esos papeles terrenales llegasen hasta aquí, sin embargo, ¿cómo sabía mi nombre?, de pronto me abrumé de dudas y confusión.
—No debes preocuparte, no soy alguien peligroso ni pienso hacerte daño. — Expresó aquel hombre de bellas alas negras, y tras ello simplemente me observó durante unos segundos como si analizara mis movimientos, y es que tenía razón, no percibía malas intenciones o me transmitía ser una mala persona, fue entonces que mi cuerpo se relajó pero aún existía la duda de cómo es que sabía mi nombre.
– ¿C-cómo sabe mi nombre?... — dije algo confundida, con timidez sin ningún deseo de ser alguien descortés, me sentiría mal de saber que ya nos habíamos conocido antes y que olvidé su rostro. — ¿Nos conocemos?
— No. — Respondió mientras reía suavemente como si le causara gracia entender mi confusión, posterior a ellos unos niños pequeños corrían entre nosotros, hablando de perseguirse. — Pero me di cuenta que tienes cierta habilidad para observar, o de no perder los detalles frente a ti…
— ¿Habilidad para observar? — Mi desconcierto se vio en mi rostro mientras él se acercaba poco a poco.
— En tu prueba de certeza, lo hiciste muy bien, ¿hace cuanto que dominas la arquería? — preguntó mientras sus ojos azules permanecían sobre los míos, y miraba ahora hacia la fuente, observando quizás las monedas.
— Hace unos dos años, creo… — respondí atenta a su interrogatorio, o su curiosidad.
— Es muy poco tiempo para la destreza con la que te desarrollas, por eso me pareció curioso la manera en como has acertado, te felicito.
— G-gracias… — inmediatamente agaché la cabeza en señal de agradecimiento repetidas veces. — ¿Puedo saber su nombre?
—Kaelith, ese es mi nombre.
— ¡Encantada de conocerlo, Señor Kaelith! — dije con una enorme sonrisa de boca a boca, mirando al señor de cuatro metros con ferviente emoción reflejado en mis ojos, tal emoción hizo que el señor parpadeará un par de veces.
— Lo mismo digo, señorita — finalizó con un asentir de su cabeza y una sonrisa amable — no parece ser de estos lugares, ¿Qué tal ha sido su visita en Shandora?¿Qué piensa de las personas de la ciudad?¿Ha encontrado algo interesante que le de curiosidad?
— ¿Hmmm? — sus preguntas parecían trazar una curiosidad respecto a la cultura, me pregunto si es debido a que muy pocos individuos logran alcanzar llegar a Skypiea. — Pues…
Mi atención cayó ahora en los alrededores, en los puestos mercantiles, en los niños que iban y corrían cerca, en las amas de casa que caminaban felizmente como amigas que han crecido juntas, incluso pude fijarme más allá en personas que compartían una cerveza y hablaban tal alternadamente como habían otros que ahogaban sus angustias en lo fondo de sus jarras en plena luz del día, otros estudiaban, muchos simplemente curioseaban la zona.
— Es difícil de decirlo, son personas amables, curiosas, leales… encantadoras, pero tambien puedo ver cierta cosas que me hacen pensar que algunos estan pasandola mal, o no sé realmente cómo decirlo o explicarlo, pero creo que lo que cuenta es la amabilidad y las buenas intenciones, ¿no?
— ¿Buenas intenciones? — consultó curioso mientras su mirada no dejaba de caer sobre la mía, parece estar bastante interesado en lo que acababa de decir, y eso me hizo sentir inquietud o nerviosismo, quizás me miraba como alguien que tiene demencia.
— Bueno jeje… — si efectivamente ahora estaba totalmente nerviosa — Quizás estoy loca, pero es que a veces siento que algunas personas son fáciles de leer, en su expresiones, en su lenguaje corporal, y tengo la facilidad de ser perceptiva a sus emociones, a cómo se sienten, o incluso es chistoso como a veces me doy cuenta que se acercan de la nada y yo ya me había percatado de eso, me pasaba bastante con mis sobrinas cuando jugábamos a las escondidas.
— Ya veo… — su diestra se posó sobre su mentón y posteriormente inclinó más su cabeza sobre la fuente, observando el reflejo que proyectaban nuestras siluetas al mismo tiempo que sonreía complacido. — Has estado intentando entenderlo por tu cuenta, ¿no?
— ¿Entender qué cosa?
— El porque logras conectar con las personas con facilidad, el porqué a veces sientes que sus emociones fluyen por sobre las tuyas, ¿acaso piensas que eso era pura casualidad?
Mis ojos se abrieron de par en par con todo el asombro del mundo a tal manera de dejarme completamente sin palabras, dejando que los segundos de silencios fueran eternos, aquel Lunarian parece albergar un secreto que parecía ser completamente ajeno. Una verdad de la cuál era capaz de conocerla sin ser consciente de que es realmente. — P-pero ¿cómo…?
— ¿Has escuchado algo sobre el Haki? — preguntó interrumpiendo mis palabras, y en ese momento solo recordé la conversación que tuve con Varo y Eros, miembros de los Sepultura, hablarme sobre cierta habilidad que era capaz de ver cosas que son imperceptibles a otros.
— Sí, bueno… algo más o menos… — intentaba recordar la explicación de Eros pero no sabía como explicarlo como él lo había hecho, me lo había explicado según su experiencia en su recorrido en los mares. — ¿Usted sabe qué es?
— Sí. — El hombre de piel morena y cabellos blancos cerró sus ojos mientras instaba a respirar con calma, dejando que existiera de nuevo una pequeña pausa. — Kenbunshoku Haki.
Era una palabra extraña pero que intenté repetir en mi cabeza nuevamente sin perderme de su expresión, y de lo que me estaba hablando. No se escuchaba como un poder destructivo, no parece ser algo destinado a romper cosas o usarse para hacer daño.
— Es una capacidad que permite percibir aquello que normalmente permanece oculto, presencias, emociones, intenciones… y dependiendo del nivel de dominio más hábil te haces al momento de determinar las presencia o analizar sus intenciones.
— Entonces… ¿Lo que siento de las personas es real? ¿El sentir sus emociones como mías?
— Sí y no, claro que eres capaz de sentirlas pero el cómo reaccionar a ellas, eso depende de ti.
— ¿Entonces… el haki sirve solo para sentir las emociones de otros?
— En su parte, existen diferentes tipos de haki, pero el Kenbunshoku es específicamente el haki de observación, te hace hábil de sentir emociones o incluso de ver lo que está oculto a simple vista.
— ¿Un ejemplo?
— Por ejemplo, en este momento puedo darme cuenta que tu ropa interior es de color morado.
— ¡¿Qué qué?! — mi rostro se tornó completamente rojo de vergüenza en lo que tomaba mi sombrero y lo colocaba frente mi pecho, intentando cubrir para que no viera eso, ¡¿Pero se supone que puede verme aunque haga eso, no?!, me sentí incómoda, expuesta y avergonzada, y de pronto aquel señor comenzó a reírse entre carcajadas.
— Despreocupate, solamente que con la brisa se ha levantado un poco tu vestido y sin querer pude ver lo morado en el reflejo de la fuente… — dijo el Lunarian sin pudor alguno en sus palabras mientras yo esperaba que la tierra me tragara viva.
— El haki no funciona de esa manera, así que ven mañana a mi dojo para que puedas recibir el entreno adecuado, de momento debo de terminar de hacer unos encargos.
— Está bien…
Kaelith procedió a escribir la dirección de su dojo sobre un papel mientras me lo entregaba, tomó su bastón, y con una sonrisa amable se despidió, mientras lo observé irse con mis preguntas inundando mi cabeza, ahora solo quedaba esperar el día de mañana para entrenar algo que ni siquiera sabía que existía en primer lugar.
Día 05 del año 18, Primavera
Skypiea - Shandora - Dojo de Kaelith
La mañana llegó tan pronto que apenas me dio tiempo de dormir o la verdad es que no pude dormir absolutamente por la curiosidad que me revelaba aquel concepto, o el significado de lo que es el Kenbunshoku. ¿Ver lo que no es capaz de percibir el ojo humano?
La repetí tantas veces dentro de mi cabeza que terminó por ser algo familiar en lugar de una simple idea, era una posibilidad, algo que hasta el día anterior ni siquiera sabía que era capaz de aprender, no sabía… que era algo que podía despertar y usar.
Me había costado dormir por la incertidumbre de existir algo que no sabía pero que sí parece que era algo que tenía dentro dormido.
Durante años había pensado que mi facilidad para notar ciertas cosas en las personas era simplemente parte de mi personalidad, de sentir, de querer, que siempre había sido observadora, sensible a los cambio de voz, a las expresiones, a la manera en que alguien caminaba o incluso esos pequeños silencios cargados de tristeza o sentimientos ocultos.
Pero ahora el maestro Kaelith había puesto un nombre a todo aquello que había sentido, y si realmente era Haki… ¿Cuánto tiempo llevaba utilizándolo sin saberlo?, ¿o era simple coincidencia?
Me acomodé el sombrero sobre mi cabeza mientras caminaba por las calles de Shandora, siguiendo las indicaciones que el Lunarian me había dictado el día anterior, el papel seguía guardado en el estuche del violín, el dojo no estaba demasiado lejos a decir verdad, por lo que la caminata hacia el dojo fue estimada en poco tiempo.
Al estar frente al dojo me di cuenta que la fachada estaba construida de una forma sencilla para alguien que vivía en una ciudad donde parece que hasta las piedras podían ser consideradas tesoros. El edificio se encontraba apartado de la zona mercantil, rodeado por algunos árboles y una pequeña extensión de terreno despejado, me quedé unos segundos observándolo, era mucho más grande de lo que había imaginado.
Respiré profundamente, con cierto nerviosismo… ¿acaso tenía miedo de fracasar?
— Bien… — murmuré para mí misma mientras miraba la entrada con determinación — ¡Lo lograré!
Caminé con calma hacia el interior de aquel pasillo transitorio que me hacía deambular con la arboleda de hojas coloridas y flores, al llegar a los primeros cimientos de madera mis pasos y mi mirada se volvieron mucho más atentos alrededor en busca de encontrar a alguien que perteneciera al dojo y me ayudara a encontrar al maestro del haki.
— Buenos días… — mi voz resonó dentro del lugar pero no hubo respuesta inmediata, solamente la ausencia de sonidos.
El interior era amplio, había un suelo de madera perfectamente cuidado, algunas columnas de piedra, armas de entrenamientos colocadas contra las paredes y espacios destinados a la práctica, algunas almohadillas en los esquinales acomodados como torres.
En el umbral de la entrada me di cuenta que no había nadie en su interior, desvié la mirada por el pasillo y noté que habían más puertas corredizas, ¿tal vez debería buscar ahí también?, devolví mi mirada hacia el interior del salón.
— ¿Señor Kaelith?
— Llegas temprano.
Su voz apareció detrás de mí y eso me hizo sobresaltar junto a un pequeño grito de susto de mi parte, avancé un par de pasos en frente obligándome a entrar a la sala, me giré rápidamente y allí estaba él, apoyado sobre su bastón que parecía ser su arma.
— ¡Ah, Señor Kaelith! — dije sorprendida mientras lo señalaba como si identificara su presencia que antes pensé estaba oculta.
— Buenos días, Miyori.
— B-buenos días… — incliné ligeramente la cabeza en señal de respeto y saludo — pensé que todavía no había llegado.
— Ya estaba aquí.
Miré hacia los alrededores en busca de alguna otra puerta o ventana, pero no había nada más que esa puerta en donde se encontraba él. —- No lo escuché entrar o caminar por el pasillo…
— Precisamente por eso estamos aquí.
Me quedé en completo silencio, aquella respuesta consiguió que mi expresión cambiara completamente a la de confusión. — ¿Ya empezamos con el entrenamiento?
— Todavía no.
Kaelith caminó hacia el centro del dojo con pasos armoniosos mientras jugaba y observaba con el bastón que sostenía en mano, luego desvió su mirada hacia la mía. — Antes de enseñarte a utilizar el Kenbunshoku… quiero saber qué crees que estás intentando aprender.
—- ¿Qué creo yo?
— Sí, tu.
El silencio nuevamente se hizo presente, y su mirada me analizaba por completo, caminó un poco más por el dojo mientras acomodaba algunos cuadros que estaban colgados en las paredes, aguardando por mi respuesta.
— Supongo que… sentir a las personas.
— Eso es una parte.
No parecía ser suficiente esa explicación por lo que ahora recordé las palabras de Eros y Varo cuando hablaban entre ellos — ¿Ver cosas que parecen estar escondidos?
— Claro, eso también es posible.
— ¿Saber identificar si una persona es buena o mala?
Entonces eso último hizo que Kaelith negara con la cabeza y se acercó de nuevo hacia a mí con las manos cruzadas detrás de su espalda.
— No, el Kenbunshoku no decide quién es bueno y quién es malo, Miyori. — hablaba con voz calmada y gradual sin apartar la mirada de mis ojos. — Esa decisión pertenece a quien observar, el haki únicamente te permite percibir aquello que tus sentidos ordinarios no alcanzan.
— Entonces… ¿Qué voy a aprender hoy? — asentí con la cabeza mientras sonreía tenuemente.
Kaelith levantó una mano junto a su dedo índice que parecía tratar enfatizar en sus siguientes palabras. — Presencia.
— ¿Presencia?
— Hoy no quiero que intentes sentir emociones, no quiero que intentes determinar el poder de nadie, tampoco quiero que intentes anticipar movimientos. — señaló ahora el suelo de madera de aquel salón. — Hoy solamente vas a aprender a reconocer que alguien está ahí.
Me llevé una mano al pecho en señal de dudas y quizás cierta impotencia porque no sabía de lo que me estaba hablando… — ¿y cómo se supone que hago eso?
— Ya lo haces.
Parpadeé varias veces sin dejar de observar al Lunarian que en este momento parecía disfrutar de mis dudas y miedos — ¿Lo hago?
— Claro, el problema es que todavía dependes de tus ojos para confirmar aquello que percibes. — Kaelith se acercó a mí junto con una tira de pañoleta negra. — Tu primer ejercicio será aprender a confiar en esa sensación antes de buscar una confirmación visual.
A decir verdad… lo que me estaba planteando me parecía algo mucho más difícil de hacer o difícil de creer que fuese posible. — ¿Tengo que colocarme esa pañoleta en los ojos para no ver nada?
— Sí.
—pero no entiendo… ¿qué haremos? ¿es como jugar a las escondidas?
—Exactamente, solo que en lugar de ir a buscar escondites, estaremos en este lugar y me desplazaré en diferentes zonas, tendrás que decirme dónde estoy sin quitarte la pañoleta.
Sonreí un poco ante la idea, de cierta manera no se escuchaba como algo raro, incluso parece ser divertido. — Me gustaría intentarlo.
Entonces me senté en medio del salón para seguidamente cerrar mis ojos como él me estaba indicando, pero pronto en el silencio sentí que exactamente no estaba pasando nada, escuchaba el eco del viento junto las hojas moviéndose al ritmo de sus ramas, seguramente el cantar de algún pájaro debutando en la copa del jardín del exterior, y claro, al estar tan concentrada en percibir llegué a enfocarme en el sonido de mis latidos y mi propia respiración.
— No busques sonidos — dijo el maestro Kaelith desde algún lugar, sacándome de mi concentración, evidentemente mi confusión fue mi reacción.
— Pero usted dijo… que cerrara los ojos… — dije para justificarme a lo que él negó con la cabeza, desaprobando mi respuesta.
— aún tienes los ojos abiertos, estás alerta con tu mente.
—- Creo que no entiendo nada…
El lunarian pronto soltó una pequeña risa, indicando que lo intentará de nuevo por lo que volví a respirar profundo y seguidamente cerré mis ojos, él explicaba que no debía intentar escuchar, pues el haki no dependía de mis oídos y de ningún otro sentido que fuese físico. Dejé caer los hombros, relajé las manos, y respiré profundamente, contando en mi cabeza hasta que el conteo se hizo mundo. Al principio solo era quietud en la oscuridad, después comencé a notar pequeñas cosas, en el aire, el movimiento de las hojas, la madera bajo mis piernas.
— No, lo estás haciendo mal .. — dijo el maestro en lo que yo fruncí un poco el ceño sin abrir los ojos — No te escuches a ti misma, estás colocando tu concentración sobre ti misma.
— ¿Cómo se supone que no voy a escucharme? no puedo silenciar mis latidos.
— No se trata de eso… —- tomó una pausa mientras claramente escuchaba sus pasos sobre el crujir de la madera — No intentes encontrarme, deja que aparezca.
Nuevamente sus palabras fueron extrañas, yo estaba acostumbrada a observar, buscar y perseguir con la mirada aquello que llamaba mi atención pero ahora debía hacer lo contrario, no debía buscar, no debía perseguir, solamente permanecer quieta y no dirigir mi curiosidad ni con mis oídos ni con mis ojos, ¿entonces cómo?, pasaron varios minutos hasta que una sensación muy leve apareció detrás de mi espalda, como una especie de pequeña presión, fue entonces que creí haber conseguido usar el haki. — ¡Está detrás de mí! — dije con una sonrisa de oreja a oreja mientras abría los ojos con entusiasmo.
Me giré hacia atrás con los ojos abiertos, pensando que al hacerlo encontraría al maestro Kaelith detrás de mí pero en cambio solo encontré una pared y un escenario silencioso. — Oh…
— ¿Por qué abriste los ojos, Miyori? — dijo el lunarian mientras caminaba al lado de mí, con lo que mi mirada lo seguía ahora, él caminaba con pasos armoniosos y sus manos detrás de la espalda.
— Creí sentir algo… — dije con la mirada gacha, un poco decepcionada.
—- ¿Qué sentiste? — miré ahora alrededor sin comprender muy bien que fue lo que pasó.
—- No lo sé…
— Entonces vuelve a cerrar los ojos.
Lo miré con detenimiento y él me observó con una sonrisa apacible, sin juzgarme, era como si aquello que yo preocupaba fuera normal, entonces nuevamente respiré profundo, obedecí a sus indicaciones. El ejercicio de concentración continuó por un largo rato, pasando eternos minutos hasta que aquella extraña percepción regresó, esta vez intenté no pensar en una dirección concreta de su procedencia, simplemente dejé que mi mente permaneciera tranquila… no era como percibir un sonido ni visualizar una imagen, era como si el espacio a mi alrededor hubiera dibujado un mapa visual dentro de mi mente, y las energías fueran detectadas dentro de ese mapa.
— ¿Está… a mi derecha? — consulté con algo de duda.
— ¿Por qué lo dices?
—- Porque… así lo siento…
— Miyori, eso no es una explicación.
Ante su respuesta me quedé en silencio y seguidamente mis labios se apretaron entre ellos, tragué un poco de saliva y suspiré con pesadez — No sé cómo explicarlo…
— Tendrás que aprender hacerlo… —- dijo mientras la percepción que sentía iba cambiando, la prensión estaba danzando a mi alrededor, estoy segunda.
— Ahora está detrás… — dije con un poco más de seguridad.
— ¿Por qué?
—- Porqué la sensación cambió totalmente, es como una energía que flota…
—- Muy bien. —- Dijo el lunarian de alas negras con un tono de voz amable camuflada con una sonrisa, y en cuanto lo dijo, mis ojos se abrieron de par en par, de inmediato una sonrisa se apoderó de mí.
— ¡Lo he logrado, maestro Kaelith! — me levanté inmediatamente del suelo para acercarme al Lunarian quién en este momento se reía relajadamente en festejo junto a mí sin perder su personalidad neutral.
—- Sí, lo hiciste una vez…. — Reveló mientras mi sonrisa iba desapareciendo poco a poco, dejándome completamente sorprendida por el significado de sus palabras. — No hay que confundir un acierto con dominar algo que apenas comienzas a entender.
— Pero…
— Vamos, hay que hacerlo de nuevo.
— Bueno… —- El entrenamiento continuó por unas cuantas horas, Kaelith se escondía detrás de las columnas, salía del dojo, caminaba alrededor del edificio o permanecía completamente inmóvil mientras yo tenía que señalar dónde estaba, o describir el lugar donde había estado caminando fuera de la sala, al principio fallaba muchísimo, en los últimos intentos comencé a sentirme frustrada. — ¡De verdad que lo intento!
— Precisamente… — Se acercó ahora mientras se sentaba frente a mí, haciendo que mi mirada se posará sobre su rostro con suma atención, el tomaba una postura calmada, y se cruzaba de brazos. — Has logrado percibir la energía, has logrado localizarlo dentro de tu espacio pero sigues sin profundizar sobre eso, debes ser capaz de seguirles el rastro, saber su grado de poder, y como también deberías ser capaz de determinar su estado de ánimo, sus emociones… —- ¿Cómo era que yo podría hacer todo eso?, apenas y podía detectar las energías, y encontrar al maestro Kaelith por encima de las otras fue un poco más difícil.
— ¿Debo seguir el rastro? ¿Qué hay de las demás presencias que percibo en el dojo?
— ¿Las has sentido? — preguntó mientras su diestra tocaba su mentón, analizando mis palabras.
— Si, pero son presencias leves… apenas puedo distinguirlas cuando intento enfocarme en usted.
—- No te enfoques solamente en mí, intenta ampliar esa sensación, identificar a cada una… es como inspeccionar con tus sentido.
— ¿Cómo se supone que haga eso?, ¡Es difícil! — dije con cierto puchero mientras agachaba la cabeza, completamente rendida.
— Veamos… — Kaelith reflexionaba intensamente al darse cuenta que no comprendía sus palabras ni sus ejemplos, tal vez soy incapaz de aprender haki, quizás simplemente nunca he sido muy diestra para cosas que no sean música.
— Si tan solo aprender el haki fuera como aprender música… sería más sencillo…
— Es una buena forma de verlo, podemos intentarlo… – dijo Kaelith mientras se colocaba de pie, determinado a enseñarme de otra forma, me extendió la mano con la que acto seguido, y con incredulidad en mi expresión, me puse en pie.
— Imagina que las energías son melodías, cada uno tiene una resonancia diferente, una vibra única, algunos pueden tener un aura nostálgica, otros muy vivaz, quizás melodías entonadas alegremente, y cada uno figura un instrumento diferente.
Parpadeé un par de veces ante lo que planteaba, y al imaginar lo que me decía lentamente analicé si era posible, luego pensé en lo que he practicado hasta el momento, lo que he sentido, lo que he visto sin ver, y ciertamente lo asocié a cuando escucho sinfonías con diferentes instrumentos, siempre he sido capaz de identificar los instrumentos de vientos con los de cuerda, los de percusión. — Pero… ¿y el sonido?
— Recuerda que no se trata de escuchar, se trata de percibir…
EL maestro Kaelith hizo una breve pausa tras observar mi expresión dudosa de sus palabras, entonces suspiro levemente como si estuviese buscando una manera de explicarme adecuadamente. — Cuando escuchas una canción no necesitas analizar cada nota para saber qué instrumento está tocando, tu mente reconoce los sonidos con naturalidad, ¿verdad? — uso una pausa esperando que afirmara sus palabras por lo que acto seguido asentí con la cabeza —- y eso es porque sabes muy bien cuál es el sonido de un violín, una flauta, un tambor… incluso eres capaz de distinguirlos cuando varios están sonando al mismo tiempo.
De cierta manera lentamente estaba empezando a comprender qué es lo que trataba de explicarme pero continué atenta a su explicación mientras relacionaba todo lo demás con el haki de observación.
— Bien, pues con las energías debes hacer algo parecido a eso, no debes intentar buscar una voz, un ruido, ni siquiera sonidos, pero piensa que cada persona está interpretando una melodía diferente, ¿que clase de instrumento serían? ¿Es una melodía triste o una alegre?... — indicaba mientras alzaba el dedo indice en señal de enfatizar en sus palabras— Con el haki de observación serás capaz de localizar, sentir sus emociones e intenciones entre más lo practiques.
— ¿Como una canción invisible? — pregunté curiosa mientras junto a él comenzaba a caminar por el salón, siguiendo un hilo de conversación que me resultaba ahora muy interesante de profundizar en ello.
— Exactamente — Dijo el Lunarian con una sonrisa ligera — Una energía tranquila podría sentirse como una melodía lenta y suave, una persona nerviosa podría sentirse como una composición llena de notas apresuradas e irregulares, alguien agresivo podría transmitir una sensación pesada, intensa, como cuando golpeas muy fuerte un tambor, o cuando tus manos desgarran las cuerdas de una guitarra de rock.
Colocó su mano sobre mi cabeza y me habló con mucha más paciencia que antes — No tienes que imaginar literalmente todos esos sonidos, pero esa es la forma en la que tu mente debe ordenar lo que percibes, tu mente ya está acostumbrada a reconocer patrones de sonido, ritmos, cambios de intensidad y armonías.
Fue entonces que un destello de esperanza se vio reflejado en mis ojos azules junto a una sonrisa que parecía haber encontrado la eureka de su explicación — Entonces… ¿si percibo una energía diferente, puedo asociarla con un instrumento?
El maestro Kaelith despeinó mis mechones de mi cabeza como intentando que olvidara esa conclusión — Sí, pero no pienses en “esa persona es un violín”, debes pregúntate qué sensación te provoca su presencia, si su energía cambia debes asociarlo a la melodía cuando cambia el ritmo, si se vuelve más intensa, si se desvanece, si se hace menos festivo… ¿comprendes ahora?
— Reconocer sus cambios… — Guardé silencio mientras intentaba asimilarlo, parecía algo que suelo hacer mucho cuando escucho música o cuando compongo en mi soledad, quizás no se trataba de aprender algo completamente nuevo, quizás simplemente debía aprender a interpretar el haki con el mismo lenguaje que había utilizado durante toda mi vida… la música.
— Parece que has comprendido, bien… — mi mirada ascendió a la suya en lo que lo miraba girarse sobre su propio talones y me miraba de reojo, levantó su diestra e hizo un ademán de que debía seguirle — Vamos, es momento de poner a prueba.
— ¿A dónde vamos? — dije mientras seguía sus pasos.
— Ya lo verás.
Momentos después nos encontrábamos deambulando nuevamente por las hermosas calles de Shandora, precisamente en la zona mercantil, y lo primero que distinguí fue la cantidad de personas en todas direcciones, comerciantes gritando precios, niños corriendo, algunos habitantes conversando entre ellos y otros en silencio cargaban mercancía, era un caos completo.
— Cierra los ojos… — Dijo el Lunarian quién caminaba con un paso tranquilo pese al ruido y desorden del mercado, tan petición me parecía una locura.
— ¿Aquí?, ¿justo ahora? — pregunté con confusión mientras observaba todo a mi alrededor con algo de preocupación — P-pero… hay demasiadas personas.
— Es justo lo que necesitamos para desarrollar lo que has aprendido en el dojo… recuerda lo que te explique, intenta percibir, identificar y determinar qué clase de energía son.
Con algo de dudas cerré mis ojos, en la completa oscuridad me abrumé ante la confusión que ahora me albergaba, temerosa de tropezar, pero en mi mente estaban las imágenes recién vistas, demasiadas cosas, demasiadas presencias, sentía pequeñas alteraciones por todas partes como mareas influyendo en distintas direcciones, pronto habían esferas de luces sin forma alguna, una, dos, tres, tan pronto surgieron diez y cuando menos lo esperaba… una infinidad de energía corrosiva por lo que abrí mis ojos de golpe y frente a mí casi llegaba a tropezarme con una caja de no ser que el maestro Kaelith de tomó del antebrazo. — Es… eso estuvo cerca… — Kaelith permaneció tranquilo mientras se reía levemente ante mi situación.
— Eso es porque estás intentando percibirlo todo al mismo tiempo, debes calmarte.
— ¿Y no se supone que debo hacerlo? — dije con cierta confusión en mi voz.
— Inicialmente no, debes escoger una sola presencia, y luego la siguiente, y la siguiente…
Volví a cerrar los ojos nuevamente, respiré profundo y al sentir que alguien pasaba justamente cerca me enfoqué en su presencia, intenté verla, reconocer su esencia y fue más sencillo al intentar determinar su estado de ánimo, y de esa manera fui sintiendo a otra persona, y otra, aquel desorden visual pronto terminó viendo como una orquesta dentro de mi cabeza, no había sonido y sin embargo era como instrumentos estuvieran tocando de manera simultánea, fue entonces que mi curiosidad se extendía, desplazaba aún más sobre la zona comercial a pesar de que caminaba con los ojos cerrados.
— ¿Qué es lo que notas, Miyori? — consultó Kaelith que en el momento que se detuvo yo también detuve mi andar.
— Es difícil describirlo… pero puedo sentir que hay muchas personas alrededor, pero me doy cuenta que todo sigue igual… — dije algo dudosa.
— ¿Todo sigue igual?, ¿A qué te refieres con eso?
Entonces mi mano se alzó para señalar un grupo de personas que estaba comiendo sobre la banqueta — Hay tres personas sentadas en ese lugar… no distingo muy bien como son, pero visualizo tres formas… — explicaba mientras ahora señalaba en otra dirección a una madre que cargaba en brazos a una pequeña figura — Por allá miro a una mujer que carga a su hijo… o hija…
Fui nombrando uno por uno hasta que el maestro Kaelith rió levemente haciendo que mi atención cayera sobre él a pesar de tener los ojos cerrados, ¿acaso me estaba equivocando?
— Muy bien, has aprendido a distinguir la presencia junto a su estado de energía… el entrenamiento de hoy ha culminado.
— ¿Hemos culminado?... pero si apenas estoy aprendiendo a usarlo — dije mientras finalmente abrí mis ojos para encarar su rostro.
— El Kenbunshoku no se domina de inmediato, estaremos los próximos días entrenando hasta que sea capaz de hacerlo de manera natural, hoy descubriste la diferencia entre busca una presencia y percibirla.
Miré mis manos y luego la multitud, de verdad que todo seguía igual a como lo había presenciado en mi mente, seguían estando las mismas personas, los mismos sonidos y mismos movimiento, pero ahora sabía que había una habilidad que me permite detectar panorámicamente todo lo que está a mi alrededor, una habilidad que siempre había estado allí solo que… dormida. — Está bien, muchas gracias por el entreno de hoy.
Día 06 del año 18, Primavera
Skypiea - Shandora - Dojo de Kaelith
— De nuevo. — Dijo el Lunarian mientras me hacía caminar entre la arboleda de su dojo en lo que parece ser un lugar donde varias aves de todo tipo anidaban en copas altas, otras cercanas, y precisamente debía determinar cuántas aves habían en el lugar, al menos las diferentes razas.
— Pero, son diez especies de aves… — me expresé segura de mi respuesta pero al parecer al maestro Kaelith no era lo que deseaba escuchar, ¿había más aves?
— ¿Solo eso puedes ver? — consultó mientras me hacía dudar de mi seguridad tanto que levemente ladee la cabeza en confusión con los ojos cerrados — Nunca dije que solo detectarás las aves de este bosque, dije que intentarán localizar todas las especies de aves cercanas.
— ¿También las del exterior?, ¿expandirme aún más? — fue entonces que comencé de nuevo repitiendo los ejercicios que él me iba indicando, en este momento a enfocarme no solo en presencias humanas sino también en los animales.
Las horas habían transcurrido sin darme cuenta ya era capaz de identificar toda clase de presencia cerca, animales y personas de diferente tamaños, formas, incluso ahora podía percibir colores en sus auras y eso lo hacía mucho más sencillo, creo que ahora pasaba con los ojos cerrados más tiempo que abiertos, era como haber encontrado un nuevo pasatiempo, y al parecer el maestro Kaelith se percató de eso, estaba complacido del progreso que había logrado.
De vuelta en el interior dojo el ambiente completamente distinto al que habíamos tenido durante nuestras práctica anteriores, ahora me percataba del sonido de golpes que resonaba por todo el recinto, no sé hacia donde me guiaba el maestro pero tan pronto deslizamos una puerta corrediza nos encontramos en un salón bastante amplio, y dento había una decenas de alumnos que entrenaba al mismo tiempo bajo la supervisión de varios instructores, algunos practicando desplazamientos, otros realizando repeticiones de movimiento con cierta postura y perfección, otros parecían tener enfrentamientos entre sí como combates físicos. El suelo de madera vibraba ligeramente con cada pisada fuerte, mientras las voces de los maestros se mezclaban con el ruido constante del entrenamiento.
— ¿Maestro Kaelith?... — llamé completamente confundida de estar aquí, ¿acaso ahora debía hacer entrenamiento físico?
— Hasta ahora te he enseñado a asociar las energías con la música, has comenzado a comprender que cada presencia tiene una resonancia particular, una especie de identidad que puedes reconocer aunque no la estés viendo directamente, incluso ahora eres capaz de poder percibir colores y formas a esas auras que percibes en todas ellas.
Antes sus palabras asentí ligeramente, prestando completa atención en su explicación, pensé que eso era todo lo necesario que debía saber sobre el haki de observación, ¿había más por aprender?
— Lo has hecho muy bien, pero ahora quiero que aprendas a diferenciar dos cosas en cada presencia que percibas, debes saber qué tan poderosa es… y cuáles son sus emociones, aunque sea una dudosa percepción, deberías ser capaz de sentirlo ahora.
— ¿Debo hacerlo con ellos?, pero todos lucen muy fuertes, y rudos… — antes mis pregunta el Lunarian negó suavemente con la cabeza.
— No, una persona puede tener una presencia extremadamente poderosa y estar completamente tranquila, incluso puede sentir miedo, otra persona puede tener una energía mucho más pequeña pero con una convicción inquebrantable, es como analizar su esencia… — Ante esa explicación pronto el maestro miró en mí una confusión mucho más cuestionable por lo que pensó de nuevo en la analogía que me había ayudado a comprender el haki. — Para que me comprendas, recuerda que te dije que debías ver a las personas como una melodía, ahora debes analizar su composición, un instrumento interpretando su propia melodía.
— ¿Como si yo fuera Amphitrite?, mi melodía sería siempre una melodía tranquila y amena… — dije con una sonrisa emocionada.
— Si, ¿pero qué pasa cuando estás enojada?, ¿triste?, ¿nerviosa?...
— Cambia el ritmo a otros repertorios musicales.
— No soy un experto en música, pero más o menos es eso, ¿crees que podrás conseguirlo?
— Lo intentaré. — Dije mientras en una esquina del salón me senté a ver el grupo que entrenaban fervientemente.
El dojo estaba lleno de movimiento, los golpes contra los sacos, las pisadas sobre el suelo de madera, las respiraciones agitadas, todo se mezclaban en un murmullo hasta que me enfoqué en conseguir el silencio dentro de mi cabeza. Kaelith me había indicado que simplemente observara cada una de las presencias y que dejará que mi percepción hiciera el resto.
Al principio fue difícil, demasiadas presencias se encontraban reunidas en un mismo lugar y cambiaban su desplazamiento, quizás al principio me abrumé al intentar seguirles los pasos pero luego recordé cómo aprendí a percibir, entonces fui uno tras otro. La primera energía en la cual coloqué mi atención la imaginé como una diminuta llama que apenas conseguía mantenerse encendida, no significaba que aquella persona fuera incapaz, simplemente su presencia tenía una intensidad menor, luego busqué otra persona y la diferencia fue evidente, aquella segunda energía era mucho más amplia, más densa, como una fogata que ocupaba un gran espacio, no tenía hostilidad en ella, tampoco agresividad, simplemente era mucho más ferviente que la otra, entonces comprendí muy bien a lo que se había referido el maestro Kaelith antes, sobre que el poder no necesariamente debía verse o sentirse como algo violento, era más sobre el control de esa aura.
Tan pronto como comprendí eso comencé a comparar unas presencias con otras, tratando de establecer una especie de escala dentro de mi rango de observación, a clasificar los que tuvieran mayor poder que otros, la mayoría tenían energías muy parecidas, ni pequeñas ni grandes, eran como el estándar normal. Los instructores por supuesto estaban por sobre cualquier energía que estuviera en sumo entrenamiento, no por nada eran los que portaban guían a todo aquel que deseaban conocer sobre el haki. Cuanto más me concentraba más sencillo se volvía determinar qué clase de personas eran.
Siento que percibir energía fue la parte más complicada, ahora analizar presencia resultaba mucho más fácil solo hasta que comencé a ver que los colores variaban entre las energías, más que todo la densidad, podría ver un aura azul en tonalidades claras ir lentamente a una tonalidad más oscura el mismo personaje, o como yo lo percibía en melodía encontrar un sonido con esencia amena a una mucho más turbulenta e inconsistente, entonces comprendí nuevamente las palabras de mi maestro… el poder era una cosa y las emociones junto sus intenciones, otras.
Dejé de comparar el tamaño de las presencias y comencé ahora en concentrarme en lo que parece que transmitían, la primera que conseguí identificar parecía estar inquieta, se sentía de cierta manera irregular como cuando una melodía es incapaz de fluir con el ritmo, ausencia de confianza en su entonación, abrí los ojos momentáneamente por un instante en lo que encontré la escena de un muchacho que entrenaba frente a otro de mayor tamaño, y cada vez que su oponente avanzaba, él retrocedía ligeramente antes de volver a adoptar su postura a la defensiva, cerré los ojos nuevamente y fue entonces que estaba segura que lo que había percibido de él… era su miedo.
Busqué otras personas y encontré un escenario completamente diferente, esta era mucho más cálida, agitada y violenta, como si cada movimiento que hacía tuviese una vibración capaz de imponerse a las demás, no abrí los ojos puesto lo que ahora observaba en mi mente era de un joven que justo en ese momento estaba golpeando repetidamente un saco de entrenamiento,sus patadas eran rápidas pero había una pizca de rabia en la manera en que impactaba sus golpes, su energía parecía estar tensa, como una cuerda que se enrollaba en sí misma, y aunque su poder no era tan grande como las demás, su emoción era muy fuerte… ¿Era frustración?, no me parecía una mala persona solamente alguien que estaba quizás inconforme con su avance, no sabría confirmarlo.
Seguramente el tiempo avanzaba rápido pero hasta el momento he sentido una eternidad al observar a cada uno de los estudiantes del dojo, continué recorriendo las presencias sin apresurarme en conseguir analizarlas todas, fue entonces que encontré a otro alumno cuya energía cambiaba constantemente, subiendo y descendiendo como una melodía que no conseguía encontrar su ritmo, al visualizar sus movimientos comprendí que llevaba varios intentos tratando de realizar el mismo ejercicio y fallaba una y otra vez, y lo sabía porque desde ahí sentada escuchaba a su instructor decirle “de nuevo” cada vez que erraba en su ejecución de técnica. La respiración del chico se volvía más pesada, sus manos se tensaban antes de volver a intentarlo, era impotencia, podía sentirla con claridad… no era rabia aunque ambas emociones podrían parecer similares, aquello era diferente, era determinación, como cuando un artista toca una nota y no sale bien a la primera, lo hacemos una y otra vez hasta conseguir la perfección.
Ya no eran solamente personas entrenando frente a mí, eran decenas de presencias diferentes, cada una con una intensidad, un color y una emoción particular. Algunas eran pequeñas y tranquilas, otras grandes y serenas, algunas estaban dominadas por el miedo, otras por la rabia, la frustración o la tristeza, también había quienes irradiaban confianza, entusiasmo e incluso alegría por el simple hecho de estar entrenando.
Al sentir que había analizado cada uno de los presentes, mi atención cayó ahora sobre la de mi maestro, quién ahora estaba sentado a mi lado con suma paciencia, y al sentir el escala de su poder que era mucho más fuerte que cualquiera de los que estaban entrenando y enseñando, demostrando el por qué era el maestro de maestro, me asombré ante la emoción que logré descubrir en su esencia, y al entender su sentimiento, su intención, con lentitud abrí mis ojos solamente para encontrar la suya arraigada a la mía, me sonreía gentilmente, y encontré en él un recuerdo vago de un antiguo maestro…
Con uno descubrí la belleza de escuchar, amar y hacer música…
Y con él, con el maestro Kaelith, comprendí la belleza de ver, percibir y sentir la vida que me rodea.
— Gracias… — dije con una voz cargada de felicidad, con un sentimiento que floreció en mi corazón de un eterno cariño por quién puso de su tiempo para que yo pudiera desarrollar esta nueva habilidad, y jamás olvidaría sus enseñanzas.
Me iría de Skypiea con la mejor de las enseñanzas.
Pase las próximas horas realizando más ejercicios que me ayudaban a analizar a los demás alumnos posterior a ello también pasé mis días usando esta nueva habilidad, no recuerdo bien si pasaba abriendo los ojos, o con los ojos cerrados caminando por la ciudad de oro... o si solamente permanecí usando mis sentidos sin darme cuenta, el kenbunshoku se volvió algo que uso por inercia propia.
Skypiea ha sido hasta el momento un oasis en medio del desierto, he okvidado la tristeza y rl dolor, he encontrado personas maravillosas y encabtadoras, pude encontrar el amor, la felicidad como también el compañerismo, mi aventura después de la isla en los cielos será mucho más peligrosa, o quizás más divertida, pero si algo he de esperar es que nunca falte una buena canción, una melodía, un ritmo... estoy lista para hacer del escenario algo mío.
Amphitrite Toca la Cancion
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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