01-09-2026, 12:29 AM
(Última modificación: 01-09-2026, 12:32 AM por Hyákinthos.)
De nuevo llegaba la risa y el médico no podía entenderlo ¿Qué era lo gracioso? No es que él hubiera contando algún chiste, era una duda genuina, una que incluso le hizo cruzarse de brazos y adoptar una pose y expresión completamente pensativa, entonces… ¿Por qué la risa?
—¿Qué es tan gracioso? Si sigues delirando tendré que sedarte para ver si el sueño logra aclarar tu mente…Debo tener sedantes en el Royal Flush, aunque ahora que lo pienso —Se asomó a la ventana para mirar la ciudad desde ahí y sí, alcanzaba a ver parte de la selva, pero la espesa vegetación no le mostraba ningún indicativo del camino que había tomado para llegar hasta la arena y considerando eso, tendría que pasarse al menos un día investigando como llegar a su propio barco. Seguro arrastraría a Cara Melo, la mascota de Merlot, consigo, porque no pensaba ir a pie. —…Olvídalo…no recuerdo donde anclamos el barco.
Suspiró y se dejó caer en la silla, rendido, sin comprender las razones tras las risas que el médico interpretó como una burla o un chiste que solo el buccaneer entendía, bueno…eso hasta que la explicación sobre aquella “armadura” de la que le habló antes volvió a llegar, esta vez de una manera mucho más clara, aunque tan fantasiosa que provocó que el médico alzara una ceja, dudoso por la información que recibía.
—¿Cómo que no es una armadura física? Son las únicas que conozco…A menos que alguien haya descubierto como recubrirse el interior de la epidermis o su estructura ósea con algun material que aumente la dureza del cuerpo, cosa que, seguramente, sería bastante dolorosa si es con una cirugía como la que estoy imaginando ahora mismo —. Una en donde inyectaran el metal directamente bajo la piel, aunque no lo diría en voz alta por el simple hecho de que estaba más interesado en aprender que en las suposiciones que pudieran llegar a su mente.
Esta tarde el médico descubrió que la vida podía írsele en suspiros, a fin de cuentas, no estaba entendiendo nada y por cada palabra que lo confundiera, el pelirrosa exhalaba con cansancio…Quería culpar a lo ajetreado del viaje o a la prueba física que le obligaron a realizar —una en la que ni siquiera se esforzó —, pero lo cierto es que, más que su cuerpo, era su mente la que estaba agotándose, algo que solía sucederle cuando no entendía la teoría de algún tema.
—Si te soy sincero…eres pésimo explicando, no estoy entendiendo nada… ¿Cómo que un aura interior? ¿Algo así como el espíritu o el alma? ¿Esto tiene que ver con alguna clase de secta o religión? ¡No! No puede ser eso…si fuera una secta la que diera el secreto para esa habilidad de tocar a los usuarios de logia…entonces todo sería mucho más conocido, esa gente siempre busca adeptos —. Se hundió más en la silla, ahora sus ojos ambarinos habían pasado a mirar el techo blanco de la habitación, todo mientras pensaba en una manera de comprender la precaria explicación.
—Mmmm…Si hago que tu dolor disminuya ¿Podrías mostrarme como es que logras usar esa técnica? No soy un usuario de fruta del diablo, pero supongo que puedes usarla en cosas que no son tangibles, en general ¿No? …por favor…Solo no lo uses en mí, no tengo ganas de pelear ni de soportar golpes, soy demasiado bonito para eso —. Su petición llegó con el mismo tono aburrido que hasta ahora había usado, un tono que parecía no mostrar interés real en la materia, aunque el médico sí que estaba intrigado de las habilidades de aquel buccaneer. —Aunque…¿De verdad crees que no todos pueden lograrlo? Tsk…eso sería un problema.
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